Visita a los almacenes que atesora España para evitar que el mercado del aceite de oliva gripe
El sector debate estos días cómo implantar un nuevo mecanismo de último recurso en el que estos tanques jugarían un papel clave. Un salvavidas por si la montaña rusa de los precios acaba por destrozar el sistema
Operación de vaciado de un camión cisterna en los tanques de la Fundación Patrimonio Comunal Olivarero. (P. P.)
En esta gran planta de Mora, Toledo, la mañana del viernes transcurre con la normalidad de un día cualquiera en plena temporada baja. Los camiones cisterna entran y salen de forma continua, y los transportistas cargan y descargan sin perder mucho tiempo. Rodeados de olivos, se nota a la legua que el tiempo del aceite está a punto de acabar. Pero hay un murmullo que está atragantando este final del curso y que no pasa desapercibido entre los trabajadores. Es posible que, en unos meses, este tranquilo enclave manchego, que forma parte de la Fundación Patrimonio Comunal Olivarero (FPCO) y está ocupado con unos 50 depósitos gigantes, se convierta en un lugar clave para que el sector oleícola no colapse.
Ante las previsiones de que la próxima cosecha sea una de las mayores de la historia, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha decidido adelantarse y lanzó hace dos semanas una propuesta para crear un mecanismo de último recurso que evite la rotura total del mercado. Una medida que se apoya en el reglamento europeo 1308/2013 de la organización común de mercados (OCM) y permitiría retirar de la venta un porcentaje del aceite para estabilizar el mercado. La idea sería paliar el presumible hundimiento de los precios y también un posterior repunte, si viene un peor año. Pero aún nadie sabe si hará falta pulsar este botón y hasta el próximo 2 de julio está abierta la consulta pública para su desarrollo teórico. Lo que sí está claro es que, si se aprieta, los tanques de la FPCO jugarán un papel decisivo.
El transportista y agricultor Marcos Antonio López Francos precinta una de las válvulas de acceso al tanque de su camión. (P. P.)
"Lo que se ha puesto sobre la mesa es una medida preventiva que lo que intenta es adelantarse a posibles problemas futuros que nadie en el sector desea encontrarse, pero que podrían darse", cuenta Iñaki Benito Otazu. Este ingeniero agrónomo es el director gerente de la Fundación Patrimonio Comunal Olivarero, una entidad privada sin ánimo de lucro que cuenta con el apoyo de todos los grandes actores del mundo oleícola y el respaldo de varios ministerios y de comunidades autónomas. A cambio, se encarga de mantener operativos 11 centros de almacenamiento en las principales regiones productoras, con una capacidad de almacenamiento de cerca de 350.000 toneladas. "Ya hay actores privados que cuentan con almacenes muy importantes, pero nosotros somos una suerte de equipo de rescate", añade su director.
Tanto Benito como el resto de expertos consultados prefieren ser muy cautos con el uso de este mecanismo de restricción y miden mucho sus palabras. El aceite de oliva vive inmerso en una alocada montaña rusa de precios y eso ha levantado preocupaciones en España, el país que lidera el mercado mundial. Los productores han visto cómo el precio de su materia prima ha pasado de llegar a récords de cerca de 10 euros el litro a bajar de los 5 en cerca de un año. Un cambio tan brutal que ha movido a autoridades y organizaciones a idear soluciones para aplanar la curva y evitar que estos vaivenes acaben por romper el mercado nacional y también el internacional.
Según datos del INE, el precio del aceite de oliva en marzo de 2024 era un 70% superior del que se pagaba por ese producto en marzo de 2023. Una variación interanual estratosférica que, además, venía de acumular importantes subidas en años anteriores. Pues para marzo de 2025, el coste de ese aceite había bajado un 38%. Y eso con una cosecha más o menos normal, pero la montaña podría inclinarse hasta niveles insospechados si se cumplen los pronósticos más radicales, que hablan de que para la temporada 2025/2026 el sector superará la simbólica barrera de los dos millones de toneladas de aceite.
Para hacerse una idea del impacto que podría tener, agricultores de olivar tradicional consultados por El Confidencial hablan de que vender su producto por debajo de 5 euros el kilo ya no es rentable. A día de hoy, dependiendo de la calidad y demás, se paga en origen a unos 4 euros. "Quizá a los de superintensivo y demás sí les pueda salir a cuenta, pero para nosotros es imposible. No te salen las cuentas por ninguna parte con ese precio", detalla Marcos Antonio López Francos, un pequeño agricultor de olivo tradicional originario de Jaén, que está de paso en Mora por su otro trabajo, el de transportista.
Fundación Patrimonio Comunal Olivarero, en Mora, Toledo. (P. P.)
"Hay que ver como una buena noticia que España por una vez se esté adelantando a los acontecimientos y que sea capaz de preparar mecanismos para poder controlar lo que esté por venir con el acuerdo de todas las partes", cuenta Tomás García Azcárate, investigador en el IEGD-CSIC y economista agrario. Este experto ve con buenos ojos que se preparen propuestas que puedan entrar en vigor si los augurios se cumplen y es bastante tajante con la situación. "Si no se consigue estabilizar el mercado, la situación podría agravarse mucho. Tras estos años de subida continua, una bajada repentina podría impactar en la imagen del consumidor y perderlo. Y además tantos vaivenes impactarían de lleno a muchos productores, incapaces de poder mantener su negocio con tanto movimiento en los precios".
Una decisión de "líder"
Ante la imponente visión de los depósitos que tienen en Mora, a unos 30 kilómetros de Toledo capital es más fácil hacerse una idea del peso de España en este sector. Solo en esta instalación, la FPCO puede guardar algo más de 28.000 toneladas de aceite en toneles que pueden superar las 1.800 toneladas de capacidad. El espacio ahora está bastante vacío, pero está pensado para dar servicio de almacenamiento a todos los productores de Castilla-La Mancha y alrededores. Y no es ni mucho menos la instalación más grande. En Espeluy, provincia de Jaén, tienen un centro con 185 depósitos y capacidad de 89.837 toneladas.
España produce el 45% del aceite de oliva que se consume en el mundo y el 70% de toda la UE. Es, con diferencia, el líder del sector a nivel global y el que marca, según García Azcárate, el precio y el devenir del mercado. Por eso, que tenga estos almacenes o que prepare estas decisiones lo ve como algo clave. Es parte del papel de líder que debe jugar España. Si no lo hace, piensa, otros lo harán por él.
Un camión cisterna llega al almacén de la Fundación Patrimonio Comunal Olivarero, en Mora, Toledo. (P. P.)
"Ya estamos viendo cómo el atractivo por el cultivo de olivos se ha disparado en medio mundo. Lo ocurrido en los últimos años, con los precios en máximos, ha hecho que muchos agricultores de otros países se interesen por este producto y empiecen a plantarlo. Por eso debemos ser capaces de tomar este tipo de decisiones, para seguir marcando el paso y liderar", cuenta. "Si no, se corre el riesgo de que otros productores entren en competición y tumben precios, llevándose al consumidor y acabando con el productor patrio. Debemos ser capaces de defender esa posición", añade.
Para poner ejemplos de este liderazgo en el sector primario, habla de los casos de Estados Unidos y Brasil. El primero es el líder en producción de maíz y retira de manera más o menos habitual un excedente de producto para que el precio no se hunda. ¿Qué hacen con lo que les sobra? Lo convierten en biocombustible. Brasil hace algo parecido pero con el azúcar. El problema, apunta el experto, pasa porque el aceite de oliva es un producto más caro que los mencionados y no se pueden tomar medidas tan drásticas, sino que se necesita algo más de ingenio.
"Yo habría optado por otra solución, basada en un concurso que permita al mejor postor retirar todo el aceite que se decida que sobra en el mercado. Este cobraría algo por esa retirada, pero sabríamos que lo hace por decisión propia y que seguramente retire parte del aceite de peor calidad. Con la opción actual, todo el mundo pierde algo y sin coste económico. Pero puedes estar retirando aceite de primera y de última categoría", detalla. "Pero bueno, es la decisión que ha tomado la mayoría y por eso ahí no me meto. Al menos se han puesto todos de acuerdo".
Los debates sobre el momento en el que se puede activar el nuevo mecanismo, qué cantidades habría que retirar o cómo vendrán después de este inicio del desarrollo, pero serán clave. España, según los últimos datos del INE, produce de media unos 1,5 millones de toneladas de aceite al año, aunque cuesta llegar a esas cifras. Por eso, se pone la cota en ese nivel a la hora de hablar de recortes, pero no hay nada cerrado. La buena climatología de este año y el aumento de las plantaciones hablan de que estos números podrían dispararse, algo que otros expertos miran con escepticismo.
Trabajadores del almacén de la Fundación Patrimonio Comunal Olivarero. (P. P.)
Para García Azcárate, con cerca de 1,5 millones de toneladas no hay excedentes. Son los necesarios para cubrir toda la demanda interna (unas 500.000) y las exportaciones (el millón restante). De ahí en adelante es lo que quedaría por debatir. Puede que muchos productores tengan ya su cosecha entera vendida y no puedan hacer frente a un posible recorte o que intenten jugar con esos márgenes. El experto habla de restricciones de alrededor de un 5%, pero tampoco se atreve a pronosticar mucho. "Es fácil pedir a un productor que se siente sobre el 5% de su producción un año, pero ¿y si el siguiente sigue siendo bueno? Eso complica la situación", reflexiona.
Heredada del franquismo y mejorada en democracia
En esas restricciones es donde entraría en juego los almacenes de la FPCO. Sus depósitos permitirían "sentarse" sobre el aceite sin costes desorbitados para los productores. Esta institución, heredada del Sindicato Vertical del Olivo franquista y mejorada durante la democracia, está pensada, sobre todo, como un salvavidas para pequeños y medianos agricultores.
"Somos como un cuerpo de rescate o de socorristas. Algo que hay que tener y que estamos para servir, pero al que nadie le gusta tener que acudir. Si llegamos a una situación en la que tenemos que entrar de forma tan importante en juego es que el mercado está al límite", comenta Iñaki Benito. "Lo mejor sería que podamos seguir estando ahí y que tengamos un papel algo secundario, que no se nos necesite tanto. Porque eso significaría que todo va bien", añade.
Pese a la bajada de los precios, de momento, estos almacenes terminan esta temporada con un resultado similar a los anteriores cursos y eso hace que Benito pida calma sobre la siguiente temporada. Se espera una barbaridad de cosecha, pero no hay nada confirmado ni mucho menos. Calcula que hasta septiembre u octubre no se podrá hacer una estimación clara de la cantidad exacta de aceite que se podrá cosechar. "Es muy pronto para vaticinar qué ocurrirá. Es verdad que hemos tenido lluvias y demás, y hay buena floración. Pero no sabemos cómo puede haber afectado este calor de junio, por ejemplo ni si puede haber otros problemas en estos meses", detalla.
En Mora, mientras terminan de cerrar la temporada, ven lejos volver a una situación límite, pero tampoco hay demasiada preocupación en el ambiente. "Si España puede permitirse pensar en mecanismos como este es porque tenemos esta red de almacenes, sino sería imposible planteárselo", cierran desde la planta.
En esta gran planta de Mora, Toledo, la mañana del viernes transcurre con la normalidad de un día cualquiera en plena temporada baja. Los camiones cisterna entran y salen de forma continua, y los transportistas cargan y descargan sin perder mucho tiempo. Rodeados de olivos, se nota a la legua que el tiempo del aceite está a punto de acabar. Pero hay un murmullo que está atragantando este final del curso y que no pasa desapercibido entre los trabajadores. Es posible que, en unos meses, este tranquilo enclave manchego, que forma parte de la Fundación Patrimonio Comunal Olivarero (FPCO) y está ocupado con unos 50 depósitos gigantes, se convierta en un lugar clave para que el sector oleícola no colapse.