Los españoles cada vez están más descontentos con su vivienda... salvo por una cosa
El porcentaje de personas que viven hacinadas o notan deficiencias ha aumentado durante los últimos años. Sin embargo, las que declaran hacer un gasto elevado nunca fueron tan pocas
Imagen de archivo de un bloque de edificios. (Fuente: iStock)
Por
Marcos Lema
EC EXCLUSIVO
La vivienda ya es el principal problema del país para el 22,7% de los españoles. Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), este asunto se ha convertido en el tercero más citado por los ciudadanos, solo por detrás de la inmigración y la crisis económica. Sí, la crisis económica, en un momento en que España, aun con una creciente desigualdad y muchos de sus problemas estructurales todavía por resolver, será la potencia occidental que más crezca tanto este año como el que viene, según las previsiones de los principales organismos internacionales (FMI, OCDE...).
Las encuestas no las responden los economistas, sino los ciudadanos, y a menudo la percepción no se corresponde con la realidad de los hechos que reflejan los indicadores macro. Sin embargo, resultan fundamentales para entender cuál es el clima social. Que se lo digan al Gobierno, donde temen que el descontento sobre la cuestión inmobiliaria se transforme en un nuevo 15-M que haga daño a la izquierda, después de que el Sindicato de Inquilinas sacase a miles de personas a las calles hace dos semanas.
Como ocurre con la propia economía y con tantos otros aspectos, las respuestas de los ciudadanos sobre su situación personal y familiar reflejan mucho mayor optimismo que cuando se les pregunta sobre la situación general del país. Tanto es así, que en un momento de enorme preocupación sobre las dificultades en el acceso a un techo, el porcentaje de ciudadanos que afirma hacer un gasto elevado en vivienda ha caído a su mínimo histórico.
Así lo refleja la última entrega de los Indicadores de Calidad de Vida, que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE). Pese al ruido de los manifestantes, el intensísimo debate político y las historias personales que todos conocemos o protagonizamos, solo el 8,2% de los españoles reconoce un desembolso desproporcionado. Es 1,2 puntos menos que en 2008, cuando pinchó la burbuja inmobiliaria que había disparado los precios, pero también unas décimas por detrás de los datos previos a la pandemia y a la llegada de Pedro Sánchez al poder, cuando este problema apenas formaba parte de la agenda y la escalada apenas estaba empezando tras el desplome que siguió a la crisis financiera.
Por supuesto, esto no quiere decir que el esfuerzo no sea mayor, si se tiene en cuenta que los precios de la compraventa, y especialmente los del alquiler, han subido más que los sueldos en el último lustro. Puede existir un sesgo de percepción, pero también hay algunas razones de peso que explican los datos. Como se detalla en este artículo, la proporción de familias hipotecadas se ha desplomado, mientras que los que pagan un alquiler a precio de mercado, pese a ir en aumento, todavía representan una proporción mínima del total: el 15,4%. La mayoría de los españoles ya tiene la vivienda pagada y, tras el reciente alivio de la energía, los recibos se han abaratado. Como resultado, el esfuerzo decae. En otras palabras: la vivienda es un problema muy grande para pocos, que son básicamente los que no la tienen.
Aunque resulta el más llamativo, este dato constituye la excepción de una encuesta donde el resto de los indicadores referidos a la vivienda empeoran, tanto si se usa como referencia el año 2008 (cuando empieza la serie histórica del INE y se produjo el crack inmobiliario) como el 2018, que nos permite saber qué ha pasado durante el mandato de Pedro Sánchez.
Los españoles vivían —o, mejor dicho, percibían vivir— en 2023 más hacinados y en viviendas de peor calidad que un lustro o 15 años atrás. Y, en general, ahora se muestran más descontentos con su vivienda. Pese a que el indicador en este sentido sigue ofreciendo un dato espectacular, el porcentaje de encuestados que declara estar satisfecho o muy satisfecho ha pasado del 88% al principio de la serie al 83,2% actual, casi cinco puntos menos.
¿De anécdota a tendencia?
Lo más preocupante de la encuesta es que algunas realidades que hasta hace no tanto resultaban anecdóticas empiezan a tener cada vez más peso, probablemente ligado a un aumento de los estándares de exigencia de las viviendas, que empeora la percepción, pero también a las dificultades de acceso para algunos colectivos, como los jóvenes o los inmigrantes, que los han obligado a vivir en pisos compartidos o que no reúnen las condiciones mínimas de salubridad.
Así, tanto la percepción de hacinamiento como la de deficiencias se han disparado un 36% desde 2008. En 2023, un 22,9% de los encuestados declaraba vivir en hogares con determinados problemas en la vivienda, 6,1 puntos más que al principio del período y 7 más que en 2018, el año de la moción de censura que aupó al PSOE al Gobierno. La población con falta de espacio se queda muy por detrás (7,6%), pero ha aumentado dos puntos desde el pinchazo de la burbuja y casi tres desde la llegada de Sánchez al poder.
Lejos de tratarse de unos registros aislados, la encuesta va en la línea de otras realizadas, por ejemplo, por Eurostat. La privación severa de vivienda, un indicador en el que España siempre había tenido datos bajísimos (1%-2%), se disparó con la pandemia hasta el 3,4%. Este dato ya no es tan subjetivo como los anteriores, pues refleja la situación que combina el hacinamiento en el hogar con al menos uno de estos problemas: goteras, oscuridad, ausencia de baño o ducha y ausencia de inodoro. Es decir, lo que popularmente se conoce como infraviviendas.
De la misma manera, la oficina estadística de la Comisión Europea también ha desvelado recientemente que España es el segundo país de la Unión Europea donde un menor porcentaje de sus ciudadanos afirma haber emprendido mejoras de la eficiencia energética de su hogar en los últimos cinco años. El incremento de los precios, así de la compraventa como del alquiler, ha disparado las desigualdades no solo en el acceso a la vivienda, sino en el mantenimiento de la misma en unas condiciones dignas. Un porcentaje cada vez mayor sufre estas carencias, aunque la mayoría sigue sin notarlas.
Los Indicadores de Calidad de Vida dejan un último dato: Madrid, una de las regiones que ha tenido una peor evolución en el porcentaje de gasto elevado, es la única comunidad autónoma donde ha aumentado la satisfacción con la vivienda. En el escenario actual, el hecho de tener una (ya sea en propiedad o en alquiler) quizá ya sea suficiente motivo para ello.
La vivienda ya es el principal problema del país para el 22,7% de los españoles. Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), este asunto se ha convertido en el tercero más citado por los ciudadanos, solo por detrás de la inmigración y la crisis económica. Sí, la crisis económica, en un momento en que España, aun con una creciente desigualdad y muchos de sus problemas estructurales todavía por resolver, será la potencia occidental que más crezca tanto este año como el que viene, según las previsiones de los principales organismos internacionales (FMI, OCDE...).