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Los servicios públicos ya no bastan: los hogares gastan cada vez más en salud y educación
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Encuesta de Presupuestos Familiares

Los servicios públicos ya no bastan: los hogares gastan cada vez más en salud y educación

El gasto en educación privada ha crecido un 10,4% en el último año en términos reales y en sanidad un 7%, muy por encima del 2% general que han aumentado los presupuestos familiares

Foto: Un colegio de Madrid. (EFE / Sergio Pérez).
Un colegio de Madrid. (EFE / Sergio Pérez).
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Las prioridades de gasto de los hogares han cambiado en las últimas décadas. Se inclinan cada vez más hacia los servicios y el ocio, mientras que los bienes duraderos y la alimentación para el domicilio pierden protagonismo. En este contexto se encuadra también un crecimiento significativo de lo destinado a la sanidad y a la educación privadas, servicios que a priori no requerirían de un elevado desembolso porque el sistema público los provee ‘gratis’, financiados a través de impuestos.

Según los últimos datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), los hogares gastan ya un 6,6% de su presupuesto en educación, sanidad y seguros de salud, que se especifican en un apartado separado del propio de sanidad. Se trata de un gasto superior al que se realiza en actividades recreativas y culturales (el 5% del presupuesto) y el mayor porcentaje en los últimos 18 años (hasta donde abarca la serie histórica).

El gasto en educación privada ha crecido un 10,4% en el último año en términos reales y en sanidad un 7%, muy por encima del 2% general que han aumentado los presupuestos familiares, lo que explica su ganancia de protagonismo. En términos corrientes, los hogares gastaron 1.377 euros de media en 2024 en sanidad, 553 en educación y 1.464 en seguros de salud, aunque los datos por comunidades autónomas y niveles de ingresos dibujan un panorama muy distinto. La tendencia hacia un mayor gasto en los servicios privados se explica por múltiples factores.

Los habitantes de Madrid son los que destinan una mayor parte de su presupuesto a la sanidad, los seguros sanitarios y la educación privada, un 7,9%; seguidos de los de Cataluña (7,6%) y Asturias (6,8%). En el lado opuesto, el porcentaje cae en Castilla-La Mancha y Castilla y León al 5,4%, seguidas de Cantabria (5,6%), aunque en todas las regiones se registra una tendencia al alza.

Existe una relación proporcional entre los ingresos del hogar y el aumento del gasto en las opciones privadas, por lo que cabe esperar que las comunidades autónomas con una mayor renta per cápita tengan también una mayor orientación a la educación y a la sanidad privada. Sin embargo, esto se ve notablemente influido por el nivel de gasto público realizado en ambos servicios y por otros factores demográficos de la región en cuestión, como la edad media de la población y la densidad demográfica.

Los hogares con ingresos mensuales inferiores a 1.000 euros destinan en torno a un 4% de su presupuesto en educación y sanidad, frente al 7,1% de las familias que ingresan 5.000 euros netos o más mensuales. Cabe señalar que para este nivel de desagregación no está disponible el gasto en seguros sanitarios. El gasto no es cero en ningún umbral de ingresos porque el sistema público deja varias necesidades específicas sin cubrir: fundamentalmente las farmacéuticas, bonificadas solo parcialmente, y las dentales, para las que la cartera de servicios es muy reducida en el ámbito público. También existe poca cobertura pública en las escuelas de 0 a 3 años.

En el ámbito sanitario es clara la relación entre la falta de cobertura pública y el gasto privado. Los dos grupos dentro del apartado de sanidad, sin contar los seguros, que acaparan un mayor desembolso son los dentales, 628 euros de media por hogar al año en 2024, y los productos farmacéuticos, con 294 euros. Sin embargo, estos gastos siempre han estado fuera de la cobertura tradicional pública, por lo que no pueden explicar por sí mismos la ganancia de protagonismo de la sanidad privada. Esto se observa claramente en el crecimiento de los seguros privados de salud: en 2016, primer dato disponible, tenían uno el 19,6% de los hogares, porcentaje que ha ascendido al 21,3% en 2024.

Relación con el gasto público

Una explicación habitual suele ser que la sanidad y la educación privada triunfan más en las regiones que menos financiación pública tienen para estos servicios, aunque se olvida la eficiencia que tenga el gasto. El ejemplo prototipo es Madrid, donde se cumple tanto la premisa de un gasto público por debajo de la media nacional en los servicios públicos, como una renta per cápita promedio elevada y el mayor gasto en educación y sanidad privada por hogar. Según el observatorio regional de la AIReF, Madrid gastó 2.985 euros per cápita ajustados en educación y sanidad en 2024, el dato regional más bajo, y un 6,7% inferior a la media nacional.

La diferencia se aprecia con el País Vasco, ya que a pesar de ser la región con la mayor renta per cápita, sus ciudadanos son los octavos en gasto privado en educación y sanidad. Justamente, los servicios públicos de esta región son los que cuentan con una mayor financiación, 4.087 euros per cápita, un 27,7% más que la media nacional. Este contraste incide en la hipótesis de que con un nivel de renta per cápita similar y distinto nivel de financiación pública, las preferencias de los ciudadanos se alteran.

Sin embargo, hay otros factores que influyen. Murcia y Castilla-La Mancha tienen dos de las rentas per cápita más reducidas de España, pero el gasto en los servicios analizados es superior en la primera, 6,2%, frente al 5,4% de la segunda. Sin embargo, el gasto público en sanidad y educación en Murcia es superior y se situó por encima de la media nacional en ambos servicios, mientras que en Castilla-La Mancha la cobertura pública es una de las más bajas.

Para explicar las diferencias entre regiones, habría que tener en cuenta su composición en términos de envejecimiento de la población y de densidad urbana del territorio, lugar donde hay una mayor opción de servicios privados. El gasto sanitario privado se dispara a partir de los 65 años y en los núcleos con mayor población. También puede influir la satisfacción con la prestación de los servicios públicos, para lo que no existen datos actualizados oficiales suficientes, y factores de cambio de preferencias, como un crecimiento de la preocupación por la salud y la estética dental. En el ámbito educativo, un indicador claro de cambio es que hay más alumnos en másteres privados que públicos, una transformación relevante dada la necesidad para gran parte de los puestos de trabajo de contar con estudios más allá del grado.

Las prioridades de gasto de los hogares han cambiado en las últimas décadas. Se inclinan cada vez más hacia los servicios y el ocio, mientras que los bienes duraderos y la alimentación para el domicilio pierden protagonismo. En este contexto se encuadra también un crecimiento significativo de lo destinado a la sanidad y a la educación privadas, servicios que a priori no requerirían de un elevado desembolso porque el sistema público los provee ‘gratis’, financiados a través de impuestos.

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