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La Europa de la inflación avanza a dos velocidades, y esta vez España está en el lado bueno
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¿Quiénes son los virtuosos ahora?

La Europa de la inflación avanza a dos velocidades, y esta vez España está en el lado bueno

El IPC nacional se sitúa por debajo de la media de la eurozona por primera vez desde el inicio de la crisis energética, mientras en el norte del continente se disparan las alarmas

Foto: La ministra de Economía, Nadia Calviño, y el ministro alemán de Finanzas, Christian Lindner. (EFE/Mariscal)
La ministra de Economía, Nadia Calviño, y el ministro alemán de Finanzas, Christian Lindner. (EFE/Mariscal)
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La Europa de la crisis energética marcha a dos velocidades, y esta vez España se encuentra en el lado bueno. La espiral inflacionista, alimentada por los récords del gas tras la invasión de Ucrania, empieza a girar más despacio en el sur del continente, mientras que en el norte acelera a un ritmo preocupante. La zozobra de Alemania, caza mayor del chantaje del Kremlin, contagia al conjunto de la zona euro, donde el coste de la vida ya crece a un ritmo de dos dígitos por primera vez en la historia. En cambio, el índice de precios al consumo (IPC) de nuestro país empieza a dar síntomas de moderación gracias al descenso de la energía y al 'dopaje' de las medidas del Gobierno.

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La inflación de la eurozona marcó en septiembre un nuevo récord histórico —y ya van cinco consecutivos—, al alcanzar el 10%, según adelantó este viernes Eurostat. Pese a lo escandaloso del dato, que deja vía libre a nuevas subidas de tipos en un Viejo Continente preocupado hasta hace no mucho por el estancamiento secular, la gran novedad se encuentra en la letra pequeña. Por primera vez desde marzo de 2021, el IPC español se sitúa por detrás de la media de las economías del euro. No hay más que fijarse en la evolución de los últimos meses para darse cuenta de que lo que a simple vista podría parecer una mera anécdota estadística constituye, en realidad, un paso más de una clara tendencia.

España ha pasado de ser la avanzadilla de la inflación a situarse en el furgón de cola. Desde el inicio de la guerra, en febrero del año pasado, el diferencial entre el IPC nacional y el de la media de la zona euro ha menguado desde 1,7 puntos (su máximo histórico) a -0,7 puntos. Y lo mismo pasa con Portugal: como en Madrid, los precios han estado creciendo en Lisboa más rápido que en el conjunto de las economías de la moneda única durante toda la crisis energética. Hasta ahora. Con Francia siempre a la cola e Italia oscilando, llama la atención el dato de Alemania: la locomotora comunitaria no solo ha superado la media de la eurozona, sino que ha cruzado su curva con la de nuestro país. Esa es la mejor metáfora de lo que está ocurriendo.

Durante la primera fase de la crisis, en el verano y otoño del año pasado, la península ibérica fue una de las 'zonas cero' del incremento de los precios de la energía, debido, entre otros, a dos factores: unas condiciones climáticas especialmente adversas para la generación renovable —más presente en nuestro 'mix' eléctrico que en el de otros países— y una mayor dependencia del exterior para el abastecimiento de hidrocarburos y materias primas, que empezaron a dispararse debido a los cuellos de botella tras la reapertura pospandémica. Como resultado, el IPC inició una trayectoria ascendente, especialmente impulsada por los récords de la luz.

La incidencia del precio del gas natural en el IPC es el doble en Alemania que en España

Sin embargo, el comienzo de la guerra llevó la crisis a una nueva fase: mientras la crisis de suministros se aligeraba por el frenazo a la recuperación económica, el chantaje energético de Rusia situaba al gas en el centro de todas las preocupaciones. Desde entonces, la gravedad se ha ido desplazando hacia el norte, dependiente en mayor medida del suministro del Kremlin. Ya lo dijo la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, en unas polémicas declaraciones en alusión a Alemania: "Nosotros no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades con el gas". El Banco de España aportaba este viernes (aquí el informe) un dato que va en la misma línea: la incidencia del precio de ese hidrocarburo en el IPC es el doble en el país centroeuropeo que en el ibérico.

Esta vez, los virtuosos somos nosotros. Aunque Eurostat todavía no ofrece datos desagregados para septiembre, las cifras de agosto dan alguna pista: en ese momento, el encarecimiento interanual del gas natural era de 'solo' el 23% en España, frente al 59% de Alemania o el 66% de la media de la zona euro. En los Países Bajos, donde la inflación ya supera el 17%, se había multiplicado por dos y en las pequeñas naciones bálticas, que lideran desde hace meses las alzas de precios, por tres. ¿Qué está ocurriendo?

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto al presidente francés, Emmanuel Macron (i). (EFE/Brais Lorenzo)

Para obtener la respuesta hay que acudir a los mercados de cotización del hidrocarburo que trae de cabeza a las economías europeas. El inicio de la guerra dio el pistoletazo de salida a un fenómeno clave: el TTF, de referencia en el centro y norte de Europa, y el Mibgas, que se negocia en la península ibérica, normalmente muy parejos, empezaron a distanciarse. Tanto que el 28 de marzo fue el último día que 'nuestro' gas natural resultó más caro que el dominante en el continente. Desde entonces, el llamado 'spread' se ha ido disparando, en paralelo con la reducción del suministro del Kremlin, a través de las tuberías que unen Rusia con Alemania y otras naciones próximas.

La llamada 'excepción ibérica', que estableció un tope al gas para la producción eléctrica, puso la guinda al pastel. En estos momentos, los futuros a un mes del Mibgas cotizan a 112 euros, con un descuento del 40% respecto a su equivalente europeo. En el caso del mercado mayorista de la luz, la diferencia todavía es mayor: los futuros para el primer trimestre de 2023 se pagan a 175 euros en España, frente a los 550 de Francia y a los 535 de Alemania.

El caso galo es muy particular: con una inflación de 'solo' el 6,2%, se ha situado a la cola de la zona euro durante toda la crisis, pese a tener la luz disparada como consecuencia de los parones en las centrales nucleares. La escasa presencia del gas en su 'mix' energético y su menor dependencia de Rusia ayudan a explicar este dato, pero la clave se encuentra en otro lugar.

La inflación subyacente se sitúa en una media del 4,8% en la eurozona, frente al 6,2% de España

El Elíseo dedicará 24.000 millones de euros este año para evitar que la factura de la luz suba más de un 4%, y el que viene destinará 45.000 millones para que el incremento de los recibos de la electricidad y del gas no supere el 15%. Frente a las ayudas de París, Berlín mantenía hasta ahora una ley que permitía a las empresas trasladar el aumento del precio del gas a sus clientes, aunque el Gobierno de coalición acaba de dar un golpe de timón esta semana y ha anunciado que invertirá 200.000 millones de euros en establecer un tope a la energía.

Los ambiciosísimos paquetes fiscales aprobados por los gobiernos de las grandes economías del euro para controlar la inflación explican una parte de la brecha entre el norte y el sur. Según Bruegel, el 'think tank' de referencia en la capital comunitaria, los Veintisiete ya han destinado medio billón de euros en el último año. Aunque Alemania es el país europeo que más ha invertido en términos absolutos, los Estados mediterráneos (desde Grecia hasta España, pasando por Italia y Francia) se han gastado más porcentaje del PIB, pese a no verse impactados de una forma tan directa —sobre todo París y Madrid— por el cierre del grifo ruso.

Como explica Carlos Sánchez en este análisis, el IPC está dopado, y sin ese factor tampoco es posible entender las dos velocidades de la inflación. En el caso español, por ejemplo, la mayor desaceleración de los precios en los últimos meses se produjo en abril, coincidiendo con la entrada en vigor el descuento de 20 céntimos por cada litro de gasolina. Antes llegó la rebaja del IVA a la electricidad y después llegaría la misma rebaja para el gas y las subvenciones para el transporte. Todo con un único objetivo: embridar los precios de los hidrocarburos y la luz, principales causantes de la crisis inflacionista en toda Europa. En septiembre, la energía se había encarecido un 40% en la eurozona respecto al mismo mes del año pasado, cuatro veces más que el índice general.

A juzgar por la moderación de 1,2 puntos del IPC que calcula Eurostat para España, la espiral de precios empieza a ofrecer síntomas positivos al sur de los Pirineos. O, al menos, mejores que en el conjunto de las economías de la moneda única, donde el crecimiento de los precios ha acelerado nueve décimas, tres más de lo esperado. Pero no hay que llevarse a engaño: lo que empezó como una espiral energética ya contamina toda la actividad económica, y ahí España sale mal parada. La inflación subyacente, que elimina los elementos más volátiles, se sitúa en el 6,2% en nuestro país, 1,4 puntos por encima de la media de la zona euro. Quizá no nos vaya tan bien como parece; simplemente, esta crisis nos ha cogido en el lado bueno del mapa.

La Europa de la crisis energética marcha a dos velocidades, y esta vez España se encuentra en el lado bueno. La espiral inflacionista, alimentada por los récords del gas tras la invasión de Ucrania, empieza a girar más despacio en el sur del continente, mientras que en el norte acelera a un ritmo preocupante. La zozobra de Alemania, caza mayor del chantaje del Kremlin, contagia al conjunto de la zona euro, donde el coste de la vida ya crece a un ritmo de dos dígitos por primera vez en la historia. En cambio, el índice de precios al consumo (IPC) de nuestro país empieza a dar síntomas de moderación gracias al descenso de la energía y al 'dopaje' de las medidas del Gobierno.

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