a economía internacional vive una transición lenta. El declive de Estados Unidos como potencia hegemónica, que va aparejado a una cierta pérdida de peso del dólar como moneda de reserva, y el crecimiento de China y toda una serie de países emergentes han puesto en duda el sistema de gobernanza establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Bretton Woods aguanta, y los cambios se asemejan más a los parsimoniosos movimientos de las placas tectónicas. A veces producen seísmos, como los ocurridos durante la pandemia y la guerra en el este de Europa, pero lo cierto es que el edificio sigue en pie.
La cuarta reunión del Observatorio Económico de Mapfre Economics y El Confidencial ha puesto el énfasis en los riesgos que amenazan su estabilidad. En los últimos años, tanto la economía como los mercados han tenido que sobreponerse a grandes eventos inesperados, los conocidos como ‘cisnes negros’, y han resistido con éxito. Sin embargo, existen otras amenazas que están bien diagnosticadas, como el cambio climático, el envejecimiento, el exceso de regulación o la falta de impulso en Europa. Son los ‘rinocerontes grises’. Ya sea por pereza u oportunismo político, las soluciones a semejantes problemas se han pospuesto o han sido insuficientes, y es esta desgana la gran amenaza para el crecimiento futuro.














