La pandemia borra 277.000 M de ingresos del Ibex hasta 2022 y 112.000 del Estado
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La pandemia borra 277.000 M de ingresos del Ibex hasta 2022 y 112.000 del Estado

Como con anteriores referencias —PIB o empleo, sin ir más lejos—, la conclusión de las cifras de déficit parece ser la misma: el roto ha sido histórico, pero menor de lo que cabía esperar

placeholder Foto: Interior del Palacio de la Bolsa de Madrid. (EFE)
Interior del Palacio de la Bolsa de Madrid. (EFE)

Las cifras de déficit público conocidas esta semana han propiciado la última ocasión de hacer un balance de daños de la crisis del coronavirus. Y como con anteriores referencias —PIB o empleo, sin ir más lejos—, la conclusión parece ser la misma: el roto ha sido histórico, pero menor de lo que cabía esperar.

Sin embargo, resultaría equívoco considerar que las cifras de 2020 encierran el grueso del impacto de la crisis en las cuentas públicas españolas. Con la pandemia aún coleando y los programas de vacunación avanzando a ritmos poco satisfactorios, la economía española parece condenada a seguir padeciendo los efectos de una situación que es especialmente nociva para el tejido productivo español, por su dependencia de sectores como el turismo y la restauración. De este modo, la crisis está llamada a seguir teniendo un efecto ostensible en las arcas nacionales.

Los 463.317 millones de euros de recursos no financieros acumulados por las administraciones públicas españolas a lo largo de 2020, pese a mejorar las últimas previsiones, se situaron muy por debajo de las estimaciones que imperaban antes del revés de la pandemia. A inicios del pasado año, las proyecciones del FMI apuntaban a que España cerraría el ejercicio con un volumen de ingresos de 503.693 millones de euros, una cifra un 8,71% superior a la finalmente registrada o, lo que es lo mismo, una brecha de más de 40.300 millones de euros.

Aunque la mayor resistencia evidenciada por los ingresos públicos en el último ejercicio podría dar pie a próximas revisiones al alza, lo cierto es que, a día de hoy, las estimaciones apuntan a que la crisis se seguirá notando durante este año y los próximos en un nivel de recursos públicos sensiblemente por debajo de lo que cabía esperar antes de que el coronavirus hiciera zozobrar la economía española.

Tomando como referencia, nuevamente, las estimaciones del FMI, se observa que en 2021 los ingresos públicos se situarán en los 478.144 millones de euros, frente a los 519.180 millones que auguraba antes de la pandemia, lo que supondría nuevamente un desvío de más de 40.000 millones de euros. A esto se añadirían algo más de 30.000 millones de euros en 2022, cuando está previsto que las administraciones públicas capten recursos no financieros por valor de 505.536 millones de euros. Lejos quedan las proyecciones de 536.215 millones sostenidas a inicios del pasado año.

En total, en tres ejercicios, los ingresos públicos en España se situarían más de 112.000 millones de euros por debajo de lo que era posible estimar antes del golpe de la crisis, lo que representa una merma conjunta superior al 7%. Y el ajuste a la baja de las proyecciones de ingresos públicos se extiende hacia los años siguientes, reflejando la dura realidad de una economía que no se espera que alcance los niveles de PIB previos a la crisis hasta, en el mejor de los casos, finales de 2023.

Foto: Llegada a Baleares de viajeros desde Alemania el pasado fin de semana. (EFE) Opinión

El deterioro de la recaudación pública se explica en parte por una menor capacidad para recaudar impuestos, debido a la menor actividad económica derivada del 'shock' del virus. Esto es evidente, por ejemplo, en lo referido al impuesto de sociedades, cuya recaudación en 2020 se redujo en un 12,4%, según las cifras reportadas por el IGAE.

Un descenso que tiene poco de sorprendente si se evalúa la evolución de los ingresos de las grandes empresas españolas, que han visto saltar por los aires las estimaciones que las acompañaban. Según los datos recopilados por Bloomberg, los analistas auguraban en febrero de 2020 que las cotizadas del Ibex registrarían unos volúmenes de ventas entre ese año y 2022 de 1,6 billones de euros, una cifra que supera en 277.457 millones la que se calcula a día de hoy, una vez conocidos los resultados del pasado ejercicio. Desde el inicio de la pandemia, un 17,38% de los ingresos previstos para las 35 compañías del Ibex entre 2020 y 2022 se ha esfumado.

Este descalabro fue especialmente significativo el año pasado, cuando las cifras finales de ventas se situaron más de 102.000 millones por debajo de las que se proyectaban cuando el covid-19 parecía un problema limitado a China y los países de su entorno. Pero, a pesar de las expectativas de recuperación de la economía a partir de este ejercicio, los números de los analistas siguen plasmando una realidad mucho menos alentadora para los próximos ejercicios que la que se presagiaba hace poco más de un año.

Obviamente, el golpe ha sido desigual, afectando de manera más significativa a los negocios más sensibles a las restricciones impuestas por la pandemia, como son las compañías turísticas, que han visto diluirse entre el 40 y el 55% de sus estimaciones de ingresos para este trienio. En términos relativos, el mayor golpe lo ha encajado IAG, que si el pasado febrero de 2020 podía esperar registrar (según las estimaciones del consenso) ventas cercanas a los 83.000 millones de euros entre 2020 y 2022, ahora aspira a un monto inferior a los 40.000 millones. Y no salen mucho mejor paradas Meliá, Aena o Amadeus: entre las tres, suman un deterioro de expectativas superior a los 17.000 millones de euros.

En términos absolutos, son también significativos los ingresos 'perdidos' por compañías como ArcelorMittal (más de 40.000 millones de euros en el periodo analizado); los grandes bancos, Santander y BBVA (más de 30.000 millones entre ambos), o Inditex, de la que hoy se proyecta un volumen de ventas en el periodo un 21,6% inferior al previsto antes de la pandemia (un recorte de más de 20.000 millones frente a expectativas previas).

Hay también algunas excepciones, con varias compañías viendo crecer sus expectativas durante este periodo, aunque por su limitado tamaño tienen un efecto poco significativo sobre el total. Entre estas, destaca PharmaMar, con un incremento de las ventas previstas entre 2020 y 2022 del 112%, propiciado en gran medida por los pasos dados en la comercialización de su fármaco Zepzelca. Por su parte, Cellnex ha aumentado sus previsiones en un 43,5%, reflejando los ingresos añadidos a partir de su intensa actividad de M&A.

El caso de Cellnex vale para reflejar que, aunque la tendencia a la baja resulta indiscutible, los datos de estimaciones de ventas de las distintas empresas no están únicamente influidos por la coyuntura económica, sino que cuestiones estratégicas internas, como los cambios de perímetro del negocio (ya sea por adquisiciones o por desinversiones), también han podido dejar su huella en los pronósticos del mercado.

Asimismo, es oportuno señalar que las cifras de ingresos solo representan una parte de la ecuación, tan relevante a la hora de medir el impacto financiero de la pandemia como la partida de gastos. En este aspecto, se establece una diferencia muy notable entre el Estado y las empresas. El primero se ha visto obligado a intensificar su política de gastos para amortiguar los efectos de la crisis sobre familias y empresas. Solo en 2020, el gasto público superó en casi 60.000 millones la cifra que se estimaba antes de la crisis (e incluso en más de 11.000 millones el cálculo lanzado por el FMI el pasado octubre), y las previsiones para 2021 y 2022 también asumen un incremento del gasto de 39.288 millones de euros respecto a lo que se preveía meses antes de la pandemia.

Estas cifras, que encierran además un componente estructural nada desdeñable, amenazan con hacer mucho más compleja la corrección de los desequilibrios fiscales del país y mantener las tasas de deuda en niveles claramente por encima del 100% durante los próximos ejercicios. Y es por eso que son muchas las voces que, sin negar la necesidad de asumir una serie de gastos extraordinarios en la coyuntura actual, reclaman que no se dilate en exceso el diseño de una hoja de ruta para la consolidación fiscal.

Foto: María José Montero. (Diseño: EC)

Mientras tanto, las empresas españolas han podido recurrir a ajustes de diverso tipo (recortes salariales o de plantilla, ERTE o reducción de inversiones y de contratación con proveedores, entre otros) que han permitido limitar las salidas de caja y suavizar el daño del desplome del negocio en sus resultados finales. De este modo, las empresas del Ibex han logrado sortear la crisis con un deterioro moderado de sus posiciones financieras, lo que se ha plasmado en un número limitado de recortes de 'rating' a pesar de la magnitud de la crisis.

Nada de esto ha sido suficiente, no obstante, para compensar la pérdida de negocio esperada. Como señalaba el Banco de España en una nota publicada el pasado marzo, aunque las expectativas de beneficios esperados para 2022 de las cotizadas europeas y españolas han experimentado una mejora modesta desde el pasado noviembre —al calor de las noticias sobre las vacunas—, aún se prevé que estarán, en el caso del Ibex, hasta un 30% por debajo de lo que se presumía en febrero de 2020.

Las cifras de déficit público conocidas esta semana han propiciado la última ocasión de hacer un balance de daños de la crisis del coronavirus. Y como con anteriores referencias —PIB o empleo, sin ir más lejos—, la conclusión parece ser la misma: el roto ha sido histórico, pero menor de lo que cabía esperar.

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