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Cómo China se ha convertido en el gran acreedor de los países pobres
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Cómo China se ha convertido en el gran acreedor de los países pobres

China es ya el gran acreedor de los países pobres. La deuda contraída con Pekín asciende ya a 1,3 billones. Rusia, Venezuela, Angola y Pakistán están a la cabeza. La diplomacia china arrincona a los tradicionales prestamistas

Foto: El presidente de China, Xi Jinping. (EFE/Andressa Anholete)
El presidente de China, Xi Jinping. (EFE/Andressa Anholete)
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La diplomacia económica es más silenciosa que la convencional, pero probablemente más efectiva en términos políticos. Entre otras razones, porque está menos sometida al escrutinio público. Y eso es lo que está haciendo China en los países de bajos y medianos ingresos, donde su influencia no ha dejado de crecer en las dos últimas décadas. No es ninguna novedad; lo relevante, sin embargo, es observar cómo esta tendencia se ha acelerado en los últimos años. Hasta el punto de que la diplomacia china ha desplazado a Europa y EEUU en Latinoamérica y África, donde se concentra el núcleo de su acción exterior, mientras que es hegemónica en Rusia.

El Banco de España, a partir de la información suministrada por AidData, un laboratorio internacional de investigación para el desarrollo, ha puesto cifras a esa influencia, y el resultado es que China es hoy el mayor acreedor del mundo entre esas naciones desfavorecidas, lo que les sitúa en una situación de desventaja a la hora de negociar los contratos, en particular relacionados con las infraestructuras o las materias primas. Los países más pobres del planeta, en concreto, adeudan a Pekín 1,34 billones de dólares, una cifra muy próxima al PIB de España, la cuarta economía del euro.

Esa inversión se ha articulado en las dos últimas décadas a través de 17.956 proyectos en 146 países, lo que da idea de la incursión china en el mundo. Principalmente, a partir de que el Gobierno chino —que con ese objetivo ha dispuesto de unas 700 instituciones financieras— pusiera en marcha en 2013 la llamada Iniciativa de la Franja y la Ruta.

La cara amarga para Pekín es que ha aumentado su vulnerabilidad financiera en un contexto de alto endeudamiento de los países pobres, lo que introduce incertidumbres sobre la estabilidad financiera del conjunto del planeta, también para la propia China. No en vano, la deuda externa de los países de bajos ingresos representa el 45% de su PNB (Producto Nacional Bruto), un nivel que supone nada menos que 28 puntos porcentuales más que en 2010. Los países de bajos ingresos, según la clasificación del Banco Mundial, son aquellos cuyo PIB per cápita es inferior a 1.085 dólares.

Préstamos e influencia

La dependencia financiera de China ha avanzado tan rápido que a finales de 2022 alrededor del 32,1% de la deuda oficial bilateral de los países de bajos y medianos ingresos, que incluye la financiación multilateral, fue concedida por el gigante asiático. La ratio, incluso, se eleva al 39% para el grupo de países de bajos ingresos. Estas cifras, como sostiene el trabajo del Banco de España, cuya autora es Patrocinio Tello-Casas, son muy superiores a las observadas a comienzos del presente siglo, cuando Pekín financiaba apenas el 1,4% de la deuda de los países de medianos ingresos y el 3,9% de la deuda de los más pobres.

La importancia de estos datos viene dada por la capacidad de influencia de las autoridades de Pekín en los organismos multilaterales en los que se valora la capacidad de los países para devolver los créditos, lo que le concede a China una enorme capacidad de presión política en un contexto de tensiones entre Pekín y Washington por la hegemonía del planeta. “Resulta interesante preguntarse cuál es el grado de dependencia de estos países de la financiación procedente de China y el papel que China podría desempeñar en futuros procesos de reestructuración”, se plantea la autora del artículo. Obviamente, esa influencia puede tener su correlación en términos políticos, en la medida en que los estados altamente endeudados necesitan a menudo reestructurar su endeudamiento.

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La deuda, incluso, podría ser mayor habida cuenta de que muchos de los acuerdos firmados con los gobiernos son opacos, por lo que no aparecen en las estadísticas oficiales o las recogidas por instituciones no gubernamentales, como AidData. En concreto, sostiene el Banco de España, la frecuente inclusión de cláusulas de confidencialidad en los contratos de préstamos concedidos por China, que dificultan que algunos países deudores puedan comunicar sus datos al Banco Mundial, que es quien nutre la base de datos oficial, estaría sesgando a la baja la deuda internacional frente a China difundida por las fuentes estadísticas más solventes. Entre otras razones, porque China, al no pertenecer al organismo que verifica la cuantía de los préstamos, tampoco está obligada a desvelar los acuerdos. Algunos estudios independientes han llegado a estimar que la deuda real de los países pobres podría estar infravalorada en un 50%.

Lideran Rusia y Venezuela

Las principales regiones de influencia de China son Asia, el África subsahariana y Latinoamérica. Así, Angola, por ejemplo, concentra en torno al 20% de la financiación oficial de China a África; Venezuela, el 40% en América; Pakistán, el 17% en Asia y, finalmente, Rusia, en torno al 80% en Europa. En total, solo 25 países acumulan aproximadamente el 75% de la financiación bilateral de China y el 30% de los proyectos que financia. Rusia es, con diferencia, el país con más financiación china, con 169.000 millones de dólares, seguida de Venezuela (113.000 millones), Pakistán (70.000 millones) y Angola (65.000 millones). También Kazajistán, Indonesia, Brasil y Argentina están en los primeros lugares.

La influencia de la diplomacia de China, hay que recordar, coincide en el tiempo con el auge de movimientos como los BRICs, que recientemente decidieron la incorporación de 13 nuevos estados (además de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). En el mismo contexto, hay que situar al Sur Global, que reúne a países que comparten su no pertenencia al bloque occidental (EEUU-UE). Como sostiene el artículo del Banco de España, no es intrascendente esta polarización en la medida en que “un deterioro de las relaciones geopolíticas con China influiría negativa y significativamente en la financiación” procedente de China.

La financiación china se dirige fundamentalmente a proyectos industriales, minería y construcción, además del sector energético y el transporte. Estas actividades representan alrededor del 66% del total de la financiación oficial china en los últimos 20 años. Ahora bien, en los últimos tiempos también está creciendo de forma relevante la financiación destinada a los servicios financieros, que incluye, entre otras operaciones, las líneas de swaps (un derivado financiero con cobertura) concedidas por el Banco Central de China a los países sin acceso a fuentes alternativas de financiación.

La diplomacia económica es más silenciosa que la convencional, pero probablemente más efectiva en términos políticos. Entre otras razones, porque está menos sometida al escrutinio público. Y eso es lo que está haciendo China en los países de bajos y medianos ingresos, donde su influencia no ha dejado de crecer en las dos últimas décadas. No es ninguna novedad; lo relevante, sin embargo, es observar cómo esta tendencia se ha acelerado en los últimos años. Hasta el punto de que la diplomacia china ha desplazado a Europa y EEUU en Latinoamérica y África, donde se concentra el núcleo de su acción exterior, mientras que es hegemónica en Rusia.

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