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El efecto secundario de retrasar la edad de jubilación: eleva el riesgo de morir antes de los 70
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Las políticas frente al envejecimiento

El efecto secundario de retrasar la edad de jubilación: eleva el riesgo de morir antes de los 70

Un estudio muestra que aumentar un año la edad de retiro eleva en cinco puntos el riesgo de fallecimiento, en especial en ocupaciones de riesgo, estrés y baja satisfacción profesional

Foto: Dos jubilados pasean en Bilbao. (EFE/Luis Tejido)
Dos jubilados pasean en Bilbao. (EFE/Luis Tejido)

El envejecimiento es uno de los grandes desafíos económicos a los que se enfrentan las economías desarrolladas. Una de las soluciones para combatirlo es retrasar la edad de jubilación, de modo que se consiguen dos objetivos, ampliar el tiempo de cotización de los trabajadores y reducir el de cobro de la pensión. Una nueva evidencia científica, en este caso centrada en España, muestra que la prolongación de la edad laboral aumenta el riesgo de fallecimiento para las personas que se encuentran en torno a la edad de jubilación.

Los nuevos datos proceden de un estudio publicado por Fedea en el que se analizan los resultados que tuvo la Ley General de la Seguridad Social del año 1967. De esa reforma ha pasado más de medio siglo, pero es el tiempo necesario para analizar cómo evolucionó la mortalidad en la cohorte afectada por el cambio normativo respecto a los que se libraron de esta norma. En concreto, en esta ley se reconocía el derecho a solicitar la jubilación anticipada a los 60 años para quienes hubiesen cotizado antes del 1 de enero de 1967, mientras que, para el resto, la jubilación ordinaria se haría a los 65 años. Este cambio permite comparar cómo evolucionó la esperanza de vida para unos ciudadanos y otros que eran de la misma generación.

Foto: La marea pensionista en Barcelona. (EFE/Enric Fontcuberta)

Los investigadores, Cristina Belles, Sergi Jiménez y Han Ye, utilizan datos del panel administrativo de la Seguridad Social, esto es, estudian las trayectorias reales de trabajadores que empezaron a cotizar justo antes y justo después de la reforma. La ventaja de esta fuente de información es que permite corregir los datos de efectos composición, como el tipo de actividad de los trabajadores, su edad o la salida del mercado laboral por otras vías como la jubilación parcial. Todos ellos factores que afectan de forma decisiva a la esperanza de vida.

Una vez corregidos todos estos efectos fijos, los investigadores detectaron que retrasar un año la edad de jubilación eleva el riesgo de morir entre los 60 y los 69 años en cinco puntos porcentuales. Esta cifra implica un aumento del riesgo de fallecimiento del 50%. Esto es, tiene un efecto significativo sobre la esperanza de vida de los trabajadores.

"El retraso en la edad de jubilación está relacionado con mayor mortalidad"

“En todos nuestros cálculos, retrasar la edad de jubilación está relacionado de forma negativa y significativa con mayor mortalidad”, escriben los autores del estudio. Esta correlación probablemente estará inflada, porque los trabajadores con peor salud tienden a adelantar su retiro —en especial, con pensiones de incapacidad o con coeficientes que permiten anticipar su salida (como en el caso de la minería)—. Sin embargo, el efecto estadístico es muy relevante como para que no exista una relación causal entre el retraso de la edad de jubilación y el riesgo de fallecimiento.

Si se analiza el grupo de edad de 50 a 86 años (así se limita el efecto de la jubilación temprana), la probabilidad de fallecimiento aumenta en 8,3 puntos porcentuales, pasando del 30% al 39%. Esto es, supone un aumento del riesgo de fallecimiento del 27%.

¿A quién afecta?

Una de las aportaciones más relevantes del estudio es que permite analizar en qué casos se produce este aumento en el porcentaje de fallecimientos. Los investigadores detectaron cuatro características del puesto de trabajo que incrementan de forma significativa los niveles de mortalidad: las profesiones de riesgo, las que requieren esfuerzo físico, las que conllevan un elevado nivel de estrés y las que generan poca satisfacción profesional.

En el caso de las profesiones que tienen mayor siniestralidad, los investigadores encuentran que la mortalidad entre los 60 y los 69 años provocada por el retraso de un año en la edad de jubilación es 6,7 puntos porcentuales superior (un 57% más), mientras que en los sectores con baja siniestralidad el incremento es de menos de la mitad, de tres puntos porcentuales. Es comprensible que así sea, ya que el tiempo de permanencia en el trabajo aumenta la exposición al riesgo de un accidente laboral.

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Una situación similar ocurre con las profesiones que requieren un mayor esfuerzo físico. En las actividades manuales, el riesgo de fallecimiento se incrementa en 6,6 puntos (un 68% más), ya que el deterioro de su condición física empeora por la permanencia en el empleo. Por el contrario, en las actividades que requieren un bajo esfuerzo físico (empleos de oficina), el aumento de la mortalidad es de menos de la mitad, de 3,2 puntos.

Pero las condiciones psicológicas del puesto de trabajo también inciden en la mortalidad por el retraso de la edad de jubilación. En las profesiones con una elevada carga de estrés, el porcentaje de fallecimientos se eleva en 5,3 puntos (un 50% más) como consecuencia del retraso de un año en la edad de jubilación. Un dato que revela que la presión en el trabajo genera efectos negativos sobre la salud.

Además, si los trabajadores se encuentran en actividades que tradicionalmente reportan bajos niveles de satisfacción profesional (medido como logros y reconocimiento con la metodología O*NET), el riesgo de fallecimiento se incrementa. Los sectores en los que se reportan los mayores niveles de satisfacción son el sector artístico, el financiero o el científico. Por el contrario, los que están en peor posición son la hostelería, la educación, la información y el trabajo en el hogar.

En las actividades con peor nivel de satisfacción, el riesgo de fallecimiento se incrementa en 6,4 puntos (un 60% más), mientras que el efecto es insignificante en las actividades más reconfortantes.

Una solución es permitir la reducción del trabajo en las edades próximas a la jubilación

Estos datos contradicen una de las opiniones generalizadas de que las personas que alargan su vida laboral viven más. Esa correlación está afectada por el efecto composición: al observar datos agregados, quienes alargan voluntariamente el trabajo son rentas altas de profesiones con una baja carga física, grupos sociales con mayor esperanza de vida. Por eso, este análisis de Fedea permite combatir esa percepción con datos de los registros individuales de la Seguridad Social que permiten corregir las estadísticas de todos estos factores y comparar individuos con las mismas características laborales.

Es cierto que este estudio se refiere a una legislación adoptada hace más de medio siglo y los propios autores reconocen que los efectos podrían ser algo diferentes en las generaciones actuales. Sin embargo, sí advierten de que es importante comprender que existen estos efectos secundarios a la hora de diseñar las políticas públicas.

Foto: El ministro de la Seguridad Social, José Luis Escrivá. (EFE/Javier Etxezarreta)

Además, muestran un posible camino para elevar la edad de jubilación y minimizar el incremento de la mortalidad: la jubilación parcial. Los autores detectan que los trabajadores sénior que reducen su carga de trabajo en las edades próximas a la jubilación consiguen rebajar el riesgo de fallecimiento.

En concreto, los autores analizan las tasas de mortalidad de los trabajadores que, con al menos 33 años cotizados, pudieron acogerse a la jubilación parcial frente a los que no pudieron. El resultado es que aquellos que pudieron reducir su carga de trabajo vieron incrementada su tasa de mortalidad en 1,6 puntos porcentuales, mientras que los que no tuvieron este derecho sufrieron un incremento de la mortalidad de 8,9 puntos porcentuales. Esto es, casi seis veces más.

Esta evidencia también es muy relevante a la hora de diseñar las políticas públicas. Los autores escriben: “Los efectos adversos sobre la salud pueden mitigarse, permitiendo la jubilación anticipada para ciertos tipos de individuos (con trabajos física o mentalmente agotadores) e introduciendo la posibilidad de reducir el tiempo de trabajo para los trabajadores de más edad al final de su carrera”. Una distinción que puede ser sencilla desde el plano teórico, pero que podría generar polémica a nivel político y social, al generar derechos y obligaciones diferentes entre profesiones.

El envejecimiento es uno de los grandes desafíos económicos a los que se enfrentan las economías desarrolladas. Una de las soluciones para combatirlo es retrasar la edad de jubilación, de modo que se consiguen dos objetivos, ampliar el tiempo de cotización de los trabajadores y reducir el de cobro de la pensión. Una nueva evidencia científica, en este caso centrada en España, muestra que la prolongación de la edad laboral aumenta el riesgo de fallecimiento para las personas que se encuentran en torno a la edad de jubilación.

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