Ahorrar y no gastar: el miedo a la inflación dispara la tasa de ahorro en Europa
Algo se mueve en Europa. La tasa de ahorro vuelve a subir con fuerza pese a la mejora de algunos datos macro. Factores estructurales, como el envejecimiento, o coyunturales, como las incertidumbres geopolíticas, lo explica.
Una mujer en un supermercado en Sagunto, Valencia. (EFE/Manuel Bruque)
Si es verdad, como sostiene la célebre cita de San Ignacio, que en tiempo de desolación lo mejor es no hacer mudanza, los hogares europeos lo están cumpliendo al pie de la letra. En un contexto lleno de incertidumbres geopolíticas, las familias han decidido no gastar. O, para ser más precisos, han optado por consumir menos de lo que aumenta su renta disponible. Como consecuencia de ello, la tasa de ahorro vuelve a subir con fuerza. Y, en paralelo, aunque en sentido inverso, la tasa de inversión se reduce a mínimos desde la pandemia.
Los datos proceden de Eurostat y lo que reflejan es un cambio de paradigma que en parte hay que vincular al miedo a la inflación, pero también a motivos estructurales que hay que relacionar con los nuevos hábitos de consumo derivados de fenómenos como el envejecimiento. En particular, en los países centrales de Europa y más en concreto en Alemania, que representa alrededor del 25% del PIB de la región.
Hay evidencias de que una población más envejecida da lugar a un ahorro mayor y a una inversión menor, ya que los bienes que necesita un hogar ya están satisfechos, lo que a su vez, incluso, afecta al tipo de interés natural. Es decir, aquel que prevalece a largo plazo cuando el PIB crece a su ritmo potencial y la inflación se mantiene estable. Hay que tener en cuenta que el mayor nivel de ahorro coincide con la mediana edad (antes de la vejez) debido a que en ese tiempo se amortizan las deudas (por ejemplo en la vivienda) y se generan ahorros de cara a la jubilación.
Lo que revelan los datos de Eurostat, en concreto, es que la tasa de ahorro de los hogares de la zona del euro se situó en el 15,3% en el primer trimestre de 2024, por encima del 14,1% del cuarto trimestre de 2023. Esto supone la tasa de ahorro más alta desde el segundo trimestre de 2021 y prácticamente la misma que la registrada durante los años más duros (2008 y 2009) de la crisis financiera. Hay que recordar que entre finales de 2019, inmediatamente antes de la pandemia, y el segundo trimestre de 2023, los hogares de la zona del euro acumularon un exceso de ahorro de alrededor de 1 billón de euros más de lo que habrían acumulado de otro modo,según el BCE, lo que equivale a alrededor del 12% de su renta disponible anual. En parte, por el aumento de las subvenciones y de las ayudas públicas para paliar los efectos de la pandemia.
Ahorro y ayudas públicas
En el caso de Alemania, que es el más significativo por su peso en el PIB de la eurozona, la tasa de ahorro bruta corregida de variaciones estacionales se ha ido al 21,1%, lo que representa siete puntos porcentuales más que un país como España (14,2%), cuyo nivel está muy encima de su media histórica.
Por el contrario, la tasa de inversión respecto de la renta bruta disponible de los hogares ha caído hasta el 9%, el registro más bajo desde el tercer trimestre de 2020. En el caso de España, baja hasta el 6,2%, el peor dato desde el último trimestre del año de la pandemia.
Estas cifras, sin embargo, contrastan con la evolución del ingreso de las familias, mientras que la renta bruta disponible crece a un ritmo del 2,1%, el consumo avanza a una velocidad del 0,8%. Si el análisis se hace en términos individuales, más de lo mismo. Mientras que el gasto en consumo individual crece un 0,5%, el ingreso bruto disponible avanza un 1,3%. En el caso de España, según Eurostat, la diferencia es más evidente. Un 1,3% frente al 5,3%. Más renta y menos consumo, lógicamente, es lo que explica el incremento de la tasa de ahorro en un contexto de reducción de la inversión.
¿Qué está pasando? ¿Por qué las familias no gastan cuando la tasa de desempleo (6%) está en mínimos históricos o la inflación (2,6% en la zona euro) vuelve a acercarse al 2% que marca la estabilidad de precios? Un reciente estudio del BCE da algunas claves. La primera resume lo que está sucediendo: "Los hogares han afrontado varios shocks en los últimos años y han ajustado su comportamiento", sostiene un documento firmado por los economistas Alina-Gabriela Bobasu, Evangelos Charalampakis y Omiros Kouvavas.
A partir de la información que suministra la Encuesta de Expectativas de los Consumidores (CES, por sus siglas en inglés) llegan a una primera conclusión: la principal estrategia utilizada por los consumidores para enfrentar la inflación es ajustar su consumo. Es decir, aunque el IPC se haya moderado, frenan el gasto. De hecho, sus expectativas sobre el futuro de la inflación son peores de las que reflejan las proyecciones del BCE, que es más optimista que las familias sobre la evolución futura de los precios.
No sólo eso. Como sugiere la última edición de la Encuesta, las expectativas de los consumidores relativas al crecimiento de la renta nominal han vuelto a caer. Han disminuido en julio, en concreto, hasta el 1,1%, desde el 1,4 % de junio.
Expectativas de gasto
La disminución de las expectativas, como asegura el BCE, ha sido generalizada entre los distintos grupos de edad y de renta, pero más acusada en los dos quintiles inferiores. Es decir, en los hogares de menor renta disponible. Es más, las expectativas de crecimiento del gasto nominal en los doce próximos meses también registran un descenso y se sitúan en el 3,2%, una décima por debajo de junio. Las expectativas relativas al gasto nominal, de hecho, se sitúan en su nivel más bajo desde febrero de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania.
La CES, hay que decir, es una encuesta electrónica mensual en la que participan unos 19.000 consumidores adultos (mayores de 18 años) procedentes de once países de la zona del euro: Bélgica, Alemania, Irlanda, Grecia, España, Francia, Italia, Países Bajos, Austria, Portugal y Finlandia.
Los ajustes en el gasto derivados de la inflación tienen, sin embargo, una excepción. La encuesta revela que el ocio y la hostelería siguen en plena expansión tras la pandemia. Como dicen los economistas del BCE, se observa un cambio en las preferencias tras el levantamiento de las restricciones sociales tras la pandemia. Esto ha llevado a que la participación de la hostelería, el ocio o actividades recreativas en el gasto total haya aumentado del 7,4% en 2021 al 12,9% en 2023. El incremento es especialmente significativo en los niveles de renta más elevados.
Si es verdad, como sostiene la célebre cita de San Ignacio, que en tiempo de desolación lo mejor es no hacer mudanza, los hogares europeos lo están cumpliendo al pie de la letra. En un contexto lleno de incertidumbres geopolíticas, las familias han decidido no gastar. O, para ser más precisos, han optado por consumir menos de lo que aumenta su renta disponible. Como consecuencia de ello, la tasa de ahorro vuelve a subir con fuerza. Y, en paralelo, aunque en sentido inverso, la tasa de inversión se reduce a mínimos desde la pandemia.