Calviño contra todos: la agenda de reformas agoniza
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LA VICEPRESIDENTA SE QUEDA SOLA

Calviño contra todos: la agenda de reformas agoniza

El programa de gobierno del PSOE y UP languidece. La vicepresidenta Calviño está frenando todas las iniciativas. Los sindicatos empiezan a distanciarse de Yolanda Díaz

placeholder Foto: La vicepresidenta tercera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño. (EFE)
La vicepresidenta tercera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño. (EFE)

“No nos cuentan nada”, clamaba hace unos días en privado un ministro del Gobierno del ámbito de Unidas Podemos. Se refería a la política de comunicación interna de la vicepresidenta Calviño, cada vez más hermética respecto de sus colegas de gabinete (sería demasiado hablar de compañeros). Esta declaración es corroborada por un alto cargo de Moncloa cercano al presidente del Gobierno, que constata un distanciamiento cada vez más evidente. Hasta el punto de que en la última reunión de subsecretarios el Ministerio de Economía envió un documento sobre los criterios de distribución de las ayudas directas (los célebres 11.000 millones) en el que se ocultaban de forma deliberada todas la cifras. Es decir, se presentó prácticamente en blanco para que fuera tramitado sin discusión alguna.

Lo singular, como dicen ambos interlocutores, es que Calviño tiende cada vez más a aislarse dentro del Consejo de Ministros, donde solo la titular de Hacienda, María Jesús Montero, hace piña con ella. Ni siquiera ha encontrado el apoyo decidido del ministro Escrivá, quien desde el fiasco de las pensiones parece estar políticamente deprimido. Reyes Maroto, por su parte, es ministra de partido y no da guerra.

Foto: La ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño. (EFE)

Hasta el propio Sánchez ha tenido que presionar a Calviño vía Iván Redondo (anunciando un paquete de ayudas cuando los trabajos estaban muy verdes) para que abriera la mano de las ayudas y no “arrastrara los pies”, como dicen en el Banco de España cuando evalúan su política económica. “Tiene una mentalidad de contable”, ironiza un alto cargo del Gobierno.

La ejecución del pacto de gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos hoy está en el aire

Es en este contexto en el que ya se da por hecho que la agenda de reformas ha entrado en vía lenta. O, incluso, en vía muerta. También, y es lo más relevante desde el punto de vista político, la ejecución del pacto de gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos, que hoy está en el aire.

Moncloa ha decidido meter en el congelador los acuerdos con contenido económico firmados al comienzo de la legislatura entre Sánchez e Iglesias, lo que supone, simple y llanamente, que asuntos como la reforma de las pensiones, la derogación parcial de la reforma laboral (la total está descartada) y, por supuesto, las medidas para 'poner techo' a los precios del alquiler en determinadas zonas tensionadas han entrado en lista de espera. Ya lo estaban antes de la frenética jornada de ayer, pero ahora con más razón. Entre otras razones, porque el baile en algunos gobiernos regionales introduce una elevada inestabilidad que para nada favorece llevar reformas al Congreso que pueden ser tumbadas. Se impone el decreto-ley.

En alerta

A nadie se le escapa que el acercamiento del PSOE y Ciudadanos ha puesto en alerta a los independentistas, que hoy por hoy siguen siendo clave para aprobar leyes. Y no hay que olvidar que existe un compromiso formal del Gobierno de revisar la financiación autonómica ya en 2021, aunque sus efectos sean posteriores.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (3i), preside la reunión del Consejo de Ministros. (EFE)

La soledad de Calviño es especialmente relevante porque en la agenda de Moncloa también se encuentran asuntos de especial trascendencia social a los que el Gobierno debe dar salida, como la revalorización del salario mínimo, a la que se dio una patada hacia adelante en diciembre con la creación de una comisión de expertos que todavía no ha presentado su informe. Y ya se sabe que este también es un punto de fricción con la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, cuya posición cada vez es más cuestionada por los dirigentes de UGT y CCOO, que ya han convocado algunas movilizaciones por el incumplimiento de compromisos electorales. En particular, la derogación de los aspectos que ellos consideran más lesivos de la reforma laboral. Díaz tiene una imagen impecable ante buena parte de la opinión pública, pero en el ámbito sindical crece de forma inversa su escepticismo, por ejemplo, por la ausencia de una estrategia real y no propagandística para reducir la elevada temporalidad en el empleo público.

Este distanciamiento no es irrelevante, porque debilita la posición de la ministra de Trabajo, a quien siempre se sitúa como uno de los hipotéticos recambios de Pablo Iglesias, pero que está perdiendo fuerza política —pese al acuerdo de ayer sobre los 'riders'— por la insistencia de Calviño en parar todo lo que venga del ámbito de Unidas Podemos. Incluso, como dice un alto cargo, propuestas que son razonables. Calviño, de nuevo, hace de cancerbera.

“No nos cuentan nada”, clamaba hace unos días en privado un ministro del Gobierno del ámbito de Unidas Podemos. Se refería a la política de comunicación interna de la vicepresidenta Calviño, cada vez más hermética respecto de sus colegas de gabinete (sería demasiado hablar de compañeros). Esta declaración es corroborada por un alto cargo de Moncloa cercano al presidente del Gobierno, que constata un distanciamiento cada vez más evidente. Hasta el punto de que en la última reunión de subsecretarios el Ministerio de Economía envió un documento sobre los criterios de distribución de las ayudas directas (los célebres 11.000 millones) en el que se ocultaban de forma deliberada todas la cifras. Es decir, se presentó prácticamente en blanco para que fuera tramitado sin discusión alguna.

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