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Autopsia del autónomo español: "Si no tienes empleados, sales muy mal parado"
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LOS DATOS DE GARCÍA BERNÁRDEZ

Autopsia del autónomo español: "Si no tienes empleados, sales muy mal parado"

El investigador de la Universidad de Sevilla lleva tiempo analizando por qué es tan difícil hablar de "autónomos" y qué es lo que diferencia a los españoles de los del resto de Europa

Foto: Imagen: CSA/EC Diseño.
Imagen: CSA/EC Diseño.

Cuando el ministro José Luis Escrivá propuso un nuevo sistema de cotización para los autónomos españoles, abrió la caja de los truenos. Asociaciones de autónomos como ATA se plantaron mientras abundaban las reacciones que lo consideraban el enésimo “robo” a los autónomos. Sin embargo, la reforma intenta dar respuesta a la necesidad de introducir un sistema progresivo que se asimile al de los asalariados.

Es difícil saber cómo se encuentran exactamente los autónomos españoles en comparación con sus homólogos europeos y, sobre todo, si la sensación de que pagan más que en otros países es real. Entre otras cosas, porque la definición de autónomo varía según cada lugar y es un término tan amplio que abarca realidades totalmente diferentes. “Desde Marta Ortega hasta un escayolista”, explica a El Confidencial el investigador de la Universidad de Sevilla Manuel García Bernárdez, que ha pasado los últimos tiempos enfrentándose al reto de explicar qué está pasando con los autónomos españoles, en colaboración con el sociólogo Ildefonso Marqués Perales.

No es tanto lo que pagan, ya que se encuentran “en una posición europea en su carga fiscal”, sino en lo que facturan, en el dinero que les queda

Así que ha diseñado un sistema alternativo a partir de los resultados de la EU-SILC (Encuesta Europea sobre Salarios y Condiciones de Vida) de la Comisión Europea, que por primera vez le ha permitido entender un poco mejor la situación de los españoles, europeos semiperiféricos en condiciones semejantes a sus homólogos de Grecia o Portugal, pero muy lejos de países como Suecia o Francia, donde el porcentaje de autónomos es significativamente menor. Cuanto más tarda en industrializarse una economía, más autónomos tiene.

El resultado obtenido por el sociólogo señala al gran problema que sufre un amplio porcentaje de los 3,2 millones de autónomos en España, los que conforman la parte estrecha del embudo, con menos empleados a su cargo. Concretamente, el 52,04%, mientras que los que tienen más de 10 empleados son un 8,16%. “La clave se encuentra en la falta de correspondencia que ocupan por su nivel de ingresos y por su carga fiscal respecto a otras categorías sociales”, explica el sociólogo. “Son la segunda categoría social en España respecto a su carga fiscal (la primera son los directivos), pero eso no corresponde con sus ingresos, que están muy por debajo”.

En otras palabras, no es tanto lo que pagan, ya que se encuentran “en una posición europea en su carga fiscal”, sino en lo que facturan, en el dinero que les queda en el bolsillo a final del mes. “Y, aunque en el resto de Europa está en el mismo nivel en cargas fiscales, en general tienen mejores ingresos, pero España se desploma”. La sensación de que pagan más y cobran menos es real.

Triste balada de autoempleado

Para entender un poco mejor esa situación, explica García Bernárdez, conviene olvidarse del término 'autónomo', que no significa nada, e ir al detalle, porque dentro de los autónomos españoles hay muchas diferencias: “Hemos distinguido las categorías de autoempleados sin trabajadores, con menos de 10 empleados y con más de 10. El que no tiene a nadie tiene una estructura más endeble y el que tiene más de 10 debe mantener un músculo financiero que le permita hacer frente a cualquier embate”. Ahí está la diferencia.

"Nuestro sistema fiscal tiene muchos matices. Los autónomos sin empleados son los que menos progresividad tienen, son los que peor salen"

“Lo bueno que tiene esa encuesta es que mide todos los ingresos: lo que facturan, pero también las transferencias públicas, becas, ayudas del Estado, etc.”, prosigue. “Gracias a la comparación entre neto y bruto, podemos aproximarnos a las cifras de presión fiscal. Si nos centramos en el neto, la posición de los autónomos está por debajo de lo que debería estar 'a priori' respecto a la presión fiscal con la que cargan. Es decir, nuestro sistema fiscal y de cotizaciones es progresivo, pero con muchos matices. Los autónomos sin empleados son los que menos progresividad tienen, son los que peor salen”.

Esa es la gran diferencia respecto a los otros países que ha analizado el investigador, como Francia, Italia, Grecia o Suecia: los autónomos españoles pagan lo que les corresponde, pero cobran mucho menos. “La explicación probablemente se encuentre en que son trabajadores que pertenecerían conceptualmente a la categoría cualificados o no cualificados, con un modelo laboral de autónomos”. En otras palabras, estos autónomos con bajos ingresos son un trabajador de toda la vida que por determinadas circunstancias se desempeña como autónomo, con toda la carga fiscal que ello supone. Por eso, no están tan lejos de los trabajadores agrícolas.

“Suecia está la primera en carga fiscal, pero hay que compararlo con sus ingresos”, recuerda. “El problema de España es que está en nivel bajo de ingresos y normal o ‘europeo’ de carga fiscal. Al final, queda poco dinero en el bolsillo, y menos aún si eres mujer”.

Una posible explicación, la reproducción social a través de las propiedades inmobiliarias. “Nuestra hipótesis es que los ingresos por actividad económica no son tan distintos con otros países, pero sí hay una diferencia importante en los ingresos por rentas, que no están directamente relacionados con la actividad económica, sino con un patrimonio más familiar, que el autónomo sueco o francés (y probablemente de otros países similares) tiene de partida cuando comienza ese proyecto, y en España no es así”, prosigue.

“El autónomo sin empleados es una categoría social ‘huérfana’ en el sentido económico. No ha heredado el capital inmobiliario que sí han heredado en aquellos países, y eso define su posición en cuanto a nivel de ingresos. Tener una casa es probablemente el principal fundamento de partida de la construcción de un patrimonio personal o familiar, sin ella es mucho más difícil. Los autónomos españoles no han tenido ese patrimonio”.

"El autónomo español se parece más a un escayolista o una comercial de ventas que a un repartidor de Glovo"

Un vistazo a la clasificación de los autónomos españoles respecto a su origen social ayuda a entenderlo un poco mejor. Por ejemplo, la mayoría de los autónomos sin empleados provienen de hijos de autónomos sin empleados (un 20,36%) o de trabajadores: lo de ser un autónomo con bajos ingresos se hereda. Hay otra categoría donde se produce una reproducción social alta, que es la de los hijos de la clase trabajadora que desempeña empleos de clase trabajadora. “El autónomo sin empleados en España es a nivel de movilidad como un trabajador, y su herencia no es suficiente para progresar económicamente, por eso se asimila a un trabajador cualificado”.

Sin embargo, la mayoría de autónomos con empleados sí son hijos de autónomos, de directivos y de profesionales. “Los grandes propietarios están más repartidos, pero vienen de otros propietarios. Tu padre es autónomo y tiene seis o siete empleados, tú sigues con la empresa y sigues teniendo 10 y 11. Esta gente ha progresado porque tenían una situación de partida mejor”.

La falsa uberización

La buena noticia es que, en términos de estabilidad y seguridad, los autónomos españoles no están peor. “En principio no hay muchas diferencias dentro de los autónomos, tengan empleados o no”, explica García Bernárdez. “La antigüedad es similar, y la promoción (cómo los ingresos varían en función de los años de trabajo) también, así que, si creáramos rectas ascendentes, serían paralelas: los autónomos con empleados aguantan con sus proyectos el mismo tiempo que los autónomos sin empleados y, además, su promoción se mantiene a un ritmo similar”.

placeholder Manuel García Bernárdez. (Foto cedida)
Manuel García Bernárdez. (Foto cedida)

Estos resultados les llevaron a pensar que, en realidad, la tan hablada uberización de los trabajos autónomos no es tan significativa como podría pensarse, ya que, en ese caso, habría una mayor diferencia entre unos y otros. Lo que importa, una vez más, son los ingresos. “La tesis de la uberización plantea que por definición hay una situación de extrema inseguridad que es más importante que los ingresos, que pueden llegar a ser muy altos porque se trabaja a destajo, ya que el problema es la incertidumbre”, recuerda. “La situación en España es la contraria: el problema de los autónomos es que el dinero que les queda en el bolsillo a final de mes es muy poco, no sus condiciones de seguridad, que no son tan malas”.

Por ahora, el autónomo español se parece más a “un escayolista, en caso de ser un hombre, y una comercial de ventas, asistente personal o peluquera si es mujer, más que el chaval de Glovo”, que considera un perfil aún minoritario. “Lo cual no quiere decir que no estemos en un momento de transición”, añade. “Sé que es ir en contra del discurso que está siguiendo la izquierda cuestionando el capitalismo tecnológico, y es posible que haya una configuración dual (autónomo con identidad de proyecto frente a autónomos como nueva modalidad contractual dentro del capitalismo contemporáneo, ‘salarizados’), pero sería cauteloso con etiquetas como la de uberización”.

La categoría ‘autónomos’ es demasiado ambigua como para plantear el mismo modelo para categorías que son completamente distintas

La realidad del autónomo no es necesariamente la de la gran ciudad, donde este perfil es cada vez más visible. “Se trata de una visión urbana, donde se está más cerca de determinados tipos de profesiones o de hábitat”, recuerda. “Europa es mucho más grande que las 10 ciudades nucleares del continente, donde probablemente estén sobrerrepresentados. En Madrid, te sientas un rato en la Gran Vía y ves pasar a 50 repartidores de Glovo, pero ¿qué pasa en el resto del país? Que no son repartidores de Glovo, son otra cosa”.

Los autónomos no existen

Entonces, ¿qué le parece la reforma planteada por el ministro? El investigador responde: “La idea de plantear un modelo de progresividad es fundamental. El problema es esa categoría que menos progresividad real tiene entre sus ingresos y su presión fiscal. La progresividad en España funciona menos para los autónomos, que no funciona. Pero, además, la categoría ‘autónomos’ es demasiado ambigua económicamente como para plantear el mismo modelo para categorías que son completamente distintas entre sí”.

Foto: Graeber, un anarquista en la LSE. (Melville House Publishing)

Y se explica: “Si pusiéramos en un eje a los empresarios en un extremo y a los trabajadores cualificados en otro y dividiésemos los autónomos en dos, los que tienen trabajadores estarían mucho más cerca de los empresarios, y los que no los tienen estarían peor que los trabajadores en cuanto a ingresos y presión fiscal. Una clase con esa heterogeneidad no se puede tratar de la misma manera, es como hacer una reforma laboral que afectara a los indefinidos, pero no a los temporales. Estamos metiendo en la misma cesta a trabajadores con realidades muy distintas”.

El problema lo ilustran bien los casos extremos que suelen aparecer en los medios de comunicación, que son el producto de tener categorías tan ambiguas. “Si coges a la persona con menos ingresos en el intervalo más bajo, te va a salir que factura 3.000 y paga 1.000, y ya puede decir que el autónomo paga un tercio de sus ingresos”, concluye.

"La categoría de autónomo no representa nada, es una amalgama tan compleja que es inútil para el análisis y la investigación"

“Por eso es fundamental trabajar con otras categorías. La de autónomo no representa nada, es una amalgama tan compleja que es inútil para el análisis y la investigación, pero también para hacer políticas públicas. Siempre he sido partidario de que estas tienen que ser resultado de un profundo proceso de análisis social. Es decir, pregúntale a los autónomos por sus problemas, y es probable que te digan que el dinero. Ahí Pablo Iglesias tenía razón cuando decía que el problema no son los impuestos o las cotizaciones, sino que bajan la persiana porque facturan poco. Lo que dice esta encuesta con medio millón de europeos no es que soporten una carga fiscal abrumadora, es que soportan una carga normal si sus ingresos fuesen más altos, pero es que son muy bajos”.

Cuando el ministro José Luis Escrivá propuso un nuevo sistema de cotización para los autónomos españoles, abrió la caja de los truenos. Asociaciones de autónomos como ATA se plantaron mientras abundaban las reacciones que lo consideraban el enésimo “robo” a los autónomos. Sin embargo, la reforma intenta dar respuesta a la necesidad de introducir un sistema progresivo que se asimile al de los asalariados.

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