emergencia sanitaria en todo el mundo

Clima vs. coronavirus: las oportunidades "verdes" de la futura recuperación económica

Los planes de estímulo que han puesto en marcha los países para intentar recuperar la economía tras el coronavirus supondrán una oportunidad para invertir en la economía sostenible

Foto: Parque Marian Stronski in Przemysl, Polonia (EFE)
Parque Marian Stronski in Przemysl, Polonia (EFE)

¿Cuál será la mejor manera de impulsar la recuperación económica después de la pandemia del coronavirus? ¿Se tendrá en cuenta el cambio climático a la hora de reestructurar la industria o se seguirá con el mismo modelo que antes?

Cómo se configurará la vuelta a la normalidad no resulta fácil ni de adivinar ni de estimar, pero lo que está claro es que la epidemia del coronavirus también tendrá un impacto en el medioambiente y en el cambio climático, al igual que en todos los sectores de la sociedad, explica hoy la revista Nature en un artículo. También será una oportunidad para hacer las cosas de otro modo.

Los científicos ya han registrado reducciones en la contaminación del aire en China, Italia y la ciudad de Nueva York debido a las restricciones en la actividad humana, y ahora los investigadores pronostican que en 2020 se podrían ver las primeras caídas bruscas en las emisiones globales de gases de efecto invernadero desde la crisis de 2008.

Expertos como Glen Peters, director de investigación del Centro para la Investigación Internacional del Clima en Oslo, apuntan que la crisis económica en la que entraremos como resultado de la emergencia sanitaria del coronavirus podría persistir durante algunos años, lo que reduciría la demanda de energía y permitiría a las fuentes de energía renovables como la eólica y la solar ganar terreno. Según Peters, si los gobiernos jugasen bien sus cartas, 2019 podría ser el año en el que las emisiones globales alcanzaron su punto álgido.

Sin embargo, la pregunta clave será si los gobiernos de los diferentes países del planeta pueden avanzar en los objetivos climáticos a medida que implementan sus planes de estímulo económico y de ser así, en qué medida estarían dispuestos a hacerlo.

Pongamos el ejemplo de las aerolíneas. Cuando el Congreso de los EEUU aprobó su plan de estímulo de 2 billones de dólares el 27 de marzo, se incluía una partida de 25.000 millones para las aerolíneas de pasajeros, muy afectadas por la cancelación de 1,1 millones de vuelos en todo el mundo hasta finales de junio. El sector prevé perder unos 250.000 millones de dólares este ejercicio pero, aún así, los demócratas lucharon para que el paquete de rescate incluyera como condición que las aerolíneas redujeran las emisiones al 50% en 2050 respecto a los niveles de 2005, un objetivo al que la industria ya se había comprometido antes voluntariamente. Pero estas consideraciones ambientales se dejaron de lado cuando los legisladores se centraron en la ayuda económica a corto plazo.

Los precedentes se buscan en el programa de estímulo que promulgó el expresidente Barack Obama después de la crisis financiera de 2008, en el que se incluían inversiones en infraestructura verde. El dinero destinado a este tipo de proyectos, como el impulso del transporte público, creó más empleos que los destinados a proyectos convencionales como la construcción de carreteras, defiende por su parte Helen Mountford, la vicepresidenta de Clima y Economía del World Resources Institute, un panel de expertos sobre medio ambiente.

Frente a la posibilidad de que los fondos se destinen a proyectos verdes, también existe el riesgo, por supuesto, de que los gobiernos recurran a otro tipo de planes que requieran altas emisiones de carbono y que serían "más fáciles de aplicar", admite Mountford. Al mismo tiempo, añade que India y China cuentan con varias centrales eléctricas de carbón que se han parado con el objetivo de centrarse en las energías renovables pero que podrían ponerse en marcha rápidamente si la atención se centra exclusivamente en el crecimiento económico y el empleo.

Para Mountford, sería "más sabio" que los gobiernos se centraran en construir un nuevo futuro para los trabajadores y las comunidades en lugar de apuntalar y apostar de nuevo por las industrias de combustibles fósiles. "Vamos a pedir a los gobiernos que no resuelvan una crisis económica exacerbando otra", afirma.

Otros ven como un modelo para gestionar las políticas públicas en tiempos de crisis el rescate a la industria de la automoción, que le sirvió a la administración Obama para obtener un acuerdo para establecer estándares para la eficiencia del combustible y límites en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Sin embargo, los gobiernos a menudo se mueven en dirección opuesta a estas medidas y, en épocas de crisis, ofrecen alivio a las regulaciones como un incentivo para el crecimiento económico, explica David Livingston, analista de la consultora Eurasia Group, que añade que "las medidas ambientales son a menudo lo primero que se descarta".

En los Estados Unidos, la industria del petróleo y el gas ya ha solicitado que se renuncie a una variedad de regulaciones "no esenciales" durante la crisis del coronavirus, y la Agencia de Protección Ambiental anunció el 26 de marzo que suspenderá la mayoría de las actividades de aplicación.

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