¿De la necesidad, virtud? Por qué la rendición de la UE ante Trump puede ser la mejor respuesta
Europa se ha plegado a las exigencias de Trump y acepta un arancel del 15% sin represalias. Pero, desde el punto de vista económico, puede ser la mejor solución entre todas las malas posibles
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
La Unión Europea ha dado una imagen de debilidad absoluta plegándose a las exigencias de Estados Unidos en la guerra comercial. La UE ha firmado la capitulación en el campo de golf del presidente americano, Donald Trump, en Escocia. La sensación de un nuevo fracaso ha recorrido rápidamente el continente, sobre todo, porque la Comisión Europea llevaba meses diciendo que no aceptaría un trato desigual.
Aunque todavía no se conocen los detalles del acuerdo, ya se sabe que la UE acepta un arancel del 15% sin adoptar represalias y que se compromete a comprar productos energéticos estadounidenses por valor de 750.000 millones de dólares, a invertir 600.000 millones en EEUU y a elevar las compras de equipamiento militar. Hasta hace unos días, la UE se burlaba del acuerdo del Reino Unido, que contempla un arancel general del 10%, cinco puntos inferior al que ahora ha firmado para el bloque comunitario.
La UE ha decidido capitular antes de sufrir una guerra comercial más severa. Los países más afectados por la escalada arancelaria, entre ellos Alemania e Italia, han celebrado públicamente el acuerdo. El canciller alemán, Friedrich Merz, presumió de haber logrado "salvaguardar nuestros intereses fundamentales", lo que indica que habría maniobrado para firmar este acuerdo desigual. "Todos se benefician de unas relaciones comerciales estables y predecibles con acceso a los mercados, a ambos lados del Atlántico, tanto empresas como consumidores", añadió.
Los logros para Europa son mínimos, pero importantes para Alemania, que vuelve a imponer su criterio al resto del bloque. Se fija un arancel del 15% a los vehículos (actualmente pagan el 27,5%), a los productos farmacéuticos y a los semiconductores. A cambio, se compromete a no adoptar aranceles ni otras medidas proteccionistas en represalia como llevaba semanas amenazando.
La falta de decisión europea para responder a la fuerza con más fuerza puede convertirse en la única buena noticia del acuerdo. Europa amenazó a Trump con aranceles recíprocos y otras medidas de hasta 72.000 millones de euros que finalmente se han quedado en nada.
Desde el punto de vista técnico, los aranceles conllevan más efectos negativos que positivos para quien los impone. Genera un impacto sobre la inflación al elevar los precios, deteriora la competitividad de las empresas que formen parte de cadenas internacionales de valor e, incluso, genera mercados cautivos que deterioran los incentivos a la mejora del tejido productivo.
La debilidad de la Comisión Europea y la voluntad de Alemania de alcanzar cualquier acuerdo ha evitado este escenario que hubiese sido peor para Europa. "El impacto de estas medidas es negativo pero relativamente limitado en el caso de España y nulo en el caso de la inflación", explica Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, "si hubiésemos impuesto medidas de retorsión se hubiese producido un impacto en los precios. Eso es lo que está ocurriendo en EEUU".
En España, el Gobierno hizo numerosos análisis sobre el impacto económico de la respuesta europea a la guerra comercial. Y sus conclusiones fueron que el peor escenario posible era adoptar aranceles en represalia. Primero, por el riesgo de entrar en una espiral de subidas. Y, segundo, porque imponer aranceles sería negativo para la economía europea y la española.
"El peor escenario posible era adoptar aranceles en represalia"
Para el Banco Central Europeo, el escenario de aranceles en represalia era el más preocupante por el impacto inmediato que generan sobre la inflación. Ahora que esta posibilidad desaparece, el BCE tiene margen para seguir bajando los tipos de interés para reactivar la economía. En Estados Unidos, por el contrario, los aranceles están generando unas expectativas de inflación que impiden que la Reserva Federal pueda bajar los tipos de interés. El coste de la financiación en EEUU es más del doble que en Europa, lo que supone una merma para su crecimiento.
Estas negociaciones comerciales se han hecho de espaldas al tejido productivo, pero el resultado no ha sido malo para sus necesidades. "No es el acuerdo ideal, pero un arancel del 15% no es inasumible para las empresas españolas. Lo más importante para las empresas es la seguridad y la previsibilidad", explica Álvaro Moreno, asociado sénior en Deloitte Legal y experto en Aduanas. Y señala que las operaciones que se habían paralizado en los últimos meses, probablemente se reactiven ahora que el horizonte normativo está más clarificado y ha desaparecido el riesgo de guerra comercial.
Además, explica que un arancel del 15% es básicamente lo que han soportado las empresas en los cuatro últimos meses, que era de un 10% sumado al 4,5% previo. "Hasta ahora las empresas habían internalizado este coste, ahora está por ver si optan por repercutirlo a los precios", señala Moreno, lo que tendría un impacto directo en la inflación estadounidense.
En el mismo sentido se ha pronunciado la Cámara de Comercio de EEUU en España: "Consideramos que el acuerdo marco alcanzado entre la Unión Europea y Estados Unidos supone un respiro para las empresas que se preparaban para una disrupción significativa en las cadenas de suministro globales".
Seguir viviendo
El acuerdo que ha aceptado la Unión Europea tendrá un efecto negativo para el crecimiento del continente. Pero es es suficiente para que las empresas europeas salven el mercado estadounidense. Un arancel del 15% e inferior al de otros competidores (como los países asiáticos o el este de Europa), permitirá a las compañías de la UE seguir vendiendo en EEUU.
Es previsible que tanto los exportadores europeos como los importadores estadounidenses tengan que renunciar a una parte de sus márgenes de beneficio, evitando que todo el margen se traslade directamente al precio final. Esto es, aminorar la pérdida de competitividad del producto europeo. Además, la evidencia científica muestra que en un entorno de subida de aranceles, los productores locales también tienden a subir sus precios y a capturar este beneficio en forma de mayores márgenes.
El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, ha reiterado este lunes que el perdedor de la guerra comercialserá Estados Unidos, que es quien impone los aranceles. Aunque ha mostrado su preocupación porque el acuerdo confirma que vamos hacia "un mundo de restricciones al comercio, con distorsiones de cadenas de suministro a nivel internacional que pueden suponer una pérdida de eficiencia general", cree que Europa y España no serán los más perjudicados.
La Autoridad Fiscal española (AIReF), ya advirtió hace meses que la clave de los acuerdos comerciales no sólo estaría en el tipo de arancel a pagar, sino en la posición relativa en la que quede cada país. Si el arancel del 15% de la UE se sitúa entre los más bajos a nivel global, el impacto negativo para la economía comunitaria podría volverse positivo en algunos sectores. Probablemente es lo que ocurra en el caso del automóvil.
Torres calcula que con este acuerdo, el impacto para la economía española será de entre 2 y 3 décimas del PIB. Una cuantía reducida si esto sirve para evitar la guerra comercial.
La gran debilidad
Pero la claudicación política tiene implicaciones que Europa no puede ignorar. La más importante es que Trump ya es consciente de esta debilidad de la UE. Basta aplicar la fuerza necesaria para que la Comisión Europea (y Alemania) se dobleguen.
"Nada impide que Trump lance otra ofensiva más adelante. Este acuerdo no elimina del todo la incertidumbre", subraya Torres. El economista considera que las empresas tendrán en cuenta esta debilidad europea a la hora de adoptar sus decisiones de inversión y contratación. Esta incertidumbre seguirá lastrando el crecimiento en Europa.
Sin embargo, lo que están reflejando las bolsas en las primeras horas de cotización tras el acuerdo es que el escenario ha mejorado. El temor a que este mismo viernes se desatara una guerra comercial ha desaparecido. Ahora ya hay unas reglas del juego para que las empresas puedan adoptar decisiones estratégicas. Con un arancel del 15%, previsiblemente no será salir de Estados Unidos, pero sí reajustar estructuras de costes y de retribuciones.
Llega la hora de las empresas que, como llevan demostrando desde que empezó la pandemia, tienen una gran capacidad de adaptación. Para ellas, el principal problema no es el arancel del 15% en la frontera estadounidense, sino la falta de decisión en la Unión Europea para adoptar las reformas estructurales que necesita el continente.
La presidenta del BCE lanzó la semana pasada una advertencia a las capitales europeas: "Más que nunca, el Consejo de Gobierno considera esencial fortalecer urgentemente la zona del euro y su economía en el entorno geopolítico actual. Las políticas fiscales y estructurales deberían mejorar la productividad, competitividad y resiliencia de la economía". La debilidad que ha mostrado la UE en el choque con EEUU no es lo más preocupante, sino su falta de determinación a la hora de apostar por el crecimiento.
Hay otro punto relevante a tener en cuenta. La UE siempre ha defendido que el libre comercio es el mejor camino para el crecimiento económico. Y no lo ha hecho con fe, sino con evidencia científica. Históricamente los aranceles han generado efectos económicos muy negativos. Si existe esta convicción, no habría tenido sentido responder con políticas proteccionistas. El problema es que la Comisión (y Alemania) no ha adoptado esta decisión por convicción, sino por debilidad política y económica. Y esto sí que es preocupante.
La Unión Europea ha dado una imagen de debilidad absoluta plegándose a las exigencias de Estados Unidos en la guerra comercial. La UE ha firmado la capitulación en el campo de golf del presidente americano, Donald Trump, en Escocia. La sensación de un nuevo fracaso ha recorrido rápidamente el continente, sobre todo, porque la Comisión Europea llevaba meses diciendo que no aceptaría un trato desigual.