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España está enganchada a pagar con tarjeta: es la Edad de Oro para los 'reyes del datáfono'
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ÉXITO DE UNA INDUSTRIA NO TAN NUEVA

España está enganchada a pagar con tarjeta: es la Edad de Oro para los 'reyes del datáfono'

La pandemia y el miedo al contagio aceleraron un cambio que se nos resistía. Pero el 'boom' de los TPV se ha impulsado gracias a otros factores, tanto financieros como tecnológicos

Foto: Medidas de protección en los taxis en medio de la desescalada. (Cedida)
Medidas de protección en los taxis en medio de la desescalada. (Cedida)

Miguel Álvarez Martos trabajaba en BBVA cuando, en 2009, en el banco les dieron a probar una tecnología que, por aquel entonces, casi nadie en España había probado y que hoy es ubicua: una tarjeta de crédito con 'contactless'. Así que él y unos compañeros fueron a comer a un restaurante cerca del Santiago Bernabéu y, al terminar, pidieron el datáfono. Este disponía de tecnología 'contactless'. Sin embargo, el camarero le detuvo en su intento de pagar y sugirió que mejor metiera la tarjeta en el terminal. En la mente de muchos comerciantes estaba arraigada la idea de que el dinero no se transmite igual por el aire.

Hoy, Álvarez Martos recuerda la anécdota desde su puesto ejecutivo en Worldline, la empresa francesa que en febrero de 2020 compró por 7.800 millones de euros a Ingenico, el principal fabricante mundial de terminales de punto de venta o TPV, lo que habitualmente conocemos como datáfonos. Aún no sabían que aquellas noticias sobre un virus misterioso iban a desembocar en la peor pandemia desde hacía un siglo y que esta iba a desencadenar que en España comenzáramos a usar los datáfonos como auténticos posesos por miedo a contagiarnos con el intercambio de monedas.

placeholder Un datáfono Verifone en un taxi de NYC. (Reuters)
Un datáfono Verifone en un taxi de NYC. (Reuters)

Por aquel entonces, muchas tiendas de alimentación, economatos o restaurantes aún tenían colgados carteles de "importe mínimo para tarjeta". El umbral, absolutamente arbitrario y de dudosa legalidad en algunos casos, estaba normalmente entre 5 y 10 euros. Todo aquello saltó por los aires a partir de marzo de 2020, ese mismo verano, el pago con tarjeta superaba por primera vez al efectivo en un país normalmente reticente a abandonar el papel moneda.

Pero el covid no es el único culpable del 'boom' de los datáfonos. La industria de los fabricantes de terminales está viviendo ahora los mejores momentos de su historia, y tratan de estirarlo, conscientes de que existen varias amenazas en el horizonte que conspiran contra su reinado.

Quién es quién en esta industria

Hay, principalmente, tres empresas que dominan el mercado de datáfonos. La citada Ingenico, fundada en 1980 por Jean-Jacques Poutrel y Michel Malhouitre a las afueras de París, tiene actualmente el 40% del parque mundial de dispositivos TPV. Su principal competidor, Verifone, surgió en 1981 en Hawái. Ambas fueron mejorando durante las últimas cuatro décadas su tecnología para irla adaptando a un mundo que comenzaba a abrazar los pagos con tarjeta, al principio solo en hoteles o grandes superficies y, poco a poco, en cualquier parte con los terminales móviles.

Dos décadas después, en 2001, nació en Shenzhen el tercer principal contendiente: Pax. China comenzaba a crecer a lo bestia y, como tal, introdujo un esquema de pagos que pudiera rivalizar con Visa, Mastercard o American Express: UnionPay. El procesador de pagos y el fabricante de terminales crecieron de la mano, y hoy es un actor global muy importante, sobre todo en mercados emergentes como Asia o Sudamérica, pero también en Estados Unidos y Europa, donde ha empezado a aparecer en fechas recientes.

Tres empresas: Ingenico, Verifone y Pax, dominan casi todo el mercado de datáfonos

Marcos Montes, autor del blog 'Retail and Payments' y una referencia en cuanto a su conocimiento de la industria de estos dispositivos de pago, explica a El Confidencial que "Verifone e Ingenico tienen la misma historia, son compradas por empresas de capital riesgo que intentan sacar lo máximo de ellas", en el caso de Verifone, en 2018, fue vendida por 3.400 millones de dólares a un grupo de inversores llamado Francisco Partners. En España, ambas podrían dominar cerca del 70% del mercado, calcula Montes, "y el otro 30% estaría dividido entre varios fabricantes como Castle, MyPOS o Pax".

Es tentador comparar esta carrera tecnológica entre fabricantes con la de sectores como los 'smartphones', de hecho muchos emplean versiones nativas de Android, pero nada que ver. Aquí no hay un Apple compitiendo contra terminales chinos que tratan de competir reduciendo costes, sino que los tres líderes suelen fabricar con altos estándares de calidad. En el mundo del pago, nadie quiere arriesgarse a ser identificado como poco fiable. "No se andan con reducción de costes en algo tan importante como un chip NFC o como una pantalla", dice Montes. "Entre estos tres constructores y el resto hay un gran salto, lo notas cuando tocas un teclado y está perfectamente, sabes que no va a haber diferencias entre tocarlo hoy y dentro de un año".

placeholder Pago en los comercios con solo acercar el reloj al datáfono. (EFE/Toni Albir)
Pago en los comercios con solo acercar el reloj al datáfono. (EFE/Toni Albir)

Las marcas tienen una competencia feroz entre ellas por mejorar las prestaciones de los datáfonos: "Si comparamos un terminal de 2007 con uno de 2022 hay una gran diferencia en cuanto al procesamiento del pago, en cómo se envía la transacción o en la seguridad del propio terminal", explica este experto, "también tienen más RAM, más procesador y sistemas operativos dedicados al pago". Pero a fin de cuentas, las diferencias entre unos y otros acaban siendo mínimas.

Cómo el datáfono se impuso al billete

A diferencia del sector 'smartphone', lo que marca la diferencia en la industria de los TPV para una u otra empresa es ser capaz de llegar a acuerdos con los bancos para que suministre a los negocios datáfonos de esa marca, o con grandes superficies tipo Zara o Mercadona para instalarlos en sus tiendas.

Los datáfonos ya eran imprescindibles en centros comerciales, grandes supermercados o cadenas de ropa, pero en los últimos dos años han logrado acceder a esos rincones del comercio minorista que aún se les escapaban. En 2020 y 2021 los pagos con tarjeta han aumentado por encima del 27% anual. El dinero en efectivo ha sufrido un triple fusilamiento: miedo al contagio en transacciones con papel moneda, el cierre en cadena de sucursales bancarias (hábitat natural de los cajeros) y la explosión del 'e-commerce'.

Apenas 12 días después del estado de alarma, los principales bancos y procesadores de pago aprobaron elevar el límite sin PIN de pago 'contactless' de 20 a 50 euros. En un principio iba a ser algo temporal, mientras durara la situación de crisis, pero acabó significando el derribo del último peaje hacia la autopista de los pagos virtuales.

Otros, en realidad, ya habían sido derribados antes, allanando el camino. "Los cambios legales y bancarios para esta explosión del pago con terminales TPV ya estaban, pero fue la pandemia la que lo aceleró", dice Álvarez Martos, "especialmente en el pequeño comercio, porque en supermercados o grandes tiendas de 'retail' ya estaba muy implantado".

Las famosas comisiones, responsables de que muchos establecimientos pidieran un importe mínimo de gasto, podían rozar el 4% a principios de este siglo si se pagaba con tarjeta en una discoteca. Pero poco a poco fueron convergiendo en torno al 0,50% y hoy en día prácticamente todos los bancos ofrecen datáfonos, como las operadoras ofrecen un 'router', gratis y con una tarifa plana adaptada a la facturación del negocio, incluso de 10 o 20 euros para pymes y pequeño comercio.

Esto ya existía bastante antes de que el SARS-CoV-2 comenzara a expandirse; de hecho, no ha variado demasiado desde 2016, pero fue necesario un detonante epidemiológico para acelerar el cambio social y que los tenderos cambiaran los carteles de "importe mínimo" por los de "pago con tarjeta recomendado", ya fuera para comprar una barra de pan de 40 céntimos.

¿Han tocado techo los TPV?

La virtualización del dinero, evidentemente, va cuesta abajo y sin frenos. Pero eso no quiere decir que el futuro de los datáfonos como terminales físicos esté asegurado.

"Para las grandes cadenas de supermercados, hipermercados, tiendas de ropa, deportes, muebles... no creo que el terminal físico esté amenazado de aquí a los próximos diez años", opina Montes. "A quien amenaza este tipo de tecnología es a los terminales que encontramos hoy en los pequeños comercios, que no tienen una integración con la caja".

"Para las grandes cadenas no creo que el terminal físico esté amenazado"

Álvarez Martos cree que siempre tendrán un lugar en las grandes cadenas de ropa o alimentación, "porque garantiza una seguridad en la transacción y da confianza al cliente", pero que al mismo tiempo se está dando un movimiento de dos direcciones en el futuro de los pagos: del 'hardware' al 'software' y del fijo al móvil. Si algo odia el dueño de una gran empresa de 'retail' es una cola larga de clientes delante de la caja, porque cualquiera de ellos puede hartarse de esperar, pensárselo dos veces e irse sin comprar, o comprando menos.

"En tiendas de ropa y grandes cadenas minoristas, la tendencia será que cada empleado pueda ser también un punto de pago, con la idea de romper esas largas colas para pagar en caja e incentivar esa compra impulsiva, que al final es la que persiguen este tipo de negocios", apunta.

placeholder Datáfono en un supermercado de San Sebastián. (EFE/Javier Etxezarreta)
Datáfono en un supermercado de San Sebastián. (EFE/Javier Etxezarreta)

Esa es la idea, claro, otra cosa será ver cómo llevan los clientes eso de meter el PIN de su tarjeta en el teléfono móvil de un empleado cualquiera. "Habrá que ver esos cambios sociales, igual que al principio el pago 'contactless' generaba cierta desconfianza en un consumidor acostumbrado a meter la tarjeta", explica el directivo de Worldline, que recientemente ha presentado una aplicación —desarrollada junto a Softpos, una 'start-up' polaca— que permite convertir cualquier 'smartphone' en un datáfono, destinada a los empleados de Correos, especialmente aquellos que trabajan en el mundo rural. Es lo que se conoce como Tap To Pay, ellos lo están usando con Android y Apple ya lo está implementando en Estados Unidos, el campo de pruebas desde el que lanza luego sus productos al resto del mundo.

Esta es exactamente la mayor amenaza para los datáfonos físicos en el momento de su clímax: las soluciones de 'software' que permiten emular sus funciones básicas y están abriéndose camino en pequeños negocios. Por supuesto, esto no es ninguna sorpresa para los grandes 'players' del datáfono, que ya están orientando sus soluciones hacia el 'software'.

A los reyes del datáfono les ha costado 40 años que su apuesta se convirtiera en la tecnología dominante, ahora no van a soltar tan fácilmente su presa.

Miguel Álvarez Martos trabajaba en BBVA cuando, en 2009, en el banco les dieron a probar una tecnología que, por aquel entonces, casi nadie en España había probado y que hoy es ubicua: una tarjeta de crédito con 'contactless'. Así que él y unos compañeros fueron a comer a un restaurante cerca del Santiago Bernabéu y, al terminar, pidieron el datáfono. Este disponía de tecnología 'contactless'. Sin embargo, el camarero le detuvo en su intento de pagar y sugirió que mejor metiera la tarjeta en el terminal. En la mente de muchos comerciantes estaba arraigada la idea de que el dinero no se transmite igual por el aire.

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