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Laffer desmonta a Trump: los aranceles no pueden sustituir a los impuestos
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GUERRA COMERCIAL

Laffer desmonta a Trump: los aranceles no pueden sustituir a los impuestos

Uno de los economistas de cabecera de Donald Trump, Arthur Laffer, es hoy quien cuestiona su política fiscal. No él, sino el célebre método que plasmó en una servilleta y que el propio Trump se encargó de ensalzar

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump, con trabajadores de la industria estadounidense. (Reuters/Nathan Howard)
El presidente de EEUU, Donald Trump, con trabajadores de la industria estadounidense. (Reuters/Nathan Howard)
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Ironías del destino. Arthur Laffer, a quien Donald Trump condecoró durante su primer mandato por haber facilitado “mayores oportunidades para todos los estadounidenses”, es hoy quien desmonta su principal lema de campaña desde el ámbito fiscal: sustituir impuestos por aranceles. O lo que es lo mismo, recaudar a través del comercio internacional en lugar de hacerlo mediante el sistema tributario.

No lo hace el propio Laffer desde el ámbito de la política; al fin y al cabo, continúa siendo un economista conservador muy cercano a la Casa Blanca, sino su famosa servilleta, que viene a decir que, a partir de una determinada presión fiscal, elevar los tipos impositivos frena la actividad y, por lo tanto, se recauda menos, en particular, en el caso de los impuestos sobre la renta. Y los aranceles, hay que advertir, son impuestos, aunque el hecho imponible sean las importaciones de bienes (los servicios, por el momento, están exentos).

El CEPR (Centro para Investigación de Políticas Económicas, por sus siglas en inglés) ha publicado un estudio que muestra que, utilizando la metodología del propio Laffer, es imposible que los ingresos procedentes de los aranceles puedan sustituir la recaudación fiscal. Básicamente, porque también los aranceles deprimen el comercio y, por lo tanto, la actividad económica general. En palabras de los autores del estudio, los economistas Simon Evenett (IMD Business School) y Marc‑Andreas Mündler (Universidad de California), el efecto desplazamiento de los aranceles a las importaciones “es tan fuerte que los ingresos arancelarios no pueden financiar más que unas pocas semanas del gasto anual del gobierno estadounidense”.

Otro trabajo revelado por el Instituto Petersen de Economía Internacional (PIIE, según las siglas en inglés) llega a conclusiones muy parecidas. Según sus cálculos, un incremento de 15 puntos porcentuales en los aranceles universales generaría 3,9 billones de dólares en ingresos para el gobierno federal a lo largo de una década (2025‑34), sin contar su impacto en la economía estadounidense y suponiendo que no hubiera represalias extranjeras.

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Ahora bien, esa recaudación se vería aminorada parcialmente por una menor recaudación fiscal procedente de los hogares y de las empresas debido al impacto económico de los aranceles, cuyas consecuencias se traducirían en un menor crecimiento en EEUU y en menores niveles de producción, empleo y salarios reales. Tras considerar estas compensaciones, el aumento neto de ingresos sería de 3,2 billones de dólares a lo largo de una década. Este aumento neto se reduciría aún más, a 1,5 billones de dólares, si otras economías tomaran represalias.

Es más, si finalmente los aranceles generales quedan en el 10 % (Washington se ha dado 90 días para negociar con sus socios comerciales) y, teniendo en cuenta los efectos económicos adversos y las represalias extranjeras, la recaudación crecería en la próxima década en torno a 1,6 billones de dólares (160.000 millones al año). Es decir, prácticamente el doble de lo que hoy está recaudando EEUU sin aranceles significativos (86.000 millones de dólares al año), pero sin los costes generados por la nueva política arancelaria en términos de crecimiento, salarios y empleo.

Volver al siglo XIX

Trump, como se sabe, pretende que EEUU regrese a la época del presidente McKinley (finales del siglo XIX), cuando los estados obtenían la mayor parte de sus ingresos vía aranceles. Hoy, por el contrario, en el caso de EEUU, de los 4,92 billones de dólares que recaudó la Hacienda pública en 2024, prácticamente la mitad (2,43 billones) proceden del impuesto sobre la renta (nuestro IRPF), y lo que pretende Trump es sustituir este impuesto por los ingresos arancelarios. Es decir, penalizar las importaciones para equilibrar la balanza comercial y facilitar que las empresas vuelvan a fabricar en EEUU. Al mismo tiempo, pretende financiar la rebaja fiscal prometida vía aranceles.

Trump, por el momento, no ha ofrecido muchos detalles sobre cómo gestionará el nuevo modelo de financiación (se ha comprometido a bajar los impuestos antes de que acabe el año), pero Peter Navarro, su principal asesor comercial, ya ha adelantado que EEUU podría recaudar, en condicional, unos 600.000 millones de dólares más cada año en impuestos a las importaciones. Es decir, en torno a la cuarta parte de lo que hoy ingresa por el tributo que grava las rentas generadas por los estadounidenses.

Aplicando la metodología del propio Laffer, sostienen los autores del estudio, es inviable la propuesta de la Casa Blanca porque hay evidencias de que, cuando los aranceles aumentan, en sentido contrario, se desincentiva la actividad gravada, en este caso el comercio. Según sus cálculos y a partir de los datos ofrecidos por Global Trade Alert, una plataforma que monitoriza la evolución del comercio en tiempo real, por cada dólar de ingresos arancelarios recaudados se produce una reducción del déficit comercial de 50 centavos o incluso más (por la menor actividad). Eso da como resultado que en ningún caso los ingresos adicionales totales vayan a superar los 300.000 millones de dólares, la mitad de lo que estima el asesor de Trump.

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O dicho de otra manera, cuanto más se reducen los aranceles de importación (Trump ha congelado durante 90 días su aplicación, salvo a China), menores son los ingresos adicionales recaudados por el gobierno federal.

Los autores del estudio ponen en perspectiva cuánto suponen esos 300.000 millones sobre el presupuesto federal, y el resultado es el siguiente: podrían financiar, en concreto, poco más de dos semanas de gasto del gobierno de EEUU. En el caso hipotético de que se alcanzaran los 500.000 millones de dólares, altamente improbable, eso significaría menos de cuatro semanas de gasto del gobierno federal. Es decir, una cantidad insuficiente para financiar tanto el gasto público como la anunciada rebaja de impuestos.

Poco realista

La conclusión que sacan los autores del estudio no deja lugar a dudas. Para alcanzar el aumento de ingresos de 600.000 millones de dólares que prevé la Casa Blanca, el déficit comercial estadounidense tendría que reducirse muy poco con los aranceles adicionales, algo altamente improbable debido a que los impuestos desincentivan y encarecen el consumo. “En resumen”, sostienen, “el razonamiento de Laffer aplicado al comercio estadounidense explica por qué es poco realista volver a la era McKinley, cuando los aranceles a las importaciones financiaban la mitad del gasto federal estadounidense en ausencia de impuestos sobre la renta”.

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El hecho de que las curvas arancelarias de Laffer (relación entre actividad económica y presión fiscal) tengan una suave pendiente descendente tras alcanzar su punto álgido (máxima eficacia del sistema tributario desde el punto de vista de la recaudación) tiene, dicen los autores del texto, una implicación política relevante. Si la Administración Trump se excede y establece un arancel de importación demasiado alto provocará aumentos de costes cada vez mayores para las empresas estadounidenses que importan piezas y componentes, pero también para las familias estadounidenses que compran alimentos, juguetes y ropa extranjeros.

Lo que muestran los datos más recientes sobre comercio de mercancías es un significativo incremento del déficit comercial de EEUU: en marzo creció hasta los 162.000 millones de euros, lo que supone un 9,6 %.

Las razones tienen que ver con que muchos importadores y exportadores han adelantado sus operaciones para evitar los aranceles. A corto plazo, y dado que se trata de impuestos, esto supone una recaudación adicional, pero a medida que se normalice el comercio ese efecto se irá ralentizando. Lo que también se sabe es que el PIB adelantado del primer trimestre refleja una mayor debilidad del gasto de las familias, lo que, en última instancia, frena la recaudación. El PIB del primer trimestre registró un descenso del 0,3 % en tasa intertrimestral anualizada.

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Hay que tener en cuenta que el consumo privado representa alrededor de las dos terceras partes del PIB, y de ahí su importancia. Durante el primer trimestre de este año, el gasto del consumidor se desaceleró. Creció a una tasa anual del 1,8 %, frente al 4 % de finales del año pasado. Ahora bien, esta cifra está probablemente sesgada a la baja debido a las malas condiciones climatológicas durante los primeros meses del año.

Adelantándose a los efectos de la célebre curva de Laffer, lo que ha hecho la Casa Blanca, por el momento, es impulsar un recorte del gasto público. El primer borrador de Presupuestos presentado al Congreso incluye un aumento del 13% del gasto en defensa y del 65% del presupuesto de seguridad interior, pero también exige recortes del 22% en el gasto gubernamental no militar. En total, 163.000 millones de dólares. Los aranceles, viene a decir la propuesta de Trump, no dan para tanto.

Ironías del destino. Arthur Laffer, a quien Donald Trump condecoró durante su primer mandato por haber facilitado “mayores oportunidades para todos los estadounidenses”, es hoy quien desmonta su principal lema de campaña desde el ámbito fiscal: sustituir impuestos por aranceles. O lo que es lo mismo, recaudar a través del comercio internacional en lugar de hacerlo mediante el sistema tributario.

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