La desigualdad salarial aumentó en 2019 pese a la subida histórica del salario mínimo
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La desigualdad salarial aumentó en 2019 pese a la subida histórica del salario mínimo

El problema de pobreza laboral para el 20% de asalariados con menos renta no es tanto el salario por hora trabajada como el número de horas que trabajan a lo largo del año

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El salario mínimo interprofesional (SMI) es una de las principales herramientas que tiene un Gobierno para combatir la pobreza laboral y reducir la desigualdad. Sin embargo, en los territorios donde existe un problema de intensidad laboral (número de horas trabajadas a lo largo del año), el SMI pierde radicalmente su eficiencia. Es lo que le ha ocurrido a España en los últimos años, ya que las subidas históricas del salario mínimo apenas han tenido incidencia sobre los niveles de pobreza.

En el año 2019, el Gobierno aprobó la mayor subida del SMI, con un alza del 22%, hasta 900 euros en 14 pagas. Este incremento permitió a casi 1,5 millones de trabajadores mejorar su retribución por hora trabajada, en especial a asalariados de microempresas y muchos trabajadores de la hostelería y la agricultura, como pone en evidencia un estudio reciente del Banco de España. Sin embargo, el SMI sigue mostrando problemas para reducir los niveles de pobreza. La distancia salarial entre las rentas más altas y las más bajas no solo no se redujo en 2019, sino que aumentó levemente, como muestran los datos de la 'Encuesta anual de estructura salarial'.

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Esta estadística del INE enmienda los datos adelantados por los deciles de la EPA (Encuesta de Población Activa), ya que muestra que la mejora de las retribuciones entre las rentas más bajas fue peor de lo estimado inicialmente. Es importante tener en cuenta que la muestra de la encuesta de estructura salarial es más numerosa, aunque deja fuera el sector de la agricultura y la mayor parte del sector público. Los resultados muestran que la desigualdad entre los dos extremos de la distribución salarial (el primer y el último decil) volvió a aumentar en 2019.

En concreto, el salario anual bruto del último decil (el 10% con mayor renta) fue 3,5 veces superior al del primer decil (el 10% con las rentas más bajas). Este dato supone un aumento de 25 puntos básicos respecto al año 2018 y vuelve a situarse en la media histórica de los 10 años anteriores. Lo que muestra este dato es que los ingresos de las clases altas crecieron en un porcentaje superior al de las rentas más bajas.

Estos datos evidencian hasta qué punto la subida histórica del SMI ha tenido una incidencia limitada a la hora de mejorar los ingresos de las rentas más bajas. El problema al que se enfrenta esta política es el de la intensidad laboral: trabajadores con contratos a tiempo parcial o temporales que implican que al final de año trabajen menos tiempo que un asalariado a tiempo completo con jornada indefinida.

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Este problema de precariedad en la contratación es estructural en el mercado laboral español y explica por qué las subidas del SMI tienen un impacto limitado o nulo sobre la reducción de la desigualdad. De hecho, un trabajador que percibe el SMI con un contrato a tiempo completo e indefinido no estará en el primer decil de renta, sino en el tercero o el cuarto (todavía no está disponible esta estadística para 2019). Esto es, la pobreza laboral no se debe tanto al salario por hora de trabajo como al número de horas trabajadas.

Entre el 10% de los trabajadores que menos ganan, solo el 3% tiene un contrato indefinido a tiempo completo (dato de los deciles de la EPA). Y en el segundo decil, son el 37%. Este dato muestra claramente que el problema de las rentas más bajas es que tienen pocas horas de trabajo.

Otro indicador relevante que ofrece la encuesta de estructura salarial es el de proporción de "trabajadores con ganancia baja", esto es, cuyos ingresos sean inferiores a dos tercios del salario mediano. Este porcentaje aumentó en casi dos puntos en 2019, hasta el 15%, rompiendo una racha de tres años de reducción. Esto significa que todo el primer decil de rentas y la mitad del segundo están en esta categoría de “trabajadores con ganancia baja”.

Estos datos dejan algunas dudas sobre el impacto del SMI sobre la intensidad laboral de los trabajadores con menores ingresos que abre una nueva vía de estudio utilizando microdatos. ¿Los trabajadores afectados por el SMI con empleos temporales o a tiempo parcial sufrieron una reducción de su jornada laboral? La leve mejora de su renta salarial anual podría responder a este factor, pero aún no hay datos disponibles.

Lo que sí se produjo en 2019 es una reducción del índice de Gini, uno de los indicadores más relevantes utilizados para medir la distribución de la renta y, por tanto, de la desigualdad. En este indicador sí que se incluyen los tramos intermedios de salarios, no solo los más altos y los más bajos, de modo que revela la situación del conjunto del mercado laboral (incluyendo así a trabajadores que cobren el SMI, pero que tienen una elevada intensidad laboral). El índice de Gini bajó en 2019 hasta 22,8 puntos, cinco décimas mejor que en 2018. Sin embargo, a pesar del avance, la desigualdad sigue por encima de los niveles precrisis, lo que es un indicio más de que el problema de la pobreza laboral se centra en la intensidad laboral y no tanto en el salario por hora de trabajo.

El salario mínimo interprofesional (SMI) es una de las principales herramientas que tiene un Gobierno para combatir la pobreza laboral y reducir la desigualdad. Sin embargo, en los territorios donde existe un problema de intensidad laboral (número de horas trabajadas a lo largo del año), el SMI pierde radicalmente su eficiencia. Es lo que le ha ocurrido a España en los últimos años, ya que las subidas históricas del salario mínimo apenas han tenido incidencia sobre los niveles de pobreza.

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