La equivocación de reindustrializar España: por qué abordamos mal el gran reto
Un estudio desvela que la productividad de la industria no siempre supera a la de los servicios. Apostar por sectores y empresas poco competitivas será despilfarrar dinero público
Línea de fabricación de un alternador en la fábrica SEG Automotive. (EFE)
Reindustrializar España es uno de los grandes mantras económicos que repiten los políticos. Tanto es así que han fijado como objetivo que la industria vuelva a representar el 20% del PIB, sin que exista detrás ningún dato que avale la cifra. Hay pocas dudas de la importancia del sector manufacturero, pero un estudio muestra que la reindustrialización puede ser una tumba de dinero público si no se hace correctamente.
En contra de lo que se piensa, hay algunos sectores industriales que incluso son menos productivos que los servicios. Apostar por estas actividades no sólo tendría un alto coste de oportunidad, también tendría un impacto negativo sobre el conjunto de la productividad del país.
El principal argumento de la reindustrialización es que estas actividades son más productivas y pagan mejores salarios. El problema es que, tradicionalmente, se ha observado la estadística sin tener en cuenta la elevada inversión que requiere. De forma sencilla, una fábrica es mucho más cara que una oficina, por lo que necesita mayor esfuerzo inversor. Cuando se corrige la productividad por los factores incorporados al trabajo, la brecha se cierra por completo, y muchas actividades de servicios son incluso más eficientes.
Así lo muestra un estudio realizado por la Fundación BBVA y el IVIE. La productividad total de los factores (PTF) de los servicios es incluso un poco superior a la de las manufacturas. Los servicios de alto valor añadido, que van desde el financiero hasta el científico, el técnico o el informático, elevan la productividad del conjunto del sector y superan ampliamente la productividad media de la industria.
El siguiente gráfico muestra la productividad de cada sector al cierre del año 2023 y su crecimiento anual medio desde el año 2000. En el cuadrante superior derecho aparecen los sectores más productivos y que más crecen. Son los que se están distanciando del resto de la economía y, por tanto, en los que sería más rentable invertir.
Aquí aparecen algunas industrias relevantes, como la del automóvil, la de bienes de equipo o la del mueble. Actividades que están resistiendo la competencia internacional gracias a la elevada productividad que tienen y a su buen desempeño en los últimos 25 años.
Por el contrario, en el cuadrante inferior izquierdo aparecen los sectores que se están quedando atrás: tienen menor productividad que el conjunto de la economía y un peor desempeño en lo que va de siglo. Aquí hay algunas actividades de servicios, como el transporte y la logística, pero también hay importantes industrias como la agroalimentaria, la metalúrgica o la de madera y corcho. Apostar por estas manufacturas implica un alto riesgo de dilapidar estos recursos. Y más si se hace con dinero público.
"Las supuestas ventajas que tiene la industria se diluyen cuando ves que hay servicios avanzados que están creciendo mucho en tamaño y productividad", explica Juan Fernández de Guevara, uno de los investigadores del IVIE que ha trabajado en esta estadística. En su opinión, las políticas de reindustrialización tienen que ser selectivas, apoyando a los sectores que mejor funcionan para que sean una fuente de progreso. También se puede bajar este análisis a nivel de empresa y centrar las ayudas públicas en las que tengan una productividad más alta.
"Las ventajas de la industria se diluyen cuando ves que hay servicios avanzados que están creciendo mucho en tamaño y productividad"
El investigador critica las políticas industriales basadas en la sustitución de importaciones. "Esto ya lo vimos en España en los años del desarrollismo y fue muy ineficiente", alerta. La industria que crece al calor del proteccionismo y las ayudas públicas en muy rara ocasión consigue ser competitiva. Al contrario, parasita al resto de la economía, porque absorbe recursos del sector público y de los hogares.
"Hay que potenciar los sectores en los que hay una ventaja competitiva. Y si se quiere priorizar actividades en las que no somos productivos, habría que hacer una transformación para que funcione", señala Fernández de Guevara. De lo contrario, apostar por sectores poco productivos sólo implicará que cada vez sean necesarias más ayudas para compensar la pérdida de competitividad.
La estrategia de reindustrialización europea toma el ejemplo de China, que ha conseguido posicionarse como la fábrica del mundo con un gran apoyo estatal. Sin embargo, el país ha crecido aprovechando sus ventajas competitivas, principalmente los bajísimos costes salariales, los escasos controles públicos y la promesa de un gran mercado nacional. España no tiene ninguna de estas tres características. Pero, además, el impulso público que está dando Pekín se centra en industrias innovadoras y productivas. España puede tener una gran ventaja compitiendo en costes energéticos gracias al potencial de las renovables.
Mala asignación
La economía española tiene un problema adicional: ya sufre graves problemas de mala asignación de recursos productivos. Los investigadores del IVIE y la Fundación BBVA han analizado cómo evoluciona la cuota de mercado, a nivel sectorial, de las empresas más productivas.
Lo primero que observan los investigadores es que existe una gran dispersión de productividad. Entre el 10% de empresas menos productivas de cada sector y el 10% más productivas hay una diferencia de 1,7 veces. Esto es, generan casi el doble por cada unidad productiva. Una brecha tan amplia indica que sobreviven empresas que están muy rezagadas y que, en un mercado más competitivo, deberían haber desaparecido.
Pero aún hay más: hay sectores en los que las empresas más productivas no son las que más crecen. Una situación contraintuitiva que responde a varias causas, que van desde las trabas burocráticas al crecimiento, el desinterés de empresas pequeñas y medianas por expandirse o el control de mercado que hacen las más grandes.
Los investigadores detectan que los sectores agroalimentario, químico, farmacéutico, de productos informáticos y electrónicos y de material de transporte han experimentado un retroceso de la productividad por esta mala asignación de recursos.
Este es un problema histórico de la economía española que quedó especialmente retratado durante la burbuja inmobiliaria. En esos años, la inversión se disparó, pero se concentró en sectores y empresas poco productivas, lo que no sirvió para mejorar la economía. Un estudio del Banco de España de esos años, elaborado por Enrique Moral-Benito, señala que “el deterioro en la asignación de recursos entre empresas dentro de cada sector se revela como el principal responsable de la caída en la productividad agregada”.
Si a un país con una mala asignación de los recursos productivos privados se le suman malas decisiones por parte del sector público, el resultado será nefasto. España no tiene mucha capacidad de inversión pública como para desperdiciarla impulsando una industria sin futuro. La reindustrialización por la reindustrialización es un camino hacia la pobreza.
Reindustrializar España es uno de los grandes mantras económicos que repiten los políticos. Tanto es así que han fijado como objetivo que la industria vuelva a representar el 20% del PIB, sin que exista detrás ningún dato que avale la cifra. Hay pocas dudas de la importancia del sector manufacturero, pero un estudio muestra que la reindustrialización puede ser una tumba de dinero público si no se hace correctamente.