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La inflación se come el ahorro embalsado y desactiva la bala de plata de la recuperación
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Golpe de realidad para Europa

La inflación se come el ahorro embalsado y desactiva la bala de plata de la recuperación

La esperanza de un rápido crecimiento del consumo por el ahorro acumulado durante la pandemia se desvanece. Las familias utilizarán este colchón para amortiguar la pérdida de poder adquisitivo

Foto: Imagen de una estación de servicio en Valladolid. (EFE/Nacho Gallego)
Imagen de una estación de servicio en Valladolid. (EFE/Nacho Gallego)
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Hace no mucho tiempo los hogares, e incluso algunos economistas, fantaseaban con repetir los 'locos años veinte'. La pandemia remitía y el ahorro embalsado de las familias y el Programa de Recuperación anticipaba un 'boom' de demanda en Europa. Las expectativas económicas de los hogares superaron en la primavera de 2021 los niveles máximos de la burbuja inmobiliaria, parecía que por fin terminarían los tres largos lustros de alto desempleo y precariedad.

La invasión de Ucrania ha borrado todas esas expectativas. La confianza de los hogares se desplomó en marzo, marcando el mayor descenso mensual de toda la serie de encuestas que hace el CIS. De hecho, el nivel de pesimismo actual ha superado al que hubo en los peores momentos de la pandemia y está ya muy cerca de los mínimos del año 2012, los de los meses en los que España estaba al borde del rescate financiero. Es posible que se trate de una sobrerreacción debido a la incertidumbre y a la escalada de la inflación, pero lo que está claro es que la esperanza de recuperar los 'locos veinte' se ha esfumado.

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Más allá de la volatilidad de las expectativas, lo que provoca la escalada de la inflación es un deterioro del ahorro de los hogares. Y esto es tan real como el precio de la gasolina o la electricidad. Primero, porque la pérdida de poder adquisitivo obliga a las familias a tirar de sus ahorros para mantener los niveles de consumo y, segundo, porque esos ahorros pierden capacidad de compra.

"Para mantener su gasto en consumo, los hogares pueden recurrir al ahorro acumulado durante la pandemia, pero por esa misma razón la capacidad de crecimiento en años venideros se vería comprometida", escriben Raymond Torres y María Jesús Fernández, en la revista 'Cuadernos de información económica' que publicó Funcas esta semana. El ahorro se convierte así en un colchón que amortigua el impacto de la escalada de precios. Las familias pueden mantener sus niveles de consumo relativamente estables, pero a costa de frenar la recuperación futura.

En esa misma dirección se ha pronunciado la agencia de 'rating' S&P. La economista sénior Marion Amiot explicaba esta semana en una nota que "los ahorros ayudarán a amortiguar el impacto de los precios más altos sobre la capacidad de compra de los hogares". O, lo que es lo mismo, se utilizarán los ahorros para compensar la pérdida de poder adquisitivo de las rentas.

Funcas actualizó esta semana sus previsiones de crecimiento con un gran recorte de las expectativas de consumo de los hogares. Si la recuperación de la demanda ya iba con gran retraso en España, este tijeretazo implica que el consumo real de las familias no volverá a los niveles previos a la pandemia, al menos hasta 2024. En concreto, Funcas ha bajado en 1,1 puntos su previsión de crecimiento del consumo para este año al 3,8%. El consumo perdido en 2022 tampoco se recuperaría en 2023, ya que la entidad anticipa una ralentización adicional de tres décimas, hasta el 2,9%.

La disolución del ahorro por la vía de la inflación acabará con las expectativas de un 'boom' de demanda. Y eso a pesar de que la cuantía que han acumulado los hogares durante los dos años de pandemia es muy significativa. En 2020, las familias acumularon 110.000 millones de euros y en 2021, 87.000 millones adicionales. En total, casi 200.000 millones de ahorro, que es el doble de lo que las familias suelen ahorrar en dos años. El esquema de protección de rentas activado durante la pandemia, que incluye los ERTE y el cese de actividad de los autónomos, evitó una gran caída de las rentas y así permitió que la caída del consumo por las restricciones se convirtiese en ahorro.

El otro gran motor de la demanda interna previsto para los próximos años también sufrirá el golpe de la inflación: los fondos europeos. Los 140.000 millones de euros que recibirá España del mecanismo Next Generation EU tienen en la actualidad una capacidad de compra inferior a la que tenían cuando se diseñó el plan. Además, el sector de la construcción y la ingeniería energética están sufriendo especialmente la escalada de los precios, porque además de los carburantes, se están disparando los precios de las materias primas que necesitan, desde el aluminio hasta el paladio.

Foto: La ministra de Hacienda, María Jesús Montero. (EFE/Julio Muñoz)

En España ya empieza a ocurrir que algunas licitaciones de construcción se quedan desiertas porque no se garantiza la rentabilidad. Y, en otros concursos ya adjudicados, las empresas amenazan con paralizar las obras si no se revisan los precios pactados. De hecho, el Gobierno ha aprobado una autorización para que se puedan revisar los contratos cuando el precio haya quedado muy desfasado.

Esto significa, sencillamente, que no se podrá ejecutar todo lo previsto. Sí, en términos de recursos utilizados, pero no en cuestión de bienes recibidos. Con una inflación de doble dígito y acumulable en el tiempo, significa que de los 140.000 millones de euros que recibirá España en transferencias y créditos sufrirán un recorte real de más de 15.000 millones.

Esto no significa que la recuperación no vaya a continuar. La inercia del crecimiento todavía es muy fuerte, en especial en España, que tiene mucho terreno todavía por recuperar hasta volver a los niveles precrisis. El crecimiento seguirá en 2022, sin embargo, lo que va a desaparecer es el gran estímulo a la demanda interna que se esperaba.

Es importante tener en cuenta que esta espiral inflacionista no es un juego de suma cero. O, lo que es lo mismo, lo que pierden los trabajadores por la no actualización de sus salarios no implica un beneficio neto para las empresas. Tanto trabajadores como empresas pierden, ya que las ganancias de la crisis energética se las llevan los países exportadores de gas y petróleo. Por lo tanto, si bien en la pandemia salían reforzados los hogares por el ahorro construido, en esta crisis todos pierden y el resultado es que el país saldrá de esta situación con menos recursos. Y sin los locos veinte.

Hace no mucho tiempo los hogares, e incluso algunos economistas, fantaseaban con repetir los 'locos años veinte'. La pandemia remitía y el ahorro embalsado de las familias y el Programa de Recuperación anticipaba un 'boom' de demanda en Europa. Las expectativas económicas de los hogares superaron en la primavera de 2021 los niveles máximos de la burbuja inmobiliaria, parecía que por fin terminarían los tres largos lustros de alto desempleo y precariedad.

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