La industria languidece atrapada por el empuje del sector servicios
Al comenzar este siglo, la industria manufacturera representaba el 15,1% del valor añadido bruto (VAB) generado por la economía española. Algo más de dos décadas después, en 2023, ese porcentaje ha bajado hasta el 11,2%
Empleados trabajan en una fábrica. (Europa Press/David Zorrakino)
Algunos datos lo dicen casi todo. Al comenzar este siglo, la industria manufacturera representaba el 15,1% del valor añadido bruto (VAB) generado por la economía española. Algo más de dos décadas después, en 2023, ese porcentaje ha bajado hasta el 11,2%. Si se considera el conjunto de la actividad industrial, es decir, incluyendo la energía y actividades similares, más de lo mismo. Se ha pasado del 20,7% en 2000 al 16,7% el año pasado.
No es un caso aislado, algo parecido ha sucedido en Alemania, Francia o Italia, países del entorno económico de España. En el conjunto de la zona euro, de hecho, el VAB industrial (incluyendo todos los componentes) ha pasado en ese mismo periodo del 22,4% al 20,3%, y lo que no es menos relevante, con una tendencia claramente descendente.
Hay, sin embargo, una diferencia. España parte de una situación de desventaja, ya que está menos industrializada que Alemania o Italia, aunque algo más que Francia, pero claramente por debajo de la zona euro, un 20,3% frente al 16,7% español.
¿Qué ha pasado? ¿Por qué este claro retroceso de la actividad industrial? Hay múltiples razones que necesariamente hay que vincular a la globalización y a las ventajas competitivas de los países asiáticos, fundamentalmente, pero la causa más reciente tiene que ver con la pandemia, que ha dinamizado el sector servicios hasta niveles nunca vistos. El turismo e, incluso, el avance de los servicios no turísticos (consultoría, construcción o nuevas tecnologías), son cada vez más importantes en las exportaciones españolas, y dan fe de ello. Sus exportaciones representan ya el 7,6% del PIB.
En términos de Contabilidad Nacional, y con datos ajustados de estacionalidad y calendario, el sector servicios representó en el segundo trimestre de este año el 69% del PIB desde el lado de la oferta. Al comenzar el siglo, por el contrario, los servicios, tanto los destinados al mercado como los que no lo son (sanidad o educación) representaban apenas el 60,5% del PIB. Es decir, casi nueve puntos menos.
Precios de la energía e industria
Paradójicamente, la atonía industrial, como lo denominó el Banco de España en su último informe anual, ha beneficiado al diferencial de crecimiento de la economía española frente a la eurozona. Esto es así porque en su estructura productiva pesa más el sector servicios, que crece más que las ramas industriales; en particular, aquellas más dependientes de la energía como insumo (el caso de Alemania es el más emblemático). Por decirlo de una manera directa, los altos precios de la energía afectan más a las ramas industriales que al sector servicios.
En cualquier caso, y pese a este factor coyuntural, el pobre desempeño de la industria manufacturera en las dos últimas décadas tiene, además, un componente asimétrico en términos de territorio.
Un estudio del profesor Rafael Myro acreditó que desde que comenzó el siglo el crecimiento de la industria ha tendido a concentrarse en las comunidades autónomas que habían logrado ya previamente un mayor desarrollo industrial, de forma que, "en lugar de producirse una convergencia en los niveles de industrialización en el conjunto de España, se ha producido una divergencia territorial". En este aspecto, quienes más han contribuido son Madrid, Baleares, Canarias, Andalucía y Extremadura, con acusadas disminuciones de la importancia de las manufacturas en sus economías, a pesar de partir de niveles ya reducidos en el año 2000. En esas regiones el proceso de terciarización de la economía ha avanzado más rápidamente. Esta es una de las razones, en concreto, de que el PIB de Madrid se haya despegado de Cataluña, más expuesta a la crisis manufactureras.
La industria española, al contrario de lo que ha sucedido con el PIB, todavía no ha recuperado los niveles de actividad previos al covid
La industria española, de hecho, al contrario de lo que ha sucedido con el PIB, todavía no ha recuperado los niveles de actividad previos al covid. El VAB de la industria, en concreto, cerró el año pasado un 2,3% por debajo de su valor en 2019, aunque si sólo se tiene en cuenta la industria manufacturera, su VAB ya superaba en un 3,6% al registrado antes de la pandemia.
En todo caso, como recuerda un reciente informe de los técnicos del Ministerio de Industria, lo cierto es que la actividad industrial española, y más específicamente la industria manufacturera, registran "resultados muy desfavorables en las etapas de crisis, con una posterior recuperación de menor intensidad que la registrada en otros sectores". Es decir, después de cada periodo de contracción económica, la industria no es capaz de volver a su posición inicial. O lo que es lo mismo, muchas de las fábricas que cierran no vuelven a abrir, mientras que las que consiguen sobrevivir a la crisis ven reducidos sus pedidos.
Muchas industrias echan el cierre
El informe de Industria pone cifras a esta dinámica. En 2020, a consecuencia de la crisis económica de la pandemia, cerraron –a la luz del número de empresas inscritas en la Seguridad Social– 1.788 compañías industriales, pero un año después, ya en plena reactivación de la actividad, sólo se recuperaron 891, prácticamente la mitad.
Lo peor, sin embargo, es que en los dos años posteriores, mientras que la economía en general ha recuperado 42.344 empresas, la industria ha perdido 1.108. Algo que les lleva a decir a los técnicos de Industria que el sector dispone actualmente de menos empresas que antes del inicio de la pandemia de la covid, "lo que ha tenido su reflejo en la evolución de los indicadores del sector, en especial en el VAB industrial y el Índice de Producción industrial (IPI)".
La consecuencia es una pérdida estructural del empleo industrial. Hasta el punto de que habría que esperar a 2015 para recuperar los niveles de ocupación que había diez años antes. La parte positiva es que aumentó la productividad, pero a costa del empleo. Los años posteriores, y a medida que se fue recuperando la economía y, por lo tanto, la ocupación, la productividad volvió a caer, aunque se ha recuperado en 2023. Mientras que en el conjunto de la economía el retroceso es del 0,9%, en la industria el avance es del 1,9%, aunque alcanza el 3,5% en el caso de la manufacturera. Es decir, aquella que se dedica a la fabricación de productos o bienes de consumo a partir de la transformación de materias primas.
La trayectoria de la industria tiene otro aspecto relevante, según el informe del departamento que dirige Jordi Hereu. En concreto, la competitividad. Según los datos de Estadística, y en términos de costes laborales unitarios (CLUs), que miden la relación entre el coste del empleo y la productividad, hasta 2017 se mantuvo una evolución negativa, y, por lo tanto, ganancia de competitividad debido al ajuste laboral producido por la crisis.
Desde ese año hasta 2021, sin embargo, los CLUs de la industria han crecido con mayor intensidad que los de la eurozona, lo que ha dado lugar a una pérdida de competitividad de la industria española. Dicha pérdida se logró detener en 2022, año en el que los CLUs se situaron de nuevo por debajo de la media europea. En 2023, igualmente, los costes laborales por unidad de producto registraron una tasa interanual del 4,3%, frente al 8% de la eurozona. La causa tiene más que ver con la evolución de los salarios, menor crecimiento, que un avance de la productividad, que sigue plana.
Algunos datos lo dicen casi todo. Al comenzar este siglo, la industria manufacturera representaba el 15,1% del valor añadido bruto (VAB) generado por la economía española. Algo más de dos décadas después, en 2023, ese porcentaje ha bajado hasta el 11,2%. Si se considera el conjunto de la actividad industrial, es decir, incluyendo la energía y actividades similares, más de lo mismo. Se ha pasado del 20,7% en 2000 al 16,7% el año pasado.