Pese a la mejora, sigue a la cola de Europa

El INE reduce en siete décimas la recesión de España en el segundo trimestre al -17,8%

El instituto mejora los datos del consumo de los hogares frente a su estimación inicial. Aún así, sigue siendo la mayor caída del PIB desde la Guerra Civil

Foto: La recesión del coronavirus deja números para la historia. (Efe)
La recesión del coronavirus deja números para la historia. (Efe)

La economía española sufrió una contracción del 17,8% en el segundo trimestre. Este dato es siete décimas mejor al adelantado por el INE en el mes de julio, pero sigue siendo una cifra histórica en tiempos de paz y una caída no vista desde la Guerra Civil. El INE ha revisado este miércoles los datos adelantados mejorando casi todos los indicadores, aunque la magnitud de la caída es tan abultada que sigue siendo histórica. En especial, el instituto ha mejorado las cifras del consumo de los hogares, que se desplomó un 20,4%, algo mejor que el dato adelantado, que alcanzaba el 21,2% de caída. La magnitud de la caída fue tal que el nivel de producción de España a lo largo del trimestre volvió a los niveles del año 2002.

A pesar de la mejora, España se mantiene como el peor país de Europa en el segundo trimestre del año respecto al primero. Y eso que la crisis empezó antes en España que en el resto de sus socios comunitarios, salvo Italia. Las medidas de confinamiento para frenar la expansión del virus tuvieron su máximo impacto en España debido a las características de su economía: mucho empleo temporal, abundancia de pymes y autónomos y especialización en sectores que requieren mucho contacto social, en especial turismo, restauración y comercio.

Si se compara con el mismo trimestre del año anterior, la caída del PIB asciende al 21,5%, algo mejor que el 22,1% adelantado hace dos meses, pero aún así una caída histórica. Este descenso interanual fue superior al trimestral porque se suma al descenso de los tres primeros meses del año, cuando la economía española sufrió un primer desplome del 5,2%.

La contracción de la actividad se produjo, básicamente, por el hundimiento de la demanda interna. En las primeras semanas del trimestre, porque las medidas de confinamiento impidieron el consumo y la inversión y, una vez empezó la desescalada, porque la confianza de los agentes económicos se situó en mínimos, de modo que optaron por la prudencia. El consumo de los hogares se hundió un 20,4% y la inversión productiva de las empresas en maquinaria y equipo, un 28,6%. Sólo se salvó el consumo de las administraciones públicas, en especial por el gasto en productos sanitarios, que aumentó un 0,3%. En conjunto la demanda interna restó 18,8 puntos al PIB, un hundimiento nunca visto en tiempos de paz.

El INE también ha corregido la caída de la demanda externa, principalmente porque las importaciones fueron menores a lo estimado inicialmente. En concreto, las importaciones se hundieron un 29,5%, una caída más acusada que el 28,8% adelantado en julio. Esto hace que el saldo negativo del sector exterior fuese algo mejor, del -2,7% frente al -2,9% adelantado.

Por sectores de actividad, las correcciones del INE muestran una gran heterogeneidad. Los servicios sufrieron una caída más leve que la estimación incial, con un descenso del 18,3%, ocho décimas mejor que el dato adelantado. La mejora se debió, principalmente, a la hostelería y el comercio, que sufrió una contracción del 39,6%, también ocho décimas mejor que el dato adelantado. Por el contrario, la aportación de la industria se ha revisado a la baja, con un desplome del 19,1%, seis décimas peor que el dato adelantado.

El empleo resiste

A pesar de la mejora de los datos del PIB, el INE ha revisado a la baja las cifras de empleo del segundo trimestre. Esto significa que la productividad aparente del factor trabajo mejoró gracias a que se prescindió de los empleos de menor valor añadido, en especial en los servicios. El número de horas trabajadas se hundió un 24,9% entre abril y junio, una caída similar al dato adelantado. Sin embargo, las horas de trabajo de los asalariados cayeron un 22,3%, cuatro décimas peor que la estimación inicial.

Sin embargo, si se mide el empleo en términos de puestos de trabajo en contabilidad nacional, los datos mejoran levemente. En total, se registró la pérdida de 3,38 millones de empleo, casi 11.000 empleos mejor que el dato adelantado. Esto significa que la caída de la carga de trabajo minimizó la destrucción de empleo gracias a los ERTE. Esta figura permite reducir la jornada de trabajo para adaptarla a las nuevas necesidades (y posibilidades, pro el confinamiento) de producción de las empresas. Una buena noticia para un país que tradicionalmente amplifica las crisis destruyendo mucho empleo. En esta ocasión, todas las horas de trabajo perdidas no se tradujeron en empleo destruido, sino en reducciones de jornada y suspensiones de contratos.

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