La inmigración desoye la pandemia económica y sigue creciendo (36.109 más)
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RADIOGRAFÍA DE 2020

La inmigración desoye la pandemia económica y sigue creciendo (36.109 más)

Los flujos migratorios se han atenuado en 2020, pero, aun así, la llegada de extranjeros ha seguido creciendo. Justo lo contrario de lo que sucedió en la anterior crisis

placeholder Foto: Un inmigrante, trabajando en la construcción en una imagen de archivo. (EFE)
Un inmigrante, trabajando en la construcción en una imagen de archivo. (EFE)

La pandemia lo ha cambiado casi todo. También los flujos migratorios. Pero, al contrario de lo que sucedió en la anterior crisis económica, la entrada de inmigrantes no comunitarios, lejos de volver a tasas negativas, ha seguido creciendo pese al aumento del desempleo en España (16,1%) y, en general, al empeoramiento de la actividad económica.

En el año 2020, en total, el Registro Central de Extranjeros (RCE) ha identificado la entrada de 137.120 personas, de las que el 74% fueron ciudadanos en régimen de libre circulación procedentes de la Unión Europea (UE). No se contabilizan los que han entrado de forma irregular.

Aunque se trata del menor incremento desde 2016, hay una diferencia. La economía está ahora inmersa en una dura crisis, al contrario que en los cinco años anteriores. Lo más significativo, sin embargo, es que el número de extranjeros del régimen general, es decir, los de fuera de la Unión Europea, ha seguido creciendo (un 1,6%), hasta los 36.109, lo que supone un cambio sustancial respecto de lo que sucedió en 2010 y los años siguientes, en plena doble recesión de la economía española.

En 2011, por ejemplo, salieron de España 15.891 extranjeros, mientras que un año después la cifra escaló hasta los 95.568. Al siguiente, ya fueron 101.068. En total, entre 2011 y 2016, abandonaron España (saldo entre entradas y salidas) 288.872 inmigrantes registrados, justo lo contrario de lo que ha sucedido en el año de la pandemia, en particular, durante el primer semestre, ya que en el segundo la entrada de inmigrantes fue negativa.

En todo caso, si se analizan los últimos cinco años, el crecimiento acumulado de inmigrantes no comunitarios, que tienen un régimen administrativo distinto, es del 7%. Algo más de 2,26 millones de personas están inscritas en ese régimen. Es decir, con papeles que acrediten su residencia. Otros 3,53 millones son extranjeros amparados por la libre circulación de personas de la UE (incluidos los británicos).

Más vulnerables

Los datos son relevantes, precisamente, porque se registran en un contexto muy delicado económicamente. No solo para los nacionales, sino, sobre todo, para los inmigrantes, que suelen ocupar empleos de menor cualificación y, por lo tanto, son más vulnerables ante cambios drásticos en el mercado de trabajo, lo que en muchos casos les obliga a regresar a sus países de origen. Mientras que la tasa de paro se sitúa en un 14,5% entre los españoles, en el caso de los extranjeros es casi el doble. En concreto, del 26,6%, según la última Encuesta de Población Activa (EPA).

Hay que tener en cuenta, como sostiene el catedrático Luis Garrido, que la situación laboral de lo que él llama inmigración económica es "malísima". Es decir, aquellos inmigrantes con edades comprendidas entre 25 y 44 años que vinieron a España en busca de una oportunidad. Un dato lo corrobora. La tasa de empleo entre esos inmigrantes se sitúa 16,9 puntos por debajo de la de los nacionales, y entre ellos hay 6,4 puntos más en tasa de paro, lo que, en teoría, debería influir a la hora de decidir su lugar de residencia. Aunque si se excluye Madrid, la distancia es todavía mayor: 18 puntos menos de tasa de empleo y 6,8 puntos más de tasa de paro que los españoles nacidos en España.

Esa tasa de ocupación respecto de los nacionales es, incluso, mucho peor si se compara con la que había en los años más duros de la anterior crisis económica, cuando la distancia se situaba entre 10 y 12 puntos. La diferencia, de hecho, ha ido creciendo de forma vertiginosa desde 2005. En el año 2002, incluso, la tasa de empleo de los inmigrantes, a los pocos años de que se produjera la gran entrada de inmigrantes al calor del 'boom' económico, era superior a la de los nacionales, pero hoy se ha desplomado.

Prestaciones sociales

¿Cuál es la razón por la que en esta crisis no se ha producido una salida significativa de inmigrantes y, por el contrario, siguen llegando? El profesor Garrido lo achaca a varios factores. En primer lugar, a la existencia de los ERTE, que garantizan unos ingresos aunque no se trabaje. Pero también a factores relacionados con la situación económica de sus países de origen, donde no pueden beneficiarse de prestaciones sociales que en España son gratuitas, como la educación, la sanidad, las rentas mínimas de subsistencia y, por supuesto, la seguridad, que es un factor muy a tener en cuenta por los inmigrantes. Esto hace, como sostiene Garrido, que muchos inmigrantes puedan vivir en España aunque no tengan un empleo o lo tengan esporádico y de mala calidad.

Otro dato lo corrobora. La población activa entre los extranjeros, que es la suma de los que tienen empleo y los parados, creció un 2,5% en 2020, frente a una caída del 1,8% entre los nacionales, y lo mismo sucedió en los dos años anteriores (un 6,5% frente al 0,2%, en 2019, y un 3,3% de aumento en 2018 frente al -0,1% de los nacidos en España).

Hay, además, otro factor. La crisis económica actual en el plano social, lejos de haberse resuelto, está escondida por los ERTE y otras prestaciones extraordinarias, pero en la medida en que esas ayudas se vayan suavizando o retirando, la tendencia cambiará. De hecho, eso es lo que sucedió en la anterior crisis. La salida de los inmigrantes no se produjo en 2008 y 2009, sino en los años inmediatamente posteriores. Está por ver lo que sucederá tras el actual derrumbe de la actividad económica, aunque los datos apuntan —en función de la tasa de empleo observada— a que prefieren vivir en España antes que volver a sus países de origen.

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