¿Es progresivo o regresivo bajar el IVA a la electricidad?
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Medida para contener los precios

¿Es progresivo o regresivo bajar el IVA a la electricidad?

Las familias con menos recursos destinan más del 5% de su presupuesto al consumo de electricidad y combustibles, de modo que una rebaja del IVA será un alivio para sus bolsillos

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El Gobierno aprobará en los próximos días una rebaja transitoria del IVA a la electricidad, que pasará del tipo general del 21% al reducido, del 10%. Aunque los socios de gobierno todavía están ultimando los detalles de la medida, se trata de un movimiento ‘in extremis’ provocado por la fuerte subida del precio de la luz en las últimas semanas. Esta inflación de un bien tan demandado por los hogares (es un tercio del consumo de alimentos y más del doble que el gasto en ropa) supone una gran presión para los partidos que conforman el Ejecutivo, porque en el pasado fueron muy críticos con la subida de la energía y porque está enterrando su reforma de la factura eléctrica.

La solución de último recurso de cualquier autoridad para bajar el precio siempre es la misma, reducir el IVA. Sin embargo, esta es una medida que puede tener carácter regresivo, ya que todos los hogares consumen energía y, además, los que tienen una situación económica más favorable son los que pueden permitirse un gasto mayor. Estos tipos reducidos del IVA son regresivos en numerosas ocasiones. ¿Y en esta?

Foto: La ministra portavoz del Gobierno, María Jesús Montero. (EFE) Opinión

Lo que muestran los datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares es que la rebaja del IVA a la electricidad será progresiva. Los hogares con menores ingresos destinan un porcentaje muy significativo de su presupuesto familiar a la energía doméstica (principalmente electricidad, aunque también incluye gas y otros combustibles), que supera ampliamente el 5%. En los hogares con ingresos netos mensuales inferiores a 1.000 euros, la factura energética supera el 5,2% de todo su gasto mensual. Esto es, uno de cada 20 euros de su gasto se destina a la energía.

Este porcentaje es decreciente a medida que aumentan los ingresos. Los hogares con ingresos netos de entre 1.000 y 2.000 euros mensuales destinan en torno al 4,5% de su presupuesto de gasto a la energía, los hogares que ingresan entre 2.000 y 5.000 euros dedican algo más de un 3,5%, y los que ganan más de 5.000 euros destinan menos del 2,9%.

Estas cifras son muy relevantes, ya que la diferencia del gasto es de casi el doble en los hogares con menores ingresos en comparación con las rentas más altas. Es importante tener en cuenta que estos datos se refieren al porcentaje del gasto total destinado a la energía. Pero todos los hogares no destinan la misma proporción de su renta al consumo.

Mientras que las rentas más bajas tienen una propensión al desahorro, las rentas altas generan un importante nivel de ahorro todos los meses. Es comprensible que así sea, ya que mientras los hogares con menos ingresos no generan suficientes ingresos para vivir (se trata de las familias en riesgo de pobreza), las rentas más altas tienen unos ingresos que exceden sus necesidades de gasto. Así lo muestra este estudio publicado por el INE y elaborado por los economistas Julio López-Laborda, Carmen Marín y Jorge Onrubia.

El porcentaje de gasto en energía de las rentas bajas duplica al de las altas

Esto significa que la brecha del esfuerzo realizado para pagar la factura eléctrica (porcentaje sobre sus ingresos) es incluso mayor al señalado anteriormente. Los hogares con menores ingresos destinan un porcentaje superior al 5,2% de sus ingresos a hacer frente a la factura de la luz, mientras que entre las rentas más altas será claramente inferior al 3%.

Se trata, por tanto, de una bajada de impuestos que será redistributiva de la renta, beneficiando especialmente a las clases bajas. La rebaja del IVA se acompaña de otra medida complementaria que debería aumentar la progresividad de la misma: no podrán beneficiarse quienes tengan una potencia contratada superior a 10kW, previsiblemente familias con más recursos.

Foto: La presidenta del Consejo de Estado, María Teresa Fernández de la Vega. (EFE)

No todos los casos de IVA reducido son progresivos, de hecho, algunos son claramente regresivos. Es el caso, por ejemplo, del IVA reducido a la hostelería, que se grava también con un tipo del 10%. Los hogares con rentas más altas destinan el 10% de su presupuesto a comer en restaurantes, cifra que es menos de la mitad entre las rentas bajas. Y lo mismo ocurre con los servicios de alojamiento: son el 2% del gasto de las rentas altas y menos del 0,3% en las rentas bajas.

En resumen, mientras las rentas bajas gastan más cada año en electricidad que en comer en restaurantes e irse de vacaciones, las rentas altas gastan cuatro veces más en comidas y vacaciones que en electricidad. Se trata, por tanto, de un beneficio fiscal muy regresivo que apenas llega a las clases más bajas y que acaparan las rentas altas.

Lo mismo ocurre también con la cultura, que en la mayoría de los casos tributa al tipo reducido del 10%, incluyendo las entradas de cine, rebajadas en 2018. Las rentas altas destinan algo más del 2% de su presupuesto a fines culturales, mientras que en los hogares que ganan menos de 1.000 euros, el gasto es inferior al 1%.

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