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Aragón es más que nuestro Ohio, es el futuro al que Cataluña evita mirar
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MASA CRÍTICA

Aragón es más que nuestro Ohio, es el futuro al que Cataluña evita mirar

El abrupto desencuentro entre Cataluña y Aragón por la candidatura de los JJOO de Invierno para 2030 refleja el problema de percepción que los catalanes tienen de sus vecinos

Foto: El presidente de Aragón, Javier Lambán. (EFE)
El presidente de Aragón, Javier Lambán. (EFE)
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La pretensión del COI y del COE de que Aragón y Cataluña organicen unos Juegos Olímpicos juntos en 2030 solo se ha podido tomar en uno de esos despachos con ventanas de cristal en el que sus ocupantes asumen este tipo de decisiones mientras miran hacia abajo, ven a la gente en la calle como puntos muy pequeños y se preguntan por qué se retrasa tanto el caviar del catering. Cataluña hace mucho que se niega a mirar hacia Aragón, ni siquiera para hacerlo por encima del hombro. Y en Aragón el 'procés' rompió muchos vínculos de cercanía y vecindad cuya mejor expresión es el talante con el que afronta la candidatura el presidente de Aragón, Javier Lambán. Pero tal vez Cataluña debería mirar más al otro lado de la Franja, porque a lo mejor hay algunas lecciones para aprender, no solo en lo económico sino también en lo político.

No es este un artículo sobre los Juegos Olímpicos de Invierno, un proyecto absurdo por la falta de nieve y por la distancia de Barcelona de las pistas. Los 281 kilómetros entre Baqueira y Barcelona no son los 50 kilómetros que separan a Turín de las instalaciones de deporte invernal de los Alpes. Es una pieza sobre una Cataluña que debate sobre sus relaciones con los rusos, pero que evita mirar a un vecino al que siempre ha considerado inferior o en el mejor de los casos una escala para llegar a Madrid. Pero, en los últimos años, en Aragón están pasando cosas y a lo mejor la pretensión de Lambán de que se le trate como un igual no es tan descabellada como se percibe en Palau.

En términos macro, no hay duda. Cataluña es un motor económico de España y Aragón no. El PIB de Cataluña es seis veces el de Aragón. Aragón no tiene ninguna empresa en el Ibex-35, Cataluña tiene siete en este momento, con una clase empresarial que ha entendido mucho mejor las dinámicas de internacionalización y de profesionalización de los directivos producida en las últimas dos décadas. El mayor empresario que ha dado Aragón ha hecho carrera básicamente en Madrid, César Alierta, mientras que Isidre Fainé, gran amigo del expresidente de Telefónica, se ha convertido en el banquero del régimen después de comerse Bankia.

Foto: El presidente del COE, Alejandro Blanco, y la 'consellera' de Presidencia, Laura Vilagrà. (EFE/Departamento de Presidencia)

Pero si se acerca la mirada hacia el detalle se empieza a ver que tal vez Cataluña debería empezar a mirar a Aragón con otros ojos. Para empezar también en lo macro. En 2018, el año después del punto álgido del 'procés', el PIB de Aragón creció más que el de Cataluña, el 2,8% contra el 2,1%. No ha sido así este año 2021. El PIB catalán creció un 5,9% contra un 5,2% de Aragón. Y en el ejercicio anterior, el año de la pandemia, Aragón resistió mejor que Cataluña. La economía catalana se derrumbó un 11,5%, contra la bajada de su vecino, que fue solo del 8,5%.

Aun ganando durante muchos años, Aragón no amenaza la hegemonía económica catalana. Pero sí cuenta con su propio modelo económico, más desequilibrado en lo territorial, pero más igualitario en lo económico. En contra de lo que podría parecer, los tiempos han jugado a favor de Aragón. El 'boom' de la logística le ha favorecido, como el de la externalización de servicios informáticos, con oficinas y profesionales más competitivos que en el resto de España.

Independencia financiera

Aragón ha conseguido hacer lo que intentó el 'exconseller' de Economía, Antoni Castells: Ibercaja absorbió la CAI y se preservó todo el tejido financiero autóctono manteniendo su autonomía. Tenían dos cajas de ahorros y no perdió ninguna. En cambio, Cataluña salvó CaixaBank, pero perdió las nueve cajas restantes, a manos de BBVA, de Banco Mare Nostrum y de Bankia. Solo la postrera fusión con Bankia ha equilibrado un poco el partido.

En términos territoriales, Aragón es un territorio mucho más desequilibrado que Cataluña. Cuenta con Zaragoza, una gran ciudad que lo absorbe todo a su alrededor. Que en 2020 la gran operación inmobiliaria del año fuese la venta del centro comercial de Puerto Venecia, 475 millones pagados por la aseguradora Generali significa alguna cosa. Puerto Venecia es el centro comercial más grande de España: 206.000 m² en una inversión que en su día supuso desembolsar 1.000 millones. Un gigante así para una ciudad de 701.000 habitantes. La clave es captar toda la población de la provincia, que se traslada en coche a hacer sus compras.

Aragón ha preservado su sistema financiero propio y ha apostado a fondo por la VPO

La principal diferencia entre Cataluña y Aragón radica en la política de vivienda. Entre 2013 y 2021, según datos del consejo de gerencia del Ayuntamiento de Zaragoza, se han otorgado 9.624 licencias de vivienda protegida. Barrios enteros como Valdespartera son prácticamente VPO en su totalidad. Después de dos décadas desplegando esta política continuada que ha aprovechado hectáreas de suelo disponible —algo de lo que carece Barcelona—, se ha generado una clase media baja que tras 15 años está vendiendo estos pisos o alquilando el que tiene para cambiar a viviendas más cerca del centro. Todo esto está generando una riqueza y una sociedad más igualitaria que en Barcelona. Así, en Zaragoza, en sectores como el comercio o la restauración, se gasta con más alegría que en la capital catalana.

Cazar oportunidades

Además, Aragón ha sabido cazar oportunidades y leer mejor el signo de los tiempos que Cataluña. El caso de las renovables es el más palmario. En una década no parece descabellado pensar que la industria catalana dependerá en buena parte de la energía verde que se genere en lugares como Teruel.

En la frontera, el encanto de Aragón es clave. Tiene más suelo industrial disponible, mejores infraestructuras y los trámites administrativos son más simples. Entre 2015 y 2020, un total de 428 empresas se ha marchado de la provincia de Lleida para irse a la de Zaragoza, según un estudio de la Universitat de Lleida y la UPF. Eso supone más del 3% del tejido empresarial de la provincia. En la Cámara de Comercio de Lleida, que encargó el estudio, se han encendido todas la alarmas. Y eso que este trabajo solo contempla los cambios de sede, no los centros productivos, que en muchos casos también se han ido.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonés. (EFE/Quique García)

Fenómenos exportados

Más allá de la economía, también en política se percibe la creciente importancia de Aragón. El gran fenómeno político que puede cambiar el mapa en España es la "España vaciada", candidatura provinciales a la imagen y semejanza de Teruel Existe. Cataluña no ha podido hacer nada parecido. El 'procés' no es exportable porque las derrotas tienen poco gancho. Cuando los partidos de la "España vaciada" se empiecen a coordinar en el Congreso podrían tener un mayor peso político que, por ejemplo, un partido como JxCAT.

¿Aragón es igual que Cataluña? Desde luego que no. Y no lo va a ser en los próximos veinte años. Pero Cataluña haría bien en mirar hacia su vecino sin los prejuicios de antaño, porque ahora algunas cosas se hacen mejor al otro lado del Ebro. Porque en muchos sentidos: finanzas, logística, energía o vivienda, Cataluña va detrás. Lambán quiere asegurarse que Zaragoza estará en el nombre de la candidatura de los JJOO de Invierno y que acogerá como mínimo la inauguración o la clausura. No parece nada que no pueda solventarse en una reunión de presidentes. Por ahora, algo tan sencillo no parece posible.

La Cataluña ensimismada debate sobre si tiene que hablar o no con espías rusos, pero es incapaz de entenderse con Aragón. Ya lo demostró con las obras de arte religioso del Románico de Sijena. Los políticos de ambos lados se equivocaron y envenenaron los pozos en una cuestión en la que tendría que haber dirimido el Papa. Ahora pasa lo mismo, pero políticamente a mayor escala. Solo que en este nuevo drama entre vecinos, el papel del Papa lo va a interpretar Pedro Sánchez.

La pretensión del COI y del COE de que Aragón y Cataluña organicen unos Juegos Olímpicos juntos en 2030 solo se ha podido tomar en uno de esos despachos con ventanas de cristal en el que sus ocupantes asumen este tipo de decisiones mientras miran hacia abajo, ven a la gente en la calle como puntos muy pequeños y se preguntan por qué se retrasa tanto el caviar del catering. Cataluña hace mucho que se niega a mirar hacia Aragón, ni siquiera para hacerlo por encima del hombro. Y en Aragón el 'procés' rompió muchos vínculos de cercanía y vecindad cuya mejor expresión es el talante con el que afronta la candidatura el presidente de Aragón, Javier Lambán. Pero tal vez Cataluña debería mirar más al otro lado de la Franja, porque a lo mejor hay algunas lecciones para aprender, no solo en lo económico sino también en lo político.

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