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El economista que no cree en el PIB: "Es una medida errónea, pero ningún país lo reconoce"
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80º ANIVERSARIO DEL PIB

El economista que no cree en el PIB: "Es una medida errónea, pero ningún país lo reconoce"

Partha Dasgupta, el prestigioso economista británico de origen indio, ha construido una brillante carrera a partir de pensar "¿cuánto puede crecer la población mundial si el resto de cosas son finitas?"

Foto: Partha Dasgupta, fotografiado en Bilbao. (FBBVA)
Partha Dasgupta, fotografiado en Bilbao. (FBBVA)

Hace exactamente 80 años, en julio de 1944, el economista Simon Kuznets expuso en la Conferencia de Bretton Woods (Nuevo Hampshire, EEUU) un nuevo sistema para medir la actividad económica de un país. Sí, aunque el Producto Interior Bruto (PIB) nos resulte hoy casi consustancial a la economía, hubo un tiempo en que los países navegaban sin esta brújula.

En este tiempo, las facultades de Economía han ido alumbrado tantos partidarios como detractores del octogenario indicador. Uno de los más destacados es Partha Dasgupta, el economista recientemente galardonado con un premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA. Todo comenzó con una pregunta que contenía otras muchas: ¿Cuánto puede crecer la población del planeta dado que el resto de recursos son finitos?

Desde su púlpito en la Universidad de Cambridge —también ha impartido clase en otras de las mejores instituciones del mundo, como Stanford, Cornell o la LSE— sus trabajos, El control de los recursos (1982) o El bienestar humano y el medioambiente (2001) se han convertido casi en sagradas escrituras para quienes combaten el cambio climático, a menudo más amparados por los científicos o los activistas que por los economistas. En parte, porque contiene un enfoque mucho más pragmático que otros académicos como Sir Nicholas Stern, cuyo célebre informe Dasgupta criticó por ser demasiado catastrofista.

placeholder Dasgupta, durante su entrevista con El Confidencial. (FBBVA)
Dasgupta, durante su entrevista con El Confidencial. (FBBVA)

A sus 81 años, este bangladesí nacionalizado británico habla despacio, piensa mucho antes de articular cada palabra. Ninguna de sus respuestas es prefabricada.

PREGUNTA. ¿En qué momento empezó a pensar en incluir los recursos naturales dentro de los análisis económicos?

RESPUESTA. No creo que empezara a trabajar en esto tras pensar que fuera clave. Fue incluso antes. Trabajé en ello, pero no porque fuera clave —quizá lo era, pero no lo sabía— sino porque era una cuestión interesante. Mi tesis doctoral, de 1968, tenía un capítulo sobre el tamaño ideal de la población humana en un mundo en el que hay recursos finitos. No hice esa pregunta porque fuera un defensor del medio ambiente o algo así, sino porque parecía una pregunta interesante en la que nadie más estaba trabajando. Así es como progresa la ciencia. Fue a lo largo del tiempo cuando comencé a involucrarme cada vez más en pensar sobre la economía humana en una naturaleza finita. Principalmente, porque eran preguntas muy interesantes y que tenían muchas capas, no era solo una pregunta sino muchas. Mi interés era más intelectual que emocional.

El apego emocional que tengo ahora a la naturaleza ha surgido desde un interés intelectual, no al revés.

P. Cuando publicó su tesis, el concepto del PIB de una nación era un medidor reciente, pero ya casi incuestionable. ¿Cómo empezó usted a cuestionarlo?

R. Responderé de dos maneras. La primera, es obviamente una medida errónea porque no tiene en cuenta la depreciación del capital. Entonces, podemos tener un PIB que crece gracias a minar, cosechar o degradar la naturaleza. Creo que todo el mundo entiende eso. Lo que es más difícil de entender es que, aunque todos estamos de acuerdo en que no deberíamos usar el PIB como medida del bienestar humano, porque no medimos lo que está sucediendo sobre la base de los bienes, las naciones no están alejándose de esta manera de medir el PIB. La razón es que el PIB es la ruta para el poder de una nación en el mundo. Piense en China, es un buen ejemplo. China hace 40 años no era nada, y ahora está a la par con Estados Unidos. ¿Cómo? El PIB ha tenido mucha influencia: les permite ejercer poder político, obtener ventajas comerciales, pero no importa lo que pasa con el capital natural. Así que los países seguirán utilizando el PIB como una medida de competencia. Aunque no les interese.

"Las naciones están metidas en este mismo 'dilema del prisionero', porque su meta es ganar a los otros países en términos de PIB"

En teoría de juegos, hay un juego muy conocido llamado "el dilema del prisionero" en el que cada jugador tiene interés en elegir una acción que es peor para todo el mundo. Pues las naciones están metidas en este mismo dilema del prisionero, porque su meta es ganar a los otros países en términos de PIB.

P. Es solo una competición.

R. Exactamente.

P. ¿Cree que habrá un momento en que el mundo se dé cuenta de que el PIB es ineficaz?

R. Quizás sea demasiado tarde. Hay ejemplos en la pesca. Hay una parte del océano que tiene acceso abierto. Cualquiera puede venir a pescar bacalao al Mar del Norte. Existen las guerras del bacalao en el Mar del Norte. Los pescadores van y pescan todo lo que pueden, porque esas aguas no tienen un titular, no pagan una renta. Y a lo largo del tiempo, las existencias van descendiendo.

Entonces esta carrera por el PIB es un poco como pasó con el bacalao, pero tendrá lugar en un plazo más largo.

P. En los últimos años se ha empezado a extender algunas teorías sobre el decrecimiento. ¿Qué opina de ellas?

R. Creo que el ciudadano medio entiende estas cosas mejor que los legisladores. Una razón es que los legisladores, en el gobierno o en el sector privado, tienen ciertas metas. Quizá en el gobierno sea el empleo, la redistribución, los servicios públicos... y quizá sientan que proteger el medio ambiente es menos importante. Quizá tenga menos importancia para ellos por una razón: un efecto negativo para el medio ambiente quizá tarde 20 años en manifestarse, mientras que el legislador solo permanece cinco años en el gobierno.

"Un efecto negativo para el medio ambiente quizá tarde 20 años en manifestarse, el legislador solo permanece cinco el gobierno"

Pero estoy cada vez más convencido de que los ministerios de Hacienda o la planificación de los gobiernos deberían contratar a ecólogos o científicos del clima, integrados en las tesorerías nacionales. Ahora sólo tienen economistas o quizá algunos sociólogos. Si no los tienes, tendrás lo que el Reino Unido: una Tesorería, un ministerio de Finanzas, y luego, una escala por debajo, un ministro de Medio Ambiente o similar. Esto no funciona, porque el lenguaje mental de ambos es diferente, es necesario juntar esos dos lenguajes. Eso es lo que yo trato de hacer.

P. ¿Es fácil que las dos visiones encajen?

R. Creo que sí. No veo por qué no, porque incluso dentro de la visión de la economía, hay elecciones. ¿Construimos una carretera aquí o allá? ¿Invertimos más en carreteras o en viviendas? Tenemos opciones, eso siempre sucede, solo que ahora estamos incluyendo otros factores.

P. ¿Cuál es su opinión sobre el mercado de créditos al carbono?

R. Estoy a favor, por supuesto. Tratas de crear mercados para actividades que no tienen mercados. Dicho lo cual, hay limitaciones. Voy a ofrecer un ejemplo. Digamos que talas miles de kilómetros cuadrados en el Amazonas y luego plantas los mismos árboles en autopistas de Inglaterra. Son cosas diferentes, obviamente, y muestran que aquí hay un problema. Al final, el carbono es solo un factor, y esto nos enseña que reducir todo el asunto climático a la biodiversidad y el carbono es un error. Pero bueno, tener créditos al carbono es mejor que no tener nada.

P. La pregunta iba precisamente por ese greenwashing que hacen las empresas. ¿Crees que realmente están más concienciadas con la sostenibilidad o es todo imagen y responsabilidad social corporativa?

R. Creo que sí, muy lentamente pero se están concienciando. Van tan lentamente porque muchas empresas de Occidente dependen de productos primarios de África y Sudamérica. Pasa con el cacao, el café, la soja... y esas largas cadenas de suministros, desde la fuente primaria al producto final, se han llenado de riesgos e incertidumbres y cada vez hay más. Estos riesgos se traducen aquí en riesgos comerciales. Muchas empresas se están empezando a dar cuenta de que si el cambio climático afecta al suministro de la materia prima, afecta también al producto final.

Foto: Banderas de España en el X aniversario de la proclamación del rey Felipe VI. (Europa Press/Diego Radamés)

P. Lo hemos visto recientemente con el caso del cacao, donde los problemas derivados de la sequía en las plantaciones están subiendo el precio del chocolate. ¿Crees que en el futuro nos moveremos a otro tipo de mercados, más sostenibles pero también más fiables?

R. Es uno de los grandes desafíos. Yo creo que mientras haya un incentivo para que las empresas respondan —sin que se lo tenga que pedir el Gobierno— se irá evolucionando. Ahora, por ejemplo, están respondiendo porque han visto una conexión clara entre los riesgos ecológicos aguas arriba en la cadena de suministros y el futuro de sus productos. Pero aquí viene una cuestión interesante. Toma dos empresas en España. Cada una tiene una fuente de suministro diferente en África. Pero sus fuentes están en ecosistemas conectados entre sí. Por lo que si uno de ellos cae en declive, el otro también. Entender esto podría llevar a que las empresas se abran más a cooperar para evitar que sus fuentes caigan juntas y, por lo contrario, cooperen. Pero no sé si sucederá.

P. ¿Cree que de la competencia puede puede surgir un mercado más sostenible?

R. Creo que puede haber competitividad en el mercado de productos mientras haya cooperación en el mercado de suministros. Tienen que cooperar porque las fuentes de suministro están interconectadas, la naturaleza está conectada. El cultivador de cacao aquí se relaciona con el de más allá. Si algo va mal aquí, también ocurrirá más allá. Y si se entiende eso, se irá hacia mercados de origen más sostenbiles.

P. ¿Tiene Occidente incentivos para cambiar su forma de medir el progreso?

R. No puedo hacer una predicción. Las motivaciones de los gobiernos son diferentes de las motivaciones de las empresas. Las empresas tienen balances. No solo de ganancias y pérdidas, también del estado de los bienes. Y al final del año, hacen un análisis y lo comparan con principios de año. Los gobiernos no tienen esos balances de bienes: tienen estadísticas de empleo, PIB, producción, de consumo... no tener esas hojas de balance hace que las compañías y los Gobiernos dirijan sus economías de maneras muy diferentes.

"Creo que los gobiernos tienen que empezar a crear esas hojas de balance para la nación"

Creo que los gobiernos tienen que empezar a crear esas hojas de balance para la nación. Contar todo el stock de capital que tienen, incluyendo el capital natural. Mira, hace 20 años traté de obtener estimaciones de los stocks de pesca nacionales. Pues muchos países ni siquiera tenían una cuenta sobre la cantidad de pesca que tienen. Porque no tienen esos balances. Te pueden decir cuánto dinero genera la pesca, eso va dentro del PIB, pero no la cantidad de pesca que les queda. Es un buen ejemplo de que hay que diferenciar los flujos de ingresos de los stocks de bienes y los balances.

P. Tras sus muchos años de estudio, ¿cómo de factible le parece equilibrar el bienestar humano, el crecimiento económico y el cuidado de la naturaleza?

R. El programa de Naciones Unidas en Nairobi está empezando a hacer un trabajo muy interesante sobre este tema. Están estimando los stocks de capital de cada país. Normalmente, a nivel estatal se habla de dos tipos de capital: el de fabricación y el humano. El tercero, que ellos también están incluyendo en sus estudios, es el natural. Sobre los dos primeros hay muchos datos, los países te pueden dar todo tipo de información, pero se sabe poco sobre el tercero. En la ONU están recopilando datos de los tres y analizando cómo han evolucionado año a año en todo el mundo. Bueno, pues el estudio que han hecho muestra que entre el año 1990 y principios de los 2000, el capital de fabricación per capita se duplicó en todo el mundo, el capital humano creció un 20% pero el capital natural cayó un 40%. Da una imagen clara de la trayectoria de los bienes en un periodo de crecimiento del PIB.

P. ¿Y si el capital natural sigue cayendo, acabará arrastrando a los otros dos?

R. Probablemente sí, pero no es algo inmediato. Ya sabe, mientras no se vea, no le importa a nadie.

Hace exactamente 80 años, en julio de 1944, el economista Simon Kuznets expuso en la Conferencia de Bretton Woods (Nuevo Hampshire, EEUU) un nuevo sistema para medir la actividad económica de un país. Sí, aunque el Producto Interior Bruto (PIB) nos resulte hoy casi consustancial a la economía, hubo un tiempo en que los países navegaban sin esta brújula.

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