ausencia de control

Wirecard, Deutsche Bank, Volkswagen: ¿dónde está el supervisor alemán?

Muchos de los grandes escándalos empresariales protagonizados en las últimas dos décadas por los buques insignia de la economía alemana comparten elementos clave

Foto: Vista de una bandera de Alemania. (EFE)
Vista de una bandera de Alemania. (EFE)
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El fulminante hundimiento de la tecnológica alemana Wirecard, en quiebra tras reconocer un fraude de 1.900 millones de euros, se ha convertido en el último capítulo del voluminoso recopilatorio de los grandes escándalos del DAX 30. Este agujero contable sin precedentes comparte páginas con los múltiples negocios ilegales del Deutsche Bank, la maquinaria global de sobornos de Siemens y el masivo fraude en las emisiones de Volkswagen, entre otros. Y tras todos estos casos surge el mismo interrogante: ¿dónde estaba el supervisor alemán?

Las similitudes llaman la atención, porque muchos de los grandes escándalos empresariales protagonizados en las últimas dos décadas por los buques insignia de la economía alemana comparten elementos clave. Entre ellos, destacan las grandes sumas de dinero implicadas, las tramas internacionales de sus operaciones ilegales, su desarrollo a lo largo de años, incluso décadas, y la implicación de altos directivos, que acaban saliendo de la empresa cuando estalla la crisis. Pero también, y esto puede resultar más sorprendente, llama la atención que todos estos casos fuesen desvelados por actores no alemanes, ya fuesen organismos públicos o medios de comunicación de otros países. El supervisor alemán estaba ausente.

Empecemos por Wirecard. El llamado "PayPal alemán", la mayor 'fintech' de Europa en sus momentos de gloria, ha pasado en días de ser un referente para las 'start-ups' del país a quebrar de forma estrepitosa, protagonizando el mayor fraude de una empresa del DAX 30 en décadas. El agujero en sus cuentas supone una cuarta parte de su balance. Sus cuentas fiduciarias en dos bancos filipinos, el BPI y el BDO, directamente no existen. Ahí es donde supuestamente estaba el dinero que gestionaban sus socios de Singapur, Dubai y Filipinas, que a cambio de una comisión actuaban en los países donde Wirecard no tenía licencia bancaria. El consejero delegado de la tecnológica, Markus Braun, ha sido detenido (y puesto luego en libertad bajo fianza). Otro alto directivo, Jan Marsalek, se fugó a Bielorrusia, según una exclusiva de 'Der Spiegel' y' Bellingcat'. Aunque ahora, según medios alemanes, ha aparecido en Moscú, de la mano de la inteligencia rusa.

El escándalo ha causado estupor en Alemania por las dimensiones del fraude y por la entidad de la empresa, un referente entre las tecnológicas de nuevo cuño. Por eso se han empezado a buscar responsabilidades más allá de la dirección. El ministro de Finanzas, Olaf Scholz, comparecerá la próxima semana ante la comisión de Finanzas del Bundestag para explicar hasta dónde conocía su departamento la investigación en torno a las irregularidades de Wirecard. Según varios medios, Scholz fue informado de sus problemas en febrero de 2019, pero el Gobierno alemán siguió apoyándola. De hecho, en septiembre de ese año la propia canciller, Angela Merkel, abordó en una reunión con su homólogo chino, Li Keqiang, la posible entrada en el país asiático de la empresa alemana.

Un "desastre" de actuación

Pero el centro de las críticas es la Autoridad Federal de Supervisión Financiera (BaFin), el supervisor alemán de bancos, bolsas y aseguradoras, entre otros. Su actuación en este caso ha sido un "desastre", como ha reconocido su propio presidente, Felix Hufeld. Cuando el 'Financial Times' empezó a publicar hace año y medio las incongruencias en las cuentas de la compañía, el ente no solo no se puso a auditar a la empresa cotizada, sino que abrió una investigación a los dos periodistas que habían logrado la exclusiva, acusándolos de manipulación de mercado. Después, cuando la incertidumbre empezó a pasar factura a Wirecard en bolsa, la BaFin prohibió temporalmente las apuestas a la baja. En medio de toda esta espiral, el supervisor solo puso a trabajar en este dosier a un empleado, según reveló el 'Frankfurter Allgemeine Zeitung'. Y solo acudió a la Justicia alemana este junio, un año y medio después de que saltasen las alarmas, al sospechar una "conducta delictiva" en el reiterado retraso de la publicación de los resultados empresariales de Wirecard. La compañía se derrumbó como un castillo de naipes unos días más tarde.

La oposición no ha tardado en cargar contra el supervisor, mientras el gobierno de gran coalición de conservadores y socialdemócratas trata de cerrar filas. "El daño a la imagen de Alemania como plaza financiera ya es inmenso", ha asegurado la portavoz de Los Verdes para Política Financiera, Lisa Paus. "Es incomprensible que la BaFin no se activase mucho antes y procediese a realizar una evaluación especial en lugar de ignorar las voces críticas", ha agregado. El vicepresidente del grupo parlamentario de la izquierda, Fabio de Masi, ha hablado de "fiasco" y pedido "consecuencias personales" en la BaFin. El diputado liberal Florian Toncar, ha afirmado que se trata de un "fallo de supervisión documentado" y que el ente no intervino a pesar de que había "evidencias claras" para actuar.

El Gobierno alemán ha prometido una reforma en profundidad de la BaFin, a la vez que ha negado, bordeando la contradicción, cualquier negligencia por parte del supervisor. Por un lado va a aumentar sus competencias, porque va a asumir las del Grupo para el Cumplimiento de la Información Financiera, un organismo privado con funciones casi públicas que es quien realmente revisaba hasta ahora en Alemania los resultados empresariales de las cotizadas (exámenes que la BaFin daba por válidos). Por otro, aunque sin entrar en detalle, ha prometido un supervisor "más independiente", "más efectivo" y "más fiable".

Las irregularidades del Deutsche Bank

No es la primera vez que la BaFin ha sido cuestionada por su inacción. La mayor parte de las investigaciones en torno al Deutsche Bank, el primer banco alemán, y sus múltiples irregularidades en los últimos años se han iniciado en otros países, principalmente en Estados Unidos. Una comisión de investigación del senado estadounidense señaló a la entidad, junto a Goldman Sachs, como uno de los principales responsables de la crisis financiera global. Y una década después es el Congreso de ese país el que analiza su actividad, pero por sus oscuros lazos con el actual presidente, Donald Trump. Por el camino, de la manipulación del LIBOR y el EURIBOR a operaciones de blanqueo de dinero y fraude fiscal, los LuxLeaks y los Papeles de Panamá, pasando por violaciones de las sanciones internacionales contra Rusia. El Deutsche Bank lleva cinco años consecutivos presentando pérdidas, 15.000 millones de euros en total, de los que al menos la mitad se deben a multas y compensaciones. La inmensa mayoría saldadas más allá de las fronteras del país que le da nombre.

La situación de Wirecard recuerda también, por ciertos paralelismos, al escándalo del fraude de las emisiones en motores diésel de Volkswagen, el mayor fabricante de vehículos de Europa. A raíz de un informe de la Agencia Medioambiental Estadounidense se descubrió en 2015 que unos once millones de coches en todo el mundo contaminaban muy por encima de lo que aseguraban sus especificaciones y lo permitido en muchos países. La manipulación había pasado desapercibida para el supervisor alemán, pese a que más de un tercio del total de vehículos rodaba por carreteras alemanas. Volkswagen acabó reconociendo que había instalado un software que detectaba cuándo el vehículo estaba en un banco de pruebas y conectaba el catalizador. En condiciones normales, este filtro funcionaba solo de forma intermitente, en el mejor de los casos, para permitir una mayor potencia.

Volkswagen ha pagado ya unos 33.000 millones de euros en multas y compensaciones a los damnificados. Principalmente en Estados Unidos, pero también en Alemania, tanto en acuerdos prejudiciales como a raíz de sentencias. Sin embargo, la Justicia alemana tiene aún que determinar la responsabilidad de muchos grandes cargos de la época en este fraude masivo, empezando por el entonces presidente del grupo, Martin Winterkorn.

La reforma que no fue

Pero lo verdaderamente llamativo es en lo poco que ha quedado el afán de reforma de la Oficina Federal de Vehículos a Motor (KBA), el supervisor del automóvil, un clamor en aquel entonces. "La KBA es cómplice" del fraude, decía en 2015 Ferdinand Dudenhöffer, profesor universitario y eminencia en el sector automotriz alemán. Como con Wirecard, al escándalo siguieron las críticas al supervisor y la petición de consecuencias personales. El Gobierno federal habló entonces de una reforma de esta agencia, dependiente del Ministerio de Transporte, y de aumentar sus competencias para poder efectivamente comprobar el cumplimiento de las cada vez más estrictas normativas medioambientales europeas. Pero cinco años después, esos grandes cambios no se han producido. El 31 de diciembre pasado el presidente de la KBA durante la crisis, Ekhard Zinke, abandonó el cargo. Pero por que le tocaba jubilarse.

Siemens tampoco es ajeno a los escándalos. El gigante industrial reconoció en 2008 haber empleado unos 1.600 millones de dólares entre 2000 y 2006 para sobornar a políticos y funcionarios de otros países para obtener contratos públicos. Se trataba de una práctica generalizada en la compañía, empleada en unas 300 ocasiones, de Argentina a Nigeria, pasando por Italia y Grecia. Como en los casos anteriores, la irregularidad se destapó y se juzgó en Estados Unidos y la empresa se vio obligada a pagar una multa equivalente al total de los sobornos.

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