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Ed Glaeser: "No creo que tenga sentido subsidiar a los jóvenes vivir en Malasaña o el Born"
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Experto en economía urbana en harvard

Ed Glaeser: "No creo que tenga sentido subsidiar a los jóvenes vivir en Malasaña o el Born"

El economista es optimista sobre el futuro de las ciudades, pero también muy crítico. No cree que, pese al auge del teletrabajo, se vaya a acabar con las oficinas y las metrópolis

Foto: Ed Glaeser. (Martha Stewart)
Ed Glaeser. (Martha Stewart)

Hay una antiguo aforismo alemán, "stadtluft macht frei", "el aire de la ciudad te hace libre", con la que el economista de Harvard Ed Glaeser, uno de los mayores expertos en economía urbana, resume por qué llevamos tantos siglos prefiriendo vivir en ciudades llenas de gente, en vez de en zonas rurales tranquilas y alejadas del ajetreo urbano. "Esa frase viene de una realidad jurídica medieval: ningún noble podía volver a imponer la servidumbre a un siervo que había estado viviendo en una ciudad durante un año y un día. La frase también expresa la verdad más esencial de que las ciudades son lugares de posibilidades, con una gran variedad de placeres sociales y cantidad de posibles empleadores". Lo explica Glaser, que lleva más de 30 años estudiando la economía urbana, en el libro que ha escrito junto al también economista David Cutler: 'Survival of the City' (Supervivencia de la Ciudad).

Glaeser, que se autodefine como un republicano de la Costa Este, ha debido de discutir mucho con su colega de Harvard David Cutler, asesor de administraciones demócratas de Clinton y Obama, hasta dar con el enfoque ponderado entre libre mercado e intervención estatal que exponen conjuntamente en su libro sobre el futuro de las ciudades. Sus propuestas están fundamentadas en investigaciones previas. También lo está el diagnóstico que hacen de los mayores dilemas que se enfrenta la vida urbana tras la pandemia de covid-19. "La pandemia ha sido la amenaza más obvia para la vida urbana desde 2020, pero no es la única. Ha surgido una caja de Pandora de problemas urbanos que incluyen viviendas demasiado caras y conflictos por la gentrificación. Todos estos problemas aparentemente dispares tienen una raíz común: nuestras ciudades protegen a los de dentro y dejan que los de fuera sufran".

"Ha surgido una caja de Pandora de problemas urbanos que incluyen viviendas demasiado caras y conflictos por la gentrificación"

Glaeser es optimista sobre el futuro de las ciudades, pero también muy crítico. No cree que pese al auge del teletrabajo vaya a acabar con las oficinas y las metrópolis, porque las ganas de socializar y la creatividad del trabajo cara a cara tiran más que la aversión a los atascos. "Pero algo está fallando en las ciudades", reconoce. "Hay retos enormes que han crecido en los últimos 15 años, más allá de la pandemia. Y el triunfo de las ciudades no es irreversible", alerta Glaeser en la entrevista por videollamada desde su despacho de Harvard. "Las ciudades han sido tradicionalmente buenas para la productividad, pero están dejando de serlo para evitar las desigualdades. Cada vez hay menos movilidad social y menos oportunidades de prosperar".

Para que, como defiende Glaeser, las ciudades sigan siendo el mejor sitio para dar oportunidades a los ciudadanos necesitan solucionar el precio inasequible de la vivienda para las nuevas generaciones, que es una de las principales barreras, "porque beneficia desmesuradamente a los que ya están frente a los que vienen detrás". Según este economista, "la solución pasa por cambiar las reglas que restringen la construcción o la formación de negocios". No solo culpa a los gobiernos de impulsar políticas ineficaces, también a los propios vecinos que se niegan a que construyan en sus barrios porque no quieren que sus viviendas se devalúen o tengan peores vistas.

De Londres a Malasaña

Al preguntarle si una política como la que acaba de anunciar el gobierno español para ayudar a los jóvenes a acceder a una vivienda con un bono de 250 euros al mes o la limitación de precios en las áreas de mayor demanda está en el buen camino para resolver ese problema, Glaeser niega con la cabeza: "No. No puedes ir contra las normas del mercado, porque disminuye el interés de las empresas en invertir y en construir, cuando lo que hay es precisamente un problema de oferta. Es crucial que las casas sean asequibles en las ciudades, pero cuando los precios se regulan la vivienda escasea. No estamos dejando suficiente espacio para los jóvenes en las ciudades. Por eso suben los precios y no hay manera de resolver esto que no sea permitir más construcción. Sin embargo", matiza, "el mercado no va a arreglarlo todo por sí mismo. El sector privado no educará a los pobres para que puedan aspirar a mejores empleos y hace falta darles mejores oportunidades. Las ciudades necesitan que el ascensor social funcione porque es parte de su esencia".

Foto: Fuente: Luís Filipe Gonçalves Mendes.

Glaeser cita un reciente estudio de la London School of Economics en el que Carozzi, Hilber y Yu estudian el impacto en el mercado inmobiliario de subsidiar el acceso a la vivienda, estudiando el caso de Londres en la última década. Su conclusión es que cuando se han utilizado subsidios, en vez de servir para facilitar el acceso a la vivienda, en zonas en las que la oferta está ya muy restringida lo que consigue es aumentar los precios de la vivienda y hacerla aún más inasequible.

"Cuando hay tan poco espacio nuevo, hay más conflicto sobre el espacio antiguo", explica Glaeser. "Si las ciudades permitieran un mayor crecimiento, habría lugar para todos y los alquileres serían más bajos. Si hay un mercado restrictivo, las subvenciones suben precios. En Londres pasó exactamente eso. Y si Madrid y Barcelona tienen problemas de acceso a la vivienda, necesitan ver qué pueden hacer para mejorar la oferta".

"Los bonos de acceso a la vivienda pueden ser necesarios para mitigar la desigualdad, pero no para arreglar el desajuste oferta-demanda"

¿Tiene sentido subsidiar a los jóvenes vivir en el Barrio Gótico o Malasaña? "No creo", reconoce el economista, que asegura que la Ciudad Condal es una de sus ciudades favoritas. "Habría que pensar si lo mejor que se puede hacer con un subsidio es dárselo a quien quiere vivir en el Born o en el Barrio Gótico. Los bonos de acceso a la vivienda pueden ser necesarios para mitigar la desigualdad, pero no sirven para arreglar el desajuste entre oferta y demanda. Hay que pensar sobre todo en ayudar a gente joven y familias con niños pequeños que viven en sitios que no son seguros. Promover la construcción de más viviendas para clase media tiene más sentido".

En 'Survival of the City' analizan a fondo el caso de Los Ángeles, donde nace la palabra gentrificación. El término, explica Glaeser, viene del español "gente" y "genteficación", que es como los latinos del barrio Boyle Heights empezaron a llamar a que cada vez más gente quisiera mudarse a vivir allí a raíz de la apertura del metro. ‘Gentrificación’, por tanto, hace alusión al proceso de desplazamiento de los vecinos de un barrio empobrecido que, a medida que se rehabilita y atrae gente de más poder adquisitivo, tienen que mudarse por el alza de precios. Es la paradoja que lleva a que mejorar la habitabilidad de un barrio lleve a sus vecinos, normalmente inquilinos que ya no pueden permitirse el alquiler, a vivir peor y tener que desplazarse.

Las ciudades pueden morir, pero no por el teletrabajo

Glaeser recorre en el libro momentos de gran esplendor de las ciudades, de Atenas a Constantinopla, pero recuerda también su decadencia. Un terremoto y una invasión condenaron a Cnosos, la poderosa ciudad cretense del mítico minotauro. Cleveland, Pittsburgh y Liverpool son mucho más pequeños hoy que en la década de 1930. "El triunfo urbano nunca está garantizado. La decadencia puede comenzar con el cierre de una fábrica, que luego afecta al gasto en las tiendas locales; que lastra a su vez la falta de empleo… Y los problemas económicos engendran problemas sociales, que engendran más problemas económicos…", alerta Glaeser.

Durante el último medio siglo, el declive urbano se había debido principalmente a la desindustrialización, el éxodo de trabajos de las fábricas y las industrias de las antiguas potencias, como Detroit y Glasgow, a países en desarrollo. Esa crisis se produjo porque con la automatización de las fábricas, la densidad urbana de los países occidentales ya no ofrecía ventajas competitivas a las plantas de fabricación masivas. La última amenaza es la pandemia de covid-19, que también está transformando la vida en las ciudades”.

Foto: (iStock)

¿Puede el teletrabajo acabar con el atractivo de las grandes ciudades? Glaeser no lo cree. "La pandemia ha sido una amenaza existencial para el mundo urbano, porque la proximidad humana que permite el contagio es la característica definitoria de la ciudad", apunta. Pero el autor de 'Survival of the city' está convencido de que por mucho que prospere el teletrabajo no va a acabar con la necesidad de trabajar rodeados de gente. "Somos una especie social que se vuelve inteligente al estar rodeada de otras personas inteligentes y comunicamos ideas más complejas cara a cara. También el trabajo presencial se ha demostrado durante la pandemia que es mejor para lograr un ascenso y para que los más jóvenes aprendan de los veteranos. Aprendemos y creamos nuevas ideas colaborando".

Foto: Episodio de alta contaminación en Barcelona. Foto: EFE

Además, el teletrabajo sigue siendo una opción solo para una minoría que excluye a la gran mayoría de la mano de obra no cualificada (solo el 5 por ciento de las personas que no habían terminado la escuela secundaria trabajaban de forma remota durante mayo de 2020 en EEUU). Para los trabajadores sin titulación, servir café con una sonrisa es el refugio económico seguro después de que las fábricas se mecanizaron, porque tomarse un café en el Soho no se puede externalizar a China.

Sin embargo, si las grandes ciudades no resuelven el problema de la falta de vivienda asequible para el talento más joven sí que el teletrabajo puede acelerar el cambio de algunas reglas del juego: "Las reuniones por Zoom no van a sustituir el trabajo presencial, pero sí facilitan más movilidad a otras ciudades que gestionen mejor la oferta".

Según Glaeser, el teletrabajo facilitará a buena parte del talento más cualificado la libertad de vivir en otras ciudades más asequibles, que no estén lejos de las ciudades superestrella y permitan llegar a ellas cuando sea necesario volver a la oficina. La pandemia no acabará según esto con el atractivo de las grandes ciudades como Nueva York y San Francisco, especialmente para los jóvenes, pero según este economista los 'Zoomers' con mejor formación pueden reconsiderar su compromiso con las ciudades que ofrecen viviendas demasiado caras, que van a tener que esforzarse más en retener el talento más demandado.

¿Y la solución? Menos privilegios, más oportunidades

A medida que los precios de la vivienda se dispararon en lugares como Los Ángeles, Estados Unidos experimentó un cambio masivo en la riqueza de los jóvenes a los mayores.

Esta redistribución es un ejemplo de cómo, cuando no funciona el ascensor social, los de dentro se vuelven más ricos y los de fuera salen perdiendo. "Durante décadas, hemos acumulado reglas e instituciones que favorecen a los mayores sobre los jóvenes, a los propietarios sobre los inquilinos, a los de adentro sobre los de afuera", explica Glaeser. "Por lo tanto, las personas que compraron casas hace mucho tiempo tienen garantizadas bonitas vistas y bonitos parques, pero las personas nuevas en el área no pueden permitirse comprar una casa o incluso alquilar porque los precios son demasiado altos. Demasiadas ciudades se han aprovechado de la prosperidad de los privilegiados en lugar de potenciar la movilidad ascendente de los menos afortunados".

Glaeser defiende que debe haber menos regulaciones que sirvan de poco más que proteger a los propietarios actuales de molestias o negocios actuales de la competencia y abrir las ciudades a todos, que es abrirlas al talento. Eso también es facilitar que se puedan abrir nuevas empresas a pie de calle y no solo simplificar los trámites a quienes abren una start up tecnológica, también una cafetería y un taller. Por eso hace hincapié en que "las ciudades más productivas están fallando a la economía en general, en parte porque no brindan suficiente espacio para que viva la gente común".

"Los altos costos de la vivienda corroen los beneficios de salarios más altos"

La movilidad es una de las claves para el buen funcionamiento de la vida urbana. Los economistas Chang-Tai Hsieh de la Universidad de Chicago y Enrico Moretti de Berkeley estiman que la economía estadounidense sería sustancialmente mayor si la gente pudiera trasladarse más fácilmente a áreas productivas, como Nueva York y San Francisco. Si los trabajadores son un 30 por ciento más productivos en Silicon Valley que en Detroit, entonces Estados Unidos automáticamente se vuelve más productivo cuando los migrantes se dirigen al oeste. "Sin embargo, no es así, porque los altos costos de la vivienda corroen los beneficios de salarios más altos", concluye Glaeser, en un razonamiento que también puede aplicarse a muchas ciudades europeas.

"Tenemos que asegurarnos que las ciudades estén más abiertas a los forasteros y sean menos vulnerables a los demonios, como las enfermedades contagiosas y las terribles desigualdades y falta de oportunidades para prosperar", insiste Glaeser. "Cambiar las reglas que restringen la construcción o la formación de negocios puede proporcionar nuevas viviendas y empleos, porque el sector privado puede entregar abundantes viviendas y permitir que surjan nuevas empresas. Si no, las ciudades fallan en su gran misión de convertir a los niños pobres en adultos prósperos".

El Peligro de los enclaves

Pese a su optimismo sobre el futuro de las ciudades, Glaeser alerta también de que, de persistir las desigualdades, muchas ciudades estrella pueden tener problemas en las próximas décadas: "Si la gente decide que las ciudades son demasiado inseguras o inasequibles, ya sea por enfermedades como las pandemias o por robos o por la disminución de los servicios públicos, nos trasladaremos a un mundo no de ciudades, sino de enclaves. Los ricos vivirán en sus propios lujosos refugios, manteniendo su exposición a los pobres al mínimo. Las personas de ingresos medios formarán sus propios refugios de imperturbable respetabilidad, y los pobres habitarán lo que queda. Y con menos conexión entre ricos y pobres, las oportunidades económicas disminuirán. Y añade: "Un mundo en el que los enclaves reemplazan a las ciudades es un mundo empobrecido. Incluso para los ricos, el aislamiento espacial rara vez proporciona seguridad a largo plazo".

Para Glaeser, la manera de hacer que las ciudades vuelvan a ser más fuertes es reconociendo que las ciudades solo pueden financiar servicios que ayuden a los pobres si también pueden atraer los empleos que pagan impuestos, pero también que el mercado por sí solo no resuelve los problemas de desigualdad e inseguridad. "En consecuencia, la respuesta no es solo cobrar impuestos y gastar más. El gasto debe ser más inteligente y fortalecer a toda la ciudad".

"Las ciudades tienen ventajas estructurales que son casi imposibles de reproducir"

Afortunadamente, a pesar de todos los riesgos que las azotan, las ciudades suelen ser obstinadamente duraderas. En general, las ciudades más grandes del mundo en 1700 todavía se encuentran entre las ciudades más grandes del mundo de hoy: Pekín, Londres, Tokio y Estambul. "Las ciudades tienen ventajas estructurales que son casi imposibles de reproducir, que simplemente no están presentes en las partes del mundo de menor densidad. Las ciudades tienen museos y parques, arquitectura y restaurantes". Y concluye: "La lección más importante de meses de encierro es sin duda cuánto valoramos el contacto humano, el contacto real, en persona". Al terminar la entrevista, nos despedimos por Zoom.

Hay una antiguo aforismo alemán, "stadtluft macht frei", "el aire de la ciudad te hace libre", con la que el economista de Harvard Ed Glaeser, uno de los mayores expertos en economía urbana, resume por qué llevamos tantos siglos prefiriendo vivir en ciudades llenas de gente, en vez de en zonas rurales tranquilas y alejadas del ajetreo urbano. "Esa frase viene de una realidad jurídica medieval: ningún noble podía volver a imponer la servidumbre a un siervo que había estado viviendo en una ciudad durante un año y un día. La frase también expresa la verdad más esencial de que las ciudades son lugares de posibilidades, con una gran variedad de placeres sociales y cantidad de posibles empleadores". Lo explica Glaser, que lleva más de 30 años estudiando la economía urbana, en el libro que ha escrito junto al también economista David Cutler: 'Survival of the City' (Supervivencia de la Ciudad).

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