INFORME DEL CENTRO DE ESTUDIOS DEMOGRÁFICOS

La despoblación se acelera: casi 1.900 pueblos están ya cerca de desaparecer

La despoblación avanza sin que nada ni nadie lo remedie. Un nuevo estudio revela que casi 1.900 pueblos desaparecerán en los próximos años. Su situación es ya irreversible.

Foto: Aldea abandonada en la provincia de Lugo. (EFE)
Aldea abandonada en la provincia de Lugo. (EFE)

El fenómeno de la despoblación en amplias geografías del país avanza sin que nada ni nadie lo remedie. La situación es tan dramática que, “en los próximos años”, desparecerán del mapa municipal nada menos que 1.840 pueblos por falta de habitantes. Sólo quedarán las construcciones y viviendas en las que habitaron durante generaciones cientos de miles de familias. O lo que es lo mismo, el 22,7% de los municipios españoles dejará de existir, lo que significa que una de cada tres localidades con menos de 1.000 habitantes habrá pasado a la historia.

Estos municipios presentan las características más extremas para subsistir. Es decir, máxima altitud media; mínima dimensión demográfica (tan sólo 110 habitantes de promedio); las densidades de población más bajas (únicamente 4,3 habitantes por km²) o máximo envejecimiento, con edades medias próximas a los 60 años y un 45% de sus habitantes con más de 65 años. Igualmente, son los municipios que han experimentado la máxima emigración femenina. Es decir, en muchos de esos pueblos la población de hombres es ya sustancialmente superior a la de mujeres.

Esto es así porque la salida de los jóvenes hacia nuevos horizontes laborales ha traído consigo una profunda depresión del mercado matrimonial local, agravado por la mayor emigración de las mujeres en el mundo rural. De hecho, la “huella más evidente” sobre este fenómeno hunde sus raíces en el fuerte desequilibrio entre hombres y mujeres que reina en numerosas zonas rurales, con niveles superiores a los 160 hombres por cada 100 mujeres en las edades núbiles.

Hay que tener en cuenta que la tendencia a la emigración de las mujeres es mayor que la de los hombres por razones laborales después de haber sufrido durante generaciones una “doble jornada” laboral: en casa y en el campo. Pero que ahora abandonan sus municipios de origen en busca, principalmente, de empleos en la función pública o el magisterio. Fruto de ello es la existencia de “largas solterías” de hombres que son consecuencia de la inexistencia de un “mercado matrimonial”, lo que en el futuro afectará al gasto en dependencia una vez que esas personas alcancen la edad más adulta en un contexto de aumento de la longevidad.

A esta conclusión llega un estudio elaborado por el profesor Joquín Recaño, del Centro de Estudios Demográficos, de la Universidad Autónoma de Barcelona, en el que sitúa territorialmente ese proceso en las comunidades circundantes con Madrid, especialmente Castilla y León, donde todas sus provincias están implicadas en menor o mayor grado en el proceso de despoblación; Castilla-La Mancha, en la que la situación de ”insostenibilidad demográfica” se concentra en los municipios más pequeños de las provincias de Guadalajara y Cuenca; en Aragón, con especial protagonismo en la provincia de Teruel, y, finalmente, en la Rioja. En esos territorios, dice el estudio, la situación ya es “irreversible”.

Metátesis poblacional

El estudio fue publicado hace poco más de dos años, pero ahora, en pleno proceso de actualización de los datos, la conclusión del profesor Recaño es que “las cosas han evolucionado a peor”. Entre otros motivos, porque se ha acelerado un fenómeno preocupante que refleja una especie de “metástasis” poblacional. Es decir, el fenómeno se ha extendido por buena parte de la geografía española.

En concreto, las capitales de comarca o las ciudades pequeñas y medianas ya están sufriendo el fenómeno de la despoblación que antes se concentraba en pequeños núcleos rurales. Básicamente, porque han dejado de alimentarse en términos demográficos de esas emigraciones interiores que hoy han desaparecido. Simplemente, porque hoy no quedan habitantes para emigrar. Tan solo los muy mayores que en los últimos años de su vida acabarán en residencias situadas en las capitales de las comarcas.

El trabajo parte de una realidad: los municipios españoles de menos de 1.000 habitantes representan en la actualidad el 61,4% de las entidades locales y se hallan repartidos por una vasta extensión del territorio que supone el 40% de la superficie española. Pero, a pesar de su elevada participación en la estructura municipal, su aportación demográfica es mínima, pues apenas concentran el 3,1% de la población.

El estudio divide en tres tipologías la estructura local de España, que a 1 de enero de este año está formada por 8.131 municipios, como confirmó este martes el Instituto Nacional de Estadística.

En el primer grupo están aquellos municipios capaces de resistir a la presión demográfica, y que se sitúan en espacios rurales “situados en el sur peninsular y en los aledaños de la costa mediterránea y atlántica, que gozan, por lo general, de una relativa salud demográfica”. En estas condiciones se encuentra alrededor del 18% de los municipios españoles.

Campo y emigración

En el segundo bloque se encuentran otros 1.600 municipios rurales que tienen como principales características una altitud elevada; una pequeña dimensión demográfica, con una mediana de 175 habitantes, una densidad muy baja, de 6,2 habitantes por km²; tasas de crecimiento negativas; un significativo nivel de masculinidad, superior al grupo anterior; un relativo nivel de envejecimiento y un elevado impacto de la emigración. En concreto, el 80% de los nacidos reside en otros municipios. El autor del artículo denomina a estos municipios “espacios rurales de la emigración”.

El tercero, como se ha dicho, es el más vulnerable a la despoblación. Entre otras razones, porque la inmigración, una variable fundamental para elevar la densidad demográfica, lejos de poner sus ojos en las zonas menos habitadas, tiende a dirigirse a los mayores núcleos de habitantes.

El estudio, actualizado en Economistas sin fronteras, estima, en concreto, que el conjunto de municipios con menos de 1.000 habitantes sólo ha captado el 1,8% de la inmigración, un porcentaje que es incluso menor que el peso que representa su población en España, que se sitúa en el 3,1%.

Esto es así porque la “capacidad de atracción” de inmigrantes del exterior ha sido muy baja durante el gran ciclo migratorio 2001-2007, que coincidió con un fuerte periodo de crecimiento económico al calor del sector inmobiliario. El autor del estudio ha estimado que una parte significativa de los inmigrantes nacidos en el extranjero que llegó a los municipios con mayores problemas demográficos volvió a emigrar después de un tiempo relativamente corto.

Durante ese periodo, de enorme presión migratoria, los municipios rurales españoles tuvieron, sin embargo, un saldo migratorio interno negativo de la población nacida en el extranjero. Este resultado sugiere, asegura el estudio, que muchos inmigrantes vivieron en el municipio elegido, pero pasado algún tiempo (por razones laborales u otros motivos) reemigraron hacia otros territorios. ¿Por qué van a quedarse los inmigrantes cuando la población autóctona abandona su tierra?, se pregunta Recaño.

Es decir, dice el estudio, entre los inmigrantes, probablemente, “se reproducen los mismos factores que expulsan a la población autóctona de las áreas rurales”. Tampoco hay futuro para los inmigrantes debido a que la mayor parte de los núcleos rurales no son capaces de retener a los pocos jóvenes que residen, especialmente a las mujeres, pero tampoco son especialmente atractivos para los potenciales inmigrantes, caracterizados por una elevada circulación que no llega a arraigar en el territorio.

Las tres tipologías se han construido sobre 21 variables que miden aspectos ligados al tamaño de la población de los municipios y sus aledaños, la altitud, la tasa de crecimiento, la densidad de las entidades y los municipios circundantes, la relación de masculinidad, la estructura demográfica, la distancia a la capital de provincia o la intensidad de la emigración interna. Es decir, una panoplia completa de herramientas analíticas que sirven para saber qué pasará en el futuro.

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