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La industria europea no sale de una crisis para meterse en otra
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Sufre una nueva recaída

La industria europea no sale de una crisis para meterse en otra

La guerra de Ucrania, la escasez de suministro y los problemas de mano de obra han terminado provocando una recaída de la producción de la industria manufacturera

Foto: Fábrica de automóviles.
Fábrica de automóviles.
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La industria europea es la joya de la corona del viejo continente. Fue su gran revolución para convertirse en el centro económico del mundo y, casi tres siglos después, sigue sosteniendo el superávit comercial de la Unión Europea. Sin embargo, es una joya que ha dejado de brillar. A los problemas estructurales que arrastra desde finales del siglo XX se suma ahora una crisis permanente de caídas y recaídas que ha impedido recuperar los niveles de producción existentes antes de la quiebra de Lehman Brothers.

La última piedra en el camino es la guerra en Ucrania. La crisis energética se está comiendo los márgenes de la industria manufacturera y está complicando aún más el funcionamiento de las cadenas de suministro. El resultado es que en marzo, primer mes completo en una coyuntura de guerra, la producción de la industria manufacturera de la eurozona sufrió una recaída del 1,6% (con datos deflactados). Alemania lideró el descenso de la producción con una caída del 4,6% y España también se situó entre los más golpeados con una pérdida de producción del 1,4%.

Foto: Humo provocado por las protestas en la fábrica de Nissan de Barcelona. (EFE)

Esta recaída ha provocado que los niveles de producción de la industria europea se sitúen por debajo de los niveles del año 2021. El final de la pandemia no solo no ha generado un rebote de la actividad en las fábricas, sino que incluso se ha contraído. El volumen producido en la eurozona es casi un 1% inferior al de hace un año arrastrado por un descenso del 4% en Alemania.

La guerra en Ucrania ha sido la puntilla para la recuperación de la industria tras la pandemia. De hecho, durante los peores meses del covid, la actividad en las fábricas fue una de las pocas actividades que sostuvo la economía. En un primer momento, porque una buena parte de la industria fue declarada esencial, como es el caso de la farmacéutica, la alimentaria o la química. Y, posteriormente, porque no sufrió la misma caída de la demanda que los servicios al contar con la opción del comercio electrónico.

Pero la recuperación de la industria se frenó hace un año y desde entonces no levanta cabeza. La ruptura de las cadenas globales de valor provocó ya en 2021 un gran desabastecimiento de productos intermedios y de maquinaria en las fábricas europeas. Estos problemas se mantienen en el año 2022, de hecho, se han agravado como consecuencia de la guerra en Ucrania, que ha bloqueado dos mercados importantes en el suministro de materias primas industriales.

El resultado es que más de la mitad de las empresas industriales de la eurozona declara tener problemas de suministro que limitan su actividad. En Alemania la situación es dramática: casi el 80% de las empresas sufren escasez de materias primas y maquinaria. En el caso de España, la cifra no es tan grave, pero igualmente es el peor dato de toda la serie histórica: el 31% de las empresas tiene problemas de suministro.

Los directivos del sector confiaban en recuperar progresivamente la normalidad a partir de esta primavera, pero la realidad es que la coyuntura apunta a un empeoramiento de las cadenas de valor. No solo la guerra en Ucrania dificulta el suministro, también la política de 'covid cero' de China ha llevado al país a confinar una buena parte de las ciudades del sureste del país, donde se concentra el flujo comercial. Esto explica que las últimas encuestas de situación al sector manufacturero muestren una preocupación creciente entre los directivos.

Así lo revelan los datos de la encuesta PMI a los gestores de compras de las empresas de la eurozona: "Las empresas encuestadas continuaron informando de la escasez generalizada de numerosas materias primas y componentes, aunque también mencionaron los problemas del transporte a raíz de la guerra en Ucrania y del endurecimiento de las restricciones por el covid en China. En general, la magnitud en que los plazos de entrega se alargaron fue considerable", explica S&P en los resultados de la encuesta.

La ausencia de suministros está provocando una rápida subida de los precios de los bienes intermedios. Las empresas están trasladando parte de estos costes a sus clientes, lo que genera tensiones inflacionistas y empieza a expulsar a una parte de los consumidores. "Las expectativas de producción futura siguen siendo muy moderadas y la desaceleración en el crecimiento de los nuevos pedidos es indicativa de una caída de la producción manufacturera en la zona euro", anticipa S&P Global. En España, por ejemplo, el 41% de las empresas declara tener problemas de demanda que limitan su producción, según la encuesta trimestral de la Comisión Europea.

A todos estos problemas, se ha sumado uno recientemente que también es herencia de la pandemia: la ausencia de trabajadores. La industria está acostumbrada a lidiar con problemas para encontrar mano de obra cualificada, pero en esta fase de la recuperación ha dado un salto cuantitativo. El 27% de las empresas europeas declara tener problemas para cubrir sus vacantes, cifra que escala hasta casi el 40% en Alemania, cinco veces más de lo que era habitual antes del covid.

La pandemia ha provocado dos fenómenos que causan estos problemas de personal. El primero es la congelación de los flujos migratorios durante todos los meses en los que las fronteras estuvieron cerradas. En Europa, los problemas demográficos del envejecimiento obligan a renovar su población activa con trabajadores extranjeros. Sin ellos no hay fuerza laboral suficiente para cubrir las vacantes. El segundo es la 'gran renuncia' de trabajadores por la pandemia. Sobre esta hipótesis se ha escrito mucho en los últimos meses, pero la realidad es que no hay gran evidencia que la sustente.

Foto: Foto: iStock Opinión

En España, como es comprensible, apenas existen problemas con la mano de obra dada la gran tasa de desempleo que tiene el país. Apenas el 7% de las empresas industriales declara tener problemas para encontrar trabajadores.

La suma de todos estos factores explica que la producción industrial se mantenga todavía lejos de los niveles previos a la pandemia. En concreto, la eurozona está todavía un 3% por debajo de los niveles registrados en 2019, con España un 5% abajo y Alemania hundida un 12% abajo. La industria es, junto con la hostelería, el lastre de los países en la salida de la crisis. De hecho, en Alemania ha sido tan intensa que ha arrastrado al estancamiento económico desde el final del pasado verano.

El turismo tiene todavía más camino para volver a los niveles previos a la pandemia que la hostelería; sin embargo, su tendencia es mucho más favorable. Todo apunta a que la próxima temporada alta será muy favorable para el turismo. Por el contrario, la industria tiene por delante un camino plagado de obstáculos: crisis energética, covid en China, subida de los costes financieros, problemas variados de producción, etc.

Pero esta no es una situación extraña para la industria europea. De hecho, parece que vive desde finales del siglo XX encadenando una crisis con otra. Muchos de los países europeos aún no han recuperado los niveles de producción que tenían en el año 2007 en pleno pico de la burbuja inmobiliaria. El dato del empleo en la industria es, probablemente, el más clarificador: la industria manufacturera ha destruido casi 700.000 empleos desde el año 2008 según los registros de la EPA, lo que supone la pérdida de más del 22% de la ocupación.

Se trata, por tanto, de una larga crisis en la industria europea que no ha conseguido recuperarse de la deslocalización hacia los países emergentes. La inversión en las últimas décadas ha agonizado. El sector privado, porque buscaba regiones con menores costes de producción y derechos laborales, y el público, por la supremacía de la idea de evitar las ayudas de estado.

Pero donde ha fracasado estrepitosamente Europa es en la transición hacia la digitalización. Las grandes empresas que dominan ahora el mundo tienen bandera estadounidense o china, pero ninguna europea. El ocaso de Kodak que no fue capaz de adaptarse a las cámaras digitales es el mejor ejemplo del declive de la industria europea.

Han sido necesarios quince largos años de estancamiento en la industria para que los países europeos hayan decidido poner en marcha una política industrial común centrada en la transición ecológica y la digitalización. Una apuesta estratégica para recuperar parte del esplendor de la industria europea que hoy agoniza.

La industria europea es la joya de la corona del viejo continente. Fue su gran revolución para convertirse en el centro económico del mundo y, casi tres siglos después, sigue sosteniendo el superávit comercial de la Unión Europea. Sin embargo, es una joya que ha dejado de brillar. A los problemas estructurales que arrastra desde finales del siglo XX se suma ahora una crisis permanente de caídas y recaídas que ha impedido recuperar los niveles de producción existentes antes de la quiebra de Lehman Brothers.

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