Ni Merkel ni Macron: Lagarde deja claro quién manda en Europa
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EL BCE AUMENTA SU POTENCIA DE FUEGO

Ni Merkel ni Macron: Lagarde deja claro quién manda en Europa

La economía europea está hoy en manos del BCE. Su potencia de fuego ya supera el Presupuesto de la UE hasta 2027. Gasten, gasten... ha venido a decir Lagarde

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Imagen: El Confidencial Diseño

Ni Merkel ni Macron. Ni, por supuesto, Von der Leyen. Quien manda en Europa es hoy una francesa a punto de cumplir los 65 años que responde al nombre de Christine Lagarde. La presidenta del Banco Central Europeo (BCE) dejó ayer bien claro que la economía de los Veintisiete está hoy en manos de los banqueros centrales, que ayer invitaron a los gobiernos a endeudarse hasta límites impensables hace poco tiempo en aras de relanzar la economía europea tras el segundo rebrote, que ha echado por tierra las anteriores previsiones.

Por un lado, ya no hay dudas de que los tipos de interés cero se mantendrán, al menos, hasta mediados de 2022, y, por otro, la potencia de fuego del BCE se amplía hasta los 1,85 billones de euros tras recargar las baterías anticovid con otros 500.000 millones de euros. Es decir, en total, una cantidad muy parecida a los 1,82 billones de euros que tiene previsto gastar la Unión Europea durante el periodo 2021-27, y que incluye los 750.000 millones del plan de recuperación.

Foto: EC.

Este es el marco económico, junto a otros programas de compras de activos que facilitan la transmisión de la política monetaria, en que se moverá Europa en los próximos años, lo que convierte al BCE no solo en el garante de la recuperación, sino también en el sostén de la economía.

Si para superar la anterior crisis resultaron mágicas las célebres palabras de Draghi: “Within our mandate, the ECB is ready to do whatever it takes to preserve the euro. And believe me, it will be enough” ("Dentro de nuestro mandato, el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créame, será suficiente"), ahora el nuevo mantra, como dijo este jueves Lagarde, es que la compra de deuda pública, que es una forma de monetizar los déficits públicos por la puerta de atrás, estará vigente “durante el tiempo que sea necesario”.

Tres veces el PIB de España

Entre otras razones, porque en sus tripas financieras esconde ya un botín de 6,92 billones de euros (balance consolidado del eurosistema), de los que 3,84 billones corresponden a compras de activos, emitidos tanto por el sector público como por el privado, y cuyo comprador es, precisamente, el BCE a un ritmo, como ayer confirmó Lagarde, de 20.000 millones de euros mensuales. Eso quiere decir, ni más ni menos, que Fráncfort se ha tragado ya algo más de tres veces el PIB de España (la cuarta economía de la UE) en forma de deuda, lo que da idea de la importancia que tiene en la actual crisis la activa posición del BCE.

En el caso de España, el banco central, hasta octubre, ya ha adquirido 444.383 millones en el marco de los distintos programas de compra de activos, mientras que, en paralelo, las inyecciones de capital a la banca suman 260.661 millones, lo que revela el nivel de intervención de la economía europea por parte del banco central.

Foto: Sede del BCE en Fráncfort. (Reuters)

La movilización del BCE para activar la recuperación europea no tiene precedentes, y eso explica que el bono español a 10 años haya cotizado ya en negativo, lo que indica dos cosas. Primero, que el banco central seguirá comprando masivas cantidades de deuda en los próximos años, lo que anima a los gobiernos a gastar, incluso aunque ello suponga elevar los déficits estructurales, y, por otro, que la inflación ni está ni se la espera, lo que es un alivio para los Estados más endeudados. En particular, para Grecia, Italia, España. Bélgica, Francia, Chipre y Portugal, los siete países de la eurozona cuyo endeudamiento supera el 100% de su PIB.

El propio BCE adelanta en su comunicado que hasta que observe “una convergencia sólida de las perspectivas de inflación hasta un nivel suficientemente próximo, aunque inferior, al 2% en su horizonte de proyección”, mantendrá la política monetaria ultraexpansiva, lo que en román paladino significa dinero gratis durante muchos años. Entre otros motivos, como ha señalado el economista jefe del BCE y miembro de su comité ejecutivo, Philip R. Lane, porque los banqueros centrales miran cada vez con más atención las balanzas de pago y menos el volumen de deuda pública.

Esto es diferente

Esto significa, según el influyente consejero del BCE, que “hay que interpretar la deuda pública en el contexto de la economía en general”, y, en su opinión, esto es diferente a algunos ciclos clásicos del pasado, donde la deuda pública era el reflejo de una gran deuda externa. “En general, lo que está sucediendo”, ha dicho Lane en una entrevista, “es que ningún país europeo tiene grandes déficits por cuenta corriente, y el efecto macroeconómico de una elevada deuda pública es muy diferente cuando se equilibra con un alto nivel de ahorro de los hogares”.

Es decir, una especie de reconocimiento implícito de que la economía europea se está japonizando. El país oriental, como se sabe, mantiene un significativo superávit exterior equivalente a 169.990 millones de euros el año 2019, pero, al mismo tiempo, su deuda pública se sitúa en torno al 240% de su PIB, y gracias a que controla su moneda (y al ahorro interno) puede financiar los abultados déficits, como sucede actualmente en la Unión Europea.

Foto: Sede del BCE, en Fráncfort. (EFE)

Es más, en Fráncfort, ya se empieza a hablar, aunque todavía en voz baja, de un control de la curva de rendimientos de la deuda pública, que es el mejor instrumento para conocer las expectativas de inflación en función de los diferentes plazos de las emisiones. Como ha explicado Isabel Schnabel, miembro del comité ejecutivo del BCE y una estrella ascendente del banco central, ese escenario se produce cuando un banco central se compromete explícitamente a mantener los rendimientos en un nivel específico. Es decir, hace lo que sea necesario para mantener el rendimiento en un determinado nivel. Por el momento, como ha dicho su colega Philipe R. Lane, la propuesta no está sobre la mesa, ya que se trata de un compromiso muy explícito, pero tiempo al tiempo. También los niveles actuales de deuda eran hace poco inasumibles. Otra cosa es que sean sostenibles.

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