Bruselas presenta una hoja de ruta ‘en blanco’ para cortar las compras de gas ruso en 2027
El Ejecutivo comunitario presenta una hoja de ruta para acabar con las compras de gas ruso pero no explica cómo hacerlo legalmente en el caso de contratos de largo plazo
La Comisión Europea ha presentado este martes en Estrasburgo (Francia), donde se celebra el Pleno de la Eurocámara, su hoja de ruta para eliminar las compras restantes de gas ruso, una estrategia que se enfrenta a muchas dificultades legales, especialmente para los contratos a largo plazo, a las que la Comisión Europea no da por ahora ninguna respuesta. Aunque desde el inicio de la guerra de Ucrania tras la invasión de febrero de 2022 la UE ha pasado de importar el 45% de su gas desde Rusia antes del conflicto a obtener solamente un 19% en 2024, las compras de gas natural licuado (GNL), que no pasa por los gasoductos, símbolo de la dependencia energética europea de Rusia, han aumentado en los últimos años, no disminuido.
En la hoja de ruta presentada este martes el Ejecutivo comunitario propone hacer propuestas concretas para prohibir los nuevos contratos puntuales con proveedores de gas ruso (a través de gasoducto y GNL) y los contratos “on the spot”, para adquisiciones a muy corto plazo, se extinguirán a finales de 2025. Esta es la parte sencilla del plan. “Esta medida garantizará que, ya a finales de este año, la UE haya reducido en un tercio los suministros restantes de gas ruso”, explica la Comisión Europea. El reto es eliminar antes de 2027 el resto de compras de gas ruso, con contratos más estables y a largo plazo con cláusulas más complejas. Se trata únicamente de una hoja de ruta, todavía sin una propuesta legislativa sobre la mesa, que llegará en los próximos meses y tras hacer consultas con los Estados miembros.
"La guerra de Ucrania ha puesto brutalmente de manifiesto los riesgos de chantaje, coacción económica y crisis de precios”, ha explicado en un comunicado Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que ha subrayado que “ha llegado el momento de que Europa corte por completo sus lazos energéticos con un proveedor poco fiable”. “La energía que llega a nuestro continente no debe pagar una guerra de agresión contra Ucrania. Se lo debemos a nuestros ciudadanos, a nuestras empresas y a nuestros valientes amigos ucranianos”, ha añadido la política alemana.
El Ejecutivo comunitario sabe que eliminar los dos tercios restantes de las actuales compras de gas ruso es un ejercicio extraordinariamente complejo. Muchos de los contratos incluyen cláusulas de “compra o paga” por las cuales si las empresas europeas no adquieren el gas contratado podrían tener que pagar una penalización. Los trabajos se han concentrado en cómo encontrar un argumento legal que permita a las compañías en la UE alegar una “fuerza mayor” que les ofrezca cobertura para romper esos contratos sin que las empresas rusas puedan acudir a paneles de arbitraje y obtener una compensación.
El peor escenario, explicaban hace algunas semanas fuentes comunitarias a El Confidencial mientras se trabajaba en los últimos flecos de esta estrategia, sería que las empresas rusas logren una compensación por parte de las compañías europeas y después puedan volver a vender ese mismo gas a otros compradores, obteniendo un doble beneficio. Intentando dañar a Moscú se acabarían duplicando sus beneficios, explicaban las fuentes, que señalaban que por eso era necesario diseñar bien el argumento legal para romper dichos contratos.
Todo esto teniendo en cuenta que hay capitales que no ven con buenos ojos esta estrategia y que sospechan que lo que hará será aumentar los precios. Por eso, la Comisión Europea señala que los Estados miembros “deberán preparar planes nacionales para la eliminación progresiva del gas, la energía nuclear y el petróleo rusos en toda la UE dentro de unos plazos específicos” para así “tener en cuenta las especificidades nacionales y las necesidades de diversificación de cada Estado miembro”. El momento político, además, es delicado. Estados Unidos está negociando con Rusia y nadie sabe cuánto más va a durar la guerra en Ucrania, al menos en su estado actual. Eso lleva a algunas de las capitales más alejadas de Moscú a preguntarse cuánto capital político y económico hay que dedicar a seguir tomando medidas adicionales contra el Kremlin cuando Washington ya está pasando página.
Los planes que pide el Ejecutivo comunitario deben incluir el “volumen de las importaciones de gas ruso dentro de los contratos existentes, incluidos con las cláusulas de ‘compra o paga’; un calendario que incluya hitos que respalden el objetivo de eliminar progresivamente el gas ruso” y por último “opciones de diversificación y capacidades técnicas para sustituir el gas ruso”. Así, la Comisión Europea deja fundamentalmente en manos de las capitales cómo planear la eliminación de las compras restantes del gas ruso. En todo caso una fuente comunitaria asegura que los servicios jurídicos ya han encontrado un instrumento legal para dar cobertura legal a las empresas que rompan contratos de este estilo. “No hemos hecho mucho más que trabajar en cómo limitar las importaciones de gas. Sabemos cómo hacerlo de manera sólida y evitar litigación”, explica la fuente. “Sabemos bien lo que hacemos porque tiene muchas implicaciones”, añade.
La dificultad de este dossier se ha visto en su calendario. Originalmente estaba previsto que Dan Jørgensen, comisario de Energía, presentara el plan en marzo, pero se ha acabado retrasando varios meses mientras los servicios del Ejecutivo comunitario seguían trabajando en cómo atar bien legalmente la propuesta. Jørgensen estaba bajo presión de los Estados miembros más “halcones” hacia Rusia, los que consideran que hay que tomar medidas inmediatas contra Moscú y terminar del todo con las compras de cualquier gas, pero también por parte de las capitales que son escépticas respecto a este plan. “Hemos gastado más comprando energías fósiles que en dar ayuda a Ucrania”, ha señalado el comisario de Energía.
“Hemos gastado más comprando energías fósiles que en dar ayuda a Ucrania”
Jørgensen ha explicado que los servicios legales consideran que declarando una “prohibición” de la importación de gas ruso las compañías podrían alegar una “fuerza mayor” para romper los contratos existentes, pero ni el comisario ni el texto publicado por la Comisión Europea detalla de qué manera se va a garantizar. Las fuentes comunitarias insisten en que se incluirá en una propuesta legislativa en junio. Una manera de cortar del todo las importaciones y los contratos a largo plazo de GNL desde Rusia habría sido aplicar sanciones contra ellas, pero la demostración de que es difícil encontrar un respaldo decidido por parte de todos los Estados miembros es que la propuesta se incluyó en las negociaciones del último paquete de sanciones aprobado pero finalmente fue eliminado. Por un lado por la tradicional oposición de los países más cercanos a Moscú, como son Hungría y Eslovaquia, pero también por otras delegaciones que preferían dejar este asunto espinoso fuera de la mesa.
Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva a cargo de Transición y Competencia, ha puesto el énfasis en que la estrategia debe permitir “acelerar la transición energética”. Es decir, que la sustitución del gas ruso se haga por energías renovables más que por gas de otro proveedor. “La instrumentalización de la energía por parte de (Vladimir) Putin refuerza la necesidad de acelerar la transición energética, diversificar el suministro y apostar por nuestras propias capacidades para garantizar un abastecimiento energético seguro y precios estables”, ha explicado la española en un comunicado.
La Comisión Europea ha presentado este martes en Estrasburgo (Francia), donde se celebra el Pleno de la Eurocámara, su hoja de ruta para eliminar las compras restantes de gas ruso, una estrategia que se enfrenta a muchas dificultades legales, especialmente para los contratos a largo plazo, a las que la Comisión Europea no da por ahora ninguna respuesta. Aunque desde el inicio de la guerra de Ucrania tras la invasión de febrero de 2022 la UE ha pasado de importar el 45% de su gas desde Rusia antes del conflicto a obtener solamente un 19% en 2024, las compras de gas natural licuado (GNL), que no pasa por los gasoductos, símbolo de la dependencia energética europea de Rusia, han aumentado en los últimos años, no disminuido.