El PIB acelera al cierre del segundo trimestre y ya crece a un ritmo anual del 8%
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AL CALOR DEL VERANO Y DE LA VACUNACIÓN

El PIB acelera al cierre del segundo trimestre y ya crece a un ritmo anual del 8%

La economía española acelera al ritmo que marcan la vacunación y la temporada turística. Tras el desplome de 2020, crece ya en torno a un 8% en términos anuales

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Nadia Calviño. (EFE)

La actividad económica se acelera. Y lo hace a un ritmo desconocido en la reciente historia económica de España en términos anuales. Lógicamente, porque también el desplome del año pasado (-10,8%) fue el más elevado que se recuerda, y lo que se está produciendo ahora es un potente efecto rebote a medida que avanza la vacunación y se levantan las restricciones a la movilidad. Obviamente, sin tener en cuenta los datos más recientes del mes de julio, que registran un fuerte aumento de los contagios, aunque aún es pronto para conocer los consiguientes efectos sobre la movilidad y, por ende, sobre la economía.

El resultado es que, cerrado el segundo trimestre de este año, que marca el inicio de la recuperación tras un decepcionante primer trimestre (el PIB retrocedió un 0,4%), todos los indicadores, tanto los adelantados, que reflejan las expectativas de los agentes económicos, como los observados, reflejan un aumento del PIB por encima del 2% en tasa intertrimestral. Es decir, comparando los datos del segundo trimestre con los del primero.

Esto significa que, si se anualiza esa tasa por los cuatro trimestres de un año, que es con la previsión con que trabaja el Banco de España, según avanzó hace unos días el propio gobernador, Pablo Hernández de Cos, la economía estaría creciendo ahora a un ritmo superior al 8%. Bruselas, como se sabe, acaba de revisar al alza el aumento del PIB para este año (6,2%), mientras que el BCE, en sus últimas previsiones, espera que el PIB real en la eurozona haya superado su nivel anterior a la crisis en el primer trimestre de 2022 (un trimestre antes de lo esperado en las proyecciones de marzo de 2021). Es decir, el ‘frente exterior’, que es clave para una economía tan abierta como es la española, parece despejado.

Este sólido crecimiento está avalado tanto por la demanda interna como por la externa, y, sobre todo, por indicadores muy relevantes, como el comercio minorista, la producción industrial, las ventas en grandes empresas, las disponibilidades de bienes de equipo, la matriculación de automóviles o la utilización de la capacidad productiva, que en el segundo trimestre del año se situó en el 78,1%, ya muy cerca del 80,3% alcanzado en 2019. También los indicadores adelantados, como los PMI de servicios y manufacturas, reflejan una intensa recuperación, como el consumo de energía eléctrica y, por supuesto, el empleo, que es la clave de bóveda del avance del PIB.

Vientos en contra

Los vientos en contra, sin embargo, también existen. En particular, por el repunte de los precios, que reducen la renta disponible a las familias, y que están impulsados, fundamentalmente, por el alza de la energía. Mientras que en 2020 el precio medio del barril de crudo tipo Brent se situó en apenas 43 dólares, lo que favoreció el consumo y el ahorro, en lo que va de año ya alcanza los 65 dólares de media, y con una clara tendencia al alza. De hecho, ya se sitúa en el entorno de los 77 dólares.

Pero también por el efecto de los actuales rebrotes en los contagios, que tienen consecuencias especialmente negativas para un país como España, tan dependiente del turismo extranjero. Y los datos más recientes muestran que el turismo internacional está muy lejos de recuperarse. Hasta mayo, los ingresos apenas alcanzaron los 3.350 millones de euros, a años luz de los 30.600 millones de 2019. Incluso, si se compara con 2020, el año de la pandemia, los datos son elocuentes. El año pasado, por estas fechas, se habían ingresado por el turismo extranjero 11.730 millones de euros, aunque hay que tener en cuenta, lógicamente, que los dos primeros meses y medio del año fueron ‘normales’, y fue a partir del 14 de marzo, tras la declaración del estado de alarma, cuando se bloquearon las fronteras.

Propensión al ahorro

Existe, igualmente, otro factor de incertidumbre que tiene que ver con el comportamiento del ahorro. Aunque su nivel se encuentra en niveles históricamente elevados (un 10,6% de su renta disponible), quienes han metido más dinero en la hucha son, precisamente, las rentas medias y altas, cuya propensión al consumo es menor que las rentas bajas. Esta evidencia sugiere que el ahorro embalsado tardará en salir más de lo que se puede presumir de forma intuitiva, y, de hecho, todavía se sitúa por encima de los niveles de 2011, en medio de la anterior crisis económica, cuyo impacto sobre el empleo fue muy superior al actual.

Tampoco hay que olvidar que, según datos de Funcas, el empleo efectivo de la economía española (es decir, teniendo en cuenta el número de afiliados descontando los trabajadores que se encuentran en ERTE o en situación de autónomos con prestación) se sitúa todavía en términos desestacionalizados muy por debajo de los niveles de febrero de 2020. En total, según estima Funcas, 932.000 puestos de trabajo que se han perdido o no pueden trabajar, lo que explica la enorme cantidad de horas perdidas por la economía española (3.500 millones en 2020).

Esa demanda embalsada, en todo caso, comienza a salir, aunque sea de forma moderada. El monitor de consumo de CaixaBank Research, que permite hacer un seguimiento al instante a través del desembolso a través de tarjetas de crédito, muestra, en concreto, que el gasto en ocio, restauración y turismo registra un crecimiento “muy significativo”, al ritmo que marca el levantamiento de las restricciones.

El gasto con tarjetas españolas avanza, en concreto, a un ritmo del 7% en términos interanuales, mientras que las que utilizan los extranjeros crecen nada menos que un 70%, aunque hay que tener en cuenta en este caso el efecto base. Es decir, que el año pasado los viajes internacionales sufrían restricciones muy severas. Teniendo en cuenta tanto las nacionales como las extranjeras, el gasto con tarjeta hasta el pasado 4 de julio crece un 9%. Es decir, no se tiene en cuenta la incidencia que pueden estar teniendo las recientes limitaciones al consumo y al ocio nocturno a causa de los rebrotes.

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