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¿Cuánto se cobra cosiendo bolsos de lujo? El sector no encuentra artesanos
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NO HA HABIDO RECAMBIO

¿Cuánto se cobra cosiendo bolsos de lujo? El sector no encuentra artesanos

Lugares como Ubrique (Cádiz) son capitales de la artesanía del lujo global, pero cada vez resulta más difícil encontrar trabajadores. Analizamos las causas y posibles soluciones

Foto: Un empleado limpia el escaparate de una tienda de bolsos. (EFE/Rungroj Yongrit)
Un empleado limpia el escaparate de una tienda de bolsos. (EFE/Rungroj Yongrit)
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"No puedes llegar con 20 años y pretender tener un sueldo digno con 26. Antes se empezaba con 12 o 13 años”, explica Anabella Boffa, que lleva siendo artesana de la moda y el lujo toda su vida. Esta es una de las razones por la que la enorme demanda de costureros, marroquineros, cortadores o chifladores por parte de las grandes empresas del lujo no encuentra a quienes les parezca atractiva. Se habla maravillas de nuestra artesanía, de cómo pueblos como Ubrique (Cádiz) y Elche (Alicante) son joyas nacionales, donde los estándares de calidad del trabajo manual alcanzan la más absoluta excelencia, pero lo cierto es que hay algo que no encaja en la ecuación. Las marcas (Louis Vuitton en un lugar predominante) eligen España (en su caso Ubrique) para elaborar sus productos, en concreto sus bolsos, pero nadie quiere ser artesano.

Para quien no esté familiarizado con el mundo de la moda y el lujo, el bolso es el motor principal de la industria. Como explica la periodista estadounidense Dana Thomas en Deluxe: de cómo el lujo perdió su esplendor (Superflua Editorial, 2023), Los bolsos son “el objeto de la moda de gama alta más fácil de vender porque no requieren medidas ni probarlo: lo miras y, si te gusta, lo compras. Son más fáciles de crear y producir que los perfumes y los márgenes de beneficios son asombrosos”. De hecho, la autora proporciona datos concretos sobre el rendimiento que algunas de las marcas son capaces de sacarle a estos productos: “Para Louis Vuitton el beneficio que se le saca a un bolso es trece veces mayor que su coste”. Los veas en Madrid, Barcelona, París, Nueva York, Tokio o Dubái, esos bolsos han salido de Ubrique. Si ese es el caso, ¿por qué los ‘artesanos’ que los hacen, en España, cobran con suerte 1.200 € al mes?

¿Sería capaz de reconocer un pañuelo de Hermès o unos zapatos de Prada? La respuesta probablemente sería no. Pero bien podría cruzarse con una persona con un bolso de Gucci o con una L y una V bien marcadas y no tardaría ni dos segundos en saber de qué se trata. El lujo vive de las marcas y, a su vez, las marcas lo hacen de los artesanos. Entonces, si esto es así, ¿por qué no hay cada vez más? Los talleres se vacían, las marcas (en un contexto nacional, el caso más sonado es Loewe) montan sus propias escuelas, dada la dificultad que tienen para encontrar nuevo personal y no escasean las voces que gritan que “hay que salvar la artesanía”.

¿Hasta qué punto son 'artesanos'?

¿Qué factores determinan si alguien es un profesional de la artesanía? Podría limitarse a ser un equivalente a ‘hecho a mano’, pero eso significaría que las zapatillas falsas hechas en un taller clandestino del sudeste asiático por niños entrarían dentro de la definición. Pedro Mansilla, sociólogo, profesor y crítico de moda explica que, en este sector, la artesanía queda definida por tres variables (una de las cuales no se cumple): “El lujo conserva dos de los elementos fundamentales sine qua non de la artesanía: la mejor calidad de los materiales (eso es indiscutible y sigue manteniéndose como hace 10, 20, 30 años), y que la mano de obra está extraordinariamente bien cualificada. De acuerdo, esas dos cosas son ciertas. Pero el bolso ya no está hecho por un artesano que se permite el tiempo de respirar o imprimirle un toque personal; los productos están hechos en una cadena de montaje. No es como un SEAT, pero sí como un Bentley. ¿Se le puede llamar artesanía a estos coches? Quizá le llaman artesanía porque tiene muchos ceros el precio en la factura”. Y apostilla: “Realmente, el único que de verdad lo hace es Hermès”.

"Dejaron de interesarse por que un hombre hiciese el proceso de principio a fin"

En efecto, los creadores del Birkin y el Kelly (los bolsos más famosos del mundo, para los que hay lista de espera y cuyo precio oscila entre los 12.100€ y los 14.600€, y que aumenta en el mercado de segunda mano), son los ‘únicos auténticos artesanos’ que quedan en el gran lujo. Como explica Dana Thomas en su libro: “Tres o cuatro hombres inspeccionan las pieles para comprobar cualquier defecto [y las cortan]”. Después de ello, todo el material necesario para crear un bolso se pone en una bandeja “que es entregada a un artesano, que lo fabrica de principio a fin”. Tanto es así que las afortunadas que tengan un Kelly en casa podrán comprobar en el interior de la hebilla de cuero el sello que les indicará qué artesano hizo su bolso, el año y en cuál de los 12 talleres de Hermès se llevó a cabo.

Mansilla continúa: “Muchas veces desde fuera se idealiza como un trabajo maravilloso, pero luego también ahí hay una pequeña mentira: a las propias marcas les encanta construir esta fantasía sobre ellas”, pero son empresas, que se dedican a vender esos bolsos. Dicho de otro modo: necesitan satisfacer la demanda, y eso requiere optimización, a menudo con el sacrificio del trabajo artesanal tradicional: “Antes tú hacías una cartera de principio a fin. Llegaron las marcas grandes y dijeron: no, esto hay que hacerlo en cadena”, explica un empresario al que llamaremos Rodrigo, que posee uno de los múltiples talleres de Ubrique y que trabaja para muchas de las marcas del lujo. Y continúa: “Dejaron de interesarse porque un hombre hiciera la cartera de principio a fin. Antes, el oficial sabía hacer todo. Con la cadena, solo haces una parte. Desde entonces, la producción aumentó mucho, sí, pero se perdió el aprendizaje”.

placeholder El Birkin, uno de los bolsos más famosos del mundo. (EFE/EPA/Teresa Suárez)
El Birkin, uno de los bolsos más famosos del mundo. (EFE/EPA/Teresa Suárez)

La cantera se agota

Es de suponer que la llegada del ‘gran dinero’, que prometía apostar por la artesanía, salvaría una profesión en claro declive, pero tan solo fue un clavo (de muchos) en el ataúd de esta profesión en España: “Con la cadena, ya no hacía falta un oficial que supiera hacer todo. Ponían a uno a hacer siempre lo mismo. El tío se volvía un robot”, explica Rodrigo. Y esto tuvo un impacto en las nuevas generaciones: “Se dejó el aprendizaje a un lado y se hizo que las matemáticas no fallaran. Muy buenos resultados, sí, pero la cantera se estaba quedando atrás”. Rodrigo se queja abiertamente de la desaparición de una figura laboral ya olvidada en España: el aprendiz.

La diseñadora y artesana Anabella Boffa, que no solo hace sus propios productos, sino que trabaja también para otros grandes de la moda española como Mesa o Eduardo Navarrete, explica que “se murió la figura del aprendiz y, con ella, murieron los oficios. No ha habido renovación generacional. Tenemos FP, pero con un problema grave: quien enseña FP es profesor, no profesional. Me llegan chicos en prácticas con 18 o 20 años y están a cero. Esta profesión lleva mucho tiempo aprenderla; para ser oficial de primera hacen falta cinco o seis años de machaque”. Esto tiene una repercusión directa en las expectativas de los potenciales profesionales: “Los que empezaron con 12 o 13 años, barriendo, luego haciendo forros, luego empastando… a los 18 ya eran oficiales y se compraban su casa y su piso en la playa; creaban una familia; tenían hijos...". Hoy, ese no es el caso de ninguno de los nuevos artesanos.

A lo que podríamos llamar el ‘calvario’ del aprendiz, le seguía, de forma inexorable, el éxito y la seguridad laboral: si habías pasado por eso, eras uno de los pocos que podían hacer ese trabajo, con alta demanda. Rodrigo detalla que, en el momento en el que todo se convirtió en una ‘cadena de montaje’ tu profesor ya no sabía de todo, sino solo de algunas cosas: “Al principio, en un bloque de cinco artesanos, cada uno de ellos lo sabían todo. Hoy, en un bloque de cinco, solo uno sabe. Se ha perdido el aprendizaje”. A esto hay que sumarle que existe una legislación que asegura los derechos de los trabajadores, por mucho que les pese a algunos: "Si ponen la semana en 37,5 horas ya esto es más ruina todavía”, explica tras quejarse de la implementación de las 40 horas semanales. Y no se queda ahí: “Antes, tú aprendías y cobrabas poco. Era casi simbólico, como un regalo. Hoy es al revés: se quiere cobrar sin saber. Antes pensábamos: ‘Primero aprendo, luego cobro’. Hoy es: ‘Primero cobro, ya aprenderé’. Si el oficial ganaba 600 euros, el aprendiz ganaba 200. Y lo entendíamos. Ahora entras sin saber y pides lo mismo que el que lleva 30 años”.

"Antes se trabajaba de las ocho de la mañana a las diez de la noche"

Además, Rodrigo arremete contra la actual jornada laboral: “Antes los trabajadores estaban desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche, ¿eh? O incluso hasta algo más. El sábado se trabajaba de 8 a 2. Algunas veces hasta por la tarde. Esa jornada laboral que se tenía en los años 70, 80, 50 y tal… La comparas con ahora y son 40 horas. Louis Vuitton nos obligó a imponer un horario de 7 a 15. Eso son dos o tres horas diarias menos por cada trabajador”.

¿Cuánto gana un artesano?

Al final, cuando hablamos de escasez de trabajadores, volvemos al mismo punto una y otra vez: ¿les compensa? Hace unos años, uno de los principales medios nacionales siguió durante unos días a un camionero. En dicho reportaje se lanzaba al aire la pregunta: “¿por qué, con un sueldo de 3.000 € al mes, no hay más gente que quiera hacerlo?". El camionero pasaba seis días semanales en la carretera, durmiendo en un hostal o en la propia cabina. Tal vez 6.000 sí hubiesen sido suficientes. ¿Es posible que ocurra algo similar en el negocio de la ‘artesanía’ de lujo española? Rodrigo ha sido tan amable como para compartir con El Confidencial el sueldo de todos y cada uno de sus trabajadores que, de nuevo, producen bolsos y carteras para algunas de las marcas más conocidas del mundo (y cuyo precio de venta al público, por pieza, supera ampliamente las 4 cifras).

El ‘jefe’ (Encargado General de Fabricación) gana 1.862,10 € al mes, lo mismo que el jefe de administración; los encargados de sección alcanzan los 1.562 € y el personal obrero (los verdaderos artesanos) tienen sueldos diarios, que, en 2024 eran los siguientes: oficial de primera marroquinero, cortador, chiflador, montador: 45,90 €; de 2ª: 45,66 € y de 3ª: 43,95 €. En total, y para poder hacernos una idea global, el empresario comparte algunas de las nóminas mensuales de sus trabajadores. Uno de tercera (lo que en otros sectores equivale a un ‘junior’ cobra -limpios- 1.120,28 € al mes. Uno de 1ª, 1.128,17 €. Sí, menos de 8 euros más al mes que el anterior.

placeholder La tienda de lujo Louis Vuitton del Paseo de Gràcia de Barcelona. (EFE/Enric Fontcuberta)
La tienda de lujo Louis Vuitton del Paseo de Gràcia de Barcelona. (EFE/Enric Fontcuberta)

Dicho de otro modo: la progresión laboral trabajando como artesano por cuenta ajena en España es inexistente. ¿Podría ser que esto solo es otro ejemplo más de la precariedad laboral extendida por nuestro país y que en otros ‘comparables’, los artesanos del lujo sí que tienen una vida con sueldos holgados? Por suerte para nosotros, disponemos de datos para llegar a esa conclusión. Según datos de Glassdoor, los marroquineros de Louis Vuitton franceses comienzan, en el más bajo nivel (después de la formación) con un salario bruto de 2.000 € -que puede llegar hasta los 2.700 € en función de diferentes bonus-. En comparación a los salarios de otros profesionales Junior del país vecino, su sueldo está ligeramente por encima del de trabajos ‘base’ para los que no es necesaria formación, como es el caso de un reponedor de supermercado, pero muy por debajo del salario de trabajos para los que es necesaria la formación universitaria. Dicho de otro modo: si hacen falta años y años de formación para ser marroquinero (o costurero, cortador, etc..), hasta seis, y el sueldo es ligeramente superior al de un reponedor: ¿quién quiere dedicarse a hacer bolsos de lujo?

¿Y ahora qué?

Hay algunos profesionales de este sector que están tomando medidas para afrontar ese desafío. Entre ellos se encuentra Marina Raphael (cuya marca homónima se dedica al diseño de bolsos, pero que también trabaja como directora artística de la línea de bolsos de la marca de costura Elie Saab): “La escasez de jóvenes artesanos en esta industria es una preocupación creciente. En mi opinión, la artesanía es la base del verdadero espíritu del lujo”. Y continúa: “Para revertir esta tendencia, la industria debe replantear el trabajo artesanal como una profesión inspiradora y respetada. Programas como las pasantías de Hermès o los Métiers d’Excellence de LVMH son modelos prometedores, pero se necesitan esfuerzos más amplios. Colaborar con escuelas de diseño, dar visibilidad a los artesanos mediante historias digitales y crear trayectorias de crecimiento claras puede cambiar la percepción social. Lo más importante es mostrar la creatividad, la innovación y el impacto que hay detrás del oficio, para hacerlo más atractivo a las nuevas generaciones”.

Hacer el sector atractivo es fundamental (y la mejor forma de hacerlo es que los salarios supongan un reclamo irrechazable, pero esa es una discusión que marcas e intermediarios no parecen estar dispuestos a tener todavía). Por ‘suerte’ para ellos, puede existir un reclamo más potente que cualquier cantidad de dinero: el miedo. Anabella Boffa acepta en su taller, durante unos cuantos meses, a los mejores estudiantes de una FP que muestran un especial interés por la moda y el diseño. Gracias a esto ha conseguido observar, de primera mano, una tendencia más y más común: “Mientras muchos están con la IA para todo, también tienes gente que está asustada y buscando cosas que no estén amenazadas”, explica.

"La profesión no está amenazada, la IA no puede cortar, coser..."

Y desarrolla el argumento: “Esta es una profesión, de momento, intocable. La IA puede diseñarlo, sí, pero si no hay alguien que lo haga, quien lo corte, cosa, pegue, pinte… no hay bolso. Es un lugar donde todavía hay margen para la mano humana”. Por supuesto, no todo pueden ser buenas noticias, dado que la IA también puede haber “corrompido” a las nuevas generaciones, según la diseñadora: “Uno de los problemas que más detecto en los jóvenes, que me deja alucinada, es la incapacidad que tienen para resolver problemas. Yo les pongo un bolso cortado delante y les digo: ‘¿Y ahora qué hacemos?’ Y son incapaces de descifrarlo. Les cuesta muchísimo llegar a esas conclusiones. No pueden resolver esos desafíos”.

¿Por qué el gran lujo no puede encontrar a gente que les corte, pinte, curta, cosa…? Porque la proyección laboral es escasa, porque los sueldos son insuficientes, porque el futuro es incierto y porque, aunque digamos lo contrario, es una profesión carente del prestigio que merece.

"No puedes llegar con 20 años y pretender tener un sueldo digno con 26. Antes se empezaba con 12 o 13 años”, explica Anabella Boffa, que lleva siendo artesana de la moda y el lujo toda su vida. Esta es una de las razones por la que la enorme demanda de costureros, marroquineros, cortadores o chifladores por parte de las grandes empresas del lujo no encuentra a quienes les parezca atractiva. Se habla maravillas de nuestra artesanía, de cómo pueblos como Ubrique (Cádiz) y Elche (Alicante) son joyas nacionales, donde los estándares de calidad del trabajo manual alcanzan la más absoluta excelencia, pero lo cierto es que hay algo que no encaja en la ecuación. Las marcas (Louis Vuitton en un lugar predominante) eligen España (en su caso Ubrique) para elaborar sus productos, en concreto sus bolsos, pero nadie quiere ser artesano.

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