Los ERTE han jugado un papel clave

España deja de ser el país que más trabajo destruye tras salvar 6 millones de empleos

En la crisis de Lehman Brothers, por cada punto de caída del PIB se perdían 1,7 puntos de empleo; en esta ocasión, se han invertido las tornas y apenas se han perdido 0,4 puntos

Foto: Un camarero coloca las mesas de una terraza en Valladolid. (EFE)
Un camarero coloca las mesas de una terraza en Valladolid. (EFE)
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La crisis del coronavirus provocó la destrucción más rápida de empleo que España haya visto nunca. En poco más de 15 días, se perdieron casi un millón de empleos tras la declaración del estado de alarma. Sin embargo, la magnitud de la caída fue limitada si se tiene en cuenta el nivel de la recesión. En crisis anteriores, España maximizaba la destrucción de empleo, generando así efectos secundarios negativos que retrasaban la recuperación.

En esta ocasión, la destrucción de empleo se contuvo gracias a los ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo) potenciados para soportar los costes salariales durante los meses de la pandemia. De esta forma, se evitó una destrucción de empleo que habría sido muy superior entre los meses de marzo y mayo. El país, que fue el que más empleo destruyó durante la crisis de 2008, ha dejado el 'farolillo rojo' en esta ocasión y, aunque todavía tiene un amplio margen de mejora, ha conseguido un avance muy importante.

En la recesión posterior a la quiebra de Lehman Brothers, España perdió el 4% de su PIB y ello provocó que el 7,2% de los trabajadores se quedara sin empleo. Esto es, por cada punto de caída del PIB se perdieron casi dos puntos de empleo (el 1,8%). España fue, junto con Irlanda y Letonia, el único país de la eurozona en que la caída del empleo fue superior a la del PIB. Explica por qué la crisis fue mucho más larga y profunda en España que en los vecinos europeos, ya que la destrucción de empleo genera efectos secundarios negativos sobre la confianza de los hogares y la demanda agregada que tardan años en recuperarse.

En 2020, la historia ha sido muy diferente. Aunque la caída del PIB ha sido muy superior, la más brusca nunca vista, la destrucción de empleo ha sido muy inferior. En concreto, la caída acumulada del PIB en los dos primeros trimestres del año ha sido del 22%, mientras que el número de trabajadores se ha reducido en un 8,1%. Esto significa que por cada punto de destrucción del PIB se han perdido 0,4 puntos de empleo, apenas una quinta parte de la caída del empleo durante la crisis de Lehman Brothers.

Si se hubiese mantenido la proporción de PIB/empleo destruido durante la crisis de Lehman Brothers, se habrían perdido en torno a ocho millones de empleos, una cifra muy superior a los 1,7 millones perdidos realmente. Esto significa que se habrían salvado en torno a seis millones de empleos en los primeros meses de la crisis. Eso no significa que posteriormente no se vayan a destruir algunos de los trabajadores que hoy están en ERTE, y tampoco que ninguno de aquellos empleos destruidos se hubiesen recuperado en esta fase de recuperación. Sin embargo, la pérdida del empleo tiene un impacto directo sobre las decisiones de consumo de los hogares, elevando la propensión al ahorro. De esta forma, salvar empleos supone limitar la intensidad y duración de la crisis.

Los ERTE han jugado un papel clave en esta mejora. El Gobierno estableció al inicio del estado de alarma ayudas excepcionales para empresas y trabajadores, de modo que fuese Hacienda quien soportase la mayor parte de los costes salariales y así evitar los despidos. En abril, durante las peores semanas de la pandemia, el número de trabajadores acogidos a un expediente temporal llegó a superar los 3,3 millones, empleos que se habrían destruido sin esta ayuda pública. A mediados de septiembre ya quedaban menos de 800.000 trabajadores en ERTE, lo que demuestra que esta figura consiguió amortiguar la destrucción de empleo. Aunque todos ellos no volverán a trabajar, y muchos acabarán en el paro (en este caso habrá sido una especie de despido diferido en el tiempo), los ERTE habrán servido para salvar millones de empleos.

Pero toda la mejoría conseguida no se debe a los ERTE: también las características propias de esta crisis han jugado un papel clave. En los meses de marzo y abril, el consenso de economistas anticipaba una crisis corta con una recuperación rápida en forma de V. Eso significaba que las empresas necesitarían recuperar rápidamente a sus plantillas tras el confinamiento, por lo que los despidos suponían un coste en términos de capital humano muy elevado para unos ahorros reducidos.

En el resto de Europa, también se ha producido una mejora en la destrucción de empleo, lo que indica que efectivamente la característica temporal de la crisis ha determinado la decisión de las empresas. Tras la crisis de Lehman Brothers, en la eurozona se perdieron 0,6 puntos de empleo por cada punto de caída del PIB, y en esta ocasión se ha moderado hasta 0,2 veces.

La pandemia ha demostrado ser más dura de lo esperado y muchas empresas podrían optar por los despidos ahora, con el inicio del otoño. Sin embargo, lo que está claro es que se han salvado millones de empleos respecto a lo que ocurría tradicionalmente en España durante las crisis. Aunque el país ha logrado un adelanto importante, mejorando los registros de Irlanda, Estonia y Letonia y aproximándose a las cifras de Austria y Finlandia, todavía queda un amplio espacio de mejora.

El problema de España sigue siendo el empleo temporal, con una tasa de precariedad que supera ampliamente el 26% del empleo. Estos contratos se destruyen sin apenas problemas legales ni económicos, basta con no renovarlos cuando vencen. De ahí que, a pesar de la figura de los ERTE, la destrucción de empleo durante las primeras semanas del estado de alarma fuese muy intensa, llegando a superar el millón de empleos perdidos en apenas un mes.

Si finalmente los ERTE se consolidan como la vía para proteger el empleo durante las crisis, el siguiente reto de España será combatir la temporalidad. Solo así podrá recortar la brecha que mantiene con Europa y será clave para evitar las recesiones tan traumáticas que vive el país.

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