Cronología de una rendición: cinco meses de agonía en las negociaciones de la UE con Trump
La UE acepta un mal acuerdo con EEUU, que eleva los aranceles hasta el 15%, con el objetivo de dar predictibilidad a las empresas europeas. Ese no era el plan inicial. Así se ha cocinado una rendición
La Unión Europea y Estados Unidos han cerrado un acuerdo para evitar la guerra comercial total, con el lado europeo admitiendo aranceles generales del 15%, también incluidos los vehículos, semiconductores y productos farmacéuticos. El lado europeo se ha comprometido a importantes nuevas inversiones en EEUU, en el ámbito energético y militar especialmente. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, lo ha celebrado como el "mayor acuerdo comercial de la historia", a pesar de que según datos del think tank económico Bruegel, en 2023 el arancel medio era del 1,47%, y ahora se situará, en general, en el 15%, mientras será todavía más alto para bienes como el acero y el aluminio.
A principios de julio, cuando Bruselas y Washington parecían tener ya prácticamente un acuerdo cerrado con aranceles al 10%, el economista francés Olivier Blanchard escribió un mensaje en redes sociales simulando una conversación entre Estados Unidos y la Unión Europea. "Voy a cortarte el brazo", dice EEUU, mientras la UE contesta "por favor no, por favor, por favor". "Está bien, seré generoso y simplemente te cortaré el pulgar", replica el lado americano. "Gracias, gracias. Eres muy generoso", responde finalmente Europa. "Espero equivocarme", señalaba Blanchard. Pero no.
Esta es la cronología de cómo la UE, que empezó confiada en que debía hablar el idioma del poder ante Trump, que debía mostrarse firme y fuerte en las negociaciones y debía usar las amenazas si era necesario, ha acabado haciendo concesiones que parecían imposibles al inicio del proceso. Para muchos en Bruselas el término fracaso es demasiado duro. ¿No han sufrido todos los socios comerciales durante estos últimos meses? ¿Incluso aquellos que no tenían un enorme superávit comercial respecto a EEUU, como el Reino Unido? Para otros, la UE, el principal socio comercial de EEUU, no puede compararse con nadie más.
Verano de 2024
A la espera del resultado de las elecciones americanas, la Comisión Europea pone a trabajar bajo la secretaría general de la institución a un equipo de funcionarios para estudiar cómo actuar en caso de victoria demócrata, pero, sobre todo, en caso de victoria de Donald Trump. La idea era tener ya preparada una respuesta, una hoja de ruta para gestionar la situación y no repetir los errores de la primera presidencia Trump, entre 2017 y principios de 2021. Al frente del equipo estaba el español Alejandro Caínzos, que ya había ganado mucha experiencia en el trato con los americanos en su etapa en el gabinete de la vicepresidenta ejecutiva de Competencia, Margrethe Vestager. La idea es tener una estrategia bien definida y más asertiva, aunque también con ideas de ámbitos en los que poder cooperar.
Opinión 6 de noviembre de 2024
La victoria de Trump se empezaba a dar por descontada en los días anteriores. El equipo de Ursula von der Leyen se empezó a preparar para ello, llegando incluso a señalar que no era tan difícil tratar con el gabinete del futuro presidente americano: su lógica era puramente transaccional, lo que había que hacer era saber qué ofrecerle a cambio de que no iniciara la guerra comercial que había prometido durante la campaña. Pero saben que han tenido una muy buena relación con la Administración de Joe Biden, y que probablemente Trump les vaya a poner las cosas muy difíciles precisamente por eso, priorizando el trato directo con las capitales.
8 de noviembre de 2024
En Budapest, donde se celebra una reunión informal de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, Von der Leyen, conociendo ya que tendrá que lidiar con Trump, comienza con esa estrategia transaccional de la que se hablaba en su equipo. "Lo primero es dialogar y hacerlo sobre intereses comunes", señaló la alemana. "Todavía importamos energía de forma significativa a Rusia, pero, ¿por qué no sustituirlo por GNL estadounidense, más barato y que reduce los precios de la energía?", explicó.
Para Trump la compra de gas americano no es una pieza de la negociación, sino una exigencia inicial, y queda claro desde el primer momento. "Le dije a la Unión Europea que debe compensar el tremendo déficit con EEUU mediante la compra a gran escala de nuestro petróleo y gas. De lo contrario, ¡serán aranceles todo el tiempo!", escribe en su propia red social. En los siguientes días el presidente electo concretará sus amenazas de aranceles generales, señalando que impondrá gravámenes comerciales del 20% a la Unión Europea, y la cuestión del gas y crudo americano empieza a quedar de fondo en la cuestión más amplia de los aranceles. Esa cifra parece a estas alturas totalmente irreal en los pasillos de las instituciones europeas.
Silencio
La Comisión Europea, que dirige la política comercial de la Unión Europea, se queda a oscuras. Trump no invita a ningún representante de las instituciones comunitarias a su inauguración, y durante los días siguientes queda claro que la Casa Blanca no tiene ninguna intención de tratar con Bruselas. Todo lo quiere hacer por bilateral. En la capital comunitaria se identifica rápidamente un intento de política de "divide y vencerás" que no preocupa en exceso siempre y cuando se mantenga la unidad europea: guste o no a Washington, si quieren tratar de asuntos comerciales con Europa deben pasar por la Comisión.
La sensación en Bruselas es de que EEUU no tiene intención de hablar con ellos. Ha impuesto aranceles del 25% al acero y el aluminio, pero no parece que esa sea la apertura de una negociación. El 15 de febrero, Maros Sefcovic, comisario de Comercio, viaja a la capital americana para reunirse con sus homólogos, Howard Lutnick, secretario de Comercio, y Jamieson Greer, representante comercial americano. El lado europeo tiene claro que la clave es construir una relación de confianza, pero rápidamente se dan cuenta de que eso no va a ser sencillo.
Sefcovic vuelve de aquel viaje con la sensación de que los aranceles que están por venir son imparables. Que los americanos no escuchan y tienen una decisión ya tomada. De que el "Día de la Liberación" que Trump ha anunciado para el 2 de abril está ya fijado y que nada hará que EEUU les libre de gravámenes comerciales. Solamente queda esperar.
2 de abril de 2025
Trump sale al jardín de las Rosas de la Casa Blanca con una enorme tabla con los aranceles que impone a cada uno. El mundo está ojiplático. A la UE le ha caído un 20%. "No hay un camino claro a través de la complejidad y el caos que se está creando al verse afectados todos los socios comerciales de Estados Unidos. Sé que muchos de ustedes se sienten defraudados por nuestro más antiguo aliado. Sí, debemos prepararnos para el impacto que esto inevitablemente tendrá (pero) Europa tiene todo lo que necesita para superar esta tormenta", responde Von der Leyen. El tono es duro, altamente político.
En Bruselas se sigue todo con estupefacción mientras los diplomáticos terminan los trabajos para preparar una respuesta a los aranceles al acero y el aluminio. Se diseña un paquete de 21.000 millones de euros que busca dañar a los estados republicanos y las zonas políticamente sensibles para Trump. Maximizar daño a EEUU y reducir efectos colaterales sobre la UE. Hasta ahora la línea marcada por la Comisión Europea parece clara: la UE va a responder con contramedidas muy contundentes. Ese es el centro del discurso europeo. A EEUU le conviene negociar, porque Europa no va a esconderse y responderá a los aranceles de manera firme.
7 de abril de 2025
Los ministros de Comercio se reúnen en Luxemburgo. Sefcovic les explica que, por lo hablado con sus homólogos americanos, Washington ve los aranceles como una nueva base que de alguna manera corrige un desequilibrio histórico. Los ministros piden a la Casa Blanca que observe cómo se desangran los mercados y admita que hay que dar marcha atrás. Von der Leyen y Sefcovic ofrecen a EEUU una salida: ese día hacen pública una oferta, que se había hecho ya en el pasado durante la primera vez que el comisario viajó a la capital americana, de acuerdo para eliminar los aranceles sobre todos los bienes industriales. En Washington rápidamente se rechaza la idea. En el lado europeo la sospecha de que EEUU va a mantener una parte de sus aranceles, quizás para financiar la reforma fiscal de Trump, o quizás, como dice Sefcovic, para crear un nuevo estatus quo, coge forma.
9 de abril de 2025
Trump anuncia una pausa de 90 días de los aranceles generales para dar tiempo a la negociación, oficialmente. Extraoficialmente las bolsas se desploman y la deuda americana empieza a sufrir. Eso sí, mantiene un 10% base de los aranceles generales. Nada tiene demasiado sentido, pero en cuestión de pocas semanas todo el mundo se ha acostumbrado a este ambiente. Pocas horas después de anunciar los aranceles generales el 2 de abril, que la administración tilda de recíprocos, y de asegurar que se ha usado una fórmula refinada para llegar al cálculo de cuánto imponer a cada país, se descubre que la fórmula es enormemente sencilla: el déficit comercial de EEUU entre el total de bienes importados desde dicho país, partido por dos. Voilà. Para muchos en Bruselas es una demostración de amateurismo. La confianza en la negociación es alta.
La UE decide que suspenderá también el paquete de 21.000 millones de euros de represalias por los gravámenes comerciales contra el acero y el aluminio, a pesar de que Washington no ha congelado estos. En Bruselas algunos ven este movimiento como una primera señal de debilidad por el lado europeo. La segunda señal de debilidad es que los Estados miembros hacen que esa lista pase de los 26.000 millones iniciales, hasta los cerca de 21.000 que finalmente quedan aceptados. ¿No se decía en los pasillos que había que hablar el idioma de la fuerza con Trump, que era lo único que funcionaba?
La respuesta es que EEUU parece estar encadenando errores, así que es mejor no interrumpirle. En palabras de Lars Løkke Rasmussen, ministro de Asuntos Exteriores y Comercio de Dinamarca, "dejar que el caos se imponga". Se decide guardar esas represalias a unos aranceles ya activos para no alejar el foco de la Casa Blanca, que parece bajo presión. En la Comisión Europea también se genera la esperanza de que lo que ha parecido claramente un error de cálculo que ha durado siete días se cobre la cabeza del asesor especial de Trump, Peter Navarro, al que muchos acusan de ser el cerebro de la operación. ¿La razón de esa esperanza? Sefcovic lleva dos meses intentando cultivar una relación con Lutnick y Greer, no con Navarro, que es el que parece tener el oído del presidente. Pero Navarro no caerá.
Principios de mayo de 2025
Durante las siguientes semanas, el lado europeo llega a la conclusión de que Washington no tiene claro qué quiere. La negociación es muy gaseosa. No va en una dirección clara. A principios de mayo, la Comisión Europea, ya algo desesperada, sin saber muy bien qué intentar, envía una propuesta para cerrar el déficit comercial de EEUU: la UE se compromete a adquirir bienes americanos por valor de 50.000 millones. ¿El problema? Que ese cálculo tiene en cuenta también los servicios, donde EEUU tiene un importantísimo superávit comercial, y no solamente los bienes. Y eso la Casa Blanca no lo admite. La propuesta, como tantas otras que se hacen en esos días, no funciona.
15 de mayo de 2025
Mientras la UE empieza a trabajar en un paquete de contramedidas por valor de 100.000 millones en respuesta a los aranceles generales anunciados el 2 de abril y congelados una semana después, en Bruselas se empieza a asumir de manera bastante pública que hay una parte de los aranceles que se quedarán. De una estrategia muy ofensiva, amenazando claramente con represalias duras y buscando disuadir a EEUU, se ha acabado pasando a una mucho más defensiva. Una especie de retirada ordenada en las negociaciones, empezando a asumir un cierto nivel de aranceles a cambio de cesiones en aspectos concretos.
"No es una medida de presión, es una medida que probablemente vaya a ser estructural", señala una fuente gubernamental en este momento a la hora de explicar cómo se trabaja en la lista de contramedidas. Hace solamente unos días que el Reino Unido ha cerrado un acuerdo con EEUU, aceptando aranceles del 10%. En ese momento en Bruselas son muchos los que señalan que eso es inaceptable para la UE, que nunca va a admitir aranceles universales de ese nivel. Menos de una semana después se empieza a dar por hecho que ese es el escenario más probable, aunque se sigue aspirando a algo mejor.
23 de mayo de 2025
Un Trump frustrado por la falta de progresos en las negociaciones amenaza con imponer a la Unión Europea aranceles del 50% a partir del 1 de junio. La Comisión Europea responde rechazando las "amenazas" y pidiendo "respeto mutuo". Es la primera vez desde hace semanas que Bruselas sube ligeramente el tono. Ese domingo Von der Leyen habla por primera vez por teléfono con Trump, que hasta ahora ha evitado el contacto con la presidencia de la Comisión Europea, habiendo charlado hasta ahora solo muy brevemente en el funeral del papa Francisco. El presidente americano decide retrasar la amenaza de aranceles del 50% a junio. En Bruselas se vende como un éxito, a pesar de que hasta mayo Trump se ha negado a hablar con Von der Leyen. Para Washington la presidenta de la Comisión se ha arrodillado ante las amenazas de su líder.
A partir de este punto, varias fuentes señalan que las posiciones europeas se empiezan a hacer todavía más flexibles, con mucha presión por parte de los países más expuestos al comercio con Estados Unidos, como son Alemania, Irlanda o Italia, que piden que se hagan concesiones en las negociaciones para intentar proteger a sectores concretos de su economía que dependen totalmente de las exportaciones a EEUU. El sistema de amenazas permanentes por el lado americano parece surtir efecto. Los sectores duros de la Comisión Europea, que consideran que había que seguir una estrategia de fuerza combinada con unidad de los Estados miembros, se van quedando aisladas. Es la visión de la alemana Sabine Weyand, directora general de Comercio, que, como tantos otros, ganó experiencia en las negociaciones del Brexit, cuando la UE aplicó esa estrategia de contundencia negociadora. Frente a ella, el equipo de la presidenta y su jefe de gabinete, Bjoern Seibert, priorizan el acuerdo.
Junio de acercamiento
Sefcovic, Lutcnick y Greer empiezan a acercarse poco a poco a un acuerdo. Es tiempo de trabajo discreto y alejado de los focos, aprovechándose de que en estas semanas toda la atención en las relaciones transatlánticas se encuentra en la cumbre de la OTAN, donde EEUU exige a los aliados que aumenten su gasto en defensa hasta el 3,5% de su PIB en inversiones militares puras y duras, y un 1,5% en inversiones adicionales. Toda la tensión alrededor de la cumbre de La Haya, donde los socios europeos se preocupan por halagar a Trump, con el secretario general de la organización, el holandés Mark Rutte, llegando a llamar "daddy" al presidente de EEUU. Lo que muchos en Bruselas y otras capitales identifican como puro vasallaje a cambio de que los americanos mantengan su compromiso con la seguridad transatlántica permite a Sefcovic y sus homólogos trabajar de manera discreta. Mientras tanto, la segunda lista de posibles contramedidas, mientras la primera sigue todavía congelada, ha pasado de 100.000 millones a unos 72.000 millones, con peticiones de muchos Estados miembros de eliminar un bien u otro. La Comisión se queja de que si eliminara todo lo que las capitales piden prácticamente no habría lista.
1 de julio de 2025
A finales de junio la Unión Europea está lista para admitir un arancel universal del 10% a cambio de algunas exenciones en casos concretos. En la primera semana de julio el acuerdo está prácticamente listo, y solamente falta el ‘ok’ de Trump. ¿Es un buen acuerdo? Nadie dice eso. Pero los Estados miembros más expuestos consideran que si se logra que EEUU perdone a sectores estratégicos para ellos, merece la pena. Otros consideran que sus empresas ahora necesitan ya certidumbre sobre qué esperar en el futuro. ¿Un 10%? Sea, siempre y cuando sepamos a qué atenernos. Mientras tanto, la Casa Blanca mueve la fecha de "descongelación" de sus aranceles generales del 9 de julio, cuando estaba previsto, al 1 de agosto. Es en este momento cuando el economista Blanchard pone su ya famoso tuit respecto a las negociaciones. La UE está dispuesta a que le corten el pulgar. A ojos de los más proclives a un acuerdo, el riesgo de negarse es que le acaben cortando los dos brazos.
12 de julio de 2025
Pero no es un 10% lo que espera. El 12 de julio, sábado, Trump publica una carta, fechada el 11 de julio, con la que amenaza a la Unión Europea de nuevos aranceles del 30% a partir del 1 de agosto. La Comisión, siguiendo la política de "cabeza fría" y de un acuerdo casi a cualquier precio que piden los Estados miembros más expuestos, decide no responder más que con una declaración escueta de la presidenta. Lejos quedan las palabras muy políticas de Von der Leyen tras el anuncio de los aranceles generales. La Comisión rehuye el conflicto y, de hecho, decide que los aranceles de 21.000 millones contra los gravámenes contra el acero y el aluminio que habían seguido activos en todo momento, que iban a aplicarse a partir de esa misma semana, se retrasen hasta principios de agosto.
Blanchard pone un segundo mensaje en redes sociales que refleja bien lo que ha pasado en las últimas dos semanas. "Es hora de reescribir el tuit del 8 de julio", señala el economista francés, que vuelve a crear una conversación ficticia entre EEUU y la UE. "Voy a cortarte el brazo", asegura el lado americano, ante lo que el europeo responde que "por favor no, por favor, por favor, aquí está mi dedo", en referencia a admitir el 10%. "Pensándolo bien, te cortaré ambos brazos", señala EEUU. Para Blanchard, francés, y tantos otros que abogaban por una estrategia de la negociación a través de la fuerza, la postura flexible de la Comisión Europea solamente ha empeorado la situación.
14 de julio de 2025
Ese mismo lunes los ministros de Comercio de la UE se reúnen en Bruselas. El tono es mucho más duro que en otras ocasiones. Los ministros que vienen de países que consideran que la estrategia de mostrarse flexibles y buscar un acuerdo como fuera era un error suben ahora el tono. Desde París, Emmanuel Macron, presidente francés, incluso había pedido plantear la activación del instrumento anti-coerción (ACI), la herramienta comercial más poderosa con la que cuenta el Ejecutivo comunitario y que nunca se ha utilizado. En esa reunión, Francia pide entender que con EEUU hay que hablar el idioma del "poder", y que para eso, en palabras del ministro danés, hay que mostrar algo de "músculo".
Sefcovic avisa de que un 30% de aranceles hace "imposible" el comercio transatlántico. En la capital comunitaria se sacan conclusiones. El acuerdo estaba casi hecho y ha saltado por los aires cuando ha llegado a manos de Trump. ¿Son realmente de fiar Lutnick y Greer? Pero en todo caso, ¿hay alternativa real a hablar con ellos? En todo caso, una vez más, la decisión de Bruselas es no reaccionar de manera contundente. Sefcovic explica que si EEUU no tuviera voluntad de cerrar un acuerdo no habría habido meses de negociación detallada, yendo celda a celda y fila a fila revisando miles de productos. Cabeza fría y a jugar.
23 de julio de 2025
Menos de diez días después de la reunión de ministros de Comercio, la Comisión Europea presenta a los embajadores representantes permanentes un marco de principio de acuerdo, con aranceles universales del 15% y acuerdos puntuales en distintos productos. Fuentes diplomáticas se esfuerzan por explicar que se está ante una consolidación de la situación vivida en los últimos 90 días: el 10% base que se estableció durante el tiempo de aranceles congelados se aplicaba sobre el tipo medio de arancel entre la UE y EEUU, del 4,8%, por lo que sumaba prácticamente 15%. Este acuerdo de un 15% universal incluiría el arancel medio, por lo que la situación sería la misma. Algunos analistas, como por ejemplo el think tank económico Bruegel, recuerdan que en 2023 el arancel medio era inferior al 1,5%, por lo que es difícil hablar de una consolidación de los gravámenes comerciales.
27 de julio de 2025
Donald Trump se encuentra en Escocia, jugando al golf, para inaugurar un nuevo campo en uno de sus resorts allí. Von der Leyen ha anunciado el viernes, 25 de julio, que ha hablado por teléfono con él y que irá a Escocia para mantener una reunión. Fuentes diplomáticas ven que es una señal de fumata blanca. Incluso así, los equipos técnicos siguen negociando durante el sábado para intentar cerrar los últimos flecos del acuerdo. Un vídeo muestra al presidente de Estados Unidos antes de su reunión con Von der Leyen, llegando en un buggy al borde de un green. Una de las personas que le acompañan lanza discretamente una pelota de golf fuera del búnker (esa zona arenosa que rodea el green) donde Trump parece haber dejado estancada su bola. Nunca pierde, pase lo que pase.
Poco después, Von der Leyen está sentada, tensa, junto a Trump, que habla ante las cámaras. Sitúa la posibilidad de un acuerdo en el "50%". La alemana sigue al presidente americano en cada movimiento. Evita cualquier choque. Habla de él como un "negociador duro". "Y justo", le apostilla él. "Y justo", repite ella, a pesar del caos comercial al que ha arrastrado al mundo. En la habitación, además de la prensa, están las personas clave de la negociación. Lutnick y Greer por el lado americano a la izquierda de Navarro por el lado americano. Seibert, Sefcovic y Weyand por el lado europeo, junto al asesor principal de Von der Leyen en materia comercial.
Una hora y pico después, fuentes comunitarias anuncian un acuerdo, sin detalles. Lo siguiente que hay es una retransmisión de las televisiones americanas, con Trump leyendo un documento mientras Von der Leyen se mantiene en silencio. El presidente americano anuncia que la UE va a comprar 750.000 millones en energía americana, que va a aumentar sus inversiones en 600.000 millones, que va a hacer sustanciales compras de material militar y que acepta el 15% del que se venía hablando. La única aparente concesión es que ese nivel aplica también a tres sectores críticos: vehículos, productos farmacéuticos y semiconductores.
Von der Leyen ha asumido el papel de Rutte en La Haya. Celebra a Trump, celebra el acuerdo comercial como "histórico" a pesar de que encarece el comercio. La explicación que se da es sencilla: se prioriza la predictibilidad de las empresas europeas. Quizás sea un mal acuerdo, pero ahora hay un acuerdo.
La Unión Europea y Estados Unidos han cerrado un acuerdo para evitar la guerra comercial total, con el lado europeo admitiendo aranceles generales del 15%, también incluidos los vehículos, semiconductores y productos farmacéuticos. El lado europeo se ha comprometido a importantes nuevas inversiones en EEUU, en el ámbito energético y militar especialmente. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, lo ha celebrado como el "mayor acuerdo comercial de la historia", a pesar de que según datos del think tank económico Bruegel, en 2023 el arancel medio era del 1,47%, y ahora se situará, en general, en el 15%, mientras será todavía más alto para bienes como el acero y el aluminio.