Garzón, más allá de la carne: el ministro que menos medidas aprueba de todo el Gobierno
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Garzón, más allá de la carne: el ministro que menos medidas aprueba de todo el Gobierno

La polémica de la carne iniciada por Garzón, que llamó la atención sobre un tema que no es nuevo, volvió a desvelar las grietas del Gobierno de coalición y la falta de competencias del Ministerio de Consumo

placeholder Foto: Alberto Garzón. (EFE)
Alberto Garzón. (EFE)

Tras la polémica del consumo de carne originada por los comentarios de Alberto Garzón, muchos de sus críticos insinuaron que, como el Ministerio de Consumo no podía emprender acciones de calado, su ministro se dedicaba a hacer ruido. “Como son muchos ministerios y ministros, dicen: 'Tengo que hacer algo para salir en la tele", dijo Inés Arrimadas, en unas declaraciones que resumían el espíritu de la oposición. “Yo creo que hoy nos preguntamos para qué sirve el Ministerio de Consumo”.

Un reproche similar surgió del PSOE, donde hasta el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, desautorizó a su ministro de Consumo respondiendo que, para él, un chuletón al punto era “imbatible”. “Si no tienen nada que hacer, que no se inventen la política porque crean problemas (...) se está inventando su cargo todos los días”, dijo por su parte Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha.

Las airadas reacciones de todo el arco político a la derecha de Unidas Podemos recordaron a otros episodios protagonizados por Garzón que causaron un revuelo similar, desde su campaña contra el azúcar (“el azúcar mata”), criticada por el ministro de Agricultura, Luis Planas, o contra la industria turística española (es “precaria, estacional y de bajo valor añadido”). En el caso de la reducción de carne roja, un asunto que lleva años siendo estudiado y advertido por diferentes agencias internacionales y nacionales para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, la polémica volvió a desvelar las grietas del Gobierno de coalición y la falta de competencias de algunos ministerios como el de Consumo.

Foto: Los ministros de Trabajo, Yolanda Díaz (i), y de Consumo, Alberto Garzón. (EFE) Opinión

“Desde la entrada de Alberto Garzón en el Gobierno, su gestión se ha traducido en una sucesión de normativas descafeinadas sobre temas que para él son centrales, como el de la regulación de la publicidad de las casas de apuestas”, afirma el politólogo Alain Acevedo sobre el trabajo del Ministerio de Consumo, que hasta finales de 2019 era una dirección general integrada en el Ministerio de Sanidad.

El ministerio con menor actividad legislativa

Tras más de 500 días en el cargo de ministro, Garzón sigue tratando de buscar un perfil propio en plena reestructuración de la izquierda. Hasta ahora, el repaso a la actividad del Ministerio de Consumo no le deja en buen lugar. Desde que empezó la legislatura, Consumo es el que tiene menos medidas aprobadas a través del Consejo de Ministros. Solo ha sacado adelante en solitario un real decreto-ley en enero de este año para la “protección de los consumidores y usuarios frente a situaciones de vulnerabilidad social y económica”. Además, ha aprobado un RD que regula y flexibiliza la aplicación de determinadas disposiciones de la Unión Europea (UE) en materia de higiene alimentaria (junto con Agricultura) y otro RD de comunicaciones comerciales de las actividades del juego (con Economía). También ha alcanzado tres acuerdos para sacar adelante otras medidas administrativas.

Aunque es difícil valorar el peso de cada medida aprobada y su complejidad sin un análisis cualitativo, solo hay otro ministerio con tan pocos decretos aprobados en solitario, el de Sanidad, aunque en su caso ha sacado adelante 233 acuerdos, muchos más que Consumo. Como informó El Confidencial hace unos meses, el caso de Sanidad se explica porque la mayoría de medidas sanitarias aprobadas desde el inicio de la pandemia estaban incluidas en decretos más amplios que recogían normas de varios ministerios. Tras la entrada en vigor del estado de alarma, gran parte de la actividad de la institución que dirigía Salvador Illa durante el inicio de la crisis sanitaria se desarrolló a través de órdenes ministeriales.

Como puede verse en el gráfico, el más prolífico hasta la fecha es Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, con 111 decretos, ya que recaen en esta cartera cuando participan varios ministerios. A Consumo le sigue por la cola el Ministerio de Universidades, que dirige Manuel Castells, con tres reales decretos (de rango inferior que el real decreto-ley) y 22 acuerdos. Para este análisis, no se han contado los nombramientos y designaciones de las distintas administraciones públicas para no desvirtuar la comparativa en términos de actividad.

El equipo de Garzón, que pide no fijarse en las leyes aprobadas exclusivamente para medir el trabajo de este año y medio, asegura en conversación con El Confidencial que poco a poco están consiguiendo llevar a cabo “una verdadera política de Estado en materia de protección de consumidores”, algo que no existía hace 10 años. Además, insisten en que están realizando un esfuerzo “ingente” con recursos “muy reducidos” contra “adversarios muy poderosos”.

Consumo defiende que, poco a poco, están llevando a cabo "una verdadera política de Estado en materia de protección de consumidores"

“Hemos tenido conflicto con la patronal alimentaria, las multinacionales de juego, la Liga de fútbol, los medios de comunicación cuyos ingresos dependían de la publicidad, las grandes entidades financieras, las grandes aerolíneas y ahora la industria cárnica y las grandes empresas de ganadería intensiva”, recalca un portavoz.

Contra las apuestas, su medida estrella

Hasta la fecha, su gran éxito ha sido la prohibición de la publicidad de casas de apuestas en partidos de fútbol —que entra en vigor el 30 de agosto—. La industria, pese a que está tratando de congelar esta ley en los juzgados, ya da por hecho que se va a implementar, según fuentes contactadas por El Confidencial. Garzón ha presumido de que, gracias al trabajo del Ministerio de Consumo, se podrá regular un sector que, hasta ahora, era una “jungla”.

Otro de las medidas estrella es el NutriScore, fuente de críticas por parte de dietistas y nutricionistas. Uno de los comentarios más repetidos señalaba la incongruencia de poner en el mismo nivel el aceite de oliva con el aceite de colza o con alimentos ultraprocesados. Pero Garzón, aunque reconocía que no era perfecto, ha seguido defendiéndolo. “Este ministerio va a promover NutriScore y lo hacemos por convicción, porque creemos que salva vidas”, dijo hace unos meses.

Foto: Pablo Casado, el año pasado en una explotación láctea en Lugo. (EFE)

Desde el ministerio, también recuerdan que en año y medio han prohibido los números de teléfono 902 y aprobado normas para ayudar a la ganadería extensiva, y ya están a punto de aprobar una Ley de Servicio de Atención al Cliente. Aun así, reconocen que queda mucho por hacer: “No se corrige un déficit democrático en tan corto plazo de tiempo y el camino no es llano. En España, no hay cultura de los derechos de los consumidores equiparable a la de la Unión Europea”, destacan.

Las asociaciones de consumidores, por su parte, piden no centrarse exclusivamente en las medidas aprobadas y aplauden parte del trabajo realizado hasta la fecha por Alberto Garzón y su equipo, aunque insisten en que a un ministerio se le puede pedir más. “Es cierto que hay poco del Ministerio de Consumo que se vea en el BOE, pero hay otras cosas que hace Alberto Garzón en el Consejo de Ministros”, afirma Rubén Sánchez, portavoz de Facua. “Más allá de eso, aunque es poco, sigue siendo más de lo que estábamos acostumbrados. Nosotros pensamos que tiene que hacer más, sobre todo, porque es un ministerio”.

Sánchez cree que la polémica de la carne le podría ser beneficiosa para relanzar su carrera política y defender al consumidor en otros sectores. “Con esto, debería coger carrerilla y asumir que sus competencias no están solo en el ámbito alimentario. Debería lanzarse a señalar públicamente a las empresas del sector de las telecomunicaciones, la banca o las aerolíneas que cometen fraude a los consumidores”.

Foto: Alberto Garzón, ministro de Consumo, al llegar al Palacio de la Moncloa para su primer Consejo de Ministros. (EFE) Opinión

“Al menos se habla del ministro, aunque sea para recibir críticas”, explica por su parte Eduardo Bayón, consultor en comunicación política, sobre la polémica de la reducción del consumo de carne. Bayón considera que, aunque el debate no dio entrada a propuestas y degeneró en chascarrillos, Garzón consiguió introducir el tema y ganar una visibilidad que, hasta la fecha, era cada vez más menguante.

Turbulencias en la izquierda

A nivel político, los últimos meses no están siendo fáciles para Alberto Garzón. Por un lado, la confluencia de Izquierda Unida con Podemos ha diluido su partido dentro de la formación morada. Además, se ha visto ensombrecido por el ascenso en Unidas Podemos de Yolanda Díaz, militante de IU hasta finales de 2019 pero que entró en el Gobierno como parte de la cuota de Unidas Podemos. Según publicaba recientemente El Confidencial, la relación entre la ministra de Trabajo y actual vicepresidenta segunda y Alberto Garzón no es la mejor.

Foto: Comparecencia del ministro Garzón en el Senado. (Zipi/EFE) Opinión

Según diversas informaciones de los últimos meses, Garzón habría recibido presiones para presentarse como candidato a las elecciones autonómicas en Andalucía. “Yo no me veo”, dijo hace unos días en Sevilla, en un viaje que muchos pensaron que se trataba de la antesala del lanzamiento de su campaña. Incluso fue tanteado como posible número uno de Unidas Podemos en Madrid cuando Isabel Díaz Ayuso convocó elecciones anticipadas, pero rechazó la propuesta y propició el salto fallido de Pablo Iglesias.

Por otro lado, con Pablo Iglesias fuera del Ejecutivo, Garzón se ha convertido en el objetivo más fácil del PSOE dentro del Gobierno sin tensionar en exceso las relaciones con los ministros del partido. “No solo forma parte de IU y es, hasta cierto punto, un 'outsider', sino que además es uno de los ministros menos populares entre los electores”, comenta Alain Acevedo.

Foto: La vicepresidenta primera, Carmen Calvo (d), conversa con la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE)

Sobre la figura como ministro, Bayón cree que le ocurre como a Pablo Iglesias o Irene Montero, que tienen baja valoración en el CIS (en el caso del ministro de Consumo, es un 3,9) por la “animadversión” que generan entre los votantes de derechas. Además, el analista en comunicación recuerda que Garzón lleva 10 años en primera línea, una cifra que, para el ritmo mediático actual, produce cierto desgaste. Y más cuando desde su ministerio tiene poca capacidad de maniobra.

“Garzón tiene que afrontar su supervivencia política y la de su partido desde un ministerio creado 'ad hoc' con competencias poco claras y con delicados límites de cara a su poder de actuación, ya que se ve obligado a tratar y negociar simultáneamente con varios de los sectores con más peso en la economía española”, afirma Acevedo. Tanto él como Bayón describen a un ministro que está atado de pies y manos por el Gobierno y las grandes industrias por sus escasas competencias. "Su poder es muy limitado y la materia es poco relevante en comparación con otras carteras ministeriales, lo que hace que esté un poco solo", culmina Bayón.

Tras la polémica del consumo de carne originada por los comentarios de Alberto Garzón, muchos de sus críticos insinuaron que, como el Ministerio de Consumo no podía emprender acciones de calado, su ministro se dedicaba a hacer ruido. “Como son muchos ministerios y ministros, dicen: 'Tengo que hacer algo para salir en la tele", dijo Inés Arrimadas, en unas declaraciones que resumían el espíritu de la oposición. “Yo creo que hoy nos preguntamos para qué sirve el Ministerio de Consumo”.

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