Blanchard: "Si Trump sube los aranceles a China, el efecto será aún peor para Europa"
El macroeconomista francés ha recibido esta semana el premio Fronteras del Conocimiento junto a Galí y Woodford por sus investigaciones sobre la política fiscal y monetaria
Olivier Blanchard es uno de los macroeconomistas más influyentes del mundo, lo que le ha servido para lograr el premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA. Fue también economista jefe del FMI y sus investigaciones han sido clave para comprender cómo la comunicación de la política monetaria y fiscal afecta a la confianza de los agentes económicos y, por lo tanto, genera un canal adicional de transmisión. El premio llega en el momento oportuno, ya que el presidente de EEUU, Donald Trump, está empleando sus mensajes para incidir en el comportamiento de los agentes, lo que está generando ya un efecto económico.
PREGUNTA. Los Gobiernos y los bancos centrales han aprendido a reducir la volatilidad de las crisis en las últimas décadas. ¿El precio a pagar por esta estabilidad es un menor crecimiento económico?
RESPUESTA. No, no creo que haya una disyuntiva entre la tasa de crecimiento y la estabilidad. Hemos mejorado mucho las herramientas que tenemos para estabilizar la economía. La política monetaria se está utilizando bastante bien en la actualidad. La política fiscal es un tema más problemático porque, en muchos países, se requiere un ajuste bastante grande y eso repercute en la actividad económica. Pero creo que hemos entrado en un mundo en el que hay muchos más shocks que antes, por lo que habrá menos estabilidad. En cuanto al crecimiento, el problema radica en el crecimiento subyacente de la productividad y en si estamos haciendo lo necesario en términos de innovación, investigación, desarrollo e implementación. Son cuestiones en gran parte separadas, aunque no completamente.
"Hemos mejorado mucho las herramientas que tenemos para estabilizar la economía"
P. ¿Las crisis económicas son inevitables?
R. En cierto modo, sí. Siempre habrá crisis por acontecimientos que no hemos previsto. Ya conoce esa expresión: podemos combatir los "desconocidos conocidos", pero no podemos luchar contra los "desconocidos desconocidos". Por ejemplo, tomemos la crisis financiera global: no estábamos preparados para afrontarla y tuvimos que desarrollar herramientas en tiempo real. Fue muy difícil, pero 15 años después, ya contamos con esas herramientas. Por lo tanto, la probabilidad de que ocurra una crisis financiera del mismo tipo es mucho menor que antes.
Sin embargo, pueden suceder imprevistos. Puede ser elegido alguien en Estados Unidos que tome decisiones extrañas, que generen graves problemas económicos, y tendríamos que hacer frente a ello. No hay nada intrínseco en el sistema que haga que las crisis sean inevitables, pero la economía es muy compleja y difícil de predecir con exactitud. De cara al futuro, estoy bastante seguro de que en los próximos 20 años habrá más eventos de gran impacto y crisis. Es así como funciona el mundo.
P. ¿Es posible volver a las tasas de crecimiento del siglo pasado?
R. Debo ser honesto: no somos muy buenos prediciendo lo que ocurrirá con el crecimiento de la productividad. Es cierto que ha disminuido en comparación con hace dos o tres décadas, pero no sabemos exactamente por qué. ¿Podría volver a niveles más elevados? Es el gran debate en torno a la inteligencia artificial. Lo que sí podemos hacer es tratar de eliminar los obstáculos que identificamos. Por ejemplo, si el sistema educativo no está formando a las personas para los empleos adecuados, debemos reformarlo. Si el sistema de financiación para startups en Europa no es tan eficiente como debería ser, hay que mejorarlo.
P. ¿Cómo afecta el estado del bienestar al crecimiento económico? ¿Es un impulso o un obstáculo?
R. Desde un punto de vista conceptual, creo que el estado del bienestar es muy útil para el crecimiento. Sin él, habría personas en situaciones extremadamente difíciles en la base de la sociedad, mientras que otros acumularían riquezas desproporcionadas en la cúspide. Esto genera tensiones políticas, algo que hemos visto en muchos países, y las tensiones políticas no favorecen el crecimiento.
"El estado del bienestar es muy útil para el crecimiento, pero en algunos casos es excesivo"
Ahora bien, ¿puede el estado del bienestar ser un obstáculo para el crecimiento? Es posible. Si pagáramos a todo el mundo 50.000 euros al año sin exigirles que trabajasen, no está claro que la economía funcionase adecuadamente. No creo que haya una única respuesta válida. El estado del bienestar es lo que hace que Europa sea un lugar atractivo para vivir. Pero, ¿es demasiado generoso en algunos casos? Probablemente. ¿Hay programas mal diseñados? Seguramente. En general, creo que el estado del bienestar es esencial. Me gusta el modelo europeo, pero, como todo, creo que puede mejorarse y, en algunos casos, reducirse.
P. Para los Gobiernos, es muy difícil hacer estos cambios.
R. Sí, soy plenamente consciente de ello. Una vez que se conceden beneficios generales a la población, retirarlos es políticamente complicado. Pero si un país tiene un déficit elevado —como es el caso de Francia—, esto no puede prolongarse indefinidamente. En algún momento, habrá que hacer ajustes, ya sea aumentando los impuestos o reduciendo el gasto. Políticamente, será difícil y es posible que no se haga hasta que ocurra una crisis fiscal.
P. En EEUU, la Administración Trump pretende subir más un déficit ya elevado.
R. EEUU está ignorando por completo el problema de la deuda y el déficit. Tiene un déficit muy elevado, probablemente entre el 6 % y el 7 % del PIB y no hay absolutamente ninguna voluntad política de hacer algo al respecto. Lo que está haciendo Musk, probablemente reducirá el número de empleados públicos, pero apenas tendrá impacto en el déficit. Creo que EEUU puede permitirse este comportamiento irresponsable durante algunos años, pero no para siempre.
"Un déficit ligeramente superior por algo existencial puede estar justificado"
En Europa, en cambio, tenemos normas fiscales en Bruselas que han sido rediseñadas y que obligan a los países a ajustar sus déficits. Aunque tengo ciertas dudas con los detalles, creo que este tipo de reglas son útiles. En el contexto actual, en el que vamos a necesitar más dinero para la Defensa y para la transición ecológica, debemos estar dispuestos a asumir déficits más elevados. En particular, por la Defensa, que requerirá un gasto adicional del 1% del PIB en la UE. Políticamente, es imposible aumentar los impuestos en esa cantidad o una reducción del gasto.
No se trata simplemente de recurrir al déficit sin más, pero creo que un déficit ligeramente superior por algo existencial puede estar justificado. Y tengo la sensación de que nos estamos moviendo en esa dirección en Bruselas, sin duda en París, y quizás en menor medida en Berlín. Espero que aumentemos el presupuesto de Defensa y que, al menos en gran parte, lo financiemos mediante bonos, probablemente a nivel de la UE.
P. ¿Le preocupa el crecimiento de la deuda pública en todo el mundo, no solo en Europa o EEUU?
R. No demasiado. Me preocupa más el déficit que la deuda en sí. Creo que los países pueden gestionar niveles bastante altos de deuda siempre que estos sean estables. Vemos el caso de Japón, o de Francia. Todo depende del coste de la deuda. Si el tipo de interés es igual o inferior a la tasa de crecimiento, como creo que es el caso de muchos países europeos, se puede mantener sin necesidad de subir impuestos.
Lo que sí es problemático es cuando la deuda no solo es elevada, sino que además sigue aumentando sin que haya señales de que se vaya a tomar ninguna medida para estabilizarla. Así que el hecho de que la deuda pública sea elevada en todo el mundo no me preocupa demasiado. Lo que sí me preocupa es que en varios países hay déficits muy altos y los gobiernos no parecen dispuestos o no son capaces de reducirlos. Eso sí me inquieta, pero es un problema que afecta a unos pocos países. Uno de ellos, obviamente, es EEUU, y en Europa, desafortunadamente, mi propio país [Francia].
"Los países pueden gestionar niveles bastante altos de deuda si son estables"
P. ¿Cómo afecta la confianza a las altas tasas de ahorro en Europa?
R. Esto está muy relacionado con el premio que hemos recibido hoy, que reconoce el impacto que tienen los cambios en la demanda, o dicho de otra forma, los cambios en el ahorro, sobre la producción económica. Creo que hay una gran diferencia entre EEUU y Europa en este sentido.
En EEUU, al menos hasta ahora, hay mucho optimismo. Los consumidores son optimistas, están gastando y reduciendo su tasa de ahorro. Las empresas también mantienen cierto optimismo, aunque empiezan a preocuparse por los aranceles. Pero en general, hay confianza. En Europa, la situación es completamente diferente. Algunos países parecen ser más optimistas que la media, como es España. Pero, en general, los consumidores en Europa son muy pesimistas, y las empresas también. El resultado de esto es una demanda débil. Y, en mi opinión, esto implica que los tipos de interés en la eurozona serán mucho más bajos que en EEUU.
La Reserva Federal probablemente tendrá que subir los tipos de interés, salvo que Trump genere tanta incertidumbre que provoque una recesión. Pero mi mejor estimación es que los tipos de interés seguirán siendo altos o incluso aumentarán. En cambio, en Europa, creo que los tipos de interés van a bajar considerablemente. Y esta es una gran diferencia entre ambos lados del Atlántico.
P. ¿Cree que las políticas comerciales de Trump afectarán al crecimiento de EEUU? ¿Cómo impactarán en la economía estadounidense?
R. Una vez más, hay mucha incertidumbre porque nadie sabe realmente cuáles serán sus políticas. A corto plazo, los aranceles pueden ser beneficiosos para EEUU, ya que permitirán que algunas industrias nacionales prosperen. La desregulación también ayudará a las empresas y al sistema financiero, lo que en el corto plazo impulsará el crecimiento.
Por otro lado, el caos y la incertidumbre que generan sus decisiones pueden llevar a que muchas empresas no sepan si invertir o no, ya que no tienen certidumbre sobre lo que ocurrirá. Mi escenario central es que, a corto plazo, la economía estadounidense funcionará bastante bien durante algunos años.
P. ¿Y a largo plazo?
R. Con cada una de estas medidas, suele haber una reacción en sentido contrario. Si aplicas aranceles y eres el único en hacerlo, puede ser beneficioso al principio, pero los otros países responderán con sus propios aranceles. Entonces acabamos en un mundo con menos comercio y una economía menos eficiente.
Además, si el déficit público sigue aumentando y lo hace demasiado rápido, en algún momento habrá una crisis de deuda. En el caso de EEUU, hay margen antes de que esto ocurra, pero llegará en algún momento.
"Es una incógnita cómo estará EEUU en cuatro años. Las cosas podrían torcerse mucho"
La desregulación sin control puede ser catastrófica, como vimos en el pasado. Así que, en resumen, todas estas medidas pueden funcionar bien en el corto plazo. No creo que haya una recesión inmediata ni nada por el estilo. Pero dentro de cuatro años, el panorama es una incógnita. Las cosas podrían torcerse mucho.
P. ¿Cómo cree que debería responder Europa a los aranceles de EEUU?
R. Creo que esto no es una cuestión de teoría de juegos ni de entender exactamente cuál es su estrategia. En general, la respuesta más lógica parece ser la reciprocidad: si EEUU impone aranceles, nosotros imponemos aranceles y seguimos en esa línea. Pero es complicado. Cuando te enfrentas a un jugador como este, tienes que decidir: ¿seguirá aumentando los aranceles? Si lo hace, ¿nosotros también los aumentamos? ¿Dónde acaba esto? La otra opción es no responder, pero también tiene un coste, aunque quizá sea inferior a una guerra comercial. No sé cuál es la estrategia correcta.
Me preocupa mucho el tema de los aranceles, por otra razón: no sabemos qué hará con respecto a China. Antes de las elecciones, dijo que impondría un arancel del 60 % sobre los productos chinos. Eso no sería bueno para China, pero sería aún peor para Europa. Si China no puede exportar a EEUU o reduce significativamente sus exportaciones, buscará otros mercados, porque su demanda interna es débil. Y Europa es el destino más evidente. La UE tendrá que decidir cómo actuar. Creo que, en ese caso, deberíamos sentarnos con China y ver cómo manejar mejor la situación.
P. ¿Este premio Fronteras del Conocimiento significa que los macroeconomistas han vuelto con fuerza?
R. Los macroeconomistas siempre han estado ahí. Somos extremadamente activos, si no influyentes, en la toma de decisiones en los bancos centrales. Cuando trabajé en el FMI, tenía un equipo de 140 macroeconomistas con doctorado que analizaban todos estos temas. Desde el punto de vista de la investigación pura, es cierto que la macroeconomía puede no ser el campo más popular o de moda en este momento. Lo que está sucediendo ahora es un gran impulso a los estudios basados en datos microeconómicos, promovidos por personas como Esther Duflo. Estos estudios son muy interesantes, ya que utilizan experimentos con datos a nivel microeconómico, lo que proporciona respuestas muy precisas a preguntas concretas.
Sin embargo, estos estudios no responden a las grandes preguntas. Puedes averiguar el efecto de un determinado impuesto sobre los consumidores, lo cual es útil, pero eso no te dice qué pasará con el crecimiento y la inflación si se implementa una consolidación fiscal. Creo que necesitamos ambas cosas. Y creo que esta combinación ya está ocurriendo. La macroeconomía está utilizando cada vez más la evidencia microeconómica. Al final, las grandes preguntas siguen ahí, y necesitamos modelos macroeconómicos para responderlas. No tengo ningún problema en que se sigan otorgando Premios Nobel a macroeconomistas.
Olivier Blanchard es uno de los macroeconomistas más influyentes del mundo, lo que le ha servido para lograr el premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA. Fue también economista jefe del FMI y sus investigaciones han sido clave para comprender cómo la comunicación de la política monetaria y fiscal afecta a la confianza de los agentes económicos y, por lo tanto, genera un canal adicional de transmisión. El premio llega en el momento oportuno, ya que el presidente de EEUU, Donald Trump, está empleando sus mensajes para incidir en el comportamiento de los agentes, lo que está generando ya un efecto económico.