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La hostelería se apunta a la subida de precios y anticipa un verano para 'rascarse el bolsillo'
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La mayor inflación en 30 años

La hostelería se apunta a la subida de precios y anticipa un verano para 'rascarse el bolsillo'

En mayo, hoteles, bares y restaurantes estaban cobrando ya un 6,6% más caro que un año atrás, y en junio la hostelería ya es uno de los componentes que más aportan a la inflación

Foto: La playa de La Malagueta. (EFE/Carlos Díaz)
La playa de La Malagueta. (EFE/Carlos Díaz)
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Durante los últimos meses, los economistas han debatido sobre si el episodio inflacionista generaría efectos de segunda ronda e indirectos. Ya es hora de desterrar ese debate: esos efectos están aquí. El esfuerzo intelectual debe centrarse en calcular cuánto durarán y cómo se pueden frenar.

El mejor ejemplo de la existencia de una espiral de precios está en la hostelería. Turistas españoles y extranjeros ya están soportando una gran alza de precios y eso que todavía no ha comenzado la temporada alta. Todos ellos se tienen que preparar para ‘rascarse el bolsillo’. La incorporación de los servicios a la espiral de precios provoca la caída de uno de los bastiones que quedaban sin sucumbir a la inflación. Ahora que la subida ya es generalizada, se produce el temido efecto en espiral, en el que las empresas suben sus precios para protegerse del incremento de costes.

Foto: Imagen de productos en el mercado de Es Claustre de Mahón, Menorca. (EFE)

En junio, el IPC superó la barrera del 10% por primera vez en casi 40 años, según el dato adelantado por el INE el miércoles. Ni siquiera el despliegue de las medidas del Gobierno ha conseguido frenar este proceso de traslación de los costes a precios. Aunque en el dato adelantado no desagrega la inflación por bienes y servicios, Estadística sí explica que uno de los sectores que están acelerando la escalada es precisamente el de la hostelería (bares, restaurantes y alojamientos).

En el mes de mayo, el precio de los servicios turísticos en España fue un 6,6% superior al del mismo mes del año anterior. Se trata de la mayor subida interanual de precios en el sector desde el verano de 1993, hace casi 30 años. Ni siquiera durante la burbuja inmobiliaria ni en el año 2019, cuando la mayor parte de los destinos nacionales estuvieron saturados, se llegó a registrar esta escalada de los precios. En los hoteles, la inflación supera el 45% en esta fase del final de la pandemia y en los bares y restaurantes los precios suben más de un 5%.

Esta escalada de los precios se produce cuando todavía no ha empezado la temporada alta. Los principales destinos turísticos se preparan para un lleno completo este verano gracias a la gran demanda que existe de viajeros nacionales e internacionales. La existencia de una importante bolsa de ahorro, en especial en los países europeos, y la situación sanitaria y geopolítica complicada que tienen otros destinos que compiten con el Mediterráneo europeo hacen que las expectativas sean muy positivas. Y ante la previsión de una gran demanda, los hoteles se preparan para hacer su agosto también en julio y septiembre.

“La mejoría avanza a marchas forzadas”, escribía Alberto Gimeno, profesor de la escuela OBS Business School, hace unas semanas, en un informe en el que ya anticipaba un fuerte crecimiento del sector durante el verano. Este ‘boom’ de demanda espolea la subida de precios y es el mejor indicio para comprender que la inflación ya no es consecuencia exclusiva de los costes energéticos.

Realmente la demanda va a exceder a la oferta este año, de modo que los hosteleros van a poder subir sus precios sin perder cuota de mercado. Además, los clientes ya están predispuestos a aceptar tarifas más altas y no renunciarán a un viaje simplemente porque haya subido su precio. Es posible que una parte de las rentas bajas sí tenga que renunciar a las vacaciones que quiere, pero por lo visto hasta la fecha, esto no está lastrando las reservas.

Foto: Foto: EC.

La escalada de precios en la hostelería no se justifica por el aumento de los costes, ya que no está tan afectada por los precios energéticos o de las materias primas como la industria, la construcción, la agricultura o los transportes. Lo que está ocurriendo es que la demanda es tan fuerte y las reticencias a las subidas de precio tan bajas, que las empresas están aprovechando la oportunidad para mejorar sus cuentas. Máxime después de dos años de pandemia en que han sufrido profundas pérdidas.

Estos datos coinciden con la interpretación que ya ha hecho el Banco Central Europeo (BCE) de la economía europea. El proceso inflacionista actual no solo responde a la crisis energética, también es consecuencia del crecimiento de la demanda. En este escenario, su política monetaria va a ser una subida continua de los tipos de interés para enfriar la economía.

El IPC adelantado de junio se dispara al 10,2%

España todavía tiene por delante un verano de gran repunte de la demanda gracias al turismo, pero a partir del próximo otoño se percibirá la debilidad. Máxime si se tiene en cuenta que la situación financiera de las familias en España no es tan holgada como en otros países europeos y que los salarios están perdiendo mucho poder adquisitivo. Y todo ello sin que Rusia pulse el botón de cerrar el suministro de gas. En definitiva, los europeos aprovecharán el verano para disfrutar de las vacaciones antes de que lleguen los nubarrones que amenazan a la economía para el próximo otoño.

Durante los últimos meses, los economistas han debatido sobre si el episodio inflacionista generaría efectos de segunda ronda e indirectos. Ya es hora de desterrar ese debate: esos efectos están aquí. El esfuerzo intelectual debe centrarse en calcular cuánto durarán y cómo se pueden frenar.

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