Los municipios industriales de España: "Aquí, el que no trabaja es porque no quiere"
La expulsión de trabajadores del campo y la atracción de los servicios hacia las grandes capitales hace que la industria sea el último sector que vertebra España y que da esperanzas
Varios empleados en la planta automovilística de Stellantis, en Figueruelas, Zaragoza, Aragón. (Europa Press/Carlos Cebrián)
En medio del gran olivar de Jaén hay un tesoro industrial que pocos conocen. Entre campos de aceitunas de secano se diseñan, prueban y desarrollan los equipos de iluminación de las marcas de coche más prestigiosas -y caras- del mundo. “Los focos que hacemos aquí, nunca podrías comprarlos”, explica un vecino. Martos es un pueblo de 24.000 habitantes en el que más de la mitad de sus ocupados trabaja en la industria, el triple que la media nacional. Aunque su nombre sea poco conocido para el país, es muy popular para el sector del automóvil por ser uno de los centros más relevantes del mundo para el diseño y la fabricación de componentes de iluminación de vehículos.
Es uno de los pocos municipios industriales que quedan en España y que vertebran el territorio nacional, fijando población y permitiendo un crecimiento lejos de las grandes capitales. “Somos un oasis en la región”, explica el alcalde del municipio, Emilio Torres, “uno de los pocos municipios de la provincia de Jaén que crece y que crea empleo. Me dicen que somos la localidad de moda”.
La industria de este municipio jienense se ha desarrollado en torno a la fábrica de faros de Valeo, una multinacional francesa que se estableció en este pueblo hace medio siglo y que da trabajo a 3.000 personas. A su alrededor surgió toda una industria auxiliar dedicada a la fabricación de componentes de la iluminación para Valeo que, lentamente, se ha ido diversificando a otros sectores.
Actualmente, cuenta con un Centro Tecnológico Nacional, Andaltec, puntero en I+D, en el que las firmas más lujosas de coches diseñan y prueban sus sistemas de iluminación. “No podemos contar qué marcas están aquí, porque son contratos confidenciales, pero cuando vienen a Martos se sorprenden del gran desarrollo tecnológico que tenemos en un enclave entre olivos”, explica su gerente, José María Navarro, “aquí tenemos un tesoro de tecnología punta”. Uno de los últimos proyectos exitosos de Andaltec es la reutilización de los restos de la poda del olivo para mejorar la calidad del plástico reciclado, valorizando así un residuo que ha sido siempre un problema en la región.
Vista de Martos desde uno de sus olivares. (Diputación de Jaén)
La pujanza de la industria de Martos ha conseguido fijar población en toda la comarca, de hecho, incluso ha ayudado a Jaén capital a dar salida a sus jóvenes. “Todos los ingenieros que salen de la Universidad de Jaén tienen trabajo aquí”, señala el alcalde, “y también los jóvenes que estudian FP dual salen con trabajo asegurado. No hay día que no firme empadronamientos; para una región rural y del interior, este panorama es un sueño”.
Una de las características de los municipios industriales es que tienen más gente joven. Existe una correlación entre el mayor peso de la industria y la edad media más baja. Sucede así en todas las provincias, salvo en Cádiz, Huelva, Guipúzcoa y Las Palmas.
Los pueblos industriales son quienes vertebran realmente España, ya que fijan población en provincias que se están despoblando a marchas aceleradas. El campo sigue expulsando trabajadores gracias a la mecanización y los servicios se concentran en las grandes capitales. La industria es la última esperanza.
Los últimos reductos
Los municipios con un elevado peso de la industria son, descontando las capitales, los que mejor consiguen retener a población en edad de trabajar, siendo también son un soporte para su comarca. La relación se observa en el siguiente gráfico: las localidades que tienen más de un 40% de sus ocupados en la industria son las que reciben más trabajadores de los municipios vecinos.
En Ubrique (Cádiz) viven 6.400 ocupados frente a los más de 5.400 que trabajan aquí. La industria del cuero y del calzado es mayoritaria, ya que emplea a tres de cada cinco afiliados. Un fenómeno similar ocurre en Sax (Alicante) aunque con mayor diversificación, desde la fabricación de muebles a la de productos metálicos.
La industria alimentaria es otro de los imanes de trabajadores. La fábrica de galletas de Gullón es uno de los símbolos de Aguilar de Campoo (Palencia), que además de ofrecer empleo a sus vecinos, atrae a censados en otras localidades palentinas como Guardo o Cervera de Pisuerga o de la cántabra Reinosa.
Hay casos, pocos, que son capaces de absorber mano de obra de las grandes ciudades cercanas. Zaragoza es de las pocas capitales en las que hay más trabajadores que viven allí que desarrollando su actividad. Cerca de 3.500 están contratados en Figueruelas, a menos de 30 minutos en coche.
En este municipio de la Ribera Alta del Ebro residen 517 ocupados aunque emplea a más de 5.000. Es decir, atrae a tantos trabajadores que multiplican por diez su fuerza laboral, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aquí se da otro récord: es el municipio con el mayor porcentaje de trabajadores de la industria (el 91%). El motivo está en la fábrica de Stellantis, conocida como la Opel de Zaragoza, que es el gran motor de la comarca.
La clave del éxito
Una de las características de las comarcas industriales exitosas es la capacidad de emprendimiento y adaptación de su población. Es un carácter heredado tras siglos de industrialización, cuando se aprovechaba la fuerza de la naturaleza para accionar máquinas aún muy rudimentarias. En el caso de Sant Joan les Fonts, un pequeño municipio de la comarca de la Garrotxa, sus cascadas de agua fueron utilizadas para la instalación de una fábrica de papel en el siglo XVIII.
En ese molino surgió Torraspapel, hoy integrada en el Grupo Lecta, una empresa multinacional de fabricación de papel. Este capital inicial, tanto económico como humano, fue creando un entorno óptimo para el desarrollo industrial de toda la comarca. Tres siglos después, el papel tiene poca relevancia y su lugar preponderante lo ha ocupado la industria agroalimentaria, pero cuenta con una a actividad diversificada, con empresas de textil, plástico, licor o, más recientemente, energía.
Imagen del Molí Fondo, donde se instaló la antigua fábrica de papel y que hoy alberga a una turbina de electricidad. (Gobierno de Catalunya)
“Nuestro crecimiento siempre ha estado vinculado a la capacidad de innovación de nuestros vecinos”, explica la alcaldesa del municipio, María Vidal, “y en la actualidad se juntan empresas muy consolidadas con propuestas nuevas”. La acumulación de capital económico y humano es una de las particularidades de muchos de estos pueblos industriales. "Las cadenas de montaje tradicionales están amenazadas por los menores costes de producción en otros países, por eso hemos tenido que innovar para ser nosotros quienes diseñemos los productos", explica el gerente de Andaltec.
Sant Joan les Fonts apenas tiene de 3.000 habitantes, pero cuenta con un polígono industrial de 40 empresas. La más importante es Noel, un grupo de alimentación que nació hace 80 años como una carnicería y que se ha convertido en una de las grandes empresas del sector a nivel nacional. Cada día acuden 2.500 trabajadores del resto de la comarca a estas empresas. El municipio es un soporte económico para toda la región de La Garrotxa, en especial de su capital, Olot. “Somos una de las comarcas de Catalunya con menor paro, de apenas el 6%”, explica Vidal.
La zona del interior del Levante es una región montañosa y árida que ha conseguido sobrevivir a la despoblación gracias a la industria. En el triángulo donde se unen las provincias de Albacete, Alicante y Murcia se han consolidado ciudades medianas como Almansa, Alcoy o Yecla frente al impacto de la globalización.
“Aquí, las empresas están constantemente buscando trabajadores. Con tantas oportunidades, quien quiere tener un trabajo, lo tiene”, explica Josep Sempere, alcalde de Banyeres de Mariola (Alicante), un municipio de 7.200 habitantes al que acuden casi 1.500 personas cada día a trabajar procedentes de ciudades próximas como Alcoy o Villena. Este pequeño pueblo ilustra la situación de estas comarcas: “Tenemos dos polígonos industriales y estamos proyectando un tercero para un grupo de fábricas que necesitan más espacio”.
Los orígenes de la industria del Levante se remonta a los talleres textiles del siglo XV, especialmente de la seda. A mediados del siglo XIX, en plena industrialización del sector, la plaga de la pebrina obligó a estos municipios a diversificarse y buscar otros productos. Así surgieron polos industriales con diversas especialidades a lo largo del siglo XX, desde la comarca de los juguetes en la Foia de Castalla, hasta el Mueble en Yecla, el calzado en el Corredor de Almansa o la cerámica un poco más al norte, en Castellón.
“Si algo nos caracteriza es que somos una población muy emprendedora y trabajadora”, explica Sempere, “por ejemplo, las fábricas de plástico adaptaron su producción durante la pandemia para producir material sanitario”. Sólo las regiones industriales que han conseguido reconvertirse a lo largo de los tiempos son las que están logrando sobrevivir a la globalización.
¿Final o principio?
La industria es una fuente de empleo y riqueza, pero también es una amenaza permanente por la crisis del sector. Figueruelas es un buen ejemplo. La riqueza llegó en 1980 cuando General Motors convirtió un antiguo olivar en un gran complejo que actualmente produce varios modelos de vehículos: Opel Corsa, Peugeot 208 y el Lancia Ypsilon. Gracias a esta planta, Figueruelas cuenta con el récord de España de peso de la industria: el 88% de sus ocupados se dedican a la fabricación de vehículos.
Organizada en cinco turnos de mañana, tarde y noche, su plantilla manufactura más de 1.500 coches al día, lo que genera empleo en todos los municipios vecinos, especialmente en Zaragoza capital. Pero esta gran fábrica genera a su vez una amenaza por la dependencia que ha generado. La crisis del automóvil y la deslocalización de producción ha provocado la destrucción de 1.900 empleos desde finales de 2019, estima Juan Carlos Fandos, portavoz de CCOO que lleva más de 40 años trabajando en Figueruelas. En 2024 han perdido dos modelos en favor de países como Marruecos o Polonia.
La mecanización de procesos también va recortando empleos, como bien saben los operarios de la nave de pintura de la fábrica: la previsión es que en los dos próximos años esté automatizada al 100%, manteniendo sólo a “un puñadito de trabajadores”, augura Fandos. Por el momento, la empresa sigue invirtiendo en Zaragoza para modernizar los procesos productivos, como la planta de prensas o la creación de una planta de baterías. Pero la crisis del automóvil, que afecta a toda Europa es una amenaza constante.
Asturias es el referente español de la desindustrialización. La reconversión de la minería fue un fracaso financiado con dinero público y las últimas esperanzas están puestas en la metalurgia. Aquí se percibe una cierta calma chicha, con una última década de estabilidad laboral. Sin embargo, los sindicatos muestran preocupación por la descarbonización prevista para el 2025 en Europa. Necesaria, según señalan, pero ante la que no ven señales de preparación aquí, si no en países donde no se aplican criterios medioambientales.
“Arcelor Mittal está construyendo una megafactoría en la India que tendrá cuatro altos hornos convencionales, no eléctricos, con una capacidad de producción de 40 millones de toneladas, que es prácticamente nueve veces más de lo que somos capaces de producir en Asturias”, denuncia José Manuel Castro, trabajador de la siderúrgica en la Mancomunidad de Avilés y portavoz de CCOO.
Castro exige medidas para enfrentar “el dumping tanto a nivel industrial como a nivel social” mediante la implantación de aranceles y pide medidas a las administraciones para retener el empleo, que repercute de manera directa tanto en los ciudadanos como en las arcas públicas. “Cuando estornuda Arcelor Mittal, toda Asturias se constipa”, resume. Ante los nubarrones, el sindicalista reclama un antigripal.
En el horizonte hay una esperanza para volver a industrializar España: la energía. Además del ‘sol y playa’, España tiene mucho ‘sol y viento’, lo que otorga un gran potencial para la generación de energía limpia y barata. Es una oportunidad histórica para conseguir crecimiento lejos de las grandes capitales. Para aprovecharla, las autoridades deben crear un entorno propicio para la inversión con buenas infraestructuras, capital humano, seguridad jurídica y una buena regulación. Es hora de cuidar a la industria como lo han hecho estos pueblos.
Metodología
Para realizar este artículo hemos utilizado la matriz de lugar de residencia y lugar de trabajo de los ocupados mayores de 15 años más reciente publicada por el INE en su Censo anual de población (Ocupación y actividad) y que corresponde al año 2022.
Además, hemos cruzado los datos de afiliados por municipio desagregados por el código a dos dígitos de la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE) que publica la Seguridad Social. Como los datos son mensuales, con la situación a último día del mes, hemos calculado la mediana anual para el año de referencia (es decir, 2022) para el total de trabajadores, independientemente de su régimen, a nivel municipal y por su actividad económica y su porcentaje respecto al total de los trabajadores de cada localidad.
Así, el porcentaje de trabajadores en la industria corresponde con las actividades incluidas en los grupos B, C, D y E de la CNAE. Además, por claridad y simplificación en el lenguaje, en el primer gráfico hemos agrupado diferentes códigos bajo nuevas etiquetas. Por ejemplo, ‘Alimentación y bebidas’ contiene a la industria de la alimentación (CNAE 10) y la fabricación de bebidas (11), o la categoría ‘Metalurgia y prod. metálicos’ que incluyen a la ‘Metalurgia; fabricación de productos de hierro, acero y ferroaleaciones’ (CNAE 24), la fabricación de productos metálicos (25). No obstante, en el detalle del gráfico se muestra cada actividad por separado.
En medio del gran olivar de Jaén hay un tesoro industrial que pocos conocen. Entre campos de aceitunas de secano se diseñan, prueban y desarrollan los equipos de iluminación de las marcas de coche más prestigiosas -y caras- del mundo. “Los focos que hacemos aquí, nunca podrías comprarlos”, explica un vecino. Martos es un pueblo de 24.000 habitantes en el que más de la mitad de sus ocupados trabaja en la industria, el triple que la media nacional. Aunque su nombre sea poco conocido para el país, es muy popular para el sector del automóvil por ser uno de los centros más relevantes del mundo para el diseño y la fabricación de componentes de iluminación de vehículos.