Un obstáculo para el crecimiento

La fragmentación del mercado condena a España a ser un país de autónomos

La demografía empresarial supone un lastre para el crecimiento de la productividad y buena parte de la culpa está en la proliferación de normas regionales que rompen la unidad de mercado

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España es un país de autónomos y microempresas. Esta demografía empresarial tiene varias causas, como han analizado los economistas, que van desde la falta de profesionalización de la gestión hasta la composición sectorial de la economía española. Pero uno de los obstáculos clave al crecimiento empresarial es la proliferación de la regulación a nivel autonómico y provincial que supone un freno al crecimiento y genera una ventaja comparativa para los autónomos y microempresas.

Así lo pone de relieve un estudio elaborado por Juan S. Mora-Sanguinetti y Ricardo Pérez-Valls publicado por el Banco de España esta semana. Los investigadores han analizado la proliferación de la regulación empresarial desde finales de los setenta hasta 2018. Y no ha sido menor. "El volumen total de producción normativa de España se ha multiplicado por cuatro desde finales de los años setenta, hasta alcanzar las 11.737 normas en 2018", señalan.

Según sus análisis, el crecimiento de las normativas reduce el número total de empresas y también el capital total de las empresas entrantes. Se produce, así, un efecto tapón por la regulación que dificulta el establecimiento y el crecimiento de las empresas. De ahí la importancia de que la regulación sea óptima para lograr los estándares de calidad exigidos por la sociedad sin afectar al desempeño del sector privado.

El volumen de producción normativa se ha multiplicado por cuatro desde los setenta, hasta alcanzar las 11.737 normas en 2018

En el caso español, los investigadores concluyen que la regulación del país afecta en un doble sentido al tejido empresarial. Por una parte, reduce el número de empresas medianas y grandes (sociedades limitadas) y, por otro, aumenta el de personas físicas empresarias (autónomos). El efecto neto de las dos medidas es negativo, esto es, se reduce el número de grandes empresas en una intensidad mayor que la creación de pequeñas. Esto provoca que la demografía empresarial sea tan atomizada con tantas microempresas y muy pocas grandes.

Las investigaciones de Mora-Sanguinetti y Pérez-Valls llevan a la conclusión de que "un incremento de un 1 % en el volumen de regulación se relaciona con un 0,05 % menos empresas". Pero este es el efecto neto sobre el total de empresas. Si solo se tienen en cuenta las SL, un aumento de un 1% de la regulación estaría relacionado con un 0,12% menos de SL. Por el contrario, en el caso de los autónomos, aumentaría un 0,06% su presencia.

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"Esta observación podría proporcionar un argumento explicativo más para la importante presencia de pequeñas empresas en la economía española y tener implicaciones relevantes en términos de eficiencia", explican los autores en su estudio. Una de las causas que están detrás de este comportamiento diferencial de las empresas y los autónomos ante el aumento de la regulación es precisamente la cantidad de normas autonómicas, provinciales y locales a las que tienen que adaptarse las empresas.

El aprovechamiento de las asimetrías normativas que otorgarían incentivos para la especialización intraprovincial

Esta situación genera pequeños mercados dentro del país que proporcionan ventajas comparativas para los autónomos y las microempresas que están adaptadas a un territorio concreto. Por el contrario, dificulta su crecimiento y expansión al resto del país, ya que tienen que competir en mercados diferentes. "El aprovechamiento de las asimetrías normativas que otorgarían incentivos para la especialización intraprovincial", explican.

Según los autores, "la regulación generaría un incentivo para las pequeñas empresas para entrar en mercados locales y extraer rentas de la especialización en las normativas específicas". Este desincentivo al crecimiento afectaría de forma clave al crecimiento empresarial en España. La Comisión Europea ha reclamado en innumerables ocasiones a España que avance hacia la unidad del mercado, pero las fuerzas autonómicas y provinciales han impedido cualquier avance. Y tampoco ha sido posible una coordinación entre regiones para armonizar sus normativas.

Esta fragmentación del mercado no solo afecta al número de grandes empresas, también al montante de las inversiones iniciales. Los autores han detectado que cada 1% de aumento de la regulación se relaciona con un 1,4% menos de capital de las empresas entrantes. Esto significaría que el exceso de normativa lastraría el tamaño de las empresas ya desde su inversión inicial.

La regulación generaría un incentivo para las pequeñas empresas para entrar en mercados locales y extraer rentas de la especialización

Estos datos de la investigación de Mora-Sanguinetti y Pérez-Valls van en línea con los publicados por el Banco de España en su informe anual de 2015. El BdE señaló que "las CCAA han incrementado su capacidad normativa, de forma que la heterogeneidad en los trámites regionales necesarios para llevar a cabo proyectos de inversión no solo podría estar limitando la creación de empresas, sino también su posterior capacidad de desarrollo". El resultado es que las empresas han reducido su presencia fuera de la autonomía en la que tienen su matriz. Si las empresas con capacidad financiera no invierten por la heterogeneidad de la regulación, el crecimiento potencial del país se ve lastrado.

El BdE señalaba ya entonces que, "para corregir estas distorsiones, resulta crucial la implementación de la Ley de Garantía de la Unidad de Mercado, en particular, la de los denominados 'comités sectoriales', que tienen como objetivo reducir y homogeneizar las regulaciones aplicables a los diferentes ámbitos". Sin embargo, hasta la fecha no se ha avanzado nada y la situación sigue siendo la misma.

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El problema es que la falta de inversión no solo lastra el crecimiento potencial, también afecta a la calidad del empleo y los salarios. Las microempresas y los autónomos con asalariados concentran la mayor parte de los salarios bajos. Esta es una de las explicaciones de por qué la calidad del mercado laboral español es tan baja y por qué la tasa de desempleo estructural no baja mucho más del 15%.

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