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Cómo Moscú ha sobrevivido al embargo y saca los colores a Occidente
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LA ECONOMÍA CAMINA HACIA LA ESTABILIDAD

Cómo Moscú ha sobrevivido al embargo y saca los colores a Occidente

Tres meses después, lo que parecía imposible está camino de suceder. La economía rusa, por el momento, sobrevive a las sanciones. El rublo sube, los tipos bajan y el superávit por cuenta corriente se dispara

Foto: Foto: Reuters.
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Hace unos días, el ministro de Economía alemán, Robert Habeck, se hacía la pregunta clave para entender el éxito o el fracaso de las sanciones contra Rusia. “Siempre tenemos que pensar si los pasos que estamos dando están haciendo más daño a Putin o a nosotros mismos”, dijo Habeck refiriéndose al célebre ‘qué hacer’ cuando un embargo puede tener las mismas consecuencias que escupir al cielo.

La respuesta del vicecanciller alemán fue la más pragmática, la que corresponde a un país obligado a nadar y guardar la ropa por su dependencia energética: “Si hay una recesión mundial o una recesión en Alemania, ¿quién ayudará a Ucrania entonces?”, se preguntó Habeck de una manera un tanto cruda y sin duda sincera.

Este razonamiento puede explicar que el embargo a la economía rusa, por el momento, esté dando magros resultados. El rublo ha recuperado los niveles previos al 24 de febrero y es hoy la moneda más revalorizada del mundo en lo que va de año; la balanza de pagos rusa da señales de una inusitada fortaleza gracias a la venta de materias primas (95.800 millones de dólares de superávit en el primer cuatrimestre, cuatro veces más que en igual periodo del año pasado), e, incluso, la dura política monetaria y cambiaria impuesta por las autoridades rusas nada más estallar la guerra da señales de suavización. El banco central acaba de rebajar el precio del dinero hasta el 11%, frente al 14% anterior.

No es que Rusia no vaya a sufrir, y, de hecho, es muy probable que el PIB se contraiga este año alrededor de dos dígitos, entre un 8% y un 12%, aunque el Ministerio de Economía hable de un -7,8%, sino que la expectativa de un desplome de la actividad y alta conflictividad o, al menos, fuerte malestar social por su dependencia de productos y servicios extranjeros no se ha producido. La tasa de desempleo se sitúa en el 6,7%, por encima del 4,8% del año pasado.

Y no se ha producido, probablemente, por lo que comenta en privado un diplomático español con muchos años viviendo en San Petersburgo: los rusos gastan como si no hubiera mañana cuando tienen dinero, pero cuando carecen de rublos poseen una enorme capacidad de sacrificio. Pero también por una realidad que a veces se escapa. China e India, que se abstuvieron en la condena de Naciones Unidas a la invasión, y que son grandes consumidores de hidrocarburos, necesitan ingentes cantidades de petróleo, y Rusia puede satisfacer la demanda de crudo —y de otras materias primas— a precios de derribo.

Los ‘amigos’ de Putin

Ni Pekín ni Nueva Delhi, como medio mundo, han impuesto sanciones. Hasta la OPEP, como ha dicho su secretario general, está encantada de que Rusia colabore con el cártel, aunque no sea socio formal. Incluso Arabia Saudí, socio estratégico de EEUU en Oriente Medio, se ha mostrado a favor de colaborar con Moscú en todo momento.

No es de extrañar, por eso, ante la escasa utilidad de las sanciones, que en las últimas semanas se haya extendido la idea, defendida por Janet Yellen, la secretaria de Estado de EEUU, de imponer algún tipo de arancel al petróleo ruso para impedir que su elevado precio eleve la inflación. Algunos estudios, como el del catedrático Vicente Esteve, de la Universidad de Valencia, han encontrado evidencias —la tesis también la defienden economistas de prestigio como Daniel Gross o Ricardo Hausmann— de que sancionar a Rusia con un arancel alto sobre las exportaciones de Gazprom disminuiría de forma significativa los ingresos de Rusia y no impondría ningún carga económica a la Unión Europea, sino todo lo contrario, sin necesidad de provocar un embargo que es rechazado por algunos socios, como la Hungría de Orbán.

Foto: Foto: EPA/Maxim Shipenkov.

Pero mientras eso llega, si algún día se materializa, hay un dato que lo dice casi todo. Según el Banco Central de la Federación Rusa, otra cosa es que las estadísticas sean fiables, ya en abril se ha estabilizado la financiación de la banca, que lejos de estar bloqueada sigue operando en muchos países. De las sanciones, incluso, se ha salvado Sberbank, que es la entidad financiera más grande de Rusia y de Europa oriental, lo que explica que, sumando los activos bloqueados tanto por EEUU como por Europa, algo más de un tercio del sistema financiero ruso (el 36%) sigue operando con normalidad. Entre ellos, Gazprombank, el tercer banco más grande del país.

Lo que está ocurriendo es muy simple y es consecuencia del ajuste. La entrada de depósitos en rublos de los hogares, 1,3 billones de rublos (unos 20.600 millones de euros), ha podido compensar casi por completo la salida total registrada en febrero y marzo, lo que ha permitido reducir la cantidad de préstamos del banco central al nivel anterior a la crisis.

Como se sabe, esta fue la solución de emergencia que articularon las autoridades rusas para evitar una fuga de capitales. Algo que a su vez ha hecho posible una relajación de la política monetaria, al tiempo que se ha conseguido un cierto estímulo de la demanda. Putin, para evitar contestación interna, ha prometido subir el salario mínimo y mejorar las condiciones económicas de los militares. El tipo de cambio del rublo frente al dólar, de hecho, es el más favorable a la moneda rusa desde hace cuatro años. La obligación de pagar en rublos, incluso el petróleo y el gas, puede explicar lo que está ocurriendo.

Un rublo más fuerte

Al principio de la invasión, los tipos de interés alcanzaron un máximo del 20%, pero hoy, y gracias a que la apreciación del rublo permite reducir la inflación, el banco central ha consolidado sucesivos recortes que permiten endeudarse a los agentes económicos, lo que alienta la actividad.

El superávit exterior, igualmente, en parte por la caída de las importaciones, ha permitido mejorar el saldo comercial, que se sitúa, de hecho, en niveles máximos desde 1994. De nuevo, por el encarecimiento de los hidrocarburos y los fertilizantes, un mercado en el que Rusia es un actor clave. Menos importaciones, sin embargo, suponen restricciones al consumo y la inversión, de ahí que la clave de bóveda de la utilidad de las sanciones sea saber hasta cuándo aguantará la resistencia rusa. Aunque en el país no se puede hablar de desabastecimiento significativo, lo cierto es que el tejido productivo nota ya la falta de mercancías, lo que ha favorecido una especie de autarquía, algo a lo que están muy acostumbrados los rusos. Hace apenas 30 años, su comercio con Occidente era muy limitado.

Rusia se está encerrando tanto en sí misma que, para evitar que sea declarada en quiebra, ha optado por vender parte de su flota mercante. Este es el caso del grupo naviero más grande de Rusia, Sovcomflot, que ha vendido a sus prestamistas occidentales buques propiedad del Kremlin para así poder regresar a los mercados internacionales una vez que se levanten las sanciones. El impago les habría sacado del mercado. Según 'Financial Times', se ha completado la venta de al menos 20 buques, aunque la compañía solo informa de 12 barcos, o el 10% de su flota. Una verdadera paradoja —el posible ‘default’ de Rusia— cuando Occidente ha embargado la mitad de sus reservas, más de 300.000 millones de dólares. Le quedan a Moscú otros 275.000 millones.

Es verdad que el precio del dinero es todavía alto (11%), pero conviene tener en cuenta que, según las autoridades de Moscú, la inflación —con datos hasta el pasado 20 de mayo— se sitúa hoy en el 17,5% por un problema evidente de oferta debido al embargo.

Foto: Manifestante, con una pancarta de 'Paren a Putin' en Lausana, Suiza. (EFE)

Lo que está sucediendo, ni más ni menos, es que los rusos, por motivos de precaución, están gastando menos, y los fondos están engordando los depósitos en rublos a plazo fijo en un contexto en el que la actividad crediticia (principalmente la hipotecaria) se contrae, lo que a su vez limita los riesgos inflacionistas. En última instancia, esto es lo que está permitiendo relajar las condiciones monetarias. El Banco de Rusia espera que la inflación anual se sitúe entre el 5% y el 7% en 2023, y que baje hasta el 4% en 2024. Obviamente, todo está condicionado a la evolución de la guerra.

Esto es posible porque la principal fuente de ingresos de Rusia, los hidrocarburos y el resto de materias primas, sigue sin sufrir de forma dolorosa, lo que plantea un escenario impensable hace pocos meses. El reto es saber quién podrá aguantar más el pulso: los ciudadanos de Occidente o los de Rusia. Para los primeros es una novedad, en los segundos es una larga tradición.

Por el momento, lo que ha dicho recientemente el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, es que no excluye el riesgo de que este invierno “nos enfrentemos a un racionamiento de gasolina”, de ahí que esté asesorando a varios gobiernos europeos para que preparen un “plan de contingencia”. Mientras que a Europa se la castiga con inflación, Rusia es castigada con restricciones al consumo. Mientras que los bancos ya no entregan recibos por la escasez de papel, los fabricantes de ropa se están quedando sin botones, como señalaba hace pocos días ‘The New York Times’. El pulso no ha hecho más que comenzar.

Hace unos días, el ministro de Economía alemán, Robert Habeck, se hacía la pregunta clave para entender el éxito o el fracaso de las sanciones contra Rusia. “Siempre tenemos que pensar si los pasos que estamos dando están haciendo más daño a Putin o a nosotros mismos”, dijo Habeck refiriéndose al célebre ‘qué hacer’ cuando un embargo puede tener las mismas consecuencias que escupir al cielo.

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