Tarjetas híbridas de crédito y débito: qué son y cuál es su letra pequeña
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Tarjetas híbridas de crédito y débito: qué son y cuál es su letra pequeña

A la hora de contratarla, hay que tener en cuenta cómo funciona y, sobre todo, a qué tipo de interés se concede el pago fraccionado a plazos. No deja de ser un producto de crédito

Foto: Tarjeta MyCard de CaixaBank. (CaixaBank)
Tarjeta MyCard de CaixaBank. (CaixaBank)

¿Tarjeta de débito o de crédito? Esa ha sido siempre la tónica habitual, decidir si pagar directamente desde la cuenta corriente o hacerlo más adelante incluso cuando uno no dispone de esos fondos. Lo que no todos los clientes saben es que hay un producto financiero que combina ambas modalidades y que ya ofrecen entidades como CaixaBank, Bankinter, Evo Banco o Kutxabank. Aunque en realidad no se trata de ninguna novedad y esconden una importante letra pequeña.

Las tarjetas híbridas no dejan de ser una tarjeta de débito normal y corriente que, en caso de necesitarlo, te permite pagar a crédito, o viceversa. Pero no es un invento nuevo, explica Pau A. Monserrat, economista especializado en finanzas personales. “Desde el punto de vista de la utilidad para el usuario es mejor tener las dos opciones en una única tarjeta, pero eso implica también conocer qué producto se está contratando”, matiza en conversación con este periódico. Este aspecto es fundamental porque las tarjetas “2 en 1” son un producto de crédito y hay que explicar qué significa esto, cómo y cuándo se activa el crédito y, sobre todo, a qué tipo de interés se concede.

"La usura para el Supremo está en cotas que rondan el 20%. Este 23% está como mínimo en esa frontera"

En el caso de la tarjeta mixta de CaixaBank, MyCard, la TAE aplicada es del 23% si se fraccionan los pagos a más de dos meses. Aunque, dentro de su promoción web, esta información figura al final de la página y con una letra notablemente más pequeña que la de “Ten siempre el control de tu dinero”, “Tus compras al día” (aunque se carguen en la cuenta 48 horas después), o la de “Tú decides cuándo pagas”. Y, si es dentro de más de dos meses, el interés será del 23%. “La usura para el Supremo está en cotas que rondan el 20%. Este 23% está como mínimo en la frontera de la usura”, comenta Monserrat sobre las condiciones de este producto.

Sin embargo, preguntada por este periódico en agosto, la entidad señaló que, “teniendo en cuenta las ventajas que aporta la tarjeta MyCard, se considera como primera opción para el cliente”. Incluidos aquellos procedentes de la migración desde Bankia.

CaixaBank, que terminará de integrarse tecnológicamente con Bankia este lunes 15 de noviembre, ya cobra 36 euros anuales por el mantenimiento de la tarjeta de débito tradicional integrada en el programa ‘Día a Día’ a clientes no bonificados. Aunque, a partir de junio de 2022, esta comisión también afectará a los antiguos clientes vinculados de Bankia. ¿La alternativa ‘gratuita’? MyCard, que será gratis el primer año “si la solicitas por Internet”, y también a partir del segundo si “usas la tarjeta para financiar pagos (modalidad de pago aplazado/fraccionado), si tienes menos de 26 años, o si tienes otro servicio bancario contratado con CaixaBank”, de acuerdo con su página web.

Foto: Operarios desmontan el rótulo de Bankia de la sede principal (EFE/Alonso)

El gigante bancario no es el único con estas condiciones. EvoBanco, Santander y Bankinter también cobran un interés de hasta el 19% y el 20% en modalidades similares. La tarjeta mixta del banco liderado por María Dolores Dancausa se llama Débito Combo+, cuesta 30 euros anuales y tiene dos caras, “ahora” y “luego”. Así, mientras que la primera permite comprar y pagar en el momento (débito), la segunda fracciona las compras de entre 120 y 3.000 euros con una comisión fija al mes —que dependerá de cuánto pagues por la compra— y cuatro cuotas con intereses (TAE 5,76%-19,02%). También su tarjeta Combo permite retirar dinero efectivo a débito y pagar las compras a final de mes o aplazarlas (tipo 'revolving').

Si se quiere sacar dinero en efectivo en un cajero con cargo a la cuenta de crédito, la comisión de estas tarjetas duales puede alcanzar hasta el 5% del importe extraído, tal y como informa la OCU, quien también recoge en su página que, “si prefieres llevar un control estricto del gasto y ver reflejada cada compra en la cuenta corriente, te conviene más una tarjeta solo de débito”.

Precisamente, estos productos de crédito rápido —como las tarjetas 'revolving'— ya han generado una gran problemática en el pasado a familias que no llegaban a fin de mes, o que no sabían cómo funcionaban estos productos. Y no es de extrañar. En España, la nota media de conocimientos financieros de su población es de seis sobre 10, según la última Encuesta de Competencias Financieras elaborada por el Banco de España y la CNMV. Una cultura financiera que, además, es más baja y general entre las personas de mayor edad.

“Es un crédito inmediato. Hay que estudiar mejor los perfiles de los clientes”

Por eso, según los expertos consultados por El Confidencial, que el cliente tenga que presentar cierta documentación y realizar un proceso más largo para pedir un préstamo personal es una manera de desincentivar la compra impulsiva y valorar otras opciones más adecuadas a su situación concreta.

¿Dónde está el beneficio para el cliente?”, pregunta Monserrat. El experto en finanzas personales explica que este tipo de producto aúna dos problemas. Por una parte, propicia que la gente se endeude cuando no sería la opción más conveniente y, por la otra, cobra ese crédito carísimo. Desde la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin) subrayan, además, que el mayor peligro de unos créditos tan rápidos y sencillos es el de tener que pedir un nuevo crédito para asumir la deuda contraída con otros productos de ese mismo tipo. Lo que se llama efecto bola de nieve.

Asociaciones de consumidores como esta demandan una mayor transparencia por parte de quienes ofertan estos productos financieros. “Es un crédito inmediato. Hay que estudiar mejor los perfiles de los clientes”, comentan fuentes de Asufin. Así lo dicta el Banco de España. A la hora de conceder un préstamo, este tiene que ser responsable, lo que significa que tiene que adecuarse a las posibilidades de pago de cada consumidor para devolver ese dinero. “Si no, estás abocando al consumidor al sobreendeudamiento y al descontrol de su economía doméstica”, zanjan desde la asociación.

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