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La guerra tenía un precio: la OCDE estima que costará al mundo 2,8 billones de dólares
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INFORME DE OTOÑO

La guerra tenía un precio: la OCDE estima que costará al mundo 2,8 billones de dólares

La guerra, en términos económicos, tiene un precio. Y no será, precisamente, barato. La OCDE calcula un coste de 2,8 billones en crecimiento económico para todo el planeta

Foto: Un barrio de Járkov (Ucrania), destruido por proyectiles rusos. (EFE/Orlando Barría)
Un barrio de Járkov (Ucrania), destruido por proyectiles rusos. (EFE/Orlando Barría)
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La guerra tenía —y tiene— un precio: bajo o nulo crecimiento, alta inflación y costes elevados de la energía, aunque también de los alimentos y de los fertilizantes. Como consecuencia de todo ello, el endurecimiento de la política monetaria tenderá a acelerarse hasta niveles de hace casi dos décadas. El empleo, al menos, todavía da síntomas de fortaleza, aunque ya se observan algunos signos de debilidad.

Este es el horizonte que observa la OCDE sobre la economía mundial para lo que queda de año y, sobre todo, para 2023, que amenaza con convertirse en el peor ejercicio desde el estallido de la burbuja de crédito. Ninguna región se salva, ni siquiera China, que crecerá este año (3,2%) y el próximo (4,7%) menos de la mitad de lo que lo ha hecho en las últimas cuatro décadas. Los países con expectativas más oscuras en Europa son Alemania, Italia, Reino Unido, aunque también el conjunto de la zona euro en términos agregados, dado el fuerte peso que tienen los dos países con peores perspectivas (cerca de un 40% del PIB de la región).

En el caso de las economías avanzadas, habría que remontarse a la anterior crisis financiera para encontrar un panorama tan desfavorable. Y todo ello debido al efecto arrastre que tienen los elevados precios de las materias primas, energéticas y no energéticas, sobre la economía global. En particular, si se materializa el principal riesgo que amenaza a la economía global: la interrupción de los aprovisionamientos de energía, ya sea porque los países —no Rusia— no puedan suministrar suficiente combustible o porque el invierno sea excepcionalmente frío y se agoten rápidamente las reservas existentes (entre un 80% y un 90% en Europa).

Un dato lo dice todo. O casi todo. El coste de la guerra en 2023, según la OCDE, será equivalente en todo el planeta a 2,8 billones de dólares, más del doble que el PIB de España. O lo que es lo mismo, en términos de paridad de poder de compra, es decir, descontada la inflación, la renta mundial caerá un 2%. Y esto en el mejor de los escenarios, porque si hay problemas en el suministro de las materias primas energéticas, en particular el gas, o una “escasez de combustibles”, como los denomina el organismo que agrupa las economías más industrializadas del planeta, el crecimiento en Europa caería un 1,25% adicional en 2023, mientras que el crecimiento mundial, igualmente, se recortaría en medio punto porcentual, con un incremento suplementario de la inflación de 1,5 puntos porcentuales.

Alemania, en recesión

Ante este escenario, lo que recomienda la OCDE es tirar del instrumento más clásico para recortar la oferta monetaria a familias y empresas: subir los tipos de interés, lo que en última instancia provocará menor crecimiento. En Alemania, incluso, habrá recesión en el conjunto del año (-0,7% en 2023). No es de extrañar, por eso, que la OCDE hable en su informe de que la confianza del consumidor ha caído “a niveles sorprendentemente bajos en la mayoría de las economías avanzadas”.

Un indicador adelantado lo expresa con claridad. El indicador principal compuesto de la OCDE se encuentra hoy en el nivel más bajo desde la crisis financiera mundial, salvo una breve caída al comienzo de la pandemia en la primavera de 2020. Y esto es así porque el crecimiento de los salarios nominales no logra mantener el ritmo de la inflación. De hecho, los ingresos de las familias, en términos reales, están cayendo, lo que afecta negativamente al crecimiento del consumo privado, que es el principal componente del avance del PIB.

Entre otras razones, porque tanto los diferentes mercados inmobiliarios como los financieros han comenzado su particular travesía del desierto, lo que en última instancia también afecta a la renta disponible de los agentes económicos, incluido el sector público. Y lo que señalan las curvas de rendimiento de la deuda pública —las rentabilidades en los distintos plazos de vencimiento— es que viene una "recesión cíclica", como lo llama la OCDE, al estar planas o invertidas las rentabilidades, que operan en dirección inversa a los precios (se paga más a corto que a largo).

El empleo, sin embargo, todavía resiste, si bien ya da síntomas de agotamiento. La tasa de paro en Europa todavía se mantiene en los menores niveles desde hace dos décadas (6%), pero el número de vacantes, que es una medida que anticipa lo que puede pasar en el mercado laboral, ha comenzado a descender.

Lo que observa la OCDE es que, en paralelo, aún no hay evidencias de que se esté produciendo una aceleración de los salarios en Europa (al contrario que en EEUU, Reino Unido y Canadá) debido, fundamentalmente, a la escasa implantación de las cláusulas automáticas de revisión salarial, si bien, asegura, “es probable” que el crecimiento de los sueldos se fortalezca. No es el caso de España, donde todavía crecen la cuarta parte (2,5%) que los precios (10,5%), lo que erosiona de forma radical la renta disponible de los hogares.

Foto: El secretario general de la OCDE, Mathias Cormann. (EFE/Elvis González)

La contención salarial, sin embargo, no es óbice para que la inflación continúe en niveles estratosféricos. Se prevé que el IPC general en la zona del euro alcance un máximo de poco más del 9% este año y una media del 6,2% el año próximo, mientras que la subyacente, que elimina los componentes más volátiles, energía y alimentos no elaborados, alcanzará un máximo del 4,5% este año, y caerá por debajo del 4% el año próximo. En todo caso, muy por encima de los objetivos de inflación del BCE, un 2% en el medio plazo.

Los riesgos de la guerra

Lo que preocupa ahora es el impacto que pueden tener los costes de suministro una vez que entren en vigor algunas de las prohibiciones anunciadas por la Unión Europea, como la compra de petróleo ruso (cerca del 2% de la oferta global) a partir de febrero del año próximo o los vetos a la contratación de seguros marítimos para el transporte de crudo, lo que podría añadir más leña al fuego. Si los armadores no pueden asegurar sus cargas, trasladar petróleo es misión imposible. En particular, el diésel, muy dependiente de la oferta rusa. “Estos factores”, llegan a advertir los técnicos de la OCDE, “aumentan el riesgo de que los costos de la guerra para la economía global puedan ser incluso más altos de lo que se suponía en la línea de base”. Es decir, por encima de esos 2,8 billones.

Un último párrafo da idea de hacia dónde se dirige el mundo. Los tipos de interés se situarán en torno al 4,5-4,75% en EEUU, mientras que en Europa, donde la presión de la demanda interna es menor, la tasa principal de financiación se situará en el 4%. Malos tiempos para endeudarse. También para los Estados, de ahí que la OCDE reclame a los gobiernos que sean selectivos a la hora de ayudar a amortiguar la subida de los precios, concentrando las subvenciones en los sectores más vulnerables. Las barra libre de las ayudas está más cerca de acabarse.

La guerra tenía —y tiene— un precio: bajo o nulo crecimiento, alta inflación y costes elevados de la energía, aunque también de los alimentos y de los fertilizantes. Como consecuencia de todo ello, el endurecimiento de la política monetaria tenderá a acelerarse hasta niveles de hace casi dos décadas. El empleo, al menos, todavía da síntomas de fortaleza, aunque ya se observan algunos signos de debilidad.

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