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El IPC repunta en mayo por el fiasco de la ayuda al combustible y a la espera del tope al gas
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DATO REVISADO del INE

El IPC repunta en mayo por el fiasco de la ayuda al combustible y a la espera del tope al gas

La subida de los carburantes explica la mitad del encarecimiento de la cesta de la compra en el último mes. El índice general escala al 8,7% y la subyacente bate su récord desde 1995

Foto: Una terraza en el barrio de Malasaña. (Getty/Carlos Álvarez)
Una terraza en el barrio de Malasaña. (Getty/Carlos Álvarez)

La bajada de 1,5 puntos en abril fue un espejismo. El fiasco de la ayuda al combustible protagoniza un nuevo repunte del índice de precios al consumo (IPC), cuyo dato interanual escaló cuatro décimas en mayo, hasta el 8,7%. Sin embargo, la cifra mensual ilustra mejor lo que ha pasado: de las ocho décimas de aumento respecto a abril, el mayor desde 2018, 0,354 se explican por el encarecimiento de los carburantes, según el dato revisado que ha dado a conocer este viernes el Instituto Nacional de Estadística (INE). La medida estrella del Gobierno para combatir la inflación hace aguas, a la espera de que en junio se empiece a notar parte del efecto del tope al gas para la producción eléctrica.

Mientras la gasolina bate récords históricos a pesar del descuento, el conjunto de los carburantes y lubricantes —que es el dato que ofrece el INE— se encareció un 5,8% respecto al mes anterior, lo que, unido al aumento de los productos frescos (la fruta se disparó un 5,9%) y las prendas de vestir, deja la ligera bajada de la electricidad (-2,9%) en una anécdota. Si hasta ahora el precio de la luz había sido el gran culpable de un 'rally' que llegó a su punto máximo en marzo (9,8% interanual), el nuevo escenario sitúa a los combustibles como principales aceleradores de la espiral inflacionista en nuestro país, más intensa que en el conjunto de la eurozona.

De cada dos euros que se encareció la llamada cesta de la compra, uno viene del sablazo que sufren los españoles cada vez que van a repostar. La gasolina ya se ha comido todo el descuento de 20 céntimos, que entró en vigor el 1 de abril y provocó un efecto balsámico que no ha tardado en diluirse, mientras crecen las sospechas, de momento no comprobadas por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), de que las estaciones de servicio están aprovechando la ayuda para aumentar sus márgenes.

Sin embargo, el Gobierno aún guarda una bala en la recámara para controlar la inflación. Es el tope al precio del gas para la producción eléctrica, que ya debería haber estado en funcionamiento en mayo, pero se ha ido retrasando a la espera de Bruselas. La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, vaticinó este jueves que la medida podría bajar la inflación entre 0,8 y 1 puntos, dado que el valor de la factura regulada (PVPC), gran beneficiado por el tope, es el único que tiene en cuenta el INE a la hora de calcular la electricidad en el IPC. El Banco de España rebaja esa previsión a la mitad. Para saberlo habrá que esperar a finales de junio, cuando se ofrezca el dato adelantado de este mes, aunque la medida solo estará en vigor durante la segunda mitad del mismo.

La subyacente, 'contagiada'

El dato revisado de este viernes no cambia respecto al de hace dos semanas; tampoco para la inflación subyacente, que escala al 4,9%, su valor más alto desde octubre de 1995. La brecha entre esta y el índice general se ha ido estrechando en los últimos meses, lo que indica que la espiral inflacionista iniciada por la subida de la luz se está trasladando al conjunto de la economía.

Otro dato preocupante es el de los alimentos: marcaron su mayor subida interanual de la serie histórica, que comienza en 1994 (11%, seis décimas más que en abril), con el aceite de oliva (36,5%) los huevos (25,3%), la leche (16,5%) o los cereales (16,3%) encaramados en los dos dígitos. Sin embargo, el citado tope y el llamado efecto base —la escalada de precios empezó en el verano pasado, y con esos datos se hará la comparación durante los primeros meses— hacen confiar al Gobierno en que el récord de marzo permanezca imbatido.

La ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, estimó este jueves que las medidas del Ejecutivo han servido para bajar la inflación entre dos y tres puntos. España sufriría tasas de dos dígitos si el Ejecutivo no se hubiera gastado miles de millones de euros en embridar los precios, como le empiezan a recriminar organismos como el Consejo Económico y Social, el Banco de España o el Fondo Monetario Internacional. Todos ellos recomiendan centrar las ayudas en los más débiles y dejar a la política monetaria el control de precios, pero el Gobierno se dispone a mantener su hoja de ruta intacta con la extensión del decreto para paliar los efectos económicos de la guerra. La subida de tipos que va a emprender el Banco Central Europeo también ayudará a contener la espiral inflacionista, aun a costa de ralentizar la incipiente recuperación. Un último dato se esconde en la letra pequeña del INE: sin rebajas de impuestos como el de la luz, el IPC estaría ahora en el 9,6%, nueve décimas más.

La bajada de 1,5 puntos en abril fue un espejismo. El fiasco de la ayuda al combustible protagoniza un nuevo repunte del índice de precios al consumo (IPC), cuyo dato interanual escaló cuatro décimas en mayo, hasta el 8,7%. Sin embargo, la cifra mensual ilustra mejor lo que ha pasado: de las ocho décimas de aumento respecto a abril, el mayor desde 2018, 0,354 se explican por el encarecimiento de los carburantes, según el dato revisado que ha dado a conocer este viernes el Instituto Nacional de Estadística (INE). La medida estrella del Gobierno para combatir la inflación hace aguas, a la espera de que en junio se empiece a notar parte del efecto del tope al gas para la producción eléctrica.

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