El paro de larga duración se extiende y se ceba con los mayores de 55 años
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LA CRISIS ACELERA EL PROBLEMA

El paro de larga duración se extiende y se ceba con los mayores de 55 años

La crisis del coronavirus va quedando atrás, pero hay segmentos de la población que sufren sus cicatrices. En particular, los parados de larga duración y quienes tienen más de 55 años

placeholder Foto: Un hombre entra a una oficina de empleo. (EFE)
Un hombre entra a una oficina de empleo. (EFE)

La economía se recupera al calor de la temporada turística y del ritmo de vacunaciones, pero las cicatrices son todavía algo más que visibles. Y no solo en lo que respecta a los trabajadores que todavía continúan con el empleo suspendido, que al fin y al cabo reciben alguna prestación pública y mientras tanto no ven correr el reloj del desempleo, sino, sobre todo, en el caso de los parados de larga duración. Es decir, aquellos que han presentado una demanda de empleo y llevan más de un año sin respuesta.

No es un problema cualquiera. La última EPA muestra que 920.000 trabajadores llevan dos años o más en paro, lo que supone uno de cada cuatro desempleados. Por lo tanto, estaban en esa situación antes de que asomara la pandemia.

El caso más preocupante es el de los mayores de 55 años, cuyas probabilidades de encontrar empleo se van esfumando a medida que pasa el tiempo. Según la última EPA, el 12,7% de la población activa mayor de esa edad se encontraba en paro en el primer trimestre de este año. Son dos puntos menos que en el conjunto de la ocupación, pero hay que tener en cuenta que en muchos casos se trata del único ingreso que entra en casa, al ser los sustentadores principales de la familia.

Algunos estudios han relacionado el paro de larga duración con la obsolescencia del capital humano y con una pérdida creciente de competencias a medida que aumenta el tiempo en situación de desempleo. Además del coste que tiene para las arcas públicas un elevado nivel de desempleo de carácter estructural. En la actualidad, los mayores de 55 años suponen la tercera parte de los beneficiarios de desempleo, tanto en su nivel contributivo como no contributivo.

Los datos del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) muestran, en concreto, que nada menos que el 47,9% de los parados mayores de esa edad registrados en sus oficinas llevan dos o más años sin encontrar un puesto de trabajo, pero es que otro 26,5% lleva más de un año. En total, por lo tanto, tres de cada cuatro trabajadores (el 74,4%) con más de 55 años son parados de larga duración, lo que refleja las enormes dificultades para su reinserción laboral. El año pasado, también en abril, ese porcentaje era del 58,6%, mientras que un año antes era del 61,3%.

Demandantes de empleo

Eso quiere decir que la crisis, más allá del nivel de protección social, se está cebando en los demandantes de empleo de mayor edad, en muchos casos ‘víctimas’ de ajustes de plantilla en función de la edad. Algo que explica la estrategia del Gobierno de endurecer las jubilaciones anticipadas.

Esto se evidencia, además, a la vista de que solo el 11,3% de quienes tienen entre 25 y 35 años tarda más de dos años en encontrar un puesto de trabajo, cinco veces menos que los mayores de 55 años. Existe, por lo tanto, un claro sesgo laboral que perjudica a los mayores que ya tienen en el horizonte su jubilación. En total, y en términos absolutos, este desequilibrio afecta a 712.592 trabajadores con 55 años o más que llevan más de un año sin encontrar un empleo a la luz de la información que suministra el SEPE, cuya metodología es distinta a la de la EPA.

Detrás de esa cifra existen muchos factores, pero el más importante tiene que ver con las dificultades de casar oferta y demanda por razones de cualificación profesional. Esto se refleja en el hecho de que casi el 30% de los 3,91 millones de parados que había el pasado mes de abril (aunque el número de demandantes es superior a los 7,1 millones) había alcanzado un nivel elemental de educación. Es decir, sin estudios o únicamente primarios, lo que hace que su reinserción laboral sea más difícil.

Esta realidad se manifiesta con toda crudeza en una estadística que publica mensualmente el SEPE, y que es la que mejor refleja la realidad laboral del país. La primera de las 20 ocupaciones más demandadas por los parados es ‘personal de limpieza y limpiadores en general’, mientras que la segunda es ‘dependientes de comercio’. La tercera es ‘administrativos’ y la cuarta, ‘peones de la industria manufacturera’.

Foto: (iStock)

Estas cuatro actividades concentran nada menos que el 30% de las demandas de empleo presentadas por los parados. La quinta actividad la conforman los camareros y la sexta y séptima, peones de la construcción y albañiles. En los tres primeros casos (limpieza, dependientes y administrativos) se produce un claro sesgo de género. Son las mujeres quienes copan las demandas de empleo en esas actividades.

El caso de los parados de larga duración, independientemente del sexo, es llamativo porque se evidencia una relación directa entre nivel de paro y formación académica-profesional. Así, según la Encuesta de Población Activa (EPA), el 44% de los parados de mayor edad son analfabetos funcionales, el 30% ha cursado estudios primarios de forma incompleta y el 21,5%, educación primaria. Por el contrario, el paro entre quienes han alcanzado una educación superior se sitúa en el 6,4%, menos de la mitad que en el conjunto del mercado laboral.

La economía se recupera al calor de la temporada turística y del ritmo de vacunaciones, pero las cicatrices son todavía algo más que visibles. Y no solo en lo que respecta a los trabajadores que todavía continúan con el empleo suspendido, que al fin y al cabo reciben alguna prestación pública y mientras tanto no ven correr el reloj del desempleo, sino, sobre todo, en el caso de los parados de larga duración. Es decir, aquellos que han presentado una demanda de empleo y llevan más de un año sin respuesta.

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