Paisaje después del desastre laboral que ha dejado la pandemia
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LAS HORAS TRABAJADAS CAEN UN 6,1%

Paisaje después del desastre laboral que ha dejado la pandemia

El año 2020 será para olvidar. Pese a los ERTE, España destruyó el 3% de su fuerza laboral. Sin embargo, se perdió el 6% de las horas trabajadas. El paro real supera el 20%

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Foto: EFE.

Se trata de una liquidación todavía provisional, pero la factura de la crisis derivada del covid-19 aporta ya dos cifras. La primera, la más preocupante a corto plazo, es la destrucción de 622.600 puestos de trabajo, lo que significa que el volumen de empleo ha retrocedido hasta niveles del segundo trimestre de 2018. La segunda, la más inquietante en el largo plazo, es que la población activa, es decir, la suma de los parados y de los ocupados, sigue cayendo.

El año pasado, en concreto, la población activa —que influye de forma determinante en el potencial de crecimiento de la economía española— descendió en 94.700 personas, lo que sitúa la tasa de actividad en un 58,19% entre los mayores de 16 años y menores de 64. Pero es que la tasa de empleo entre esas mismas edades (la variable más relevante, ya que mide el porcentaje de ocupados respecto de la población de 16 y más años) se sitúa en un raquítico 48,81%, con una bajada el año pasado de 1,8 puntos porcentuales. Y eso que el año pasado, por razones obvias vinculadas a la pandemia, el sector público generó 125.800 empleos, mientras que el privado destruyó 748.400 puestos de trabajo.

Foto: Una oficina de empleo, en una imagen de archivo. (EFE)

Esto ha hecho que el empleo público haya alcanzado un nuevo máximo. El año pasado se cerró con 3,38 millones de empleados al servicio de todas las administraciones del Estado.

La crisis del coronavirus, en total, destruyó el 3,1% del empleo existente en 2019, pero esta cifra es engañosa, ya que no recoge la reducción de las horas de trabajo que se han visto obligadas a realizar las empresas. Si se incluye esta variable, que es la significativa a efectos de la evolución del PIB, el resultado es que en 2020 las horas efectivas trabajadas se han situado un 6,1% por debajo de las del cuarto trimestre del año anterior. Es decir, el doble. Esta es la variable fundamental para analizar la coyuntura del mercado de trabajo.

Existe una tercera factura de indudable importancia en términos cualitativos que refleja las características del mercado laboral. Lo que dice la EPA es que por cada empleo indefinido que se perdió el año pasado, se destruyeron dos empleos de naturaleza temporal. O lo que es lo mismo, 207.500 frente a 397.100, lo que refleja la llamada dualidad del mercado de trabajo, que hace recaer los efectos de la crisis de forma más intensa en los trabajadores más precarios. Y hay que tener en cuenta que la temporalidad afecta a uno de cada cuatro asalariados, en concreto al 24,6%, con una ligera subida en 2020.

Indefinidos y temporales

Una dualidad que no solo se manifiesta entre trabajadores con contrato indefinido y temporal, sino también entre asalariados a tiempo completo y parcial. Y lo que revela la EPA es que, en el cuarto trimestre de 2020, mientras que el empleo a tiempo completo se incrementó en 23.000 personas, el empleo a tiempo parcial lo hizo en 144.400. Eso lleva a que el porcentaje de personas ocupadas que trabaja a tiempo parcial suba 63 centésimas, hasta el 14,47%.

Todos los datos de la EPA, como es lógico, están sesgados por los efectos de los ERTE sobre el mercado laboral, pero, aun así, es relevante destacar que el desempleo (que excluye a quienes tienen suspendido su puesto de trabajo y dependen ahora del SEPE) creció el año pasado nada menos que un 16,5%. Hoy existen, oficialmente, a la luz de la EPA, 527.900 parados más, lo que representa el 16,3% de la población activa, aunque, si se eliminan decisiones administrativas que han congelado los despidos, se estaría hablando de alrededor de 20-21% de desempleo.

Foto: La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. (EFE)

Es más. Como reconoce el propio INE, al acabar el año 2020 había 933.600 personas que no estaban en condiciones de buscar empleo a pesar de estar disponibles para trabajar. Con ello, no han podido cumplir todas las condiciones que la definición de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) exige para ser clasificado como parado. Esta cifra supone un descenso de 209.100 personas respecto del trimestre anterior. Es decir, están parados, pero no han podido ser contabilizados.

Lo que está más claro es que al tratarse de una crisis que es especialmente intensa en el sector servicios, se ha producido un ensanchamiento de las diferencias en función del género. Mientras que el paro entre los hombres ha crecido en un año en 222.300, en el caso de las mujeres el incremento ha sido, pese a su menor peso en la estructura laboral, de 305.600.

Un último dato, sin embargo, resume el drama laboral. Los hogares que tienen a todos sus miembros activos en paro crecieron en el último trimestre del año pasado, al comienzo de la tercera ola del virus, en 24.300, hasta un total de 1,2 millones. Y lo que no menos importante, de ellos, 322.400 son unipersonales, con más dificultades para encontrar un salario de apoyo.

Se trata de una liquidación todavía provisional, pero la factura de la crisis derivada del covid-19 aporta ya dos cifras. La primera, la más preocupante a corto plazo, es la destrucción de 622.600 puestos de trabajo, lo que significa que el volumen de empleo ha retrocedido hasta niveles del segundo trimestre de 2018. La segunda, la más inquietante en el largo plazo, es que la población activa, es decir, la suma de los parados y de los ocupados, sigue cayendo.

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