El BCE se estrella contra la realidad: el crédito no fluye pese a los tipos baratos
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El BCE se estrella contra la realidad: el crédito no fluye pese a los tipos baratos

La realidad se impone a la estrategia del BCE y su política de tipos baratos. El crédito a familias y empresas no crece. Hay un problema de oferta, también de demanda solvente

placeholder Foto: Fachada de cristal de la nueva sede del Banco Central Europeo. (EFE)
Fachada de cristal de la nueva sede del Banco Central Europeo. (EFE)

Un viejo aserto atribuido a Keynes sostiene que se puede llevar el caballo al abrevadero para que beba agua, pero que nadie le puede obligar a hacerlo. Esto es lo que parece estar sucediendo con el crédito. El Banco Central Europeo (BCE) ha sacado la artillería llevando los tipos de interés a cero y comprometiéndose a comprar hasta 1,85 billones de euros en deuda pública y privada hasta al menos el mes de marzo de 2022, pero lo cierto es que el crédito no fluye. Desde luego, en el caso español y en unas circunstancias de crisis como las actuales, en las que muchos hogares y empresas están con el agua al cuello.

Lo acaba de poner de relieve el Banco de España en su último informe trimestral, en el que sostiene que en los últimos meses “se ha acelerado la contracción de las nuevas operaciones de crédito” tanto en el segmento de consumo como en las actividades productivas. Es más, el saldo de crédito destinado al consumo se ha reducido en términos intertrimestrales, mientras que el concedido por las entidades financieras residentes a los hogares para adquisición de vivienda y a las sociedades no financieras muestra tasas de variación prácticamente nulas. Es decir, el caballo está junto al abrevadero, pero se niega a beber agua.

¿Cuál es la razón? El Banco de España apunta algunas. La tasa de ahorro se mantiene en niveles históricamente elevados y eso hace, junto a las restricciones en la movilidad, que muchos hogares no acudan al banco en busca de un crédito. Pero también otras más preocupantes.

Foto: El director general de Economía y Estadística del BdE, Óscar Arce. (Efe)

Como admite el propio banco central a la luz de la Encuesta de Préstamos Bancarios (EPB) se está observando no solo un “ligero endurecimiento” de las condiciones de concesión por parte de la banca vinculado a la mayor preocupación de las entidades financieras por los riesgos (morosidad), sino también por una mayor debilidad en la demanda de créditos por parte de los agentes económicos.

Lo primero tendría que ver con el moderado aumento de la morosidad en un contexto en el que la recuperación económica, como han constatado todos los institutos de coyuntura, se ha retrasado hasta el segundo semestre de este año, como también ha reconocido la vicepresidenta Calviño; mientras que lo segundo tendría que ver, precisamente, con el estancamiento de la actividad en el primer trimestre. La tasa de morosidad se sitúa ahora en el 4,54%, todavía por debajo de los niveles de hace un año, aunque hay que tener en cuenta que una parte está soterrada por las medidas adoptadas por el Gobierno para proteger a los sectores más vulnerables.

Foto: El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. (EFE)

Existen, igualmente, otros motivos más de fondo que tienen que ver con el envejecimiento, que reduce la demanda de crédito, o con las baja rentabilidad de las inversiones en un contexto de baja inflación, lo que disminuye los incentivos para emprender operaciones de riesgo, inherentes a cualquier actividad empresarial.

Tejido empresarial

Por el contrario, como recuerda el propio Banco de España, la financiación empresarial en los mercados de capitales “ha ganado dinamismo” en los últimos meses. El problema es que quienes tienen acceso a estos mercados son, generalmente, grandes o medianas compañías, cuando el tejido empresarial español está sembrado de pequeñas empresas.

El resultado, en todo caso, como dice este estudio del Banco de España, es que la evolución del crédito durante el cuarto trimestre de 2020 reflejó “un aumento de la proporción de préstamos denegados en todos los segmentos de crédito”. Y eso, como reconoce el banco central, a pesar de las líneas de avales públicos. De hecho, el descenso en la demanda de crédito estaría siendo el más acusado desde el año 2009, es decir, desde la anterior recesión.

Foto: Christine Lagarde, presidenta del BCE. (Efe)

Lo singular es que el pobre comportamiento del crédito se produce en un contexto en el que los tipos de interés medios de las nuevas operaciones se han mantenido “relativamente estables” durante los últimos meses, y en casi todos los segmentos se han estrechado los diferenciales con los tipos de interés de mercado. Es decir, los tipos bajos no son suficientes para que los agentes económicos busquen financiación. Un dato lo acredita. Al finalizar el año 2020, el saldo de crédito para financiar actividades productivas se situaba en 575.162 millones de euros, por debajo de los 591.615 millones de hace cuatro años.

Las empresas, tras un intenso proceso de desapalancamiento, no han vuelto a endeudarse

Esto sugiere que las empresas, tras un intenso proceso de desapalancamiento, no han vuelto a endeudarse. Ni siquiera durante un año tan complicado para su cuenta de resultados como ha sido el 2020.

Tampoco parece que el descenso en el precio de la vivienda, un 1,5% en el cuarto trimestre de 2020 respecto al mismo periodo del año anterior, esté alentado la demanda de créditos. En concreto, el saldo de préstamos destinados a la adquisición de vivienda, como asegura el Banco de España, “siguió mostrando un ligero retroceso”, si bien las moratorias para préstamos, hipotecarios y sin garantía hipotecaria, han seguido contribuyendo a frenar la caída de los saldos vivos de crédito.

Un viejo aserto atribuido a Keynes sostiene que se puede llevar el caballo al abrevadero para que beba agua, pero que nadie le puede obligar a hacerlo. Esto es lo que parece estar sucediendo con el crédito. El Banco Central Europeo (BCE) ha sacado la artillería llevando los tipos de interés a cero y comprometiéndose a comprar hasta 1,85 billones de euros en deuda pública y privada hasta al menos el mes de marzo de 2022, pero lo cierto es que el crédito no fluye. Desde luego, en el caso español y en unas circunstancias de crisis como las actuales, en las que muchos hogares y empresas están con el agua al cuello.

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