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Rogoff: "Europa deberá elegir, o recortar el estado de bienestar o desregular para crecer"
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ENTREVISTA A KENNETH ROGOFF

Rogoff: "Europa deberá elegir, o recortar el estado de bienestar o desregular para crecer"

El execonomista jefe del FMI critica con dureza los aranceles de Trump, pero carga también contra una izquierda política y económica que ha defendido esas mismas políticas que ahora aplica el inquilino de la Casa Blanca

Foto: El economista y profesor de economía y política pública en la Universidad de Harvard, Kenneth Rogoff durante una entrevista con EC. (Guillermo Gutiérrez Carrascal)
El economista y profesor de economía y política pública en la Universidad de Harvard, Kenneth Rogoff durante una entrevista con EC. (Guillermo Gutiérrez Carrascal)
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A Kenneth Rogoff (Rochester, Nueva York, 1953) se le identifica habitualmente con los postulados de la ortodoxia económica, pero dispara a ambos lados del tablero ideológico. O tal vez lo hace, lo de criticar a izquierda y a derecha, precisamente por eso: porque cree en que demasiada deuda pública acaba lastrando el crecimiento económico, que los aranceles —especialmente los que ha desplegado Donald Trump— son una política absurda, o porque defiende que, si un país quiere un Estado grande, lo que debe hacer es subir los impuestos para financiarlo o imprimir billetes y arriesgarse a crisis inflacionistas. Profesor de Economía Internacional en Harvard y execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional, Rogoff acaba de escribir 'Our Dollar, your problem' [Nuestro dólar, vuestro problema], sin traducción en español por ahora. Asegura que no es antitrumpista, pero critica duramente sus políticas. Se identifica con los demócratas de la época de Bill Clinton, pero carga contra los actuales, a los que acusa de haber defendido las mismas políticas que ahora critican de Trump. Nos recibe en el palacete de la Fundación Rafael del Pino en Madrid, justo al lado del auditorio donde ayer por la tarde dio una conferencia magistral.

P. ¿Qué opina de la escalada arancelaria de Donald Trump?

R. Todos los impuestos son malos. Los aranceles, en un mundo con cadenas de suministro tan interconectadas como el de hoy, son especialmente perjudiciales. Pero lo realmente problemático está siendo la imprevisibilidad total, el comportamiento caótico de Donald Trump y cómo se han convertido en un arma para resolver cualquier conflicto. Eso resulta muy preocupante y, me temo, seguirá siendo un gran riesgo en el futuro. No creo que el problema vaya a desaparecer.

P. ¿No cree entonces que podamos volver a la racionalidad económica?

R. No creo que se calme la situación de forma permanente, no. Los aranceles son el arma favorita de Trump. Mientras no tenga otra, cada vez que se levante de la cama y no le guste algo que vea en el mundo, volverá a aplicar aranceles.

P. ¿No cree entonces que los vaya a usar solo con la intención de negociar para obtener tratos?

R. Hay que entender que es una persona que nunca cumple sus acuerdos. Nunca cumple sus tratos. ¿Quién firmó el acuerdo comercial con México y Canadá hace apenas cuatro años, cuando fue presidente por primera vez? Ahora dice que quiere hacer otro acuerdo distinto. Cuando no era presidente y trabajaba en el mundo inmobiliario, hacía lo mismo: ofertaba a cien empresas, y luego le bastaba con cerrar tres tratos. El problema es que con los países no funciona así: no compras cien propiedades para quedarte con solo tres. Los acuerdos tienen que ser estables.

placeholder Kenneth Rogoff durante la entrevista con EC. (Guillermo Gutiérrez Carrascal)
Kenneth Rogoff durante la entrevista con EC. (Guillermo Gutiérrez Carrascal)

P. Creo que no ve con buenos ojos lo que está haciendo esta Administración Trump.

R. La verdad es que no soy un anti-Trump radical. Me siento más bien como un demócrata de la era Clinton, bastante conservador en economía en realidad. En términos generales, Trump está más cerca de un demócrata de la era Clinton que los propios demócratas en muchos temas. Pero es una persona demasiado errática e impredecible. ¿Por qué iba a cambiar su personalidad? Es una Administración que está usando aranceles para presionar al Reino Unido en asuntos como la libertad de expresión. Y los seguirá usando hasta que encuentre otra arma.

P. ¿Pero mucha gente sigue defendiendo la idea en Estados Unidos, no? En un pódcast reciente, usted ponía el ejemplo de su madre, que era bibliotecaria y muy culta, y no le parecían mal los aranceles.

R. La gente corriente piensa que, mientras los aranceles protejan a nuestros trabajadores, no le importa que algunos productos haya que pagarlos un poco más caros. Incluso muchos empresarios estarían encantados con la idea. En EEUU, como en otros países, los aranceles son muy populares, y los demócratas los han apoyado siempre. Lo nuevo es que ahora no hay resistencia desde la oposición. Cuando haya otro presidente en 2028, no creo que vayan a desaparecer. Ojalá sea alguien emocionalmente más estable y más predecible, pero creo que no van a desaparecer.

"Aunque los ingresos y las ventas no suban, los beneficios sí, porque las empresas pagarán menos en salarios"

P. Cambiando de tema, ¿cómo racionaliza usted que la bolsa esté tan alta, mientras la renta fija y el dólar reflejan preocupación por las políticas de Trump?

R. Solo encuentro una explicación y es que existe la creencia de que la parte de la renta que va a los salarios caerá y caerá. Así que, aunque los ingresos y las ventas no suban, los beneficios sí, porque las empresas pagarán menos en salarios. La IA sustituirá mano de obra, así que las compañías serán más rentables. Si no hubiera aranceles, el mercado estaría aún más alto.

P. ¿Cree que algunas industrias o empresas regresarán a EEUU gracias a estas políticas?

R. Mira, esto no va a generar empleo. Si montas una fábrica de tostadoras, estará totalmente automatizada; todo es cada vez más robótico y basado en IA. De hecho, China también está perdiendo empleos por la automatización. Cualquier planta que quiera ser competitiva tendrá forzosamente mucha robótica, y esos empleos no van a volver. Como pasó en la agricultura, por otra parte. Recuerda que en los sesenta y setenta protegíamos a los agricultores, pero acabamos siendo una superpotencia agrícola con menos del 2 % de la fuerza laboral. Lo mismo va a pasar con la manufactura. Además de que nos llevaría años instalar plantas y montar cadenas de suministro eficaces. Trump no ganará esta batalla; no le va a funcionar.

P. La bolsa estadounidense está casi de nuevo al nivel del Día de la Liberación.

R. Creo que ya lo ha superado, de hecho.

"Estados Unidos se está debilitando y China también. Europa no ha mejorado; simplemente no ha empeorado"

P. Sí, aunque no está cerca del máximo histórico, alrededor de los 6.000 puntos. Mientras tanto, los mercados de la UE y Asia han rendido mejor que el estadounidense y el dólar sigue debilitándose pese a la mayor rentabilidad de los bonos. ¿Se ha quebrado la confianza en la economía de EEUU a largo plazo, o es solo un ajuste de valor?

R. No me sorprende en absoluto que Europa y Asia hayan superado a EEUU. Los ratios precio-beneficio en Wall Street siguen muy altos; en cambio, el dólar, tras su pico reciente, ha caído un 8–10 % y aún está sobrevalorado. Históricamente, tras subidas similares en 2002 y 1985, el dólar tardó un par de años en volver a niveles normales. Esto favorece a las empresas europeas y asiáticas que operan en sus monedas locales. Además, la imprevisibilidad y las políticas de Trump están animando a diversificar fuera de EEUU. Nadie sensato pone todos sus huevos en la cesta estadounidense cuando habrá más de tres años más de estas políticas erráticas.

P. Si el gran proyecto de ley que se debate en el Congreso sale adelante, ¿ves algún riesgo real de un ‘less trust moment’, de tensión o estrés extremo?

R. Lo más probable es que los tipos sigan subiendo gradualmente: en uno o dos años el bono a 10 años podría acercarse al 5,5–6 %. Esto encarecerá el déficit, presionará a empresas y hogares y hará al país más vulnerable ante cualquier choque —pandemia, ciberataque o crisis financiera—, porque tendremos que endeudarnos más de lo habitual. Entonces veremos si los mercados son menos indulgentes y exigen tipos más altos de lo esperado, lo que sí podría derivar en un colapso de confianza.

P. Desde un punto de vista geopolítico, el sur de Europa —y la Unión Europea en su conjunto— se percibe hoy como la parte más débil del nuevo orden mundial. ¿Es también así en términos económicos?

R. Creo que EEUU se está debilitando y China también. Europa, por tanto, no ha mejorado; simplemente no ha empeorado. Como inversor, si comparas tipos de cambio, no sorprende a nadie que muchos miren a Europa. Además, la presión para reforzar su defensa común puede acelerar la integración, en temas como la emisión de eurobonos o estructuras militares conjuntas…

placeholder Foto: Guillermo Gutiérrez Carrascal.
Foto: Guillermo Gutiérrez Carrascal.

P. ¿Cree que las finanzas públicas europeas están preparadas para asumir ese salto estratégico?

R. En la práctica ya lo hacen cuando hay urgencia política: basta ver cómo, tras el anuncio del gran paquete de gasto de Alemania, su interés a 10 años subió medio punto, repercutiendo en toda Europa. Pero para crecer no hay atajos: o aumentas la productividad o recortas el Estado del bienestar. Lo primero exige menos regulación —en Europa es un auténtico laberinto— y garantizar electricidad asequible, esencial para la industria y la IA. Alemania, que fue un ejemplo, ha retrocedido años con sus leyes.

P. ¿Crees que el retraso tecnológico de Europa respecto a EEUU y China tiene que ver únicamente con la regulación?

R. La regulación es una parte, desde luego. Hasta que Europa no reforme impuestos, regulación y mercado energético, va a seguir perdiendo talento. Mantener el Estado de derecho ayuda, pero no compensa pasar por trámites interminables ni tasas elevadas. El informe Draghi plantea recomendaciones sensatas, pero la gran duda es si se implementarán.

P. ¿Y qué futuro le auguras a España?

R. España lo ha hecho muy bien y ha sido la economía más dinámica de Europa, pero ha virado a la izquierda en los últimos años, con más impuestos y regulación, y corre el riesgo de que las cosas vayan a peor. Además, de los datos se desprende que hay una enorme economía sumergida, algo que también ocurre en Italia y Grecia. Hay que formalizar esa economía sumergida, mejorar la interconexión eléctrica entre comunidades y corregir el rumbo antes de que ocurra lo mismo que en Alemania.

P. Vivimos en una época de polarización política extrema, tanto en EEUU como en Europa. ¿Esto puede causar un daño estructural a la economía?

R. Realmente, esto es un reto global: el populismo y la división dificultan la acción de cualquier gobierno. En EEUU, la política es tan impredecible que cada cuatro años cambia radicalmente: unas elecciones culpan a la parte contraria. Para las empresas es un gran hándicap. Además, la IA exacerbará tensiones económicas y sociales.

"La gran burbuja inmobiliaria, la sobrecapacidad en infraestructuras y la deflación son problemas graves para China"

P. Hablaba de políticas populistas con impacto económico… ¿Cree que existe una causa económica detrás del ascenso de líderes “insólitos” como Trump?

R. Solo parcialmente. La desigualdad y los efectos de la globalización alimentan el descontento. Pero muchas campañas exitosas apelan a cuestiones culturales o identitarias —por ejemplo, temas LGTBI o migratorios— más que a la economía. Además, las redes sociales amplifican esos mensajes y, una vez llega al poder un populista, rara vez abandona el poder de una manera ortodoxa.

P. Volviendo al euro, comentaste que para que la UE se convierta en gran potencia estratégica haría falta emitir eurobonos y compartir más gasto fiscal…

R. Exacto: no puedes tener eurobonos sin una integración fiscal real. Pero incluso sin armonizar todo, el euro ya es la segunda divisa de reserva mundial y ganará cuota en los próximos cinco o diez años. Muchos países de América Latina, África y Asia ya comercian en euros, y la incertidumbre creciente con el dólar animará a utilizar más la moneda única.

P. ¿Cree que el euro, con las reformas necesarias, puede amenazar la hegemonía del dólar en algún momento?

R. Creo que avanzamos hacia un sistema tripolar: el dólar seguirá dominando, pero ganarán peso el euro y, en menor medida, el yuan chino. Al final, un solo patrón monetario sería más eficiente, pero nadie —ni europeos ni chinos— quiere dar tanto poder a EEUU.

P. ¿Seguirá China acercándose al PIB per cápita de Occidente?

R. China seguirá acercándose en PIB per cápita, pero mucho más despacio: quizá un 3 % anual en la próxima década, y me parecería optimista. Su gran burbuja inmobiliaria, la sobrecapacidad en infraestructuras y la deflación son problemas graves. Además, el régimen manipula las cifras para asegurar la estabilidad política.

"Con déficits crecientes y tipos al alza, en uno o dos años el bono de Estados Unidos podría rondar el 5,5–6%"

P. Sobre la demografía global, en un mundo con sociedades cada vez más envejecidas, ¿cómo va a afectar esto al PIB? ¿Será suficiente la IA para sostener el crecimiento económico que garantice los niveles de vida de la población?

R. Hacerse mayor, como individuo, es un problema. Para una economía también lo es. Pero creo que la IA va a tener un impacto enorme en este sentido. En los próximos treinta años, si no antes, cualquier trabajo que puedes hacer con un ordenador lo va a hacer la IA. Reemplazarán enormes sectores de la fuerza laboral. Así que toda esta idea de que no tendremos suficiente mano de obra no me convence. Vamos a enfrentar todo tipo de problemas sociales, económicos y políticos, pero quizá no por eso. Esa visión de que, por la demografía, ya nunca volveremos a crecer no la comparto. Primero, porque si observas las oscilaciones demográficas en la historia te das cuenta de que han ido por oleadas. Además, las tasas de interés y el crecimiento a veces han ido en direcciones distintas.

P. Otro tema en el que usted se ha reivindicado recientemente es el regreso de la inflación. Muchos la daban por muerta, pero ha vuelto. ¿Pone eso en peligro el modelo de bancos centrales independientes del poder político?

R. Con déficits crecientes y tipos al alza, como decía, en uno o dos años el bono a 10 años de EEUU rondará el 5,5–6 %. Eso encarecerá el servicio de la deuda y, ante cualquier choque —pandemia, ciberataque o crisis—, los políticos presionarán al banco central para abaratar el dinero. La teoría de la independencia de los bancos centrales es fácil de respetar cuando los tipos están cerca de cero; pero en un entorno de alzas constantes, y especialmente en EEUU, donde no está escrito en la Constitución que la Reserva Federal deba ser independiente, es solo una convención frágil que no detendría a un presidente populista decidido a imponer soluciones heterodoxas.

A Kenneth Rogoff (Rochester, Nueva York, 1953) se le identifica habitualmente con los postulados de la ortodoxia económica, pero dispara a ambos lados del tablero ideológico. O tal vez lo hace, lo de criticar a izquierda y a derecha, precisamente por eso: porque cree en que demasiada deuda pública acaba lastrando el crecimiento económico, que los aranceles —especialmente los que ha desplegado Donald Trump— son una política absurda, o porque defiende que, si un país quiere un Estado grande, lo que debe hacer es subir los impuestos para financiarlo o imprimir billetes y arriesgarse a crisis inflacionistas. Profesor de Economía Internacional en Harvard y execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional, Rogoff acaba de escribir 'Our Dollar, your problem' [Nuestro dólar, vuestro problema], sin traducción en español por ahora. Asegura que no es antitrumpista, pero critica duramente sus políticas. Se identifica con los demócratas de la época de Bill Clinton, pero carga contra los actuales, a los que acusa de haber defendido las mismas políticas que ahora critican de Trump. Nos recibe en el palacete de la Fundación Rafael del Pino en Madrid, justo al lado del auditorio donde ayer por la tarde dio una conferencia magistral.

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