La nueva normalidad deja a España a la cola de Europa
El Confidencial

La nueva normalidad deja a España a la cola de Europa

La nueva normalidad está más cerca de los niveles de actividad del confinamiento que de los existentes antes de la crisis. Las previsiones se complican para España

Texto: Javier G. Jorrín
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Laura Martín Carlos Muñoz
Pablo L. Learte Luis Rodríguez

L

a reapertura económica coincidiendo con el inicio de la temporada turística era la gran esperanza para el rebrote económico. Los expertos esperaban que la nueva normalidad estuviese próxima a la vieja. Sin embargo, el verano se torció muy rápido como consecuencia de los rebrotes y la reapertura, lejos de generar confianza, ha disparado la incertidumbre. Las encuestas de confianza evidencian hasta qué punto los hogares se están preparando para un otoño e invierno complicados todavía sin una vacuna contra el covid-19 y con el virus descontrolado.

A lo largo de la semana han salido algunos de los principales organismos de previsión económica rebajando las expectativas de España. El país, que ya estaba a la cola de Europa antes del verano, se queda ahora descolgado. El Banco de España y Funcas prevén que la contracción del PIB podría superar este año el 12,5% del PIB como consecuencia del pobre ritmo de recuperación registrado en las dos últimas semanas. En el caso de Funcas, supone una rebaja en sus previsiones de nada menos que 3,2 puntos porcentuales. Mientras que en el caso del Banco de España, ya descarta su escenario de recuperación temprana y anticipa una salida de la crisis lenta y frágil.

España es, junto con Latinoamérica, la región en la que más están empeorando las previsiones de crecimiento

Por el contrario, las previsiones para el resto de Europa y los principales países desarrollados han mejorado levemente en las últimas semanas. Es el caso, por ejemplo, del Banco Central Europeo, que ha reducido hasta el -8% su previsión de contracción para el conjunto de la eurozona, esto son 0,7 décimas mejor que su estimación de junio. También la OCDE acaba de mejorar sus estimaciones para la eurozona en nada menos que 1,2 puntos, hasta el -7,9%. Aunque no ofrece datos para España (lo hará en su informe de invierno), sí publica datos para las tres mayores economías del euro, Francia, Alemania e Italia, y todas ellas mejoran su situación a pesar de la gravedad de la crisis.

En definitiva, España está siguiendo en las últimas semanas el camino opuesto que los países desarrollados. Sus indicadores de alta frecuencia muestran una recuperación mucho más débil de lo esperado, lo que ha llevado a los expertos a revisar a la baja sus previsiones para el país. Justo al contrario que en el resto de grandes economías desarrolladas.

Junto con España, la única región en la que se están deteriorando las previsiones de crecimiento es América Latina, donde la pandemia sigue descontrolada. Por ejemplo, la OCDE ha recortado en 2,7 puntos la proyección para México y en 2,9 puntos la de Argentina. Sin embargo, ambos países sufrirán una contracción total en el conjunto del año menor que la de España, en torno al 10%.

¿Qué está pasando?

Sin el turismo internacional, España ha perdido su gran motor de crecimiento durante los meses de parón en las empresas por las vacaciones. Funcas estima en dos puntos del PIB (unos 25.000 millones de euros) el coste de la pérdida del turismo en la nueva normalidad. El problema no es solo el empleo y los ingresos ya perdidos, sino los efectos secundarios negativos que pueda generar sobre la demanda interna. Las regiones más dependientes del turismo se enfrentan a un año muy complicado que durará, al menos, hasta la próxima Semana Santa.

La principal fuente de ingresos para estos hogares será el dinero público: prestaciones por desempleo (incluidos los ERTE), empleo público y pensiones. Pero el golpe sobre la confianza y la caída de ingresos de las familias son una gran amenaza para el consumo.

Cuando los expertos alertaban de un rebrote del virus a partir del otoño, los hogares se conformaban con tener un verano tranquilo. Pero ni siquiera eso se cumplió. El virus ha sido una amenaza permanente y antes de que comiencen los meses de frío parece totalmente descontrolado. Para las familias este es un gran riesgo económico que pesa sobre sus expectativas de futuro.

Las familias cerrarán el grifo del gasto ante el temor de que todo pueda complicarse en el futuro. Las previsiones de Funcas apuntan a una subida de la tasa de ahorro por encima del 17% de su renta disponible, y eso a pesar de la caída de sus ingresos. Esto significa que los hogares están maximizando la caída de su renta con un recorte del consumo aún mayor. Sin turismo y sin demanda interna, cada día está más lejos la recuperación en ‘V’.

A los problemas nuevos de la expansión del virus se une la gran lacra estructural: el paro

A los problemas nuevos de la expansión del virus, España se enfrenta a su gran lacra estructural: la tasa de paro. El nivel de desempleo del que partía el país antes de empezar la crisis es superior a la cota más alta que alcanzarán sus socios comunitarios en el peor momento de esta crisis. Dato que ya muestra la gravedad del paro estructural.

A la tasa de paro que tenía España antes de la pandemia se ha unido una fuerte destrucción de empleo consecuencia de la precariedad del mercado laboral. Desde mediados de marzo, cuando empezó el confinamiento, hasta el final de abril se destruyeron casi un millón de empleos (sin contabilizar los ERTE). Este hundimiento sin precedentes del mercado laboral fue posible por la elevada temporalidad que tiene España. Para las empresas fue tan fácil recortar sus plantillas como no renovar los contratos que vencían. Más del 90% de los contratos rotos eran temporales.

La destrucción de empleo siempre genera efectos secundarios negativos, ya que afectan a la confianza de los hogares y generan una contracción del consumo. Por este motivo, el Gobierno intentó frenar esta caída con los ERTE, pero la estructura del mercado laboral español impidió que fueran más exitosos. En términos de horas de trabajo perdidas, que también contempla el efecto de los ERTE, solo en el segundo trimestre del año el empleo se hundió casi un 25%. España se situó así como el peor país de Europa solo mejor que Grecia.

En el tercer trimestre del año el empleo ha vuelto a recuperarse gracias a la reapertura y a la campaña de verano. Sin embargo, las últimas semanas de julio ya empezaron a mostrar una debilidad que se ha consolidado en agosto. La vuelta al empleo se ha frenado cuando todavía no se han recuperado ni la mitad de los puestos de trabajo destruidos.

La debilidad de la demanda se ha trasladado rápidamente a la facturación de los comercios. Los datos de la encuesta PMI (encuesta a gestores de compras) son los que más se utilizan a nivel mundial para conocer en tiempo real la situación del tejido empresarial. En España, en junio y julio este indicador volvió a niveles de expansión gracias a la reapertura, pero en agosto sufrió una recaída inesperada hasta terreno contractivo.

Se trata del mayor descenso de toda Europa y también de los países desarrollados. Tanto el sector servicios como el manufacturero volvieron a terreno negativo mientras que la eurozona siguió creciendo. El golpe del turismo y su incidencia sobre la demanda interna dejan a España, una vez más, a la cola de Europa como consecuencia de los rebrotes.

La magnitud de la caída unida a la incertidumbre de los rebrotes provocará que España siga a la cola de Europa durante varios meses. El Banco de España teme que el país no vuelva a los niveles de PIB precrisis hasta 2023 en el mejor de los casos y Funcas ya se resigna a que sea en 2024. De esta forma, una vez más, España será una de las economías más afectadas durante una crisis. Esta vez no es como las demás, por tener un origen sanitario, pero las debilidades estructurales del país vuelven a ceder cuando el escenario se complica.