Bruselas pide atar en corto a las empresas extranjeras subsidiadas mirando a China
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TRAS EL ACUERDO DE INVERSIONES

Bruselas pide atar en corto a las empresas extranjeras subsidiadas mirando a China

La Comisión Europea ha presentado este miércoles una propuesta para poder atar en corto a las empresas de países terceros, mirando de reojo a China

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El Ejecutivo comunitario ha desvelado este miércoles una esperada propuesta con la que pretende poder controlar a las empresas con actividad en la Unión Europea que hayan recibido subsidios de países terceros, para evitar, por ejemplo, que puedan comprar empresas estratégicas o tengan acceso a algunas licitaciones públicas de alto interés. Y sí, Bruselas está mirando a Pekín.

La idea tiene dos patas. Por un lado, una meramente económica: se trata de evitar las distorsiones dentro del mercado interior. Una empresa con apoyo de un país tercero como China puede ofrecer siempre mejores precios y condiciones que empresas europeas en las que el apoyo estatal está muy controlado. El “terreno de juego” está siempre inclinado del lado chino. La otra pata es estratégica: hay empresas e infraestructuras que no deberían estar en manos de Estados en los que la Unión Europea no confía. Este debate ya se vivió intensamente respecto a si era necesario limitar el poder de los proveedores chinos, en concreto Huawei, en la infraestructura del 5G europeo.

No es el primer paso que la Unión Europea da en esta dirección. En 2019 se aprobó un mecanismo para el control de inversiones extranjeras con la oposición de algunos países, como Grecia. No en vano, algunos Estados miembros reciben muchas inversiones desde Pekín. El puerto del Pireo, en Atenas, está controlado por manos chinas. Ese mecanismo de cribado de inversiones extranjeras pasó a ser operacional en octubre de 2020, pero sigue dejando todo en manos de las capitales. Ahora la Comisión Europea quiere tener el poder, aunque antes de que esta propuesta sea confirmada tendrá que ser negociada con los representantes de los Estados miembros, es decir, el Consejo, y con el Parlamento Europeo, un proceso largo en el que sufrirá cambios.

Foto: (Reuters) Opinión

Aunque la propuesta no menciona a China, llega en un momento en el que las relaciones entre los Veintisiete y el gigante asiático se han tensado mucho. A pesar de que en diciembre se cerró un acuerdo de inversiones entre ambos bloques, lo que se leyó como un intento de acercamiento y apertura del mercado chino, este se encuentra ahora mismo en el congelador después de que el Gobierno chino decidiera sancionar a eurodiputados como represalia a las sanciones europeas contra un grupo de funcionarios de la región de Xinjiang, donde la minoría musulmana uigur es perseguida. Según algunas organizaciones no gubernamentales y también según el parlamento de Países Bajos lo que ocurre en Xinjiang merece la etiqueta de genocidio.

Margrethe Vestager, vicepresidenta de la Comisión Europea, a cargo del ala de Competencia de la institución, uno de los equipos más poderosos del barrio europeo, sabe que el instrumento es polémico e intrusivo. Pero hace días señalaba que tenía que serlo si se deseaba que fuera efectivo. Porque lo cierto es que hay muchas formas para una empresa china de recibir apoyo estatal, y muchas de esas ayudas pueden pasar bajo casi cualquier radar: bajo precio en electricidad, facilidades logísticas, ayudas fiscales o directamente subsidios. Si se quiere atar en corto a las empresas más grandes, el instrumento tiene que ser intrusivo, porque de lo contrario será complicado llegar al fondo del asunto, consideran en el equipo de Vestager.

Así, cualquier fusión entre una empresa con una facturación superior a los 500 millones de euros y una entidad de un país tercero que haya recibido un apoyo superior a los 50 millones de euros en tres ejercicios fiscales por parte de su Estado, ya sea en forma de subsidios, incentivos fiscales u otras vías, tendrá que ser notificada al Ejecutivo comunitario. También se controlará la participación de empresas en concursos públicos cuando el valor de la contratación supere los 250 millones de euros, otro de los puntos clave.

Foto: Líderes de la Unión Europea hablando con Xi Jinping por videoconferencia. (Reuters)

La Comisión Europea se reserva también el derecho a poder iniciar investigaciones por su propia iniciativa, sin que haya ninguna oferta ni ninguna operación en marcha. Así, cuando el Ejecutivo comunitario identifique a una empresa que puede representar un “riesgo grave de daño irreparable a la competencia en el mercado único” podrá empezar una investigación. En todos los casos, el Ejecutivo comunitario tendrá una caja de herramientas para hacer cumplir sus exigencias: si una empresa diera datos erróneos afrontaría una multa del 1% de su facturación global y un 10% de la facturación global si las empresas no toman las medidas necesarias, además de bloquear las operaciones o su participación en concursos públicos.

Pero las medidas europeas no son una declaración de guerra. En la Comisión Europea, pero sobre todo en Berlín, se sigue creyendo que Pekín puede llegar a abrirse. Angela Merkel, canciller alemana, considera que el acuerdo de inversiones cerrado en diciembre, y que se concluyó por una particular insistencia del Gobierno alemán, demuestra que es posible conseguir que el Gobierno chino cumpla las reglas. Más o menos. Merkel ha calificado el acuerdo de “piedra angular” de la relación con Pekín. Esa creencia no la comparte Washington. Al equipo de Joe Biden le molestó que la Unión Europea cerrara el acuerdo de inversiones con China sin haberlo consultado con ellos. Y creen que Europa se equivoca creyendo que puede cambiar la actitud de Pekín, algo en lo que coinciden las voces más autorizadas en el Parlamento Europeo.

En línea con esa voluntad de Berlín de mantener abierta una tercera vía con Pekín, el objetivo final de la Comisión Europea no es limpiar la Unión de empresas chinas. De hecho, el objetivo prioritario es que, con esa necesidad de notificar las operaciones a Bruselas, el equipo de Vestager pueda arrancar a las empresas asiáticas concesiones que les hagan cumplir algunas de las normas mínimas. De nuevo: guiar a China hacia los estándares europeos. Utilizar la espada para guiar, no para matar. Pero para que cumpla ese objetivo debe verse claramente que la espada está afilada. Es necesario que la medida sea lo suficientemente ambiciosa como para meter miedo a Pekín y a las empresas chinas, para que vean que Bruselas tiene el instrumento, y que lo puede utilizar.

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