Del cerrojazo de Cataluña a la resistencia de Madrid: la economía tras las restricciones
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El impacto sobre la movilidad y el consumo

Del cerrojazo de Cataluña a la resistencia de Madrid: la economía tras las restricciones

En la segunda ola, cada autonomía ha impuesto sus propias limitaciones a la movilidad, lo que está generando un impacto económico heterogéneo en el país

placeholder Foto: Una tienda de Barcelona cerrada con un cartel de Lockdown. (Reuters)
Una tienda de Barcelona cerrada con un cartel de Lockdown. (Reuters)

El pasado 25 de octubre, el Gobierno estableció el estado de alarma en todo el territorio nacional para contener el avance del coronavirus. En esta segunda ola optó por ceder a las comunidades autónomas la decisión sobre las restricciones dentro de su territorio. El resultado ha sido una panoplia de medidas que, a su vez, está generando efectos económicos heterogéneos por todo el país. Los mejores resultados se localizan en las regiones con menos incidencia acumulada del virus, como es evidente. Pero en aquellas con niveles de contagio elevados, los mejores datos económicos se obtienen donde se ha mantenido la actividad sin cierres generalizados y aplicando restricciones de aforo u horario.

Estas medidas de contención del virus están teniendo impacto en la transmisión. La semana pasada, los nuevos contagios comenzaron a estancarse, tendencia que se ha confirmado en los últimos días. La incidencia acumulada (positivos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días) ha empezado a descender y ha bajado de los 500 casos, aunque la presión hospitalaria sigue siendo muy alta y las muertes aún crecen.

Foto: La Generalitat decretó el confinamiento perimetral de Cataluña hasta el 14 de noviembre, y el de todos los municipios los fines de semana. (EFE)

Algunas comunidades han pedido dar un paso más y decretar un confinamiento domiciliario. El Gobierno se ha negado y la leve mejoría de los últimos días le da motivos para seguir haciéndolo. La postura del Ejecutivo no se explica solo por razones sanitarias, también por las económicas. Si las restricciones en vigor desde mediados de octubre ya suponen un golpe a la economía, un nuevo cierre generalizado en los últimos meses de 2020 sería devastador. "Con el confinamiento podemos bajar mucho la incidencia. Cuanto más se alargue, más la bajaremos, pero cuanto más se alargue, más impacto social, económico, en la salud de las personas...", dijo Fernando Simón a comienzos de semana.

La negativa del Gobierno a aplicar confinamientos más severos está evitando un nuevo colapso económico como el vivido entre los meses de marzo a mayo. Los datos de movilidad así lo demuestran: la presencia en lugares de consumo minorista (comercio, hostelería y ocio) se ha reducido un 35% en comparación con los niveles previos a la crisis, cifra que está muy lejos del desplome superior al 90% de los meses de marzo y abril. Lo mismo ocurre con la asistencia a las zonas de trabajo, que es casi un 25% inferior a los niveles prepandemia, pero ni se aproxima al descenso del 75% registrado durante los días de cierre total de la economía española.

Estos datos se han obtenido a partir de los registros de movilidad de Google, que recopila datos registrados con los teléfonos móviles. Una información que ha sido clave durante toda la pandemia para analizar el impacto económico de las restricciones en tiempo real, ya que separa los registros por diferentes sectores. Este análisis está centrado en los tres más importantes: consumo minorista (tiendas, hostelería y ocio), estaciones de transporte y lugares de trabajo.

La caída de la movilidad se mantiene a la baja desde mediados del mes de octubre, con un descenso generalizado en todas las comunidades autónomas. Las cifras de noviembre alcanzan ya niveles que apuntan a una contracción de la actividad económica que amenaza con una caída del PIB en la recta final del año. Se formaría así una crisis en ‘W’ que haría todavía más urgente el desarrollo de una vacuna para evitar daños estructurales sobre el tejido productivo español.

Los datos de compras con tarjetas de crédito, otro de los mejores indicadores de alta frecuencia para medir la evolución de la economía en tiempo real, también están pinchando desde mediados de octubre y con una tendencia preocupante. Según los datos de operaciones presenciales recogidos por CaixaBank (tanto compras con tarjetas españolas, como ventas con TPV), el consumo sufrió un descenso del 12% respecto al mismo periodo del año anterior, una caída que no se registraba desde finales del mes de mayo, antes de que España entrara en la nueva normalidad.

La reducción de la movilidad en esta segunda ola está siendo diferente a la de la primera, ya que no se han producido confinamientos domiciliarios, sino restricciones de aforos, horarios y, en algunos territorios, cierres selectivos. Esto explica que, mientras la afluencia del comercio y la hostelería está en plena caída, la presencia en parques o en el lugar de trabajo está estabilizada. El impacto diferencial se nota en las ventas de los diferentes sectores: mientras el comercio minorista consigue minimizar el golpe, la restauración sufre un hundimiento de sus ventas del 42% y el turismo nacional se desploma más de un 53%.

Madrid, la oposición al cierre

Madrid fue la primera comunidad en recibir el golpe de la segunda ola del virus. Sin embargo, a pesar de la gravedad de sus datos y la duración de las restricciones, la caída de la movilidad ha sido más leve y estable, hasta el punto que a principios de noviembre registraba ya datos mejores que los de la media nacional. A finales de septiembre, el gobierno autonómico adoptó medidas como el confinamiento perimetral por zonas básicas de salud y a principios de octubre el Gobierno decretó un estado de alarma para cerrar la capital y otras ocho ciudades de la región. Desde ese momento, la caída de la afluencia a tiendas, bares, restaurantes y locales de ocio se situó en torno al 35% respecto a los niveles previos a la crisis. Lo mismo ha pasado con el transporte, donde el descenso ha oscilado entre el 30% y el 40%.

Foto: Personal sanitario del Sermas toma la temperatura a una persona. (EFE)

Madrid lleva más de un mes con restricciones de movilidad, pero el Gobierno autonómico ha rechazado cerrar la hostelería durante todo este tiempo. A finales de octubre, con la declaración del tercer estado de alarma, algunas comunidades optaron por clausurar bares y restaurantes para frenar la expansión del virus. La CAM se ha resistido al cierre durante semanas de discusiones con el Gobierno central, y también entre los propios socios autonómicos. El resultado de esa decisión es que la actividad económica en la capital se ha estabilizado mientras que en otras comunidades se ha hundido.

En la primera semana del tercer estado de alarma (del 25 de octubre al 1 de noviembre), Madrid fue la provincia que registró un mayor crecimiento de las ventas con tarjetas de crédito. Según los datos recopilados por BBVA, el gasto creció un 20% respecto a la misma semana del año anterior. Esa semana coincide con el festivo de todos los santos y Madrid suele vaciarse por el turismo. Este año, sin embargo, los madrileños no pudieron viajar y optaron por acudir a bares, restaurantes y tiendas de la región, lo que explica tal subida de los datos de consumo. Es importante señalar que estas cifras no incluyen las compras del turismo internacional, que evidentemente está casi a cero.

El cierre de la hostelería

Madrid se ha resistido a decretar unas medidas severas que sí han tomado otras comunidades y que tienen un mayor impacto en el comercio. Es el caso de Cataluña y Navarra. La primera comunidad cerró la hostelería el 14 de octubre y aún la mantiene cerrada. Navarra lo hizo una semana después y sumó el cierre perimetral de todo su territorio. Lo hizo antes del estado de alarma que entró en vigor el 25 de octubre y que daba la cobertura legal necesaria a las comunidades. Cataluña lo hizo el 29 de octubre y además adoptó también el confinamiento perimetral de todos sus municipios durante los fines de semana.

En ambas comunidades, la movilidad asociada al comercio minorista y al ocio cayó en picado a partir de esas medidas. En Cataluña, donde ese indicador se movía alrededor de un -25% con respecto al período de referencia (enero), ha seguido bajando hasta alcanzar el -55% en los últimos días con datos disponibles. En Navarra ha sucedido algo similar, aunque el suelo es un poco más alto: -50%. Esto es, un descenso que actualmente duplica el que registra la Comunidad de Madrid.

Esto explica el desplome de las compras con tarjetas de crédito en estas regiones. Las provincias de Girona y Barcelona registraron un descenso superior al 20% en la semana del 25 de octubre al 1 de noviembre, siendo la segunda y cuarta peor provincias de España. La peor fue Baleares, cuya economía sigue destrozada por la caída del turismo internacional. También las provincias de Castilla y León están atravesando momentos críticos por el cierre de la hostelería, con caídas del 20% en León o del 18% en Segovia.

El impacto de esas restricciones en la evolución epidemiológica ha sido evidente. En ambas comunidades, la incidencia acumulada (casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días) está descendiendo. En Cataluña superó los 750 casos a comienzos de noviembre y ahora está por debajo de 600. Y Navarra ha pasado de los 1.193,49 casos del primer día del mes a los 751,59 de este jueves.

Valencia aguanta

Uno de los motivos por los que el Gobierno se negaba a hablar de segunda ola en agosto era la desigual evolución según las comunidades autónomas. Los rebrotes comenzaron en Aragón y Cataluña, luego la situación empeoró en Madrid y con la llegada del otoño casi todo el país (salvo Canarias) entró en riesgo alto, a la par que el resto de Europa.

Comunidades que habían salvado bien la primera ola y no habían tenido muchos problemas en verano están ahora muy mal. Es el caso de Asturias, que decretó a principios de noviembre el cierre de toda actividad no esencial, lo que se refleja en una fuerte caída de la movilidad asociada al comercio: superior al 60%. Como consecuencia, la región se enfrenta ahora a unos datos económicos que no había visto desde mediados de mayo, cuando todavía estaba en la fase 1 de la desescalada.

Foto: Calle comercial de Oviedo, el pasado martes. (EFE)

En otras, la evolución también ha sido negativa, pero más lenta. En la Comunidad Valenciana, la incidencia acumulada no ha parado de crecer durante el último mes, pero aún está muy por debajo de la media nacional. Aunque ha decretado el cierre perimetral, eso le ha permitido evitar, de momento, el cierre de la hostelería.

El resultado se traduce en los indicadores de movilidad, que mejoran claramente la media nacional. La asistencia a locales de ocio y hostelería es un 28% inferior a la existente antes de la crisis, dato que es 20 puntos mejor que el del conjunto de España. Esto explica que los datos de ventas con tarjetas de crédito de la primera semana del estado de alarma en la provincia de Valencia fuesen un 14% mejores que los de la misma semana del año anterior. La evolución de la pandemia dictará cómo estará cada comunidad en las próximas semanas.

Metodología

Los datos de movilidad están sacados de los 'Informes de Movilidad Local sobre el COVID-19' que elabora Google. "Los datos muestran la variación que se está produciendo en el número de visitas a ciertos lugares (...) en cada región geográfica", explica Google.

Esos lugares son: tiendas y ocio; estaciones de transporte; lugares de trabajo; supermercados y farmacias; parques; y zonas residenciales, de los que El Confidencial ha cogido los datos de los tres primeros para su análisis. El valor de referencia está calculado durante un periodo de cinco semanas, desde el 3 de enero hasta el 6 de febrero del 2020.

El pasado 25 de octubre, el Gobierno estableció el estado de alarma en todo el territorio nacional para contener el avance del coronavirus. En esta segunda ola optó por ceder a las comunidades autónomas la decisión sobre las restricciones dentro de su territorio. El resultado ha sido una panoplia de medidas que, a su vez, está generando efectos económicos heterogéneos por todo el país. Los mejores resultados se localizan en las regiones con menos incidencia acumulada del virus, como es evidente. Pero en aquellas con niveles de contagio elevados, los mejores datos económicos se obtienen donde se ha mantenido la actividad sin cierres generalizados y aplicando restricciones de aforo u horario.

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